Clinton

Enemigos del pueblo

Posted on Actualizado enn

Fue el 23 de febrero que el presidente Donald Trump descargó su ataque más furioso sobre los medios informativos de mayor peso en su país.  Al coronar una secuencia de traspiés en las relaciones internacionales que han hecho que muchos en el mundo se pregunten sobre su equilibrio mental, dijo que los medios eran embaucadores y ¨enemigos del pueblo¨. Apuntó a The New York Times, The Washington Post y redes televisivas a los que, horas más tarde, cerró la Casa Blanca, en una actitud generadora de solidaridad de otros grandes medios. Time Magazine y The Associated Press, la cooperativa gigante de noticias que sirve a unos 1.800 medios solo en Estados Unidos y a unos 5.000 en todo el mundo, decidieron ignorar las sesiones informativas y cubrir cualquier hecho esencial sin intermediación oficial. Nunca en la historia estadounidense se ha dado un enfrentamiento de esa magnitud entre los medios y el presidente.

El insulto de llamar a los medios ¨enemigos del pueblo¨ coronó una secuencia de traspiés con la prensa y evocó los tiempos de Joseph Stalin.  Originada, dicen los historiadores, en la Revolución Francesa, el déspota georgiano abrazó la expresión que después equivaldría a muerte, en el peor de los casos, y  destierro en el más benigno.  Nina Khuruscheva, bisnieta de Nikita Khruschev, recordó la macabra expresión al escribir que su bisabuelo la había denunciado al atacar el culto a la personalidad, un par de años después de la muerte de Stalin, el 5 de marzo de 1953.

A esa muletilla todavía acuden regimenes que buscan concentrar el poder y evitar que el público identifique dónde ocurren las mentiras.

Tres días después de su exclusión de las sesiones informativas, los dos diarios trajeron una primicia que ha hecho tambalear a Trump. Ambos mostraron que el Fiscal General Jeff Sessions mintió al negar ante el Congreso que hubiese tenido contactos con el Embajador ruso, Sergey Kislyak, de extraordinaria habilidad para hacer amigos. Los tuvo y en los días que siguieron se multiplicaron las presiones para apartarlo de una comisión bicameral que investigaría la interferencia rusa para afectar las elecciones del 8 de noviembre y frenar a Hillary Clinton,  a quien el hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, considera enemiga. Hace un par de semanas cayó Michael Flynn, asesor de seguridad, por haber conversado con diplomáticos rusos sobre las sanciones de Obama cuando dejaba la Casa Blanca y sugerir que Trump las revocaría. Sessions no pudo resistir la avalancha y se recusó de integrar la comisión investigadora que, por jerarquía, le correspondía presidir. Las conclusiones que puedan emanar de esa comisión son ahora un gran punto de interrogación para el presidente que queda desprovisto de una línea de protección.

Es el mayor enredo desde los peores tiempos de la Guerra Fria. El vendaval arrecia al aumentar las presiones para que Trump abra al público su declaración de impuestos. En su negativa de hacerlo yace la sospecha de que el multimillonario presidente trataría de esconder negocios en una escala multimillonaria gigante de prebendas recibidas de los rusos. Con el mundo aún asombrado por otros pasos del mandatario, cobra ímpetu la pregunta insistente de sus críticos y partidarios: ¿Quo vadis? ¿Adónde vas?

