Chile

Deshojando la cebolla

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Lejos de la unción cívica que caracterizaba la  jornada, transcurrió el primer Dia del Mar después del fallo del 1 de octubre pasado, cuando la Corte Internacional de Justicia decidió que Chile no está obligado a negociar con Bolivia ninguna salida al mar. Décadas de trabajo, apoyos de gran parte del mundo, fueron esfuerzos vanos. Muchos esperaron que el presidente Morales, cabeza de la gestión que llevó cinco años asumiese plenamente la responsabilidad por el fracaso y rindiera un informe. Pero esa palabra nunca apareció en las declaraciones presidenciales y el sábado 23 de marzo reiteró que el fallo de la corte contenía una convocatoria para que Chile y Bolivia siguieran dialogando. Para muchos pareció  un intento de volver atrás las manillas del reloj, un camino que muchos descartan por impracticable en las circunstancias actuales y con los mismos protagonistas. El tango se baila entre dos y Bolivia no tiene pareja.

En estas circunstancias, ha empezado a circular ¨Bolivia en La Haya – Lecciones del proceso contra Chile¨, (Editorial Plural, 140 páginas) con artículos de 14 internacionalistas que detallan el fracaso. El ramo de analistas aborda gran parte de los puntos que tienen en vilo a la sociedad boliviana, interesada en los pormenores del esfuerzo diplomático más grande del país en toda su historia. Entretanto,  todavía repercute la pregunta: ¿Por qué Bolivia se embarcó en una apuesta tan arriesgada que la llevó a dejar todo en la mesa de apuestas?  ¿De dónde partió la idea que el presidente Morales acogió con tanto entusiasmo y que llevó a muchos a creer que era, por fin, la estrategia correcta más de 100 años después del tratado de 1904? ¿Quiénes aconsejaron el paso? Es una historia fascinante aún no escrita. Las preguntas  llueven y no escampa.

Escuchemos preguntar al internacionalista Fernando Salazar Paredes en un artículo escrito para el libro presentado la semana pasada. Se refiere a la supuesta invocación que defienden el presidente y su gobierno para que Bolivia y Chile continúen negociando. ¨¿Dónde está la invocación? Una invocación es una acción de llamar a alguien, habitualmente con una connotación de urgencia¨, subraya en ¨El fallo de  La Haya, sofismas y mitomanía¨, y  recuerda que el llamado está en las líneas finales del fallo, en el párrafo 176 (en un punto seguido) cuando declara que ¨los hallazgos de la Corte no deben ser entendidos como si impidieran a las partes continuar su diálogo e intercambios en un espíritu de buena vecindad  para atender los asuntos relativos a la situación del enclaustramiento de Bolivia¨.

Los actos oficiales del ¨Dia del Mar¨ concluyeron con un mensaje presidencial, lejos de hacer eco en Chile como ocurría en ocasiones similares.

Los argumentos del presidente Morales diciendo que hasta Augusto Pinochet había reconocido (en una obra sobre geopolítica, antes de tomar el mando) que Bolivia había nacido con una costa de 400 kilómetros de longitud no tuvieron repercusión conocida.

Al abordar el tema de la supuesta invocación que Salazar lapida, el Presidente causó perplejidad en su audiencia cuando subrayó que la Corte no ha rechazado la demanda boliviana y, más bien, le ha abierto caminos para llegar al Pacífico soberanamente.

¿Era una forma de ¨posverdad¨?  Ante un público constituído mayormente por empleados públicos, cerró con la trillada arenga ¨Patria o Muerte, Venceremos¨.

Por una curiosa ironía, en esas horas los presidentes de Brasil Jair Bolsonaro y su anfitrión Sebastián Piñera suscribían una declaración en la que Bolivia quedaba excluída de un corredor entre Brasil y Chile. Ambos presidentes reafirmaban el compromiso con la construcción de un corredor para unir el centro-oeste brasileño con los puertos del norte de Chile. Bolivia quedaría cercada. Al escribir este artículo, la cancillería aún no había comentado el tema.

