Carta

De Almagro a López (y a Maduro)

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El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha enfilado de nuevo sus baterías sobre Nicolás Maduro y su régimen, al que declara fuera de la democracia desde que, hace pocos días, el Tribunal Supremo de Justicia decidió ratificar la condena de casi 14 años de cárcel que una juez había dictado contra el dirigente opositor Leopoldo López. El documento de ocho páginas es un dominó cuyos efectos se extienden sobre todos los regímenes regidos por el Socialismo del Siglo XXI.
Esta noche, entrevistado por CNNE, Almagro se explayó con detalles sobre la carta que dirigió a López, el joven dirigente político a quien los jueces acusaron de haber enviado mensajes subliminales (Ud. ha leido bien) a las multitudes que manifestaban contra el régimen madurista hace dos años. Rosa Amelia Asuaje, la linguista que hizo el estudio sobre las palabras y tonalidades del discurso en el que el régimen apoyó la acusación, dijo que la juez parafraseó el informe y lo manipuló para adecuarlo a la condena.
La carta de Almagro contiene advertencias válidas para todos los países involucrados con esa corriente y anticipa nuevos movimientos diplomáticos contra el régimen de Maduro. El texto del documento, tomado del diario Panorama, de Maracaibo, se le puede leer aquí.

 

En la huella argentina

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El triunfo de Mauricio Macri el domingo pasado ha generado una preocupación manifiesta en los regímenes y corrientes del Siglo XXI en América del Sur. Una mirada a los registros informativos de los días más recientes confirma la idea y exhibe los esfuerzos para hacer creer que no es así y que los que deberían preocuparse son los ganadores y los que con ellos simpatizan.

No habían transcurrido dos días cuando surgía el instinto de supervivencia entre los líderes de la corriente que se va. La presidente saliente argentina rompía el silencio tras  la victoria de Macri y anunciaba batallas para prevenir cualquier cambio que pretendiese eclipsar lo que hizo su gobierno en 12 años de ejercicio. Gestos y entonación eran los de una presidente entrante o de candidato en los últimos días de camaña. En seguida le llovieron críticas que la apuntaban como mala perdedora. Macri le respondió que el país que alardeaba no era el que en la realidad le estaba dejando y le aconsejó tomarse un descanso.

El nuevo gobierno se prepara para descubrir realidades que bajo el gobierno saliente fueron un misterio: inflación real y reservas internacionales en el banco central, piezas informativas sin las cuales es imposible conocer el estado real de la economía y planificar. Los datos que guardan las instituciones financieras oficiales vecinas son una caja de sorpresas.

Lo que ocurre estos días parece una repetición de la historia con tintes más dramáticos. Hace 35 años, el socialcristiano venezolano Luis Herrera desconcertó al socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, quien le entregaba el mando alardeando los años de su gobierno, marcados por gastos a manos llenas y endeudamiento externo masivo. ¨Recibo un país hipotecado¨, anunció Herrera ante la ceremonia con representantes de casi todo el mundo. El peso de la herencia se hizo sentir a lo largo de todo el gobierno socialcristiano.

En Bolivia, el presidente Morales, que había expresado sus preferencias por el candidato perdedor Daniel Scioli y vaticinado que ¨habrá problemas¨ si ganaba Macri (ningún presidente simpatizante fue tan lejos, pero ahora dice que irá a su posesión), dirigió una carta de ocho líneas al vencedor. Habría valido la pena pasar la misiva por una prueba de calidad de la sintaxis, que comprobaría fallas quizá admisibles en el lenguaje oral y coloquial pero no en el escrito.

Las informaciones de esta semana dejan claro que Bolivia no tendrá de Argentina las concesiones que tuvo bajo el gobierno que se va. El vecino ahora se propone, a lo más, pagar el precio internacional, inferior al que le factura Bolivia. Es difícil no suponer que el nuevo ambiente que guiará la relación bilateral ha sido atizado por las declaraciones del Presidente y de Vicepresidente, disconformes con la elección del nuevo líder argentino. Todo esto ocurre cuando asoma una nueva negociación para renovar el contrato de aprovisionamiento de gas a Brasil.

Luce muy distante el momento en que Luiz Inacio Lula da Silva planteó ayudar a Bolivia para superar el rezago que llevaba respecto a otras naciones del continente. ¨Queremos un vecindario próspero¨, dijo Lula, al subrayar que Bolivia requería de ayuda de sus vecinos mayores. Fue un gesto que pocos dudarían de calificar como noble. En ese marco podrían colocarse los acuerdos y precios para el gas natural que Bolivia vende a sus dos vecinos.