Tiempo de reflexión

Posted on

Los medios estadounidenses -y de más allá y más acá- han iniciado un examen de conciencia sobre el trabajo que hicieron antes de la elección sorprendente de Donald Trump. Fue tal la avalancha de encuestas y sondeos que daban por vencedora a Hillary Clinton que nadie se preocupó por verificar la idoneidad de las encuestas ni de los encuestados ni de desentrañar los sentimientos verdaderos que hicieron de la noche de 8 de noviembre una jornada memorable en las lides democráticas.
Los analistas perciben que no se asignó importancia debida al desafecto con el sistema que, pese a haber producido la mayor riqueza de la historia, no ha conseguido superar desigualdades impresionantes que aún persisten al lado de riquezas que pocos dudarían en calificar de hediondas. El rechazo a esos desequilibrios se impuso y muchos decidieron dar el salto al vacío que representaba la elección de Donald Trump y rechazar la continuidad atribuida a su rival. Que los grandes medios no hubiesen percibido el turbión que se aproximaba es la cuestión ahora instalada en las salas de redacción y escritorios de las encuestadoras. Puede haber certeza de que la cobertura de elecciones y de las actividades políticas del future no será más la de siempre. El público exigirá más rigor y los editores demandarán más precisión de los reporteros.
En una carta del editor del New York Times a los lectores, el periódico reiteró su compromiso de informar con honestidad, sin miedo ni favoritismos, y reflejar todos los ángulos de las noticias que entrega al público. El periódico global por excelencia estuvo entre los muchos medios que aconsejaron en sus editoriales no votar por Trump por hallarlo incapacitado debido a sus opiniones prejuiciosas sobre el sexo, las mujeres y los inmigrantes. Resultó que un gran número de votantes ignoró las advertencias y, a pesar de todo, dio su voto por el magnate. Sociólogos, politólogos e informadores están en carrera para encontrar explicaciones convincentes al fenómeno.
La aversion de Donald Trump hacia los medios no demoró en ser ratificada. La primera prueba post-elección vino cuando decidió no permitir que viajasen con él los periódicos que normalmente cubren las actividades presidenciales. La vision que tuvo el público de la visita del presidente electo a Barack Obama tuvo origen solamente oficial. No han ocurrido variantes notables en esa política.
Con las elecciones ahora atrás, la mayoría de las redacciones ha decidido refrescar sus códigos de ética y ponerlos con letra grande en frente de los editores para acentuar los esfuerzos por identificar razones más allá de las convencionales que llevan a los electores a manifestar sus preferencias de una manera determinada. Una contribución a los pocos días de la eleccción la dio Kathleen Carroll, directora ejecutiva de The Associated Press, la cooperativa noticiosa que sirve a casi la totalidad de los medios informativos de Estados Unidos y de gran parte del mundo. Al recibir una distinción en el club de periodistas convocó a sus colegas a reafirmar el compromiso con la transparencia y la defensa de la libertad de prensa e hizo algunas preguntas, válidas en todo lugar:
En la redacción de una noticia, ¿recoges frases de tweets y facebook en lugar de hablar efectivamente con la gente? Eso es pereza. ¿Envías correos electrónicos pidiendo a alguien una opinión para embutirla en una historia ya diseñada y preparada? Eso es decorar, no entrevistar. ¡Basta! Remachó diciendo que se ayuda a cerrar la puerta de la libre información cuando se acepta una información oficial sin someterla a verificación ni a cuestionamientos.
Si no estos no fueran ejemplos para reflexionar, recomiendo leer un libro de 150 páginas auspiciado por la Asociación Nacional de la Prensa: ¨Poder y ética en el periodismo¨, ahora en su segunda edición. Es una exposicción amplia del perioddista norteamericano John Virtue y contribuciones de Alberto Zuazo Nathes, José Gramunt de Moragas, S.J., Ana María Romero de Campero (+) y Juan Javier Zeballos (+).

Un choque de oscurantismo

Posted on Actualizado enn

Gran parte del mundo aún retiene la respiración para ver los efectos reales de la elección de Donald Trump. De inmediato, es cada día mayor la ansiedad por determinar el grado de oscurantismo que podría recaer sobre una administración cuyo jefe se ha manifestado contra casi todo lo forjado por y con Estados Unidos durante el pasado medio siglo. En ese amplio abanico de insatisfacciones ingresan desde la Alianza Atlántica con la que Estados Unidos ganó la Guerra Fría hasta los elogios del ahora presidente electo a Vladimir Putin y su rechazo a los tratados de libre comercio, en especial al NAFTA que coaliga el comercio de su país con México y Canadá. En el limbo han quedado las causas ecológicas que Estados Unidos abrazó, y los acuerdos contra la contaminación, incluso los programas en los que la participación financiera de Estados Unidos es esencial. Hasta el respaldo a la Organización de las Naciones Unidas (22% de su presupuesto) está en entredicho pues en algunos discursos el mandatario electo le restó utilidad.