Un elemento importante del libro es el informe meticuloso que rinde Carlos Mesa, con una reseña de cada una de las intervenciones durante esa jornada. Es el informe que faltaba para el hombre de  la calle. Pero eso no justifica  la ausencia de una explicación oficial que solo podría ser compensada con actitudes efectivas inmediatas. Ellas pasan por el desarrollo moderno e intensivo de los puertos Busch y Aguirre (del visionario cochabambino Joaquín Aguirre Lavayén.) Un paso concreto sería establecer (y cumplir con) fechas para la entrega en operaciones totales de los puertos, con el compromiso del estado de desviar hacia ellos cuanto transporte de importación/exportación sea posible y demostrar a la agroindustria y los comerciantes pioneros que en el extremo oriental de Santa Cruz nace un polo de desarrollo de grandes proyecciones. Una acción paralela sería afianzar los puertos hacia el Atlántico que pueden partir desde el Beni.

Gustavo Fernández Saavedra, impulsor de la victoria diplomática de 1979, cuando la asamblea general de la OEA declaró que la cuestión marítima interesaba a todo el hemisferio, dice sin filtros que el resultado de la gestión fue una clara derrota para Bolivia. ¨Quien llevaba el estandarte era él, pero el fallo no le afecta solo a él¨ (el presidente Morales), dice el barroco título de su entrega  de solo siete páginas, transcripción de una entrevista con el diario Página 7, de La Paz. Su dictamen es que la via jurídica escogida por Bolivia no era la apropiada y que el estandarte queda ahora para las nuevas generaciones.

La frase entra en la bruma pues nadie, desde el 1 de octubre, se ha atrevido a estimar el tiempo para un nuevo empeño que, en cualquier caso, será con otros representantes bolivianos y con un interlocutor que ahora tiene todas las cartas en la mano.

 

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¿Días sin gloria?

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Hasta hace pocos años,  las conmemoraciones de hechos históricos eran material infaltable en los medios informativos y en los actos centrales en las horas cívicas de las escuelas. Estos días, si Ud. va a alguna escuela y pregunta cómo fue conmemorado el 14 de febrero, es probable que reciba una mirada estupefacta de su interlocutor. ¿Qué es eso? Si Ud. agrega que es la fecha recordatoria de la invasión a Bolivia por el ejército de Chile, y del desembarco de tropas que sin resistencia pusieron pie en Antofagasta para luego avanzar hasta Calama, habrá ofrecido una lección rápida de historia que su interlocutor ignoraba o no recordaba.

Con algunas excepciones, la fecha no ha tenido el realce de otros tiempos. Parece aún estar bajo el barullo que durante años ensordeció la enseñanza de  la historia y el afán por hacernos creer que  esos episodios permanecerían con sordina, ante el ímpetu del acercamiento entre Bolivia y Chile, primero, y la algazara triunfalista que prevalecía en los ámbitos diplomáticos nacionales sobre una inminente victoria en la Corte Internacional de Justicia. El 1 de octubre, todo se derrumbó, cuando La Haya falló que Chile no tiene deudas pendientes con Bolivia asociadas al tratado de 1904 aunque el fallo no signifique que los dos países no  puedan negociar en torno al viejo problema del enclaustramiento boliviano.   

En los últimos lustros, el 23 de marzo, fecha magna en el calendario  histórico boliviano hasta el intento de reaproximación con Chile protagonizado por el gobierno del presidente Morales, fue administrado  bajo un perfil austero. La conmemoración del año pasado, la última antes del fallo de La Haya, fue sin estridencias. Hasta hace poco, la fecha era  la  oportunidad en la que los presidentes juraban que lucharían por una reivindicación pues se trataba de una meta irrenunciable. Hoy no está claro qué conmemorarción auspiciará el gobierno ni si el presidente ofrecerá algún discurso, que bien podría resultar incongruente con el fallo de la Corte de La Haya.

