Coca

Barreras

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El camino para que el presidente Evo Morales pueda aplicar el principio del ¨se le mete nomás¨ en busca de permanecer en el gobierno se ha vuelto más empìnado. Estos días han surgido barreras que parecen haber colcado ese sendero muy próximo a una posición vertical. Su estrategia, dicen los observadores, puede continuar de manera impredecible o rectiificar hacia un retiro elegante. Nada indica que, de inmediato, el mandatario vaya a renunciar a su intento tri-releccionista.

En menos de dos semanas han aterrizado en el escenario politico nacional dos factores que deben haber sacudido sus planes. Primero ocurrió el manifiesto ciudadano Agenda del 21F (por el referendum de febrero del año pasado, cuando la mayoría dijo No al propósito de reformar la constitución para permitir al presidente ser candidato por enésima vez.) A poco vino el ingreso de Jaime Paz Zamora a la arena con el mismo propósito de la A21F y fijó como punto de ruptura oponerse a la construcción de una carretera por el Tipnis que no repara en las secuelas ambientales del proyecto ni en el buen vivir de los habitantes de la zona.

La A21F reiteró también sin ambages una posición ciudadana generalizada contra el plan carretero del gobierno que, por ahora, regresó otra vez en el congelador. El gobierno calibró la avalancha que representaba haber quitado la intangibilidad al territorio cuando, el 9 de agosto, los legisladores oficialistas revirtieron la decision que ellos mismos habían tomado seis años antes, y lo dejaron legalmente interme. Entonces, el presidente Morales declaró que la obra dormiría sin plazo porque no había recursos para construirla.

Que no había más financiamiento externo era algo que ya se sabía cuando los legisladores desnudaron al Tipnis de protección legal. De manera que el ¨no hay dinero¨ equivalió a reconocer que hay una corriente mayoritaria opuesta a su plan, visto más que como una via de infraestructura para unir los dos departamentos, como un claro favorecimiento a la expansion de las áreas cocaleras del Chapare, que el presidente había prometido facilitar. Aquí yace el punto de fricción inevitable pues nadie en el gobierno se ha atrevido a desmentir los estudios que dicen que hasta el 90 por ciento de la coca chapareña tiene un fin ilícito. Léase narcotráfico.

La A21F expresó un compendio de ideas y sentimientos que han estado a flote en el ambiente y tiene la virtud de expresarlos de manera resumida y clara. En contenido y propósitos, es el mismo movimiento que recorrió el país con la meta de parar la tentativa multi-reeleccionista del presidente Morales y culminó a principios del año pasado.  El éxito fue contundente y al principio reconocido, pero el gobierno, en una confirmación de que regímenes de su naturaleza tienden a no irse del gobierno si no son arrancados de él, decidió buscar otras maneras de contornar el muro anti re-re-re-releccionista que se levantó. Igual que Nicolás Maduro, quien, arrinconado por una asamblea legislativa mayoritaria, inventó una constituyente de miembros escogidos a dedo con la que pretende gobernar.  

Concebido en media docena de páginas, el documento con el que la A21F ingresó al escenario politico expuso su objetivo principal: ¨la transición del Estado autoritario y corporativo actual hacia un estado democrático que garantice los derechos de las personas, de los pueblos y de a naturaleza¨, al que agregó una advertencia: ¨Puesto que no hay viabilidad jurídica ni política para los planes de perpetuación de Evo Morales en el poder, las organizaciones de oposición y el propio MAS (el partido de gobierno), deben prepararse para un nuevo proceso de transición¨.

De inmediato, el presidente no dio oídos a la advertencia, que sonó como un consejo de sobria firmeza para evitar mayores tribulaciones al país. Este fin de semana estaba de viaje, acompañado de docenas de militantes de su partido, rumbo a Caracas, para rendir apoyo a Maduro, el gobernante más impopular del continente, de quien el mismo conglomerado ciudadano le había sugerido un alejamiento profiláctico.

