Chávez

Defensa del lector: Comunicación a tropezones

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Hay palabras que se han vuelto de uso común pero que están lejos de su significado original. Es una manera torcida de utilizar el lenguaje sin que sean muchos los que se ruboricen. Es cierto que el origen de los defectos puede estar en la escuela, pero los medios pueden ayudar a corregirlos. No lo hacen con la frecuencia que deberían y al repetirlos acentúan el error y estimulan el mal uso del lenguaje. Pena por la audiencia, y por los niños que resultarán contaminados por estos virus contra los cuales la única vacuna es extirparlos de raíz.
El verbo advertir se ha vuelto sinónimo forzado de amenazar. Como cuando leo el siguiente titular: “Trabajadores de la CNSS advierten con paro de 72 horas”. Es claro que la forma verbal correcta habría sido “amenazan”. Un sinnúmero de ejemplos aparecerá al recorrer las páginas de nuestros medios impresos. Advertir tampoco es equivalente a “vaticinar”, como insinúa un titular: “Presidente del Comité pro Santa Cruz advierte lucha contra el centralismo”. Probablemente, el redactor quiso decir: Presidente del Comité pro Santa Cruz anticipa nuevas luchas contra el centralismo.
Más pernicioso es el uso incorrecto del verbo socializar, que se ha adueñado del concepto que expresan sus hermanos “debatir” “analizar”. “discutir”. Ahora todo se “socializa” como si se hablara de la apropiación de un bien o de un instrumento a favor del Estado. Qué tal suena decir: “Te vas a casar, pero antes socializa la propuesta con tus suegros”. O “vamos a tener un hijo, pero antes vamos a socializar la idea.” Igualmente nociva es la metamorfosis aplicada al sustantivo intención. Las formas rebuscadas de hablar y escribir han encontrado un substituto: intencionalidad. Filosóficamente se puede debatir mucho sobre los dos términos y sus equivalencias, pero en el lenguaje diario me quedo, con firmeza, con intención. La entrada completa se encuentra aquí.

Las horas de Venezuela

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La incertidumbre que se vive en Venezuela crece a cada hora, alimentada por versiones no confirmadas que se apuntalan en la vaguedad de las informaciones oficiales sobre el estado real del comandante Hugo Chávez. Para los que creen en los números expresados en los años, el dos ha acompañado al líder venezolano en tres décadas. Sus intentos de deponer a Carlos Andrés Pérez ocurrieron en 1992; diez años más tarde, en 2002, se produjo el golpe que por horas lo alejó del Palacio de Miraflores. Y ahora en 2012 libra su batalla suprema por la vida.
Las declaraciones oficiales sobre el estado del comandante tras la cuarta operación en La Habana han sido cautas e insuficientes para superar la ansiedad en todo el país y más allá de sus fronteras. El presidente encargado Nicolás Maduro dijo que la cúpula en funciones se había reunido el miércoles y con expresión adusta explicó: “Evaluamos el proceso operatorio y queremos decirle a los venezolanos que la operación del día de ayer efectivamente fue una operación compleja, difícil y delicada, lo cual nos dice que el proceso postoperatorio va a ser también un proceso complejo y duro”. El que hubiera tenido una hemorragia durante la intervención, algo que los médicos consideran frecuente en este tipo de cirugías, no contribuye al optimismo. Después, las palabras oficiales oficial describieron una críptica “evolución progresiva”.
Las palabras del canciller y vicepresidente dejan pocas dudas de que el mandatario, salvo una recuperación extraordinaria, no tendrá condiciones de volver a jurar al cargo el 10 de enero o de mantenerse en el timón presidencial por otros seis años. Eso dispararía el llamado a nuevas elecciones presidenciales, a ser convocadas en 30 días a partir de declarada la imposibilidad del mandatario de seguir gobernando.
Una situación así abriría un nuevo curso en la historia política venezolana. Un “chavismo sin Chávez” luce improbable y no parece tener futuro de continuidad plena para el régimen. ¿Qué vendría? Estaríamos frente al ocaso inevitable del caudillismo: se vuelve tan denso,  extendido y asfiixiante que ningún liderazgo firme crece bajo su sombra.

En la hipótesis que en esas horas parece plausible, pensar en un reacomodo de las piezas geopolíticas del continente latinoamericano es inevitable. Una primera posibilidad es que el proyecto bolivariano entre en crisis. Chávez es la base fundacional del llamado Socialismo del Siglo XXI y el ALBA, una de sus creaturas, sucumbiría tan pronto como cese el  flujo de ayuda petrolera que recibe su media docena de integrantes.
Para el gobierno boliviano, un desplazamiento del gobernante venezolano significaría perder un faro de referencia y de inspiración fundamental. Se ha secado la fuente de socorro que era el financiamiento para el programa “Bolivia Cambia”, utilizado discrecionalmente en obras, algunas de dudosa eficiencia y necesidad. Más importante es el diesel que importamos. Viene todo de Venezuela y, hasta donde se conoce, es pagado al contado –y en Bolivia su venta es subsidiada. Un cambio en las condiciones tendría impacto inmediato en  el sistema nacional de transporte.

