Chávez

Defensa del lector: Comunicación a tropezones

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Hay palabras que se han vuelto de uso común pero que están lejos de su significado original. Es una manera torcida de utilizar el lenguaje sin que sean muchos los que se ruboricen. Es cierto que el origen de los defectos puede estar en la escuela, pero los medios pueden ayudar a corregirlos. No lo hacen con la frecuencia que deberían y al repetirlos acentúan el error y estimulan el mal uso del lenguaje. Pena por la audiencia, y por los niños que resultarán contaminados por estos virus contra los cuales la única vacuna es extirparlos de raíz.
El verbo advertir se ha vuelto sinónimo forzado de amenazar. Como cuando leo el siguiente titular: “Trabajadores de la CNSS advierten con paro de 72 horas”. Es claro que la forma verbal correcta habría sido “amenazan”. Un sinnúmero de ejemplos aparecerá al recorrer las páginas de nuestros medios impresos. Advertir tampoco es equivalente a “vaticinar”, como insinúa un titular: “Presidente del Comité pro Santa Cruz advierte lucha contra el centralismo”. Probablemente, el redactor quiso decir: Presidente del Comité pro Santa Cruz anticipa nuevas luchas contra el centralismo.
Más pernicioso es el uso incorrecto del verbo socializar, que se ha adueñado del concepto que expresan sus hermanos “debatir” “analizar”. “discutir”. Ahora todo se “socializa” como si se hablara de la apropiación de un bien o de un instrumento a favor del Estado. Qué tal suena decir: “Te vas a casar, pero antes socializa la propuesta con tus suegros”. O “vamos a tener un hijo, pero antes vamos a socializar la idea.” Igualmente nociva es la metamorfosis aplicada al sustantivo intención. Las formas rebuscadas de hablar y escribir han encontrado un substituto: intencionalidad. Filosóficamente se puede debatir mucho sobre los dos términos y sus equivalencias, pero en el lenguaje diario me quedo, con firmeza, con intención. La entrada completa se encuentra aquí.

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Las horas de Venezuela

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La incertidumbre que se vive en Venezuela crece a cada hora, alimentada por versiones no confirmadas que se apuntalan en la vaguedad de las informaciones oficiales sobre el estado real del comandante Hugo Chávez. Para los que creen en los números expresados en los años, el dos ha acompañado al líder venezolano en tres décadas. Sus intentos de deponer a Carlos Andrés Pérez ocurrieron en 1992; diez años más tarde, en 2002, se produjo el golpe que por horas lo alejó del Palacio de Miraflores. Y ahora en 2012 libra su batalla suprema por la vida.
Las declaraciones oficiales sobre el estado del comandante tras la cuarta operación en La Habana han sido cautas e insuficientes para superar la ansiedad en todo el país y más allá de sus fronteras. El presidente encargado Nicolás Maduro dijo que la cúpula en funciones se había reunido el miércoles y con expresión adusta explicó: “Evaluamos el proceso operatorio y queremos decirle a los venezolanos que la operación del día de ayer efectivamente fue una operación compleja, difícil y delicada, lo cual nos dice que el proceso postoperatorio va a ser también un proceso complejo y duro”. El que hubiera tenido una hemorragia durante la intervención, algo que los médicos consideran frecuente en este tipo de cirugías, no contribuye al optimismo. Después, las palabras oficiales oficial describieron una críptica “evolución progresiva”.
Las palabras del canciller y vicepresidente dejan pocas dudas de que el mandatario, salvo una recuperación extraordinaria, no tendrá condiciones de volver a jurar al cargo el 10 de enero o de mantenerse en el timón presidencial por otros seis años. Eso dispararía el llamado a nuevas elecciones presidenciales, a ser convocadas en 30 días a partir de declarada la imposibilidad del mandatario de seguir gobernando.
Una situación así abriría un nuevo curso en la historia política venezolana. Un “chavismo sin Chávez” luce improbable y no parece tener futuro de continuidad plena para el régimen. ¿Qué vendría? Estaríamos frente al ocaso inevitable del caudillismo: se vuelve tan denso,  extendido y asfiixiante que ningún liderazgo firme crece bajo su sombra.