Paz Zamora, aún empeñado en obtener reconocimiento legal para su partido ahora bajo el nombre de Unidad 21F MIR, mostró otra punta afilada de la que Morales deberá cuidarse mucho. Jefe de una organización que luchó contra dictaduras y que tiene estructuras en casi todo el país, Paz Zamora se pone al frente de Morales determinado a combatir los nuevos intentos prorroguistas del mandatario. La última semana, estuvo casi todos los días atacando al régimen y condenando el plan carretero por el Tipnis, bajo cuya presidencia ganó el carácter doble de parque nacional y territorio indígena.

Hasta hace solo unos meses, el cielo de Evo Morales parecía más o menos despejado. Ahora las nubes se le han oscurecido y anuncian tiempos de tormentas.

Cuidados necesarios

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El buen sentido profesional aconseja verificar todas las informaciones no testimoniadas en persona (e incluso éstas), más aún si son polémicas. Ninguna reserva fue utilizada cuando hace un mes se anunciaba que el Santo Padre acullicaría coca al llegar a Bolivia. La fuente era el Ministro de Culturas, en una entrevista que traía la agencia oficial de noticias ABI. Reproducida sin contextualizaciones necesarias, la noticia dejó en muchos la impresión de que el Pontífice efectivamente masticaría coca y que de alguna manera conferiría universalidad a la costumbre, cuya legalidad está garantizada por las normas bolivianas, pero solo en territorio nacional. Tal masticación no ocurrió. En todo caso, el portavoz de la Santa Sede había declarado que el papa haría lo que juzgase correcto.
Para el oficio informativo, el episodio contiene lecciones que deben ser subrayadas. Con fecha 28 de junio, decía el primer párrafo de la noticia de la agencia oficial: “El papa Francisco pidió a las autoridades bolivianas hojas de coca para masticarlas apenas llegue al aeropuerto de El Alto, a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, en el inicio de su visita a Bolivia, entre el 8 y 10 de julio, informó el domingo el ministro de Culturas, Marko Machicao.” El ministro había hablado en un programa estatal de radio y televisión, en el que agregó, a decir de la nota de ABI: “Se le había ofrecido mate de coca o algo para la altura. Él nos ha pedido específicamente que quiere hacer masticado de coca (…). Así que al Santo Padre se le estará esperado con la sagrada hoja de coca”.
La afirmación habría requerido de algunas precisiones. Frases como “…nos ha pedido específicamente”, o “se le (¿?) estará esperando con”, necesitaban de identificación, detalle y elaboración. Con todo, a partir de la nota informativa oficial los medios iniciaron la carrera por difundir la información, y algunos dieron por descontado el acullicado. Con la avalancha de otras noticias, la cuestión pasó a segundo plano. Al repasar ese día los medios impresos, noté que solo El Día, de Santa Cruz, colocaba la atribución correspondiente dentro de su titular principal: Según el gobierno, etc. Los Tiempos colocó la atribución en el subtítulo. Los otros medios que pude leer dijeron en el titular principal que el Santo Padre con certeza masticaría coca o que quería hacerlo, y reproducían la información oficial. Ninguno subrayó que la versión noticiosa provenía de la agencia gubernamental, que por definición no es neutral. Decirlo no habría sido una redundancia pues era necesario destacar con precisión al lector, al oyente y al espectador de dónde se originaba esa información. Aunque muchos en el país saben que ABI es la agencia del gobierno y controlada por éste, es posible que hay otros que no lo saben.
El legalizar la masticación es una cruzada en la que está empeñado el gobierno y esa campaña lo llevó a retirar a Bolivia de la Convención de Viena temporalmente. No obstante, si a alguien se le ocurriera abrir la bolsita con hojas y empezar a masticar públicamente en algún parque europeo o japonés, llamará la atención de la policía. Y los meseros de cualquier restaurant francés levantarán las cejas si se les pide un mate de coca pues no sabrán qué se les está pidiendo.
Los descuidos no son extraños a la tarea de los periodistas y sus editores. Por eso es necesario estar alertas contra formas de expresión tan frecuentes que parecen correctas. El verbo advertir es a menudo utilizado por medios escritos como sinónimo de amenazar (“mineros advierten que harán huelga” o “cívicos advierten que tomarán medidas”. El etcétera es largo.) En las más recientes elecciones no entendí por qué se habló tanto de disputa electoral “subnacional” cuando se hacía referencia a los comicios departamentales. La designación de alcaldes ¿sería entonces una elección subdepartamental o subprovincial? Sería más correcto hablar de elecciones locales o departamentales.
El tema me ha permitido apartarme de otros sobre los que espero volver.