Tras la aceptación con sobria dignidad del triunfo de su rival bajo el sistema de votos electorales, Hillary Clinton ha pasado a un segundo plano, pero con una estela de civismo ejemplar. Muchos dicen que reconocimiento de la vitoria de Trump el miércoles está entre los mejores mejores discursos de su larga carrera democrática y que con él dio un mensaje muy claro sobre cuál debe ser el comportamiento de un líder al perder una elección.  Lejos de reclamar una nueva elección, Clinton dijo a sus seguidores que le dolía haber perdido pero que Trump va a ser ¨nuestro presidente¨ y que debía dársele una mirada fresca. En una de sus frases más repetidas dijo: ¨Esta derrota duele, pero nunca dejemos de creer que vale la pena luchar por lo que es correcto¨.

América Latina estuvo fuera de los debates pre-electorales y no se espera que ingrese a áreas de interés para el nuevo gobernante, salvo casos muy especiales. Con México se avecina una pugna fuerte por la inmigración y el NAFTA, al que Trump responsabiliza por el decaimiento del empleo en algunos centros industriales. Esa visión luce para muchos economistas como de un simplismo extremo. No toma en cuenta que de ser producido en Estados Unidos, un refrigerador como el que produce México costaría dos o tres veces más. Tampoco cuantifica cuánto más deberían pagar los consumidores por defender el sello Made in USA versus el Made in China o Made in Brazil. El acceso al consumo que han tenido millones tiene un pilar fundamental en el libre comercio que apuntaló el progreso de las naciones en los útimos 50 años.

Dentro de la sombra gris que proyecta el resultado de la elección está también la relación con Cuba, que apenas empieza a florecer luego de un divorcio de más de medio siglo. Con la mirada más al sur, los observadores señalan que los gobiernos izquierdo-populistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, en ese orden, deberán moverse como si pisaran arenas calientes. Respecto a Colombia, señalan que Juan Manuel Santos deberá utilizar todo su buen juicio para mostrar que los acuerdos con la FARC son convenientes.

El asombro por la elección de Trump es equivalente a la decepción causada por la derrota de la candidata demócrata. Las manifestaciones callejeras que ocurrieron en las noches después de la elección en unas dos docenas de ciudades dice mucho del humor prevaleciente entre los ciudadanos ante los cambios en la brújula a la vuelta de la esquina.

El tabloid New York Post hizo notar el jueves que el Colegio Electoral deberá reunirse el 19 de diciembre en cada capital de estado y que, en teoría, nada impediría que un elector cambie de dirección.  Esto ya ocurrió este siglo, en 2004, cuando un elector declinó votar por el demócrata John Kerry y optó por su compañero de formula John Edwards.  En el lenguaje politico estadounidenses, a los defectores se los llama ¨faithless¨, sin fe o, más preciso, apóstatas. Las apostasías están prohibidas en solo 29 de los 50 estados de la union y el Post hizo notar que si un elector abdicase del candidato republicano bastarían otros 20 para mudar el curso de toda la elección.

La posibilidad luce remota pero es probable que la idea también ha martilleado la cabeza de las multitudes que han salido en manifestaciones nocturnas a protestar contra Trump.