Viene al dedillo mencionar la campaña sigilosa que desde hace años desarrolla el profesor Jorge Órdenes, miembro de  la  Academia Boliviana de la Lengua, por instituir en las  universidades la carrera de historia y literatura bolivianas. Usted  ha leído bien. En Bolivia no existe una facultad de historia nacional ni de literatura boliviana y la campaña del académico no tiene visos de acabar pronto ni de culminar exitosamente.

Asómbrese más: Si a algún estudiante se le ocurre estudiar para  alcanzar una licenciatura en esas materias, deberá ir a  los Estados Unidos, donde sí algunas universidades las enseñan!

Un No memorable

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Pasó desapercibido en nuestros medios el trigésimo aniversario de una fecha que en su tiempo sacudió las estructuras de  uno de los regímenes más repudiados y temidos  en el continente.  Augusto Pinochet, seguro de tener a su país en el puño y ansioso de conseguir legitimidad democrática, convocó a un plebiscito que resultó en uno de los más grandes reveses propinados a un régimen dictatorial.

El 5 de octubre de 1988 el pueblo chileno le dijo No al plan del dictador, que le habría permitido prorrogarse  hasta 1997. Sólo entonces el país se encarrilaría por una vía democrática diseñada a la medida del pensamiento autoritario que regía el país desde el golpe de 1973. Es decir, cuando el regimen militar habría alcanzado la edad de 24 años.

La ansiedad que prevalecía en todos los ambientes democráticos del continente casi igualaba a la que existía entre los demócratas chilenos. Se estaba ante la posibilidad de apartar sin grandes traumas y con solo con la fuerza del voto de la ciudadanía al dictador y a su régimen que habían asumido el destino chileno tras al golpe sangriento que depuso a Salvador Allende. Decirle Sí al plan de la dictadura habría sido darle credenciales para permanecer con las riendas del poder casi tres décadas antes de abrir rendijas para que el país exprese su voluntad soberana. Aquel 5 de octubre, 7,5 millones de chilenos fueron a los centros de votación a decidir su destino. El régimen había puesto todo su empeño para ganar, si bien solo atisbaba las consecuencias de perder sin imaginar  que estaba ante el principio de su fin.

Sistemática y pletórica de recursos, la maquinaria propagandística oficial  copaba espacios de los medios, de la forma en que lo hacen todos los autoritarismos. Amedrentada, la oposición confiaba en las fibras democráticas vitales de los chilenos. En las calles el sentimiento que más se manifestaba era el miedo a un triunfo del Sí a Pinochet y el temor de que eso prolongase aún más las violaciones a los derechos humanos  con su secuela de una justicia sometida a los dictámenes del poder. Confiados en la pulcritud del sistema de votación y en la honestidad de los árbitros, siete millones y medio de chilenos salieron a decidir su destino en los centros de votación.

Eran muchos los que no creían que el regimen sería capaz de perder así nomás y empezaba a tomar cuerpo el temor de que el regimen desconociera su derrota y volviera a aplicar su fuerza salvaje sobre la mayoría descontenta. Al acabar la votación y conocerse los primeros resultados boca urna,  gran parte del país no creía lo que escuchaba: el No había Ganado y en cuestión de horas los ánimos tenían un vuelco radical. Inclusive los  policías que antes reprimían, se abrazaban en las plazas públicas con la población jubilosa. Era un nuevo Chile el que emergía.

Los ánimos eran tales y el alborozo recorría latitudes globales con tal entusiasmo que el régimen no se atrevió a dar ningún paso en contra de la victoria que había alcanzado el No.  Aún hoy se especula sobre los alcances que habría tenido un Plan B para contrarrestar la derrota que nunca se aplicó. Consignados en la documentación secreta rescatada después, había  planes para lanzar al ejército a revertir la situación fundamentados en el 45% de votación que había obtenido el régimen, pero el alborozo general del pueblo chileno y la presión internacional desanimaron a los jefes militares.