Desafíos de la coca

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Hay un suspenso que tiene de puntillas a buena parte del país ante el estudio sobre la coca que ha sido financiado por la Unión Europea y cuya divulgación lleva tres años de atraso. Conocer ese estudio se ha vuelto más apremiante con los sucesos sangrientos en Apolo, toque de clarín para un fenómeno solo disimulado por la avalancha persistente de sucesos que acaparan efímeramente la atención pública antes de ser substituidos por otros y desaparecer. La muerte de cuatro personas (asesinato, dijo el ministro de Gobierno; reacción a abusos policiales, dicen los pobladores) pone un epitafio a la pretensión de eliminar el fenómeno o reencauzarlo pacíficamente hacia un nivel controlable.
El negocio de las drogas está afincado en el país, tiende a crecer y combatirlo está más allá de la capacidad de un gobierno. En Colombia, la producción y el tráfico de drogas derivaron en una guerra interna de años que llevó a una alianza con Estados Unidos para evitar que el estado sucumbiera al poder de los carteles.
Un punto crítico del estudio, al escribir esta nota aún desconocido, es la extensión de cocales necesaria para el consumo interno y tradicional, el argumento básico contra la erradicación que endosaron organizaciones europeas y entidades multinacionales. A la hora de la verdad, el gobierno ha vacilado, evitando publicar el informe. Hay versiones recurrentes de que para las necesidades domésticas bastarían de 6.000 a 8.000 hectáreas, una fracción de las 25.300 hectáreas que sumarían las plantaciones, según Naciones Unidas, 31.000 hectáreas, de acuerdo a otros informes, y casi el doble, de acuerdo a datos no oficiales. Se estima que la producción de dos tercios de esas extensiones va a la fabricación de cocaína. El gobierno está ante un terrible dilema: erradicar y enajenarse sin remedio el apoyo de sus fieles aliados cocaleros o enajenarse el de quienes creyeron su promesa de erradicación.
El presidente Morales reconoce que la sobreproducción se destina a la cocaína y que en Apolo, donde muchas comunidades tienen plantaciones, hay fabricación de droga. El problema no se presenta fácil, pues los apoleños dicen que sus plantaciones son legales pero se las utiliza para compensar lo que no se erradica en otras regiones productoras, una referencia apenas velada al Chapare, de cuyos cocaleros el mandatario es también presidente. El problema es un desafío, del que los sucesos de Apolo pueden ser sólo una muestra de la magnitud del témpano que estaría empezando a emerger.

El informe que no llega

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Hace más de un mes, la autoridad alemana a cargo de la lucha contra las drogas reiteró un pedido de la Unión Europea para que Bolivia entregue cuanto antes los resultados de un estudio  sobre los usos de la hoja de coca (El Diario, 11/05/2013). La declaración de  Mechthild Dyckmans tenía un tono urgente (“lo más pronto posible”, pidió) con un eco de impaciencia por la ostensible lentitud de las autoridades en entregar el informe, que la propia UE decidió financiar con un millón de euros en 2009. El estudio debe informar sobre cuánta coca se cultiva en Bolivia y cuánta efectivamente es destinada al consumo legal y cuánta, en consecuencia, va al narcotráfico.

El reclamo europeo no es nuevo. Hace dos años el embajador de Dinamarca dijo que el viejo continente esperaba “un estudio bien hecho y de calidad”.  Una posición similar fue expresada hace pocos meses por funcionarios de Naciones Unidas en Bolivia.  En las relaciones personales y mucho más en la diplomacia internacional es mala señal hacer esperar a los amigos o los socios.

Con diversos argumentos, el gobierno ha aplazado sucesivamente la entrega del estudio, que debía estar concluido en 2010. En coincidencia con la reciente declaración de la autoridad alemana, un alto funcionario boliviano informó que el trabajo sería concluido en este mes de junio y que en julio estaría ya impreso y listo para su presentación.  Ahora, según la versión más reciente de otro representante oficial, el documento será sólo una referencia a ser combinada con estudios adicionales (se ha hablado inclusive de un censo y de encuestas adicionales entre mineros, conductores, zafreros, constructores y otros sectores) cuyo avances todavía se desconocen.