Una incógnita mayúscula es Cuba. Hasta antes de la revolución cubana, los dos países estuvieron en disputa por el liderazgo del Caribe. En deportes, medicina, cultura y educación, los cubanos estuvieron adelante durante más de la mitad del siglo pasado. Pero la riqueza petrolera y el estancamiento de Cuba,  colocaron a la economía venezolana en la delantera. El ascenso de Chávez ha sido una balsa salvadora para Cuba, que encontró en Caracas un reemplazo para la que perdió con la desaparición como un Moscú como eje rector  mundial. Miles de profesionales cubanos encontraron cobija en las misiones que viajaron a Venezuela y otros países, por los que Venezuela paga en petróleo. No es plausible que los acuerdos bilaterales vigentes vayan a cambiar. Pero sin Chávez en la escena el énfasis sería diferente.

Angustias venezolanas

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El drama que vuelve a vivir Venezuela con la revelación del presidente Hugo Chávez sobre el recrudecimiento del cáncer que padece , y su viaje a La Habana para someterse a una cuarta operación quirúrgica, evoca la zozobra que vivían los venezolanos en los días previos a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, “El Benemérito”, ocurrida el 17 de diciembre de 1935. El misterio cubrió los pormenores de la enfermedad, agonía y muerte del dictador, uno de los más feroces de la historia latinoamericana: trabajó por las oligarquías, destruyó a la oposición, amarró al poder judicial y apagó la libertad de expresión. Gómez creía ser la reencarnación de Bolívar y hay historiadores que sostienen que el círculo de poder que lo rodeaba ocultó su fallecimiento para que coincidiera con la fecha de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre.
El nuevo traspié del mandatario evidencia que su salud ya era grave cuando decidió lanzarse de lleno a la campaña por la reelección y que los comicios fueron adelantados de diciembre a octubre para permitirle una faena proselitista que, de otro modo, no habría conseguido llevar a cabo. Además, el presidente había asegurado que estaba curado. No dijo la verdad, al igual que todos sus asesores que mantuvieron a oscuras la gravedad de la salud del líder bolivariano.
Ahora crece la sensación de que el mandatario, político pura-sangre, hizo el esfuerzo supremo de retornar a Caracas por un día para dar un espaldarazo a sus candidatos a las 23 gobernaciones que estarán en juego este domingo. Y también para anunciar la proclamación de Nicolás Maduro, el vicepresidente y canciller, por quien pidió que se vote en caso de que tuviesen que ser convocadas nuevas elecciones presidenciales si él no pudiese reasumir el cargo el 10 de enero.
La oposición ha dicho que en Venezuela no impera una monarquía y que si fuera necesario designar un sucesor, corresponderá a los venezolanos elegirlo. Las normas legales dictan que se convoque a nuevas elecciones en 30 días en caso de impedimento de la máxima autoridad.
El eventual relevo, sin embargo, puede no ser tan fácil. En las fuerzas chavistas ha empezado a correr la idea de que si Maduro es ahora presidente en ejercicio, puede serlo también durante todo el próximo período presidencial que debe empezar el 10 de enero. La oposición dice que no hay tal y que Chávez debe primero jurar a su nuevo mandato para luego designar a su gabinete, y al vicepresidente.
En su editorial de este lunes en Tal Cual Digital, la publicación que dirige, el líder socialista Teodoro Petkoff, describió el momento que vive Venezuela: “Está vidrioso”.