En la hipótesis que en esas horas parece plausible, pensar en un reacomodo de las piezas geopolíticas del continente latinoamericano es inevitable. Una primera posibilidad es que el proyecto bolivariano entre en crisis. Chávez es la base fundacional del llamado Socialismo del Siglo XXI y el ALBA, una de sus creaturas, sucumbiría tan pronto como cese el  flujo de ayuda petrolera que recibe su media docena de integrantes.
Para el gobierno boliviano, un desplazamiento del gobernante venezolano significaría perder un faro de referencia y de inspiración fundamental. Se ha secado la fuente de socorro que era el financiamiento para el programa “Bolivia Cambia”, utilizado discrecionalmente en obras, algunas de dudosa eficiencia y necesidad. Más importante es el diesel que importamos. Viene todo de Venezuela y, hasta donde se conoce, es pagado al contado –y en Bolivia su venta es subsidiada. Un cambio en las condiciones tendría impacto inmediato en  el sistema nacional de transporte.

Una incógnita mayúscula es Cuba. Hasta antes de la revolución cubana, los dos países estuvieron en disputa por el liderazgo del Caribe. En deportes, medicina, cultura y educación, los cubanos estuvieron adelante durante más de la mitad del siglo pasado. Pero la riqueza petrolera y el estancamiento de Cuba,  colocaron a la economía venezolana en la delantera. El ascenso de Chávez ha sido una balsa salvadora para Cuba, que encontró en Caracas un reemplazo para la que perdió con la desaparición como un Moscú como eje rector  mundial. Miles de profesionales cubanos encontraron cobija en las misiones que viajaron a Venezuela y otros países, por los que Venezuela paga en petróleo. No es plausible que los acuerdos bilaterales vigentes vayan a cambiar. Pero sin Chávez en la escena el énfasis sería diferente.

Angustias venezolanas

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El drama que vuelve a vivir Venezuela con la revelación del presidente Hugo Chávez sobre el recrudecimiento del cáncer que padece , y su viaje a La Habana para someterse a una cuarta operación quirúrgica, evoca la zozobra que vivían los venezolanos en los días previos a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, “El Benemérito”, ocurrida el 17 de diciembre de 1935. El misterio cubrió los pormenores de la enfermedad, agonía y muerte del dictador, uno de los más feroces de la historia latinoamericana: trabajó por las oligarquías, destruyó a la oposición, amarró al poder judicial y apagó la libertad de expresión. Gómez creía ser la reencarnación de Bolívar y hay historiadores que sostienen que el círculo de poder que lo rodeaba ocultó su fallecimiento para que coincidiera con la fecha de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre.
El nuevo traspié del mandatario evidencia que su salud ya era grave cuando decidió lanzarse de lleno a la campaña por la reelección y que los comicios fueron adelantados de diciembre a octubre para permitirle una faena proselitista que, de otro modo, no habría conseguido llevar a cabo. Además, el presidente había asegurado que estaba curado. No dijo la verdad, al igual que todos sus asesores que mantuvieron a oscuras la gravedad de la salud del líder bolivariano.
Ahora crece la sensación de que el mandatario, político pura-sangre, hizo el esfuerzo supremo de retornar a Caracas por un día para dar un espaldarazo a sus candidatos a las 23 gobernaciones que estarán en juego este domingo. Y también para anunciar la proclamación de Nicolás Maduro, el vicepresidente y canciller, por quien pidió que se vote en caso de que tuviesen que ser convocadas nuevas elecciones presidenciales si él no pudiese reasumir el cargo el 10 de enero.
La oposición ha dicho que en Venezuela no impera una monarquía y que si fuera necesario designar un sucesor, corresponderá a los venezolanos elegirlo. Las normas legales dictan que se convoque a nuevas elecciones en 30 días en caso de impedimento de la máxima autoridad.
El eventual relevo, sin embargo, puede no ser tan fácil. En las fuerzas chavistas ha empezado a correr la idea de que si Maduro es ahora presidente en ejercicio, puede serlo también durante todo el próximo período presidencial que debe empezar el 10 de enero. La oposición dice que no hay tal y que Chávez debe primero jurar a su nuevo mandato para luego designar a su gabinete, y al vicepresidente.
En su editorial de este lunes en Tal Cual Digital, la publicación que dirige, el líder socialista Teodoro Petkoff, describió el momento que vive Venezuela: “Está vidrioso”.