El estudio final sería conocido sólo a fines de año, pero la danza de fechas y aplazamientos lo ha ensombrecido.  En la claridad, transparencia y credibilidad de los datos de este estudio yace  gran parte de la seriedad y responsabilidad que los países de la UE puedan asignar al gobierno. Se trata de un punto particularmente sensible tras la expulsión de Bolivia de la oficina anti-drogas de Estados Unidos y la suspensión indefinida de todos los programas de cooperación estadounidense que recibía el país. Bolivia está sola en el empeño anti-narcóticos, con muy pocos amigos en el mundo, y la demora que manifiesta en entregar un estudio fundamental sólo juega en contra de sus esfuerzos por demostrar que, en esta batalla, es autosuficiente. Peor: da lugar a sospechas, presumiblemente infundadas, de intereses que no querrían transparencia en números que se refieran a esta cuestión.

Uno de sus puntos más importantes deberá echar luces sobre la extensión de los cultivos que ya existen y la que sería necesaria para cubrir el consumo tradicional.  La ley de hace un cuarto de siglo fijó un límite de 12.000 hectáreas que ha sido ampliamente superado por la realidad. Datos oficiales de las Naciones Unidas mencionan desde el año pasado la cifra de 27.200 hectáreas, más del doble que la extensión legal permitida pero inferior a las 31.000 hectáreas mencionadas en años anteriores y lejos de las que, con cifras mayores, mencionan informes no oficiales.

Es conocido que el gobierno tiene en el sector de los sembradores de coca una de sus fuentes primordiales de apoyo y el margen de movimiento que pueda tener en cuestiones susceptibles de afectar a sus simpatizantes es estrecho. El tema es espinoso, pero no por eso se lo puede ocultar ni diferir.

Coca: No tan rápido

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La decisión de una amplia mayoría de países de no objetar la reincorporación de Bolivia a la Convención de Viena y concordar con sus objeciones a la penalización de la hoja de coca para consumo regular de su población, ha sido seguida por una cascada de anuncios optimistas sobre supuestas oportunidades comerciales.

Convengamos que el país recibió sólo un apoyo no manifiesto de las naciones que, sin necesidad de pronunciarse pues así lo autorizan las reglas, respaldaron la causa oficial boliviana. Pero los que se pronunciaron abiertamente en contra son quince países que detentan más de la mitad de todo el producto interno bruto del mundo y cuatro quintos del poderío militar planetario.

Se trata de Estados Unidos, Rusia, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Holanda, Suecia, Finlandia, Portugal, Israel, Irlanda, México y Japón. Estas naciones discordaron con que al masticado se le levante el estigma de ilegalidad que tiene en gran parte del mundo. Un documento de reconocida solvencia que circula en la red concluye que los países de la convención (184) le han dicho al nuestro: OK, mastiquen cuanto quieran, pero en su propio país. Los quince manifiestamente opuestos han sido categóricos: Aunque puedan masticar libremente en su país, para nosotros se trata de un delito pues la coca es un estupefaciente. Que eso no sea punible en Bolivia, es problema de los bolivianos.

En el fondo, nada diferente de lo que ya existía.Fuera de Bolivia y un par de naciones vecinas, la masticación de la hoja está prohibida.

El que los opositores hubiesen estado lejos del número de 62 requerido para vetar a Bolivia debe ser visto sin triunfalismos. Excepto España, toda Europa se ha opuesto. Como es poco probable que podamos exportar coca a Nepal o Cabo Verde, es ante los países que han dicho explícitamente no que el gobierno tendrá que realizar gestiones para exportar hoja de coca o derivados que no sean cocaína. Son esos países los que tienen capacidad de comprar y aquellos cuyas conductas suelen dictar pautas mundiales de consumo. Es decir, las agregadurías comerciales de las legaciones diplomáticas, además de convidar mate de coca a sus visitantes, tendrían que conseguir que la hoja aparezca en el menú de importaciones de todo el mundo y que al cenar en un restaurant en los Alpes sea posible ordenar la infusión sin que el cliente sea visto como un lunático o un delincuente en potencia. Está claro que nadie podrá ir a un parque en Alemania, abrir la bolsita de hojas y empezar a acullicar. (Sería el caso de agregar, prudentemente, “por ahora”.)