Chávez: El cáncer vuelve y designa a Maduro

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Una nueva pugna electoral por la presidencia  parece inminente  en Venezuela. El presidente Hugo Chavez informo a sus compatriotas que ha vuelto el cáncer en la pelvis confirmado en junio del año pasado y anunció que designa al Vicepresidente Nicolás Maduro en caso de que quedare inhabilitado para reasumir sus funciones presidenciales con el nuevo tratamiento que incluye otra operación (cuarta, desde junio de 2011), al que debe someterse en La Habana en los próximos días. Su viaje a La Habana estaba previsto para este mismo domingo y la Asamblea Nacional fue convocada para autorizar la ausencia presidencial por más de cinco días. En caso de ausencia por muerte o enfermedad grave, deberá convocarse a nuevas elecciones.
El propio mandatario había anunciado que estaba curado. Se desconoce la naturaleza precisa del mal, así como un diagnóstico oficial. Al hacer el anuncio el sábado en cadena nacional de TV el mandatario dijo que “si se presentara alguna circunstancia que…me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia de la República…en ese escenario que obligaría a convocar nuevas elecciones ustedes deben elegir a Nicolás Maduro como Presidente de la Republica”.
Chávez debería reconducir oficialmente su mandato en enero por un nuevo período (seis años), tras la victoria que obtuvo en las elecciones del 7 de octubre.
El intempestivo anuncio intensificó el clima electoral en su país, que se prepara para designar a gobernadores el 16 de este mes. La oposición ha dicho que ganaría en doce de los 23 estados. Si Chávez no pudiera reasumir, por desaparición física o impedido por su enfermedad, se debeconvocar a nuevas elecciones presidenciales en 30 días.
Los vínculos especiales de Venezuela con Bolivia (de allí viene todo el diesel que importamos)  llevarán al gobierno, al igual que a los demás países de la región, a mantenerse atenta a lo que ocurre en el vecino país.

La atmósfera de especulaciones que prevalece en esa nación trae a la memoria la vivida en 1935, cuando gobernaba el general Juan Vicente Gómez, uno de los dictadores más duros de la historia de vecino  país. Gómez murió  el 17 de diciembre de aquel año,  al cabo de 27 años de poder. Los días previos fueron de ansiedad. El dictador habia nacido el 24 de julio de 1857, el mismo dia en que nació Bolívar. Y, casualidad o no, murió también el 17 de diciembre de 1935. Algunos historiadores han dicho que habría muerto antes y que los asesores del dictador retrasaron el anuncio para que coincidiera con el día de la muerte de Bolívar. La muerte de Gómez abrió paso a una nueva generación de políticos que inició el tránsito de Venezuela hacia el mundo moderno. Todos los vestigios del dictador desaparecieron.

El extraño silencio de los vencedores

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Una amiga venezolana me hizo llegar un artículo de Américo Martin, un hombre de izquierda y actualmente activo columnista, con un blog en el que aparece, junto a otros, el trabajo que podrán ver a continuación. Recomiendo leer a quienes desean un análisis lúcido de lo ocurrido en Venezuela el 7 de octubre.

“Imposible” es una palabra que usan los débiles para vivir en el mundo que se les dio, sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. “Imposible” no es un hecho, es una opinión. “Imposible” no es una declaración, es un reto. “Imposible” es potencial. “Imposible” es Temporal, “Imposible” no es nada. Muhammad Alí

1 Aun cuando creo que el presidente Chávez ganó la elección, su ventaja sobre Capriles no es la que campaneó el CNE.

Esa victoria es algo extraña en sus consecuencias. Debió dar lugar a reacciones oficialistas que no se aprecian con claridad. Comenzaré pues con un par de preguntas: 1) ¿Por qué el 8 de octubre los vencedores no salieron a festejar el triunfo que pregonaron? Raro en\verdad. Las calles oscuras, vacías, tanto en urbanizaciones de sectores A-B-C como en barrios y poblados C-D. Si recordamos la campaña electoral, esa no reacción encaja en los actos inducidos del gobierno, su intermitencia, su por lo general modesta concurrencia, en comparación con las oleadas humanas espontáneas que salían al paso de Capriles, a razón de dos o tres por día. 2) Si se ufanaban de contar con una amplia ventaja, ¿por qué efectivos del Plan República y los fascios del chavismo depredaron Centros de Votación, presionaron a los sufragantes, impidieron el cierre de mesas, se apropiaron de la lista de los que aún no habían votado y tuvieron eldesparpajo de conducirlos en carros oficiales bajo amenaza, a votar por el comandante? No son, convengamos, las reacciones que se esperan de un ganador pero sí de quien no estando seguro de vencer le tuerce el brazo al adversario.

2 Está bien, no es mi intención denunciar un fraude. Las actas se corresponden con los votos, aunque estos hayan sido a ratos arrancados a la fuerza. Del que se viene hablando es del fraude de “Estado”, el estructural, el de un cuadro electoral que no hubiera aceptado ningún candidato en nuestro hemisferio. Con el bárbaro predominio de medios, el ventajismo desenfadado, el uso corrupto de los recursos públicos, la utilización de locales del Estado y de la fuerza militar, la compra abierta de personajes y pequeños grupos en subasta, la tolerancia del CNE al descaro de las interminables cadenas para que el Presidente, cerrado el plazo, hiciera publicidad electoral. Todo eso y más ocurrieron para favorecer a Chávez. Al conocerse el boletín del árbitro surgieron protestas indignadas pero el punto es que estas condiciones viles ya las conocíamos y sin embargo, después de ponderar como es debido la situación, decidimos entrar en las elecciones, organizarnos y votar. Esa decisión fue salvadora.