Chávez: El cáncer vuelve y designa a Maduro

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Una nueva pugna electoral por la presidencia  parece inminente  en Venezuela. El presidente Hugo Chavez informo a sus compatriotas que ha vuelto el cáncer en la pelvis confirmado en junio del año pasado y anunció que designa al Vicepresidente Nicolás Maduro en caso de que quedare inhabilitado para reasumir sus funciones presidenciales con el nuevo tratamiento que incluye otra operación (cuarta, desde junio de 2011), al que debe someterse en La Habana en los próximos días. Su viaje a La Habana estaba previsto para este mismo domingo y la Asamblea Nacional fue convocada para autorizar la ausencia presidencial por más de cinco días. En caso de ausencia por muerte o enfermedad grave, deberá convocarse a nuevas elecciones.
El propio mandatario había anunciado que estaba curado. Se desconoce la naturaleza precisa del mal, así como un diagnóstico oficial. Al hacer el anuncio el sábado en cadena nacional de TV el mandatario dijo que “si se presentara alguna circunstancia que…me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia de la República…en ese escenario que obligaría a convocar nuevas elecciones ustedes deben elegir a Nicolás Maduro como Presidente de la Republica”.
Chávez debería reconducir oficialmente su mandato en enero por un nuevo período (seis años), tras la victoria que obtuvo en las elecciones del 7 de octubre.
El intempestivo anuncio intensificó el clima electoral en su país, que se prepara para designar a gobernadores el 16 de este mes. La oposición ha dicho que ganaría en doce de los 23 estados. Si Chávez no pudiera reasumir, por desaparición física o impedido por su enfermedad, se debeconvocar a nuevas elecciones presidenciales en 30 días.
Los vínculos especiales de Venezuela con Bolivia (de allí viene todo el diesel que importamos)  llevarán al gobierno, al igual que a los demás países de la región, a mantenerse atenta a lo que ocurre en el vecino país.

La atmósfera de especulaciones que prevalece en esa nación trae a la memoria la vivida en 1935, cuando gobernaba el general Juan Vicente Gómez, uno de los dictadores más duros de la historia de vecino  país. Gómez murió  el 17 de diciembre de aquel año,  al cabo de 27 años de poder. Los días previos fueron de ansiedad. El dictador habia nacido el 24 de julio de 1857, el mismo dia en que nació Bolívar. Y, casualidad o no, murió también el 17 de diciembre de 1935. Algunos historiadores han dicho que habría muerto antes y que los asesores del dictador retrasaron el anuncio para que coincidiera con el día de la muerte de Bolívar. La muerte de Gómez abrió paso a una nueva generación de políticos que inició el tránsito de Venezuela hacia el mundo moderno. Todos los vestigios del dictador desaparecieron.

El extraño silencio de los vencedores

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Una amiga venezolana me hizo llegar un artículo de Américo Martin, un hombre de izquierda y actualmente activo columnista, con un blog en el que aparece, junto a otros, el trabajo que podrán ver a continuación. Recomiendo leer a quienes desean un análisis lúcido de lo ocurrido en Venezuela el 7 de octubre.

“Imposible” es una palabra que usan los débiles para vivir en el mundo que se les dio, sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. “Imposible” no es un hecho, es una opinión. “Imposible” no es una declaración, es un reto. “Imposible” es potencial. “Imposible” es Temporal, “Imposible” no es nada. Muhammad Alí

1 Aun cuando creo que el presidente Chávez ganó la elección, su ventaja sobre Capriles no es la que campaneó el CNE.

Esa victoria es algo extraña en sus consecuencias. Debió dar lugar a reacciones oficialistas que no se aprecian con claridad. Comenzaré pues con un par de preguntas: 1) ¿Por qué el 8 de octubre los vencedores no salieron a festejar el triunfo que pregonaron? Raro en\verdad. Las calles oscuras, vacías, tanto en urbanizaciones de sectores A-B-C como en barrios y poblados C-D. Si recordamos la campaña electoral, esa no reacción encaja en los actos inducidos del gobierno, su intermitencia, su por lo general modesta concurrencia, en comparación con las oleadas humanas espontáneas que salían al paso de Capriles, a razón de dos o tres por día. 2) Si se ufanaban de contar con una amplia ventaja, ¿por qué efectivos del Plan República y los fascios del chavismo depredaron Centros de Votación, presionaron a los sufragantes, impidieron el cierre de mesas, se apropiaron de la lista de los que aún no habían votado y tuvieron eldesparpajo de conducirlos en carros oficiales bajo amenaza, a votar por el comandante? No son, convengamos, las reacciones que se esperan de un ganador pero sí de quien no estando seguro de vencer le tuerce el brazo al adversario.

2 Está bien, no es mi intención denunciar un fraude. Las actas se corresponden con los votos, aunque estos hayan sido a ratos arrancados a la fuerza. Del que se viene hablando es del fraude de “Estado”, el estructural, el de un cuadro electoral que no hubiera aceptado ningún candidato en nuestro hemisferio. Con el bárbaro predominio de medios, el ventajismo desenfadado, el uso corrupto de los recursos públicos, la utilización de locales del Estado y de la fuerza militar, la compra abierta de personajes y pequeños grupos en subasta, la tolerancia del CNE al descaro de las interminables cadenas para que el Presidente, cerrado el plazo, hiciera publicidad electoral. Todo eso y más ocurrieron para favorecer a Chávez. Al conocerse el boletín del árbitro surgieron protestas indignadas pero el punto es que estas condiciones viles ya las conocíamos y sin embargo, después de ponderar como es debido la situación, decidimos entrar en las elecciones, organizarnos y votar. Esa decisión fue salvadora.