Pinochet fue consciente de que había perdido la apuesta. Cumplió su palabra de apartarse del gobierno y se apartó para ingresar a un lento crepúsculo. Fue el comienzo de se alejamiento del poder que  había ostentado. Continuó a la cabeza de las Fuerzas Armadas pero eso también llegó a su fin.

La periodista Mary Helen Spooner tuvo un recuento vívido de  los últimos días de Pinochet (The general slow retire) University of California, 2012), hasta su arresto en Londres y su retorno a Chile donde esperaba que sus seguidores lo desagraviaran. Pero Chile ya había cambiado y su interés primordial era consolidar la democracia renaciente sin ocuparse mayormente de quien ahora era parte del pasado.

En su obra, la periodista hace sentir a sus lectores la cínica impunidad del regimen, las violaciones recurrentes de los derechos humanos  que exacerbaron a la ciudadanía que, por fin, de manera democrática, logró expulsar al regimen y abrió las amplias alamedas de la democracia por las que ahora transita.

Un viaje relámpago

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Pocas veces el Presidente Morales lució tan solo como el domingo que pasó, en las ceremonias de toma del mando del presidente Sebastián Piñera. Al menos respecto a otros invitados, era previsible esa soledad, pero el Presidente no tenia otra opción sino ir. No haber asistido a la toma de mando de Piñera habría servido para subrayar el aislamiento internacional de su régimen. Ir requirió coraje pero la soledad quedó, de todas maneras, expuesta en las seis horas que estuvo en Chile, un récord para una visita presidencial a un país vecino. Antes había jugado fútbol con el ahora nuevo presidente chileno, pero ahora aquel parece un pasado idílico sin señales de que volverá. En la ceremonia estuvo ubicado al lado del Rey Juan Carlos y la esposa del ex presidente uruguayo José Mujica, compañías con las que tenia muy poco para compartir, quizá solo un educado asentir con la cabeza ante cualquier ocurrencia. Partió de vuelta a La Paz apenas ocurrió el juramento de Piñera y en el aeropuerto, con el micrófono en una mano y el papel que iba a leer en la otra, se despidió.

Mucho mejor para él. Sin Hugo Chávez ni Lula o Cristina Kirchner, y ni siquiera Humala, podía haber sido intolerable para el Presidente ver las atenciones prodigadas por Piñera a Macri y la desenvoltura del mandatario argentino en la capital chilena. Macri estuvo al lado del otra vez flamante mandatario durante gran parte de los actos protocolares que precedieron a su juramentación en el congreso. La empatía manifiesta que ambos exhibían, como firmes partidarios de la iniciativa privada, exteriorizaba una imagen de buena vecindad que entre Bolivia y Chile no existe. Los dos hablaron y rieron incluso de sus corbatas, prenda que el mandatario boliviano -así como muchos en Bolivia- ha excluido de su vestimenta por completo. Ver a su colega argentino brindando profusamente con champán, en medio de carcajadas con el anfitrión, tampoco habría entusiasmado al fugaz visitante.

En el aeropuerto lanzó una de las cartas más valiosas que llevaba en este viaje: un pedido de disculpas, probablemente a Chile, como país, por los medios ante los que hablaba (pues) ¨…nunca ha sido mi intención ofenderlo, agredirlo¨ para destacar enseguida que actuaba en defensa propia: ¨Aunque también recibo muchas ofensas por parte de algunos medios de comunicación, por redes sociales, algunos, seguramente son pocos hermanos chilenos, hasta me tratan de (…) indio sin pluma. Quiero decirles: no estoy resentido, no estoy molesto, entiendo perfectamente; somos tan diversos en América Latina; queremos que en esa diversidad haya gran unidad…¨

En ese contexto lanzó la mayor jugada de su viaje al reiterar una invitación ¨para cerrar una herida histórica¨ que permanece entre los dos países. ¨Vengo a extenderles y ofrecerles la mano de la fraternidad. Pongamos todo nuestro esfuerzo, no es imposible…Podemos vencer nuestras diferencias, escribamos juntos, con coraje y valentía, la página más significativa de la historia común de Bolivia y Chile¨.