Si atendiendo a los fatalistas no hubiéramos sufragado la MUD quizá hubiese pasado a mejor vida, la oposición estaría atomizada y envuelta en violentos intercambios de acusaciones, y la consolidación de la voluntad totalitaria sería un hecho. En cambio, no sólo hay un mar de votos, sino un programa de gobierno solvente, una dirección experimentada y un líder que la personifica. ¡Difícil es construir un liderazgo! ¡Difícil destruirlo! No obstante asombra el enloquecido empeño de minarlo.
3 Minuciosos estudios se han hecho para demostrar fraudes y algo más: la imposibilidad matemática de vencer al gobierno. En el fondo del escenario lo que se asoma es un profundo pesimismo, un fatalismo derrotista, que no puede explicar por ejemplo por qué la molienda del fraude fue derrotada en Táchira y Mérida y que la oposición hubiese crecido sustancialmente respecto a las presidenciales de 2006, bastante más por cierto que el gobierno. Son números impresionantes que seguramente fueron más, si pensamos en la agresión que se descargó sobre centros electorales mal protegidos, con participación de las milicias.
Esos hechos están documentados y si pudieran no dar para afirmar que le quitaron la victoria a Capriles, sí que revelan que el potencial opositor es todavía mayor que el anunciado.

La obsesión de demostrar la “invencibilidad” de Chávez ha replanteado el tema de la abstención, fantasma jurásico que siempre sale. Habrá quien diga que en esas condiciones “no votará”. Apelaría a un suicidio seguro para prevenir una derrota improbable. Como el tipo que se corta la mano para poner el brazo al nivel del paltó que le queda corto.

Aquí no queda sino entrar con todo el brío del mundo al reto de las regionales de diciembre. El gobierno confía en la influencia que las presidenciales tendrán en ellas. Efecto “derrame” que llaman. Pero aun admitiendo esa fortaleza, fortalezas mayores presentan las candidaturas democráticas. Si aquellos fueron escogidos a dedo, éstos lo fueron por el pueblo; los del gobierno son el brazo largo del ejecutivo contra la descentralización, los de la oposición son el escudo protector de estados conscientes de que están en peligro si los invasores logran sentar sus reales en regiones importantes.

Es muy llamativo el tema de la división de candidaturas. Se suponía que el dedo era omnipotente, pero en siete estados ha sido desobedecido. Ese fraccionamiento oficialista debe favorecer la victoria democrática en lugares claves como Bolívar, Mérida y otros. Si Chávez va a meterse en el juego, deberá recordar que no es candidato y que si no pudo guardar el ritmo de Capriles en función de su aspiración personal, tendría por delante la tarea ardua de correr detrás de 24 Correcaminos. Devolver el golpe causaría un impacto de efecto disolvente en un oficialismo que no se sintió especialmente a gusto el 7-O puesto que le ahorraron al país esperables explosiones de entusiasmo, tan frecuentes en tiempos mejores.

Vamos pues a las elecciones regionales con la tenacidad del boxeador que se eleva del suelo para derrotar al rival. Caer y levantarse, es la clave del pugilismo, decía el gran Muhammad
Alí.
Y mire que tenía razón.

Lula en blanco y negro: Democracia es alternancia

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Raras veces un ex presidente expone sus pensamientos con amplitud y lucidez como Luiz Inácio Lula da Silva en una entrevista que publicó el pasado domingo La Nación, de Buenos Aires; ni una entrevista es llevada hasta el fondo por el entrevistador y el entrevistado. No es muy común en América Latina. En esta extensa exposición, Lula subraya un elemento fundamental de la democracia: Equivale a alternabilidad, tanto de personas y líderes como de partidos. Y dice que Chávez debe comenzar a preparar su sucesión. Lean un par de párrafos de la entrevista, que aquí pueden encontrar por entero:

Yo le puedo contar mi experiencia. En 1978 me reeligieron presidente de mi sindicato con el 92% de los votos. Tomé posesión el día 24 de abril. A la semana siguiente convoque a una asamblea y decidí que ningún presidente del sindicato pudiera ser presidente más de dos veces. Cuando estaba en la presidencia de la República y tenía el 87% de aprobación, prohibí que mi partido, por medio de mis compañeros diputados, presentara cualquier tipo de enmienda proponiendo mi [segunda] reelección. ¿Por qué? Porque me parece que la democracia es un ejercicio de alternancia de poder, no solamente de personas, sino de sectores de la sociedad. Y yo estoy muy agradecido creo que pocos países del mundo pudieron alcanzar la proeza de Brasil de elegir un obrero metalúrgico como presidente.
-¿Pero si la alternancia es buena por qué entonces estuvo a favor de la reelección de Chávez?
-Yo no tengo incidencia en la política de Venezuela. No participo en los partidos políticos de Venezuela. Había una elección en Venezuela, donde dos personas se presentaron, Capriles y Chávez, y yo creía que Chávez sería mejor para Venezuela. Ahora creo también que el compañero Chávez debe empezar a preparar su sucesión. Porque la Constitución permite que Chávez sea candidato por cuarta vez, pero cuando él pierda los adversarios también podrían presentarse cuantas veces quieran, y eso no creo que sea bueno. Por eso es que yo mismo no quise un tercer mandato. Porque si lo hubiera hecho, hubiera querido un cuarto mandato, y después un quinto. Entonces si lo quiero para mi, es quererlo para todos. Y para la democracia, la alternancia de poder es una conquista de la humanidad, y por eso hay que mantenerla.

¿Gobierno de Unidad o de Unanimidad Nacional?

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Milos Alcalay, el autor de esta nota, es un político venezolano destacado. De fuertes convicciones democráticas, era parte de la escuadra diplomática de su país. Rompió con el comandante Chávez a principios de la década pasada, cuando percibía que el gobierno de su país seguía un curso que él consideraba incompatible con sus principios democráticos.
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En nuestro articulo anterior, “El despertar de una nueva Venezuela”, acariciábamos la esperanza que después de las elecciones, ambos candidatos ofreciesen su apoyo para lograr la reconciliación nacional. Ese mismo fue el llamado que hizo la Conferencia Episcopal Venezolana y es el reclamo de los venezolanos ubicados en ambos bloques.

El inicio fue estimulante. El 7 de Octubre al proclamarse los resultados, el Presidente Chávez llamo por teléfono a Henrique Capriles Radonski en un tono de cordialidad que nunca utilizó durante la campaña. También propuso el dialogo y el establecimiento de un Gobierno de Unidad Nacional. Era acaso este el fin de la confrontación primitiva y el deseo de unir a todos los venezolanos marcando las coincidencias de ambos programas? Se iniciaría después de 14 años de enfrentamientos el inicio de un proceso de construcción de confianza y el fin de un país dividido en dos? Ese era el sueño de todos.

En el plano internacional la oferta de un Gobierno de Unidad Nacional significaba que Venezuela retomaría las bases de una Diplomacia de Estado? Se podría lograr a través del “dialogo” el fin del aislamiento del país, de la confrontación con otros Estados, de la ideologización y de la exportación del modelo en el plano internacional? Se lograría la transparencia en los acuerdos internacionales? Se dotaría a la Cancillería, Embajadas y Consulados de diplomáticos profesionales en una plataforma de apoyo a todos los venezolanos? El dialogo propuesto es el único mecanismo para lograr la participación de diferentes instituciones: trabajadores, empresarios, jóvenes, profesionales participando en el diseño de una Diplomacia de Estado constructiva. Ello se debe hacer en base a la Constitución y a los Acuerdos Internacionales especialmente en materia de Derechos Humanos, del fortalecimiento de la Democracia y de la promoción de las Libertades.

Lamentablemente la oferta de dialogo duró poco. En la presentación ante la prensa internacional al día siguiente de su esperanzadora oferta, el Presidente Electo negó el dialogo porque la oposición representaba la posición de “elites corruptas”. Volvió a sus actitudes extremas de apoyo a Bashir Al Assad y a Ahmadinejad. Radicalizo los insultos al Imperio, al Colonialismo. En su nueva presentación, más que “dialogo” repitió el conocido “monologo”. En su alocución, más que “un Gobierno de Unidad Nacional” integrando por todos los sectores del país, expuso un “Gobierno de Unanimidad Nacional”, en la que desde Miraflores ante sus seguidores vuelve a erigirse como el Caudillo presto a desenvainar la “espada de Bolívar por America Latina”.

Ojala el Presidente Reelecto entienda que el dialogo dentro de Venezuela y con las naciones del mundo, redundará en beneficios para el país, mientras que mantener la dialéctica de la confrontación solo acentuará más el aislamiento de Venezuela y causará la perdida de oportunidades para el futuro del país.