El desenlace

Posted on

Una de las carreras presidenciales a la Casa Blanca más salvajes de las que se tenga memoria llega este martes a su fin. Gran parte de los sondeos hasta hoy vaticinan un triunfo de Hillary Clinton por estrecho margen, pero nadie se atrevería a apostar por el resultado de una carrera en la que la que gran parte de los ciudadanos de la más numerosa democracia del mundo ha sido persuadida por maquinarias propagandísticas implacables de que, en verdad, van a votar entre lo malo y lo peor.
En verdad, la credibilidad de las encuestas ha caído por un tobogán en todas partes. ¿Recuerdan que daban por seguro el rechazo británico a la salida de la Unión Europea? ¿O que el Sí a los acuerdos de paz en Colombia se impondría por amplia mayoría? ¿O que los bolivianos le garantizarían a Evo Morales una repetición que le permitiría gobernar hasta un cuarto de siglo contínuo? Pero a falta de otra referencia, solo las encuestas apoyan los vaticinios.  Pronto podrá verse cuán acertadas estuvieron.
Habrá que esperar hasta mucho más allá de esta medianoche para estimar con cierta aproximación el mundo que empezará a emerger a partir de mañana.
El problema mayor será el legado de estas elecciones. Nunca en 240 años de vida democrática la sociedad norteamericana vio su sistema tan desacreditado por el portaestandarte oficial de uno de los dos partidos con mayor representación. Donald Trump ha dicho que si la decisión del electorado fuese contraria sus pretensiones, habrá habido fraude y que no estaría dispuesto a reconocer la eventual victoria de su rival.
No es difícil anticipar el peligro que representa una posición así. El mundo estaría frente a un anuncio de rechazo radical a uno de los pilares más esenciales de la convivencia y de la vida democrática. Para los países aliados de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial un triunfo de Trump sería una notificación de que el mundo que surgió después de la guerra llegó a su fin. Qué ocurrirá después de eso ni siquiera Trump lo ha explicado.
Solo en los días que vendrán será posible determinar el impacto de sus expresiones libidinosos sobre las mujeres, sus opinions desdeñosas sobre los inmigrantes, en especial los mejicanos y musulmanes, y falsedades injuriosas como la que Barack Obama no nació en Estados Unidos.
Para una carrera que muchos consideraban ganada por la candidata demócrata, Hillary Clinton llega a la última ronda lejos de las expectativas de un knock-out temprano. No consiguió despejar el lastre negativo dejado por su uso de servidores no oficiales para sus correos electrónicos mientras fue Secretaria de Estado ni consolidar su mensaje de que representa el mejor liderazgo para dirigir su país en un momento de grandes desafíos en todos los flancos. El resultado de meses de campaña y tres debates televisados es que su elección podría ser ¨menos peor¨ para la región. En cambio, en gran medida gracias a su rival republicano, la candidata demócrata puede estar segura de contar con una porción considerable de los votantes hispánicos, que suman más de 25 millones (un 17% de toda la población). Ese número podría darle la victoria.
Para la mayoría de los observadores, el cambio de comando puede resultar sensible para ciertos países de la region más que para otros. El tono de los debates y discursos de campaña ha subido tanto que quien asuma la Casa Blanca no podrá ignorar la retórica de anti-norteamericana sentida en la región en los últimos años.