Fue un cambio marcado en el lenguaje que ha tenido ante las autoridades chilenas, en especial ante las que ese domingo dejaban el gobierno junto con la Presidente Michele Bachelet. Para muchos observadores, era ¨la otra cara de Evo¨, la de los albores de su gobierno ahora con 12 años, con la que posiblemente espera convencer a sus interlocutores a ponerse a trabajar para resolver uno de los entuertos más antiguos del continente. Para la mayoría de los bolivianos, eso significa llegar al Pacífico con un acceso soberano; el adjetivo no ha tenido cabida en la diplomacia chilena. De inmediato, no hubo ninguna señal de que sus palabras fuesen a tener respuesta inmediata, menos ante la inminencia de los alegatos finales de la causa radicada en La Haya.

Nunca es tarde

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Muchos han celebrado una confesión reciente del presidente Morales cuando dijo hace unos días que entendió la importancia de la educación solo al llegar al gobierno, al cabo de más de una década de vida política intensa para alcanzar la presidencia. La declaración fue un abandono oficial de la idea, profunda en gran parte de sus allegados, de que el mejor aprendizaje lo imparten las arrugas de los abuelos. El daño causado por ese atavismo, romántico pero irreal, en especial entre niños campesinos, puede haber sido grande. Una cosa sería que algo así lo dijeran los mayores de los niños o sus padres. Pero venido de las más altas autoridades, ante quienes los niños tienen un respeto reverencial, equivalía a un mandato. Al subrayar, durante la entrega de premios a bachilleres sobresalientes, que ahora reconoce ¨la importancia de la educación¨, puede estar intentando reparar aquel daño, cuyos efectos nocivos nunca podrán ser cuantificados.
Otra sorpresa ocurrió cuando instó a los estudiantes a aprender inglés, la lengua global y oficial del imperio. Los especialistas coinciden en que el aprendizaje de una lengua esencial ensancha el horizonte de los jóvenes, pues obtienen una herramienta que les ayuda a percibir mejor el mundo moderno, aún más donde hay grandes segmentos de la población desprovistos de una noción esencial de modernidad.
Los pedagogos creen que aún más provechosa habría sido la recomendación presidencial si incluía hablar y escribir mejor el español antes de lanzarse a la aventura de aprender la lengua imprescindible del mundo globalizado. Países vecinos ya tienen al inglés entre las materias de vencimiento obligatorio. En la carrera diplomática, es imposible avanzar sin un dominio pleno de esa lengua y la cultura que la rodea.
Fue auspicioso que la declaración presidencial coincidiera con el anuncio del país ganador de las pruebas PISA (programa de evaluación internacional de estudiantes). Ganaron los estudiantes de Singapur, la pequeña isla-estado del sudeste asiático (5.4 millones de habitantes) independiente desde 1965. De esencia capitalista de la que no tiene intención de renegar, y uno de los países más ricos del mundo, el idioma oficial de Singapur es el inglés, junto al malayo, tamil y mandarin.
La evaluación es trianual entre adolescentes de 15 años en más de 70 países. De Sudamérica, Bolivia y Venezuela no participan. Hace un par de años Bolivia justificó su ausencia diciendo que eran pruebas ¨neoliberales. La evaluación mide el conocimiento en ciencias, matemáticas y lectura, disciplinas a las que no es fácil atribuir cualquier sesgo político. Las autoridades correspondientes tendrían que explicar dónde es neoliberal la trigonometría o el cálculo de la base de una pirámide. (¨La regla de cálculo no tiene ideología¨, me decía un viejo profesor.)
Una revelación de la pruebas este año fueron las mejorías de Colombia y Perú respecto a la anterior, cuando figuraron entre los peores. Esta vez ocuparon las posiciones 57 (67) y 64 (71), aún insuficientes para salir de la cola en que están los países latinoamericanos. El mejor desempeño latinoamericano fue el de Chile: del puesto 48 pasó al 44, entre 76 participantes.