Vender la idea de que la hoja es benigna sin que haya dudas es cuesta arriba. Verticalmente. Es difícil creer que los países del no dejarán de considerarla materia prima para las drogas. Sólo la campaña publicitaria en esos países sería monumental, si es que alguna vez fuese aceptada. Para tener una idea de costos, el presupuesto publicitario de Coca Cola fue de 2.900 millones de dólares sólo en 2010, mayor que el de Microsoft y de Apple juntos, y un quinto de todas las reservas monetarias bolivianas acumuladas hasta ahora. Soñar es gratis pero, por favor, calma.

Estamos de acuerdo en que Bolivia obtuvo una vitoria diplomática y que su perfil internacional creció. Pero el éxito logrado también trae obligaciones.

Hablar de oportunidades comerciales implica considerar un aumento de la producción o de aumentar las áreas de cultivo. Funcionarios de las Naciones Unidas ya advirtieron: La decisión de los signatarios de la Convención de Viena no representa luz verde para extender los sembradíos. Al contrario, han dicho, debe marcar un compromiso para disminuirlos efectivamente, de una manera cuantificable. Año tras año, las autoridades anuncian la erradicación de un número de hectáreas, pero el total sembrado se mantiene prácticamente igual. Otro punto importante subrayado por César Guedes, el representante de la organización mundial en Bolivia: el gobierno debe apresurarse en divulgar los resultados del estudio patrocinado por la Comunidad Europea que debe decir cuántas hectáreas son necesarias para cubrir las necesidades de masticado en el país.

Los buenos acullicadores aseguran saber cuál es la coca masticable y afirman que la del Chapare carece del sabor y cualidades de la de Yungas. El informe dirá cuánto de la coca de las dos regiones es efectivamente masticada en el país y cuánta coca de ambas va a la producción de drogas. Se trata de un dato fundamental que urge conocer. Pero en una demora que sólo ha alentado sospechas y especulaciones, la presentación del estudio lleva un retraso de más de dos años.

La lucha por la coca

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Admiro el optimismo del presidente Morales sobre la despenalización del masticado de la coca. ANF trae la noticia de sus declaraciones en Ivirgazama este 25 de diciembre en las que asegura que en enero habrá “buenas novedades sobre el pijcheo de la coca”. La fecha anunciada es el 8 de enero para conocer la decisión de los firmantes de esa convención; exactamente en dos semanas.

Bolivia se retiró de la Convención de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes y anunció que se reincorporaría a ese acuerdo para volver a suscribirlo siempre que se le incorpore una enmienda que retire la interdicción al masticado en los países donde la hoja tiene un uso tradicional. Es el caso de Bolivia. A esa enmienda están opuestos los Estados Unidos, Canadá y algunos países europeos que creen que gran parte de a coca producida en el trópico cochababino, donde el presidente Morales habló, acaba en la producción de cocaína. Desde hace dos años se aguarda la divulgación de los resultados de un estudio sobre el consumo doméstico de coca. La entrega de esos resultados ha sido aplazada nuevamente, hasta mayo.

Bolivia necesita 122 votos del total de 183 firmantes. Los oponentes requieren de 61 (un tercio) para mantener la interdicción. Es una pulseta de Bolivia contra algunas de las principales potencias económicas y políticas del mundo. Si Bolivia obtuviera el apoyo que el presidente dice tener, será un triunfo de la diplomacia plurinacional. Lo contrario…bueno, mejor mantener la lengua detrás de los dientes. Creo que hay una esa de apuestas para el juego cuyo resultado pronto podrá verse en pantalla.

“En enero tendremos buenas novedades sobre le pijcheo de la coca. Si logramos eso, esperamos tener un buen resultado en esta campaña por la despenalización del pijcheo y si hay una convocatoria va hacer para festejar esta situación, soy optimista somos optimistas en esa batalla”, dijo el mandatario.