Campaña memorable

Posted on

Octubre de 2016 ha entrado raudo a la historia sobre cómo se hunde una candidatura. Víctima de una lengua incontrolable, el candidato republicano Donald Trump está revuelto dentro de un foso del que salir parece imposible. En estas dos semanas se embarró aún más, cuando faltan poco pocos días para la elección que determinará quién tomará el timón de las primera potencia del planeta.
Al llover nuevas denuncias y videos de actitudes lascivas del aspirante republicano hacia candidatas a concursos de belleza, inclusive niñas de 10 años, a una de las cuales prometió cortejar en una década más, Trump estaba estos días en un remolino sin posibilidad de rescate.
Tom Hanks (Forrest Gump, Filadelfia, Código da Vinci, etc.) dio una imagen gráfica del disgusto creado en el segundo enfrentamiento presidencial, aquel en que Trump sugirió que, de ganar, llevaría a su oponente a la cárcel: ¨Fue un debate de mierda.¨
Todo el mundo esperaba que los debates fueran esclarecedores de posiciones e ideas para la sociedad norteamericana y ejemplo para otros países, no una pelea sin casco protector ni guantes. Hillary Clinton no ha sido deslumbrante y sigue bajo las sombras de su labor como Secretaria de Estado y el uso inapropiado de los servidores oficiales de internet. Pero tiene de su lado la premisa de que no es posible discutir de culinaria con quien no sabe cómo agarrar los cubiertos, menos aún de sabores y diferencias.
Mal informado y a menudo con rostro rabioso, Trump ha expuesto sin cesar una condición anticipada de mal perdedor. Los debates han mostrado los peligros que representa el republicano, que ignora normas elementales de comportamiento. Esta característica ha sido hasta ahora desdeñada por quienes todavía están hipnotizados por una espontaneidad y un candor que refugian grandes desconocimientos. Su ambivalencia ha sido notable. Anuncia que trabajaría con Vladimir Putín para pacificar Siria, pero admite que nada sabe de Rusia.
Sabe que el voto latino y de los inmigrantes le es indispensable, pero insiste en que de llegar a ser presidente expulsará sin discriminar a millones de indocumentados y que bastará ser musulmán para tener vetado el ingreso a Estados Unidos. Su rechazo al libre comercio se parece al fervor antiliberal de algunos países de la region. Esa retórica tiene un punto en común: no dice cuál es la alternativa.
La ventaja de Clinton sobre su rival estaba cementándose en más de diez puntos porcentuales esta semana. De persistir la tendencia, ayudada por las torpezas del republicano, la elección puede resultar un paseo dominical placentero para los demócratas con un sabor adicional: ganar las dos cámaras legislativas.

Dentro de este marco, el debate del miércoles luce imperdible.

Lo que se dijo y no se dijo

Posted on Actualizado enn

Muchos entre los 150 millones que se asegura sumaron la audiencia del debate Clinton-Trump, hace una semana, eran latinoamericanos interesados en escuchar al duo de rivales hablar sobre temas de la region. Tuvieron una noche decepcionante. Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI, Brasil y Argentina, incluso Cuba y Colombia, estuvieron ausentes de la discusión acalorada. Salvo México, telón de fondo de la propuesta del republicano de erigir una muralla fronteriza que pagarían los mexicanos, y por la membresía mexicana del NAFTA (¨nos roban los empleos¨), América Latina estuvo ausente del primer debate más importante de la carrera por la presidencia de Estados Unidos.
No del todo.
Hubo una excepción hacia el final. Venezuela ingresó al cuadrilátero verbal de manera indirecta, pero con uno de sus atributos más admirados: su cadena de bellezas y títulos de Miss Universo.
Casi todos los asuntos debatidos esa noche fueron opacados por la avalancha que desató un tema demoledor traído por la candidata demócrata cuando recordó a su rival republicano opiniones racistas y peyorativas contra la figura de la ex Miss Universo (1996) Alicia Machado, ahora ciudadana norteamericana. Indignado por el apoyo militante de la ex reina de belleza a Hillary Clinton, Trump la había llamado ¨Miss chanchita¨ y con desprecio dijo que era también Miss Empleada Doméstica.
Sin defensa ante el golpe devastador que la cuestión le causaría entre las mujeres hispanas y no hispanas, Trump solo atinó a balbucear: ¨¿De dónde sacate eso?¨ Fue una pregunta servida en bandeja para Clinton: ¨Se llama Alicia Machado. Ahora es ciudadana norteamericana. Este año va a votar. Puedes apostar…¨
La conmoción entre los republicanos fue equivalente a la intensidad del golpe. Newt Gringrich, uno de los líderes más conservadores de su partido, salió en defensa del asediado candidato. Lo hundió más. Como para exclamar ¨no me ayudes, compadre¨, Gingrich dijo que Trump tenia todo el derecho de ridiculizar a la ex Miss Universo. ¨Nadie aumenta 26 kilos el año en que es elegida Miss Universo¨, dijo. (La ex miss admitió, después, que había aumentado solo ocho kilos).
Fue la peor semana republicana y una de las más felices de los demócratas. Alicia Machado, que había llorado al escuchar al republicano denigrarla por su peso, se sintió reivindicada.
El debate había sido como una pelea sin casco de protección. El énfasis estaba en la presidenciabilidad de ambos, en la violencia, generación de empleos y mayores salarios. Parecía que acabaría sin nuevos sobresaltos. Hasta que ingresó el rasgo del republicano que más detestan las feministas.
Los demócratas han estado cosechando los réditos de la vision del multimillonario republicano. Hillary Clinton golpeó sobre un rival maniatado por sus palabras que en toda la semana no logró encontrar una manera de controlar el desaguisado. ¨¿Quién se levanta a las 03.00 de la madrugada para lanzar un ataque en twitters?¨, redobló. Trump estaba en arena movediza y cualquier reacción ayudaba a empantanarlo.
Poco más de dos horas después ensayó un contra-ataque y afirmó que su rival había ayudado ¨a la repugnante (echen un vistazo a su video sexual y su pasado) a convertirse en ciudadana norteamericana para poder utilizarla en el debate¨. Eso tampoco apaciguó los ánimos de quienes vieron en las expresiones del republicano un grave prejuicio anti-latino.
Habrá otros dos encuentros antes de la elección, el 10 y el 19 de octubre.