A la vuelta de la esquina están las elecciones legislativas en Venezuela, para Bolivia tanto o más representativas que las de Argentina. Un triunfo opositor –ninguna encuesta vaticina lo contrario- cerraría los costados al gobierno boliviano. Con el gobierno de Dilma Rousseff, encapsulado por escándalos que lo amenazan y agravan la inercia de su economía, Brasil carecería de un salvavidas de porte para lanzar a su vecino. Una derrota de Maduro equivaldría al derrumbe del Muro de Berlín que poco después precipitó la disolución del socialismo real que presidía de la Unión Soviética hace un cuarto de siglo.

Paralelos

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Franklin Nieves y Marcelo Soza viven en dos países distantes uno de otro pero sus destinos recorren caminos similares. Los dos están exiliados luego de escapar de sus países temerosos del sistema del que fueron un tiempo fieles representantes de una justicia en la que ahora declaran en público que no creen.
Una diferencia entre los dos personajes es el tiempo que les tomó una decisión que afectaría el resto de sus vidas. Nieves, el fiscal que organizó las acusaciones con las que se basó la juez que hace unas semanas condenó al dirigente opositor venezolano Leopoldo López, necesitó poco más de un año para concluir que no podía sobrellevar la que denunció como una mentira. ¨No conseguía dormir¨, dijo en una declaración que difundieron las redes sociales tras haber escapado de su país hace pocos días. Marcelo Soza requirió de casi cuatro.
Ambos sostuvieron que hubo intervención gubernamental para conseguir fines políticos y someter al adversario considerado como enemigo. Franklin Nieves dijo a un periódico norteamericano: “Leopoldo López es inocente, este fue un juicio totalmente político y debería ser anulado (…) Todos los derechos humanos de Leopoldo López fueron violados porque nunca se le permitió presentar ningún testigo, ni evidencia.¨
Sus palabras eran un eco de las que había dicho Marcelo Soza. En su ¨Carta al pueblo de Bolivia¨ el 11 de marzo del año pasado escribió: ¨Esas autoridades de gobierno que hoy callan, ayer me pedían que colaborara para sus fines políticos, para lograr ciertos resultados. Esas acciones fueron las que consiguieron que se desnaturalizara la investigación…¨
Al comenzar 2014, Soza estuvo desaparecido. Intentó renunciar, su renuncia fue rechazada y por fin, tras un ostracismo insoportable, fue apartado del caso. No pasaron muchos días antes de que apareciera en la capital brasileña declarándose perseguido político. El gobierno, a partir del presidente Evo Morales, dijo que el ex fiscal era un ¨delincuente confeso¨. La acusación que había elaborado y de la que decía que una buena parte fue producto de presiones del gobierno para inculpar a líderes de Santa Cruz, fue mantenida a ultranza por quienes lo substituyeron.
Nieves estuvo desaparecido por algunos días hasta que el fin de semana antepasado emergió en Miami, donde se encuentra tras haber fugado su familia. Allí dijo que los testigos que presentó la acusación habían sido preparados por los fiscales y ¨fueron obligados a declarar como nosotros queríamos.¨ La fiscal general ¨estaba perfectamente enterada de lo que ocurría¨, pues incluso la computadora de Nieves estaba intervenida, dijo, y convocó a sus colegas en el caso a que ¨escuchen y vean la verdad…Leopoldo es inocente¨ y está preso porque las autoridades venezolanas ¨temen a su liderazgo¨.
Como en Bolivia tras la divulgación de la carta de Soza y su confesión ante el Conare de Brasil, los reclamos de la defensa para anular las bases de la acusación y revertir la condena a López son constantes. También allí la reacción del gobierno ha sido descalificadora. Las autoridades argumentan que el ahora ex fiscal Nieves debía haber hecho la denuncia en Venezuela y dejar constancia escrita. Tarek William Saab, con el cargo de Defensor del Pueblo, ha mostrado una postura similar a la de los fiscales acusadores del Juicio del Siglo en Bolivia: por no estar registrada de manera legal, la denuncia de Nieves no afecta al caso de Leopoldo López. ¨Lo que no está dentro del expediente, simple y llanamente no existe¨, dijo.
En Bolivia, corresponde al juez y a su tribunal decidir si un elemento nuevo es incorporado al proceso.
El argumento de la autoridad venezolana es parecido al círculo vicioso que surgió en Bolivia cuando los defensores de los acusados en el Juicio del Siglo no lograron que la Embajada en Brasilia autenticara la carta del ex fiscal Soza porque la legación boliviana exigía que la legalización fuese hecha por Soza y en las oficinas de la Embajada, territorio boliviano donde el ex fiscal perdía su condición de asilado. La carta y la confesión más leídas de Bolivia fueron declaradas inexistentes por el tribunal que juzga el caso.