Regreso a Viena

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Cuando el año pasado Bolivia denunció la convención de Viena y anunció que su retiro sería temporal pues buscaría retornar, el país ingresó a un limbo salir del cual no luce fácil como las autoridades creyeron. El presidente Morales jura que hay aceptación mundial al acullico como costumbre enraizada en la cultura ancestral boliviana. La comprobación suprema de la validez de su afirmación sólo ocurrirá en enero próximo, cuando se sepa si la despenalización del masticado de la hoja que busca Bolivia tiene el respaldo razonado de dos tercios de los firmantes de esa convención.
Será también el momento en que se conocerán los resultados de la campaña dirigida por el canciller David Choquehuanca para apoyar la posición boliviana. El retiro intentaba jaquear el rechazo de los países occidentales, especialmente en América del Norte (Estados Unidos) y Europa, a la masticación y asegurar una reivindicación para la diplomacia nacional. Una inclinación a favor de Bolivia representaría un cambio notable. Pero si ese rechazo es mantenido por más de un tercio de los signatarios de la convención, el gobierno boliviano estaría ante un desaire mayúsculo que no tendría cómo contrarrestar. El escenario sería de dificultades para Bolivia, dijo en una entrevista con El Diario el representante de la oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito, César Guedes, hace unos días. Esas dificultades (¿?) resultarían cuando menos embarazosas.
Aunque no parezca que guarde una relación directa, la demora boliviana en divulgar un informe sobre el uso doméstico de la hoja de coca es una barrera que conspira contra el propósito del gobierno de volver a la convención bajo una aceptación universal de que el acullico es parte de la cultura de los pueblos andinos y que no es penalizable. Ahora no es a Bolivia, dice el gobierno, a quien le corresponde divulgar el informe, sino a la representación de las Naciones Unidas.
La cuestión no está clara, pues el estudio –a menos que se trate de una investigación diferente- fue llevado a cabo con un financiamiento de la Unión Europea (un millón de euros) y en octubre del año pasado su entrega ya llevaba año y medio de retraso. El grupo de naciones europeas estaba impaciente ya hace un año y se desconoce si ha emitido algún comentario respecto a la aseveración de que corresponde a Naciones Unidas revelar el contenido del documento. Uno pagaría por saberlo. Entre otras novedades, el estudio debe mostrar a cuánto efectivamente asciende el consumo doméstico de hoja de coca y cuántas hectáreas representa ese consumo. La cifra permitirá apreciar cuánto de la coca producida en el país (en el Chapare principalmente) va hacia la cocaína. El informe presentado en septiembre por la representación de Naciones Unidas mostró una disminución del 12% en los cultivos, de más o menos 31.000 hectáreas en 2010 a 27.200 en 2011. Ese informe ha alimentado el sistema publicitario del gobierno durante semanas.
Las informaciones oficiales sobre disminución de cultivos han sido recurrentes, pero ninguna oficina ha ofrecido una cuantificación de saldos. Pues si sumáramos las cifras de estos años sería muy poco lo que quedaría para erradicar y hasta se habría llegado al nivel de coca cero. A menos que las áreas erradicadas sean substituidas por otras, con lo que el esfuerzo resultaría casi inútil. Como creer que el pulpo desaparecerá con sólo cortarle los tentáculos, que vuelven a crecer después de habérselos comido él mismo. De hecho, otros informes aseguran que la producción de la droga en Bolivia ha aumentado.
Está en curso una carrera contra el tiempo y enero, por lo visto, será un mes de impactos para la diplomacia boliviana.

Una medalla de plata

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La habilidad boliviana, la limitada capacidad de control de la policía, la amplia benevolencia de los vecindarios en las zonas productoras y la porosidad de las fronteras nacionales se han entrelazado para levantar la producción boliviana de cocaína y llevarla al segundo lugar en el mundo después de Perú, que ahora lidera la carrera y se perfila como campeón y medalla de oro.
Datos de la Oficina de control de Drogas de Estados Unidos muestran a Bolivia en un empeño que, de mantener el ritmo, puede amenazar el predominio alcanzado por Perú mientras le saca rápidamente ventaja a Colombia, hasta hace poco detentora indiscutible de la presea dorada.