Lo mejor es lo peor

Posted on Actualizado enn

Las elecciones primarias en Estados Unidos han tomado un curso cuyo desenlace parece pronto: Hillary Clinton y Donald Trump, definirán la contienda final para gobernar el país más fuerte del mundo durante 2017-2021. La ex Secretaria de Estado consiguió el martes un triunfo fundamental al arrasar en cinco estados, inclusive Florida. El pluribillonario Trump luce tan raudo que nada parece frenar su carrera hacia la nominación de abanderado republicano en la justa del 8 de noviembre. Encuestas y análisis concuerdan en que Clinton ganaría con holgura. Bernie Sanders, el aguerrido senador demócrata del estado de Vermont, aún tiene aliento para luchar y, pese a su espacio limitado, busca un improbable alineamiento de victorias capaz de eclipsar a su rival. Las apuestas le son adversas.
A estas alturas, es razonable especular sobre el significado para Bolivia del triunfo de cualquiera de los dos rivales más probables.
De partida, nada parece anunciar luces para el túnel en que están las relaciones bilaterales desde hace más de ocho años.
Clinton asumió la diplomacia norteamericana (2009-2013) cuando estaba fresca la salida precipitada de Philip Goldberg como Embajador de USA y el presidente Morales decía que no le temblaría la mano para expulsarlo. El Departamento de Estado cuestionó que no hubo pruebas sólidas que demostrasen que el diplomático conspiraba.
¿Recuerdan que una de las pruebas contra el diplomático fue una fotografía junto a un dirigente empresarial y un ciudadano colombiano desconocido que se coló cuando el diplomático recorría una avenida de la feria exposición en 2008? La foto del colombiano ignoto y del embajador a su lado fue para el presidente prueba de complicidad conspirativa. El colombiano era tan ajeno a ese tipo de afanes que se lo puso en libertad y tomó el camino más prudente: irse.
La extracción de conclusiones de premisas endebles también se manifestó hace poco cuando en una entrevista por TV el presidente dijo que el Encargado de Negocios de USA tuvo un comportamiento impropio al llevar consigo hasta El Alto el sello de la embajada y la bandera de su país, sin reparar que hacerlo nada tiene que ver con asuntos de soberanía y es con frecuencia una obligación. La cuestión no tuvo seguimiento informativo.
Pese a todo, han sido frecuentes los anuncios de una inminente normalización de la relación bilateral que nunca ocurrió.
En este marco, el mejor escenario sería que las relaciones se mantuvieran como hoy: incompletas e inestables. Apostar por una buena relación con el republicano equivaldría a jugar a la ruleta rusa y más efecto tendría invocar la protección de alguna deidad.