Amnnistía: esperanza y escepticismo

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La amnistía dictada por el presidente Evo Morales ha tenido reacciones ambivalentes de esperanza e incertidumbre entre los acusados del mayor caso penal de la historia boliviana. Las dudas se acentuaban a solo horas de que pisara tierra cruceña la autoridad bajo cuya invocación como mensajero universal de paz y concordia había sido generada. El avión del Papa Francisco aún volaba entre Quito y La Paz para después seguir a Santa Cruz cuando una duda amarga hacía presa de los acusados: ¿Estaban algunos incluidos en la medida?
El gobierno sostenía que no, pero abogados defensores decían lo contrario y se preparaban para iniciar los trámites de acuerdo al procedimiento descrito en la nueva norma. La selección cuidadosa de palabras, conceptos y el orden de las disposiciones era la principal fuente del escepticismo entre los acusados. La norma establecía que la amnistía procedía bajo “razones humanitarias” e incluía a “personas con grados de discapacidad grave o muy grave”. Podía ser el caso del general (r) Gary Augusto Prado Salmón, ante cuya compañía Ranger capituló Ernesto Ché Guevara en octubre de 1967. Pero inmediatamente antes la norma establecía exclusiones para delitos relacionados con la seguridad interna del estado y cuando el propio estado es querellante, que acusa a Prado Salmón de conspirar para despedazar Bolivia.
El general, en silla de ruedas desde hace 35 años y declarado Héroe Nacional por el congreso, dijo que se proponía seguir el procedimiento dictado por la norma, pues todos los requerimientos médicos que atestiguan su incapacidad se encontraban en el expediente. Sería la enésima vez que el militar intenta ser apartado del juicio, originado hace más de seis años a partir del asalto al hotel Las Américas.
El ex ejecutivo de COTAS Ronald Castedo estaría en las mismas condiciones de Prado Salmón. De las 39 personas que acusó el investigador principal Marcelo Soza, asilado en Brasil tras desmentir gran parte de la acusación que afirma fue montada por el propio gobierno, cinco recuperaron la libertad al declararse culpables de los delitos que antes habían negado, cuatro siguen en prisión preventiva más allá del máximo de 36 meses que la ley prescribe, uno no asiste a audiencias por cuestiones mentales y el resto está en libertad domiciliaria o en el exilio.
Para el gobierno el caso es esencial. Fue denunciado personalmente por el presidente Morales en la ciudad oriental venezolana de Cumaná la misma mañana en que estalló el episodio del 16 de abril de 2009. Dijo que él dio la orden para activar la operación que iba a desarticular, afirmó, una conspiración mayor que incluía actos magnicidas.
Los reclamos por una amnistía amplia que incluya a los acusados de este caso no son recientes. Hace tres años la planteó la Conferencia Episcopal en una amplia declaración a favor de reconciliar a la sociedad boliviana; fue sugerida incluso durante audiencias del Juicio del Siglo hace poco.
Probablemente la nota más emotiva surgió de la lapicera de un niño en una carta al Pontífice. “Querido Papa Francisco, yo me llamo Milan. La anterior semana cumplí siete años y desde que era bebé, solo de 1 año, mi papá no está en mi casa”, escribió.
En la fotocopia reproducida por Los Tiempos, el niño seguía: “Quiero contarte que vas a ir a visitarlo porque él vive en Palmasola, se llama Zvnoko Matkovic y está preso pero el es bueno y no ha hecho nada malo una vez mi mamá pensó que rompí un adorno y me castigo después supo que no fui yo y me pidió perdón yo creo que eso va a pasar con mi papá. Yo lo extraño, a los dos nos gusta el fútbol como a vos y mi favorito es Messi me da pena que perdió argentina cuando quieras podemos charlar yo se mucho de futbol…”