Soledad boliviana

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Incorpora en tercer párrafo el congelamiento en las relaciones ordenado por Caracas.

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Cuando a las 13:34, hora de Brasilia, el senado de ese país votó 61-20 para alejar de la presidencia a Dilma Rousseff el Embajador boliviano en el vecino país, José Kinn Franco debe haberse sentido también fuera de sus tareas diplomáticas por tiempo indefinido.
Horas antes de la decisión del senado, el presidente Evo Morales había anunciado que convocaría a su embajador si ocurría el alejamiento de la primera mujer presidente en el vecino país. (Pese a la proximidad ideológica que el presidente Morales sentía hacia la mandataria, ésta nunca visitó Bolivia durante su ejercicio presidencial.)  No había información disponible sobre el retorno del embajador a Bolivia, cuando está a la vuelta de la esquina la negociación por un nuevo contrato de venta de gas natural a nuestro vecino.
La de las autoridades bolivianas era una actitud casisolitaria. En mayo, cuando la apertura para el enjuiciamiento de la presidente fue decidida, Venezuela y El Salvador retiraron a sus embajadores en Brasilia. Esa situación, ya cercana a la ruptura, se agravó la tarde de este miércoles cuando el gobierno de Nicolás Maduro anunció que las relaciones con el gigante que le compra importantes volúmenes de petróleo y le provee de artículos esenciales, quedaban congeladas de manera indefinida. Para la cancillería venezolana lo ocurrido hoy ha sido la consolidación de ¨un golpe parlamentario¨.

Para Bolivia, las relaciones con Brasil son fundamentales en extremo. Aún no se pueden determinar las consecuencias de las decisiones diplomáticas, en manos del presidente Morales. Pero es posible prever un enfriamiento glacial en las relaciones con el vecino que comparte las fronteras más extensas de América del Sur y con el que tiene la mayor tajada de su comercio exterior.
La decisión que deja colgando en el trapecio las relaciones bilaterales sigue a otras que en estos años han llevado a la diplomacia boliviana a un ostracismo asfixiante. De espaldas a Chile, las relaciones con todos los vecinos bolivianos están en la cuerda floja. A Perú, el presidente no viajó para a la posesión del nuevo mandatario, Pedro Pablo Kuscinsky. Jaime Paz Zamora le dijo que, de haber sido él, habría ido a Lima en camilla, dada la importancia de Perú, como hermano siamés de Bolivia, y en especial ahora, con la demanda marítima boliviana en La Haya y la necesidad de intensificar el uso del puerto libre que el país tiene en la costa peruana de Ilo. El Presidente Morales sí realizó viajes internos y a Cuba. Con Argentina bajo Mauricio Macri las relaciones nunca fueron buenas. En días pasados empeoraron con sus críticas a la política económica de nuestro vecino que en materia de comercio es el segundo en importancia. Con Paraguay tampoco son cordiales.
Los límites de la capacidad boliviana para aislarse son centro de la atención preocupada de los diplomáticos nacionales. No es especular demasiado decir que ahora deben preguntarse ansiosos cuál podrá ser el próximo paso en un momento en que las relaciones sudamericanas han alcanzado temperaturas pocas veces tan altas en su historia.

Breve historia del Lauca

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El diplomàtico e historiador Ramiro Prudencio Lizón ha escrito el siguiente artículo, publicado hoy por La Rzón, de La Paz. Lo reproduzco con autorización del autor.