Sí, nos importa

Posted on Actualizado enn

La semana ha sido pródiga para comentaristas que hablaron sobre la elección del martes en Estados Unidos. Algunos sostuvieron que esa elección no representaba nada para Bolivia y que cualquiera que hubiese sido el resultado, ningún cambio ocurriría en las maltrechas relaciones bilaterales. Es cierto que América Latina estuvo casi totalmente ausente de la campaña. Pero una cosa es no tener mayor significación para la superpotencia que ocupa gran parte del hemisferio norte. Otra cosa es negar que los actos de nuestro vecino en el barrio también nos puedan afectar. Sólo por un instante imaginemos como real una hipótesis absurda: que los norteamericanos decidan no tomar café. Las exportaciones de Brasil se verían golpeadas y nuestro vecino, con menos ingresos, se vería forzado a comprar menos gas de Bolivia. Es fácil ver la bola de nieve que se formaría. No estamos ubicados ni en la Luna ni en Marte. La buena relación que Estados Unidos tiene con Chile, Paraguay, Perú, Colombia y Brasil proyecta, por vía de comparación, la mala relación que existe con nosotros. Eso ya es un efecto que no debemos ignorar. No podemos jactarnos de carecer de un buen relacionamiento con la principal potencia económica y militar del planeta. Mucho menos de que ese relacionamiento sea malo, en el peor nivel de la historia bilateral.
Una victoria de Mitt Romney habría privado a Barack Obama de alcanzar lo que dos predecesores notables de su partido lograron: Franklin D. Roosevelt (electo cuatro veces) y Bill Clinton. La economía estuvo en la cabeza de los votantes como cuestión prioritaria. Los 57,6 millones que votaron por el candidato perdedor quieren que la economía sea reactivada más rápida y más sólidamente. Quieren lo mismo los 60,5 millones que votaron por Obama, pero no a costa de reducir impuestos a los más ricos o con una política exterior agresiva a la que atribuyen gran parte de los problemas económicos que se han abatido sobre la única superpotencia y que afectan a todo el mundo.
Es natural suponer que los movimientos de la política externa de Obama persistirán en el énfasis sobre China (por razones económicas), en Irán (por su programa nuclear) y Corea del Norte (por razones de seguridad). La lista de interés mantendrá en la cima a los aliados tradicionales de Estados Unidos en Asia, África, Europa y el Oriente Medio y a los países de América Latina con los que mantiene una relación fuerte, política y comercialmente (México, Brasil, Chile, Perú y Colombia, entre otros). Con Cuba no se deben esperar variaciones significativas, salvo cambios internos en la isla. Como están las cosas, es improbable un cambio en la relación con Venezuela, menos con Bolivia (persiste el desagrado con la afirmación de que las relaciones con Estados Unidos son “una c…”, agregada a una cadena de declaraciones inamistosas o disparatadas, incluso la más reciente: Quienes eligen son los empresarios, concepto también utilizado por Mahmoud Ahmadinejad, de Irán.)
La victoria de Obama tiene algunas lecciones adicionales sobre las que los analistas aconsejan reflexionar. Una es que el llamado “voto latino” no es el que algunos comentaristas se regodeaban en destacar como factor que apuntalaría una victoria del candidato republicano. Fue al revés. Es un grupo importante, con cerca de 20 millones de votantes, más de ocho veces la magnitud de hace sólo unos años y representa el 11% del electorado, sólo un par de puntos porcentuales debajo de los afro-americanos, la primera minoría. Pero dos de cada tres latinos votaron por el demócrata Obama y pusieron en jaque a los grupos conservadores de origen latino que viven en Florida, estado que acabó en la bolsa del lado victorioso. Esta elección también subraya que una mayoría de latinos votó con la mirada puesta en asuntos internos inmediatos (inmigración, salud, desempleo) más que en la patria distante.