Tras la victoria del comandante

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Vencer la elección del domingo pasado puede haber sido la parte fácil para este nuevo sexenio del presidente Hugo Chávez. No fue la victoria arrolladora con 10 millones de votos que había buscado (obtuvo ocho millones frente a 6,4 millones de Henrique Capriles), pero a partir de ahora su mayor compromiso será responder a las expectativas de los venezolanos, que quieren convertidos en “vivir bien” los enormes recursos que el país recibe por sus exportaciones petroleras. Para esa tarea ha prometido extender la mano a la oposición de una minoría inmensa que no comparte su visión de gobierno y que resultó ser, pese a considerarla escuálida, casi la mitad del país. Chávez ha procurado exhibir un rostro pacificador pero eso no ha sido suficiente para despejar el temor de que pronto reasuma la actitud belicosa que lo ha caracterizado estos años y persista en su empeño de volver irreversible su forma de gobierno.
Los análisis independientes coinciden en que el comandante deberá desplazarse sobre un camino estrecho, flanqueado por la inflación y la inseguridad ciudadana. Pasados los festejos, el gobierno del comandante estará de nuevo ante realidades que estuvieron sólo disimuladas durante el período electoral. Y ha vuelto una pregunta: ¿Podrá el comandante hacer en seis años lo que no ha logrado en catorce?
Con una tasa de asesinatos de 67 por cada 100.000 habitantes, casi el triple que la de México (24) y cuatro veces la que existía en 1998, informa Time Magazine, la seguridad plantea uno de los mayores desafíos al gobierno. Los esfuerzos contra la criminalidad han sido insuficientes para una violencia que, como en muchas otras partes, decreta un toque de queda en gran parte de las grandes ciudades apenas anochece.
Pese a todos los recursos a su alcance, el gobierno no ha logrado domar la inflación, que ostenta una de las tasas más elevadas del mundo (23,2% para este año). Es el más grave talón de Aquiles de una sociedad con gobiernos tradicionalmente manirrotos. La necesidad de sincerar la economía puede traer una devaluación, perspectiva desagradable para cualquier país, especialmente cuando está acostumbrado a un abultado gasto público, que cobija a 2,4 millones de empleados, proporcionalmente más que Brasil, con una población siete veces mayor. La inflación está aparejada con las deficiencias de un sector público que come recursos pantagruélicamente. PDVSA, la empresa ganapán de Venezuela, dedica gran parte de sus ingresos a una planilla de más de 104.000 personas, el triple de las que tenía antes de la llegada de Chávez al gobierno, a fines del siglo pasado. Su deuda externa es casi cinco veces la de cuando el comandante tomó las riendas nacionales ($7.200 millones vs. $34.500 millones). La tendencia debe continuar ante la necesidad de aumentar la producción como antídoto para crecientes gastos de planilla e inversión. Allí también (como aquí) una caída abrupta de precios del petróleo causaría descalabros. Muy poco de las políticas sociales emprendidas por el gobierno habría sido posible con los precios del petróleo deprimidos, como lo estuvieron en las dos décadas que precedieron su llegada al gobierno.
La extraordinaria máquina oficial pudo más que el entusiasmo que arropó a Henrique Capriles Radonski. El candidato opositor “siguió disciplinadamente una estrategia, pero Chávez sigue contando con los votos de los más pobres, a pesar de un pésimo gobierno”, escribió Fausto Masó, destacado comentarista de El Nacional, de Caracas. La frase contiene volúmenes de verdad que deberán ser estudiadas también en otras latitudes.
Las victorias no son fáciles y administrarlas puede ser más difícil. Vale la pena recordar que a las grandes victorias también pueden suceder grandes derrotas (Paz Estenssoro, 1964; Carlos Andrés Pérez, 1993; Alberto Fujimori, 2000).