El problema del rio Lauca
Ahora que el gobierno nacional ha determinado solicitar a Chile la reconstitución del sistema de consultas políticas que regía la relación bilateral, sería conveniente incluir en la nueva agenda, el problema del río Lauca; problema que deviene desde el año 1962 y que determinó la primera ruptura de relaciones diplomáticas.
El 14 de abril de 1962, el presidente chileno Jorge Alessandri ordenó la apertura de las esclusas de la obra de derivación, para que escurrieran las aguas del Lauca hacia el valle de Azapa, en Arica. Nuestro país respondió ante este acto con la ruptura de relaciones diplomáticas y con una queja a la OEA, destacando la existencia de una “amenaza de agresión a su integridad territorial por parte del Gobierno de Chile”.
El Consejo de la OEA aprobó la demanda y emitió una resolución, el 24 de mayo de 1962, donde se solicitaba a nuestro país que acudiese a alguno de los medios de solución pacífica de controversias contemplados en el Pacto de Bogotá.
Lo lógico hubiese sido que en forma conjunta, los dos países eligiesen uno de esos medios. Pero nuestra Cancillería, dirigida por un hombre muy temperamental, Fellman Velarde, decidió escoger en forma unilateral a un grupo de países del continente para que mediara en el asunto. Chile rechazó tal postura y en cambio propuso llevar la controversia a la Corte Internacional de Justica de La Haya. Como ninguno quiso ceder en su posición, nuestro gobierno consideró que la OEA había demostrado poca voluntad para solucionar el diferendo y optó por una inusitada determinación: suspender su asistencia al Consejo de la OEA y a los organismos de ese sistema.
Posteriormente, sucedió algo tragicómico. Cuando el presidente Kennedy planteó ante la OEA el grave problema originado por la instalación de misiles soviéticos en Cuba, en forma sorpresiva nuestro delegado, Emilio Sarmiento, se hizo presente en la reunión para aprobar la posición norteamericana. De este insólito modo, Bolivia retornó al seno de ese organismo interamericano.
Posiblemente, por influencia de EEUU, el nuevo Presidente del Consejo, don Gonzalo Facio, inició una gestión extraoficial para superar el problema suscitado por el Lauca y para que se reanudaran las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile.
Pero Facio se llevó la sorpresa de que Bolivia no sólo pedía una solución satisfactoria respecto del desvío del Lauca sino que insistía en incluir en el conflicto, su exigencia de una salida soberana al mar. Lamentablemente Chile rechazó terminantemente dicho tema y con ello, la gestión de Facio terminó en fracaso. Y nuestro país, nuevamente se retiró de la OEA. Dos años después, Bolivia retornó a su seno, pero el problema del Lauca quedó archivado de la organización.
Posteriormente hubo algunas tímidas gestiones que se hicieron respecto a dicho río. Una ante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva, y luego otra ante el de Allende. En ellas se vio la posibilidad de conformar una comisión mixta técnica para estudiar cuánta agua del Lauca era aprovechada por Chile. Además, durante el gobierno del general Pinochet, el tema del Lauca quedó incluido en la negociación iniciada en Charaña. Luego vino una nueva ruptura de relaciones diplomáticas, en marzo de 1978, y tanto el asunto marítimo como el del río Lauca quedaron sepultados.
Con posterioridad a la negociación de Charaña, Bolivia continuó insistiendo en negociar el problema marítimo, pero nunca más habló del Lauca. Entonces Chile consideró que ello le daba derecho a usar no sólo el porcentaje desviado inicialmente, sino mucho más. Posiblemente ahora aprovecha más del 90% de las aguas del Lauca.
Como ahora el Gobierno desea restablecer una agenda de negociaciones con Chile, es menester que se incluya en ella la actual situación del río Lauca, porque nuestro país no puede ni debe permitir que prosiga este irregular estado sin recibir una adecuada compensación.