Si atendiendo a los fatalistas no hubiéramos sufragado la MUD quizá hubiese pasado a mejor vida, la oposición estaría atomizada y envuelta en violentos intercambios de acusaciones, y la consolidación de la voluntad totalitaria sería un hecho. En cambio, no sólo hay un mar de votos, sino un programa de gobierno solvente, una dirección experimentada y un líder que la personifica. ¡Difícil es construir un liderazgo! ¡Difícil destruirlo! No obstante asombra el enloquecido empeño de minarlo.
3 Minuciosos estudios se han hecho para demostrar fraudes y algo más: la imposibilidad matemática de vencer al gobierno. En el fondo del escenario lo que se asoma es un profundo pesimismo, un fatalismo derrotista, que no puede explicar por ejemplo por qué la molienda del fraude fue derrotada en Táchira y Mérida y que la oposición hubiese crecido sustancialmente respecto a las presidenciales de 2006, bastante más por cierto que el gobierno. Son números impresionantes que seguramente fueron más, si pensamos en la agresión que se descargó sobre centros electorales mal protegidos, con participación de las milicias.
Esos hechos están documentados y si pudieran no dar para afirmar que le quitaron la victoria a Capriles, sí que revelan que el potencial opositor es todavía mayor que el anunciado.

La obsesión de demostrar la “invencibilidad” de Chávez ha replanteado el tema de la abstención, fantasma jurásico que siempre sale. Habrá quien diga que en esas condiciones “no votará”. Apelaría a un suicidio seguro para prevenir una derrota improbable. Como el tipo que se corta la mano para poner el brazo al nivel del paltó que le queda corto.

Aquí no queda sino entrar con todo el brío del mundo al reto de las regionales de diciembre. El gobierno confía en la influencia que las presidenciales tendrán en ellas. Efecto “derrame” que llaman. Pero aun admitiendo esa fortaleza, fortalezas mayores presentan las candidaturas democráticas. Si aquellos fueron escogidos a dedo, éstos lo fueron por el pueblo; los del gobierno son el brazo largo del ejecutivo contra la descentralización, los de la oposición son el escudo protector de estados conscientes de que están en peligro si los invasores logran sentar sus reales en regiones importantes.

Es muy llamativo el tema de la división de candidaturas. Se suponía que el dedo era omnipotente, pero en siete estados ha sido desobedecido. Ese fraccionamiento oficialista debe favorecer la victoria democrática en lugares claves como Bolívar, Mérida y otros. Si Chávez va a meterse en el juego, deberá recordar que no es candidato y que si no pudo guardar el ritmo de Capriles en función de su aspiración personal, tendría por delante la tarea ardua de correr detrás de 24 Correcaminos. Devolver el golpe causaría un impacto de efecto disolvente en un oficialismo que no se sintió especialmente a gusto el 7-O puesto que le ahorraron al país esperables explosiones de entusiasmo, tan frecuentes en tiempos mejores.

Vamos pues a las elecciones regionales con la tenacidad del boxeador que se eleva del suelo para derrotar al rival. Caer y levantarse, es la clave del pugilismo, decía el gran Muhammad
Alí.
Y mire que tenía razón.

Lula en blanco y negro: Democracia es alternancia

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Raras veces un ex presidente expone sus pensamientos con amplitud y lucidez como Luiz Inácio Lula da Silva en una entrevista que publicó el pasado domingo La Nación, de Buenos Aires; ni una entrevista es llevada hasta el fondo por el entrevistador y el entrevistado. No es muy común en América Latina. En esta extensa exposición, Lula subraya un elemento fundamental de la democracia: Equivale a alternabilidad, tanto de personas y líderes como de partidos. Y dice que Chávez debe comenzar a preparar su sucesión. Lean un par de párrafos de la entrevista, que aquí pueden encontrar por entero:

Yo le puedo contar mi experiencia. En 1978 me reeligieron presidente de mi sindicato con el 92% de los votos. Tomé posesión el día 24 de abril. A la semana siguiente convoque a una asamblea y decidí que ningún presidente del sindicato pudiera ser presidente más de dos veces. Cuando estaba en la presidencia de la República y tenía el 87% de aprobación, prohibí que mi partido, por medio de mis compañeros diputados, presentara cualquier tipo de enmienda proponiendo mi [segunda] reelección. ¿Por qué? Porque me parece que la democracia es un ejercicio de alternancia de poder, no solamente de personas, sino de sectores de la sociedad. Y yo estoy muy agradecido creo que pocos países del mundo pudieron alcanzar la proeza de Brasil de elegir un obrero metalúrgico como presidente.
-¿Pero si la alternancia es buena por qué entonces estuvo a favor de la reelección de Chávez?
-Yo no tengo incidencia en la política de Venezuela. No participo en los partidos políticos de Venezuela. Había una elección en Venezuela, donde dos personas se presentaron, Capriles y Chávez, y yo creía que Chávez sería mejor para Venezuela. Ahora creo también que el compañero Chávez debe empezar a preparar su sucesión. Porque la Constitución permite que Chávez sea candidato por cuarta vez, pero cuando él pierda los adversarios también podrían presentarse cuantas veces quieran, y eso no creo que sea bueno. Por eso es que yo mismo no quise un tercer mandato. Porque si lo hubiera hecho, hubiera querido un cuarto mandato, y después un quinto. Entonces si lo quiero para mi, es quererlo para todos. Y para la democracia, la alternancia de poder es una conquista de la humanidad, y por eso hay que mantenerla.

¿Gobierno de Unidad o de Unanimidad Nacional?

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Milos Alcalay, el autor de esta nota, es un político venezolano destacado. De fuertes convicciones democráticas, era parte de la escuadra diplomática de su país. Rompió con el comandante Chávez a principios de la década pasada, cuando percibía que el gobierno de su país seguía un curso que él consideraba incompatible con sus principios democráticos.
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En nuestro articulo anterior, “El despertar de una nueva Venezuela”, acariciábamos la esperanza que después de las elecciones, ambos candidatos ofreciesen su apoyo para lograr la reconciliación nacional. Ese mismo fue el llamado que hizo la Conferencia Episcopal Venezolana y es el reclamo de los venezolanos ubicados en ambos bloques.

El inicio fue estimulante. El 7 de Octubre al proclamarse los resultados, el Presidente Chávez llamo por teléfono a Henrique Capriles Radonski en un tono de cordialidad que nunca utilizó durante la campaña. También propuso el dialogo y el establecimiento de un Gobierno de Unidad Nacional. Era acaso este el fin de la confrontación primitiva y el deseo de unir a todos los venezolanos marcando las coincidencias de ambos programas? Se iniciaría después de 14 años de enfrentamientos el inicio de un proceso de construcción de confianza y el fin de un país dividido en dos? Ese era el sueño de todos.

En el plano internacional la oferta de un Gobierno de Unidad Nacional significaba que Venezuela retomaría las bases de una Diplomacia de Estado? Se podría lograr a través del “dialogo” el fin del aislamiento del país, de la confrontación con otros Estados, de la ideologización y de la exportación del modelo en el plano internacional? Se lograría la transparencia en los acuerdos internacionales? Se dotaría a la Cancillería, Embajadas y Consulados de diplomáticos profesionales en una plataforma de apoyo a todos los venezolanos? El dialogo propuesto es el único mecanismo para lograr la participación de diferentes instituciones: trabajadores, empresarios, jóvenes, profesionales participando en el diseño de una Diplomacia de Estado constructiva. Ello se debe hacer en base a la Constitución y a los Acuerdos Internacionales especialmente en materia de Derechos Humanos, del fortalecimiento de la Democracia y de la promoción de las Libertades.

Lamentablemente la oferta de dialogo duró poco. En la presentación ante la prensa internacional al día siguiente de su esperanzadora oferta, el Presidente Electo negó el dialogo porque la oposición representaba la posición de “elites corruptas”. Volvió a sus actitudes extremas de apoyo a Bashir Al Assad y a Ahmadinejad. Radicalizo los insultos al Imperio, al Colonialismo. En su nueva presentación, más que “dialogo” repitió el conocido “monologo”. En su alocución, más que “un Gobierno de Unidad Nacional” integrando por todos los sectores del país, expuso un “Gobierno de Unanimidad Nacional”, en la que desde Miraflores ante sus seguidores vuelve a erigirse como el Caudillo presto a desenvainar la “espada de Bolívar por America Latina”.

Ojala el Presidente Reelecto entienda que el dialogo dentro de Venezuela y con las naciones del mundo, redundará en beneficios para el país, mientras que mantener la dialéctica de la confrontación solo acentuará más el aislamiento de Venezuela y causará la perdida de oportunidades para el futuro del país.