Nos importa

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De los casi 20 millones de venezolanos habilitados para elegir a su próximo presidente son pocos los que saben del impacto de su voto más allá de sus fronteras nacionales. El votante de Carora o de San José de Rio Chico no se imagina que su decisión pueda tener tanto interés en un país remoto, con el cual el mayor vínculo sería sólo la similitud del nombre con el del caraqueño Simón Bolívar. No es así. Los vínculos políticos y económicos son densos. En la otra esquina, también son pocos los bolivianos que calibran la trascendencia de ese voto.
Es improbable que el elector común venezolano sepa que de las refinerías de su país vienen a Bolivia millones de litros de diesel anualmente y que aquí ese carburante también está subvencionado, menos que en Venezuela pero quizá en una escala financieramente más dañina. Este año, sólo con esa subvención el estado boliviano perderá más de 500 millones de dólares. Y quizá más.
Venezuela es el único proveedor de los bolivianos que, en seis años de revolución, no han agregado capacidad a sus refinerías y lo que no producen es importado de aquel país. En verdad, si las hubiésemos ampliado tampoco tendríamos petróleo para abastecerlas. De la soya podríamos fabricar diesel, pero los productos alimenticios que brotan de la madre tierra no deben servir para que se los coman las máquinas, menos aún si se trata de producir algo tan mundano como la energía para camiones o tractores. Curiosamente, la soya no se la puede procesar para producir biocombustible en Bolivia, pero sí en Brasil, y pronto quizá con algo de soya boliviana. No me pregunte por qué, pero creo que la respuesta que Ud. tiene a flor de labios es correcta.
Es posible que el votante venezolano tampoco sepa que el presidente boliviano ha visitado Caracas desde antes de ser electo en 2005. Menos sabrá que el presidente candidato, igual que ahora, recibía efusivamente a su colega boliviano, o “bolivariano” como dirían los venezolanos menos ilustrados. Ambos son muy amigos y socios en la misma empresa política.
Un error del gobierno boliviano es haber descuidado la producción de biocombustibles. El peso de ese descuido podría sentirse de golpe si Henrique Capriles resultare ganador y eso afectase este cordón umbilical. Con la responsabilidad cargará también su partido, cuyo nombre casualmente repite el de aquel que años antes fundaron jóvenes comunistas venezolanos decepcionados con el totalitarismo soviético y por la invasión a Checoslovaquia que ahogó en sangre un experimento socialista con rostro humano en 1968. Entre esos jóvenes estaban Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez y muchos otros que quemaron en la calle sus credenciales comunistas y fundaron el Movimiento al Socialismo (MAS) y que ahora están contra Chávez.
Tienen razón las autoridades al preocuparse por el voto de los venezolanos. Si hubiesen sido precavidas, esa preocupación debía haberse manifestaso hace seis años intensificando la exploración y producción de petróleo y de biocombustibles. Se trata de una observación en retrospectiva, claro, pero las decisiones o indecisiones se miden en el tiempo, que se encarga de demostrar si fueron acertadas.
Capriles ha dicho que revisará todos los convenios de cooperación de Venezuela con los gobiernos amigos del presidente candidato Hugo Chávez. El primero en la lista es Cuba, que recibe unos 100.000 barriles diarios de petróleo que pagan, en parte, el trabajo de más de 30.000 médicos cubanos desplazados a los barrios pobres venezolanos bajo las misiones del programa “Barrio Adentro”. Es un quid pro quo que alivia necesidades asistenciales venezolanas y garantiza un desahogo profesional a los médicos cubanos. Segundo en la lista figura Bolivia. Incluso si el presidente candidato ganase, no creo que los acuerdos que sustentan sus programas en países bolivarianos se mantengan como hasta ahora. En cualquier caso, habrá cambios. Por eso para los bolivianos es importante la decisión del votante de aquel país.

¿Fin del chavismo y del régimen cubano?