El esfuerzo boliviano para llevarse el argento viene de muy atrás, pero fue en los últimos años que su dedicación maduró para empezar a exhibir frutos olímpicos. Las autoridades nacionales encargadas de controlar el certamen negaron la hazaña, pero esa actitud ha sido vista como un intento mezquino de restar méritos a los resultados exitosos de Bolivia. Lo cierto es que ni bajo los gobiernos más liberales Bolivia había alcanzado esos resultados.

Perú y Bolivia aprovecharon un prolongado descuido de Colombia, comprometida en un programa para desactivar su capacidad productiva, para acelerar su marcha y colocarse en la cabeza del grupo productor. La declinación colombiana fue la mayor desde 1994, de acuerdo a un informe de la Oficina Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos.

Un informe del director de la Oficina de Control de Drogas de Estados Unidos, Gil Kerlikowske, destacó esta semana el descenso de Colombia, que redujo su capacidad productiva en un 25% para llegar a 195 toneladas métricas. Ese volumen es un 72% inferior al pico máximo alcanzado en 2001, cuando Colombia produjo 700 toneladas, destacó el informe de la autoridad estadounidense.

Con la baja  de la guardia colombiana, Perú y Bolivia aceleraron la marcha y el primero produjo 325 toneladas en 2010 en tanto que Bolivia llegó a 265 toneladas en 2011. El liderazgo colombiano fue hecho añicos.

Es la primera vez desde 1995 que Perú y Bolivia se colocan al frente en la carrera productiva de drogas. El notable resultado es visto como fruto del Plan Colombia, que se lleva a cabo en la vecina nación con apoyo de Estados Unidos desde 1999. Se calcula que Estados Unidos ha invertido hasta ahora 7.500 millones de dólares en el plan.

“Esto tendrá enormes implicaciones no sólo en Estados Unidos sino en todo el hemisferio occidental”, dijo Kerlikowske, citado por el servicio de noticias de la BBC. El funcionario subrayó que la aguda declinación colombiana coincidía con las cifras más bajas de muertes en estados Unidos por sobredosis de cocaína.

No han sido precisadas las consecuencias que podría tener para Bolivia el haber dejado atrás a Colombia en la carrera productiva. Pero el ímpetu asumido en la carrera podría explicar la racha de incautaciones de drogas que han ocurrido en los últimos dos años, que exhiben el esfuerzo por mejorar posiciones en la carrera. Algunas regiones de los valles centrales, donde la producción de hoja de coca y el surgimiento de laboratorios cunde, han asumido el color verde claro del vegetal y han conferido a la región una bonanza que parece no tener paralelo en el resto del país.

Los organizadores del certamen aún no han hecho conocer la fecha de la premiación.

Resonar del eco

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Para quienes todavía pudieran creer que fuera de Bolivia pasan desapercibidas las expresiones desacertadas de autoridades –y que frecuentemente se convierten en acciones, de resultado equivalente- vean lo que dice este domingo O Estado de S. Paulo, uno de los diarios más influyentes de Brasil y con una circulación de aproximadamente medio millón (sí, medio millón) al hablar del Dr. Cusi, el magistrado del Tribunal Constitucional consagrado por su confesión de que sus decisiones se guían por la lectura de hojas de coca.
“…gracias al candor de un juez boliviano, ahora sabemos que la coca también sirve como accesorio de jurisprudencia”, dice un artículo de Mac Margolis, corresponsal de Newsweek en Brasil y parte de los equipos investigadores de The Economist, la reverenciada revista británica.
La nota de Mac Margolis señala que algunos magistrados colegas del Dr. Cusi intentaron desmarcarse de su declaración. El presidente del Tribunal Constitucional recordó que todos los magistrados, incluso el Dr. Cusi, deben regirse por las leyes en la resolución de causas. El columnista recuerda también que Bolivia no es más una república unida sino un “Estado Plurinacional” cuyas naciones pautan las reglas de la vida del país. Por eso, dice, la designación de jueces fue modificada en 2009 para que fuesen electos por voto.
Hoy, agrega, “las sillas de los diversos tribunales son ocupadas por jueces elegidos por voto directo, entre ellos los del Tribunal Constitucional, cuya misión es interpretar las leyes de país.”
“Cusi lleva a cabo su mandato en serio. El más votado en el pleito electoral, luchó para ser presidente del tribunal. Ahora lucha para justificar lo injustificable. Sorprendido por la tempestad que creó, ensayó un desmentido diciendo que la frase no debería tener ‘esa trascendencia’. Pero no se retracto. “La coca para nosotros los aymaras es un símbolo de resistencia a la opresión, contra el imperialismo”, dijo. “Por medio de la coca nos comunicamos con la Pachamama”.
Hay mucho más y toda la nota puede ser encontrada en el sitio de ese diario brasileño aquí. El mundo de las comunicaciones corre más rápido que lo que muchos se imaginan.