La carta de Enrique Krauze

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Hace una semana, el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze (El Poder y el delirio; Ideas y Poder en América Latina) escribió una carta “a un chavista”, una manera genérica de abordar un mensaje para todos los venezolanos. Con su autoridad universal, especialmente sentida en América Latina, y un perceptible equilibrio, la voz de Krauze es una de las más respetadas en la región. Las ideas que expresa en la misiva pueden aplicarse a otros países como Bolivia, cuyo presidente está cuadrado con las del presidente Chávez que este domingo intenta ser reelecto otra vez. La carta fue publicada en el diario caraqueño El Nacional, que me permito reproducir por su extraordinario valor que trasciende fronteras.
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“Le parecerá extraño que me dirija a usted. Se preguntará ¿qué tiene que decirnos un escritor mexicano a nosotros los venezolanos y en particular a los chavistas?
Verá usted. Me importa y preocupa el destino de Venezuela porque creo que los países de la América Hispana formamos parte de una patria mayor que nuestras patrias y que por ello nuestros destinos están unidos. Por eso dediqué un año al estudio de la historia y la vida de Venezuela, yo publiqué el libro El poder y el delirio.
Yo no soy un enemigo de Hugo Chávez. Soy un crítico de Hugo Chávez, que es muy distinto. Yo le reconozco su vocación social. Por eso estableció las misiones: para proveer de educación, salud, alimentos y otros bienes y servicios a los más necesitados. Pero así como no le escatimo esa vocación, creo ver con claridad las limitaciones y vicios de su estilo personal de gobernar y los enormes problemas que ha propiciado su larga permanencia en el poder.
Esa permanencia es ya un obstáculo para el desarrollo sano de su país. Una frase sabia, acuñada por el historiador inglés Lord Acton, resume siglos de experiencia: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La historia del siglo XX demuestra con creces hasta qué punto tenía razón: los autócratas que prometieron el cielo en la tierra y terminaron por traer a sus pueblos hambre, desolación, pobreza y muerte. En consecuencia, la mayor prioridad de una autentica democracia es poner límites al poder absoluto. Y Venezuela está ahora mismo frente a esa necesidad histórica: debe poner límites al poder absoluto.
No es necesario eternizarse en el poder para desplegar una obra social perdurable. En México, el presidente Lázaro Cárdenas es recordado aún por el pueblo con agradecimiento, pero Cárdenas gobernó seis años (1934-1940) y ni un minuto más. Una nación no puede confiar indefinidamente su destino en manos de un hombre. Y una nación no debe confiar en la palabra de un gobernante como si fuera la palabra de Dios.
Porque el hecho es que detrás de los interminables discursos del Presidente, detrás de las infinitas apariciones en la televisión, se oculta una verdad que los chavistas descubrirán alguna vez, con inmenso pesar. Me refiero, por ejemplo, al increíble dispendio de los casi 700.000 millones de dólares que han entrado a las arcas de la empresa estatal de petróleo Pdvsa (que llegó a ser un ejemplo de modernización). Aunque el presidente Chávez ha enmascarado con el velo de su discurso la corrupción de la élite política y militar que le es adepta, el país atraviesa por una grave crisis: los niveles de inflación son los más altos del continente; hay –usted lo sabe- una aguda carestía de alimentos básicos, electricidad, cemento y otros insumos primarios (como resultado de las masivas expropiaciones de las empresas privadas, y la ineficacia y corrupción de los nuevos administradores públicos). Y, para colmo, la criminalidad es la más alta del continente.
Venezuela tiene hoy la alternativa de votar por un proyecto distinto, el de Henrique Capriles, joven valeroso, sensible, responsable, conciliador y visionario. Sus propuestas buscan recobrar la sensatez económica y ha prometido que respetará y mejorará las conquistas sociales, y no afectará sueldos y prestaciones de los empleados gubernamentales. Le sugiero a usted, respetuosamente, considerarlo.
Las llagas de Venezuela son inmensas, pero acaso la llaga mayor no sea ni social o económica sino moral. Me refiero a la discordia dentro de las familias venezolanas y a la discordia dentro de esa gran familia que es Venezuela, es natural que las personas sostengan opiniones distintas, pero esas opiniones –por más diversas y aun opuestas que sean- son sólo eso, y no tienen por qué convertir a las personas en enemigos. El presidente Chávez y sus voceros ven el mundo dividido entre “enemigos y amigos”, lo cual es sumamente injusto, degradante y peligroso, porque en la historia los enemigos no dialogan entre sí; los enemigos, finalmente, se matan.
En este sentido, los insultos racistas que Chávez ha vertido sobre Capriles han sido infames. Llamarle “nazi” a un hombre cuyos bisabuelos fueron exterminados por los nazis es una barbarie que va más allá de los adjetivos. Los venezolanos son muy sensibles, felizmente, a la memoria de los mayores. Por eso usted no puede apoyar semejante vileza. Nada tiene Capriles Radonski que avergonzarse de sus ancestros.
Por lo demás, ya que Chávez se percibe a sí mismo como un redentor y ha llegado a invocar al propio Cristo en sus campañas, estoy seguro de que a usted no se le escapa la devoción de Capriles por la Virgen del Valle, patrona de la isla de Margarita, devoción compartida por millones de sus compatriotas. El fervor de Capriles no es calculado ni político. Es un fervor íntimo y sincero. Por eso conmueve a quienes lo abrazan en los pueblos.
Los hombres tenemos grabada en el alma la libertad. Ni aún queriéndolo podemos renunciar a ella. Y entre todas las libertades, la fundamental es la libertad de conciencia. Una persona no puede acallar su propia conciencia y no puede permitir que el poder intente gobernarla. Yo espero que usted ejerza su libertad el próximo 7 de octubre y vote por una Venezuela libre de odios ideológicos, una Venezuela que recobre la concordia, la tolerancia y la paz”.