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Un colega me envió el siguiente reporte sobre un debate en París que a ustedes puede interesarles.
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El historiador francés Alexandre Adler afirmó en un reciente debate que “independientemente del resultado de las elecciones del domingo, el chavismo y la revolución cubana son dos regímenes en agonía, que no tienen nada que ofrecer a una América Latina desde hace tiempo firme en la senda de la democracia y del progreso económico y social”.
Internacionalista, periodista y escritor, Adler dice que se interesó en Venezuela desde el derrumbe vertiginoso de su sistema democrático de partidos y el ascenso de Hugo Chávez, a quien describe como personaje “barroco, grotesco e inquietante”.
¿“Qué está en juego en las elecciones venezolanas?”, fue el tema del debate organizado por las asociaciones Dialogo por Venezuela, Justicia y Democracia y la revista “Building”, publicación francesa que enarbola la defensa de los valores de la democracia en el mundo entero. El evento se destacó por la calidad de las intervenciones y la diversidad de los temas analizados, desde la situación de Venezuela y los escenarios post electorales, hasta el rol de regional y mundial de Chávez. Los expositores trataron de responder a cuestiones como el significado y los logros de Enrique Capriles, explicando por qué esta candidatura marca un vuelco irreversible de la política en Venezuela. De la misma manera, se analizaron las alianzas de Chávez, la simbiosis cubano-venezolana, el apoyo de Brasil y Lula a Chávez, así como la amistad venezolano-iraní. Temas que demuestran que las elecciones del domingo tienen una importancia histórica que rebasa las fronteras nacionales.
Abrió el debate la socióloga venezolana Mercedes Vivas, experta en temas militares y ex profesora de la Academia Militar, quien analizó los escenarios post-electorales, y el peligro de guerra civil que según Chávez estallaría si perdiera las elecciones. Vivas no cree probable una guerra fratricida. “Fueron los militares que obligaron a Chávez a aceptar los resultados del referéndum constitucional que el perdió en 2007….una guerra civil implicaría una hipotética división de las Fuerzas Armadas”. Ella duda que los militares se enfrenten entre sí. Otro elemento que la lleva a descartar esta hipótesis es que “pese a los esfuerzos ideologizantes de los cubanos, en Venezuela no existe una armada revolucionaria compuesta por individuos dispuestos a matar o a morir por una causa.” En cuanto a la oposición, dice Vivas, “es un amplio frente plural democrático, no posee armas, y excluye la violencia como acción política. Lo que puede pasar es que grupos de extrema izquierda y delincuentes organizados a favor de Chávez, generen una violencia que no podrá generalizarse”.
La socióloga cree que gane quien gane, un escenario post electoral previsible será de conflicto en el chavismo, que se debatirá entre darle o no continuidad al socialismo del siglo XXI. “El interés principal de los chavistas enriquecidos y de los militares del chavismo es recuperar la estabilidad para poder disfrutar tranquilamente de lo que poseen, mantener espacios de poder y asumir su rol de nueva élite. No hay razones para que ellos apoyen una radicalización que al final va a golpearlos, pero lo irracional puede imponerse”. Pese a los peligros “en Venezuela pareciera vislumbrarse el fin de un ciclo de regímenes autoritarios, dictatoriales y militaristas”.
Si la oposición gana las elecciones, Mercedes Vivas cree que “la transición vendrá, pero no sin grandes dificultades”. “…la oposición, incluso llegando al gobierno, podría necesitar bastante tiempo para consolidarse”. Sobre la gobernabilidad del país durante un gobierno de Capriles dice que “dependerá de la unidad nacional, pero también de la resistencia o de la cooperación que encontraría en el chavismo”.
Renée Frégosi, profesora del Instituto de Altos Estudios de América Latina, quien ha estado cinco veces en Venezuela como observadora en los últimos procesos electorales, y que el domingo será representante de la Internacional Socialista, destacó que la candidatura de Capriles ha logrado bajar las tensiones causadas por la división entre chavistas y no chavistas. “Capriles ha tenido éxito al apartar su campaña de la dinámica de la polarización”. A propósito de la observación internacional y la polarización, recordó que la OEA envía misiones de observación electoral únicamente bajo demanda de los Estados y no ha sido invitada a Venezuela desde 2006. Por otra parte, el CNE no reconoce a los observadores independientes. “Para calificar como observador debes pronunciarte como observador del gobierno o de la oposición, es decir ya vas polarizado”. Para Frégosi se trata de “elecciones de alto riesgo”.

Alexandre Adler elogió a la democracia venezolana, ubicando los méritos de dos líderes a los que todo parece oponer, pero que figuran en el mismo campo cuando se trata de defender las libertades democráticas. En ambos destacó una originalidad de pensamiento que los hizo precursores, no sólo en Venezuela sino el mundo, en la lucha contra las dictaduras de izquierda o derecha. El primer elogio fue para Rómulo Betancourt, el padre de la democracia venezolana, y el segundo para Teodoro Petkoff, pionero en sus críticas al pensamiento totalitario soviético. Recordó que fueron venezolanos los primeros comunistas que se atrevieron a condenar la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética, agregando que si Capriles gana, Petkoff será el apóstol de la reconquista de la democracia. Basándose en que los venezolanos han estado muchas veces a la vanguardia del pensamiento libertario, Adler dijo estar seguro que “Venezuela saldrá victoriosa en esta gesta y se colocará de nuevo a la “avant garde” de la democracias latinoamericanas”.
El periodista Michel Taubmann, director de la revista Building y autor de varios libros sobre Irán, piensa que el fin del chavismo y de la dictadura cubana marcaría un giro en América Latina. “Es una paradoja, pero el fin de estos regímenes también podría tener consecuencias sobre otro asunto mayor para el futuro del planeta: la cuestión nuclear iraní. Chávez es uno de los pocos apoyos que aún le quedan a los dictadores y es uno de los raros amigos de Ahmadinejad. El venezolano y el iraní son regímenes diferentes ideológicamente, pero están unidos por el rechazo de los Estados Unidos, del Occidente y la democracia.”
La oposición venezolana recibió un mensaje de solidaridad de Daniel Cohn Bendit, líder del Partido Ecologista francés y eurodiputado, conocido por su rol en los sucesos del Mayo Francés. En su estilo provocador, dijo no tener problemas para “decir todo lo malo que piensa de Chávez” a quien define “como un nuevo tipo de hombre político autoritario, que desestructura la democracia, una figura mítica que se ubica por encima del Estado, estableciendo una relación directa entre un hombre y el pueblo, y eso es siempre muy peligroso”.

María Plaza