La lengua detrás de los dientes

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Ha transcurrido menos de un mes desde el “affaire calzones”,  cuyos videos y comentarios sobre la letra inspirada de sus coplas dieron la vuelta al mundo. Ahora viene otro festival con dos “premieres”: la papalisa milagrosa y la lectura en coca para decidir los casos más complejos del Tribunal Constitucional Plurinacional. Es posible prever dos “efectos colaterales”: una fuerte demanda por papalisa en Cochabamba, desde los más altos niveles de la diplomacia continental,  y siembra de catos de coca en las facultades de derecho y patios de los tribunales de justicia.

Los comentarios del canciller Choquehuanca ante sus colegas del Consejo Permanente de la OEA parecían apropiadas para consumidores a los que se  ofrece un nuevo producto: “…cuando uno come papalisa, no necesita viagra, y no es comerlo (sic) en cualquier época…En Cochabamba, seguro Uds. van a tener la  oportunidad de comer papalisa”, les dijo a sus colegas. La oferta del Canciller abrió la carrera hacia ese producto andino cuyo destino puede haber cambiado.  De humilde tubérculo ahora tiene consumo asegurado. Pero, antes, el anuncio del Canciller tendrá que ser probado en el laboratorio que será Cochabamba durante la reunión de la diplomacia de la región en junio. Los participantes podrán exigir cumplimiento de la norma publicitaria que dicta: “La verdad en publicidad”. Lo que se promociona publicitariamente tiene que resultar rigurosamente cierto.

La promoción de productos bolivianos traspasó esta semana los linderos de la publicidad para invadir terrenos del derecho tomada de la mano del magistrado Gualberto Cusi, del Tribunal Constitucional, una de grandes innovaciones de la década de 1990 para afirmar la democracia y la institucionalidad. Entrevistado por TV, el magistrado dijo: “En momentos de sueño, cuando tenemos que revistar los expedientes, pijchamos la coca y, en momentos complejos, yo consulto a la coca. En un caso de acción de libertad, por ejemplo, están las opciones A o B, y se consulta a la coca para ver si vamos a fallar en sentido positivo o negativo. ¡En la coca sale!”

La declaración es el clarinazo de una revolución inédita (¡ésta sí!)  en la administración de justicia desde el tiempo de los romanos. Pues ahora las pruebas y otros pasos son irrelevantes. La palabra final la tiene la coca. Habrá que saber cuántos fallos ya han ocurrido estos meses al influjo de la hoja milenaria.  Con la revelación, la justicia está en un momento supremo que ha elevado la condición de quienes practican el ritual de la lectura de la coca: los “yatiris”. Y la carrera de derecho está en el suelo. ¿Para qué estudiar códigos y procedimientos si la respuesta está en las hojas de coca?  Tal vez convenga sembrar coca en las academias, cosa que no falten las hojas, elevar su lectura a niveles universitarios y  otorgar licenciaturas y doctorados. Hasta ahora se daba por sentado que las supersticiones,  las creencias ancestrales no probadas positivamente, el esoterismo,  la brujería, las supercherías y las magias de todo color,  tenían el ingreso prohibido en las salas de justicia. Ahora no.

Las dos afirmaciones han roto fronteras y son como bolas de nieve cuesta abajo. Ambas traen la sensación de que en Bolivia las expresiones disparatadas están llegando a un límite insoportable. Son demasiado frecuentes. Y tal vez todo por culpa de la lengua (¿?). Recuerdo un viejo dicho irlandés: “La lengua es para tenerla detrás de los dientes”. Por lo que vemos aquí, al otro lado del mundo, el dicho tiene sentido.