Carlos Hugo Molina

Tiempos nuevos

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Los pasos para designar al Defensor del Pueblo han traído una realidad que muchos rehúsan admitir: el proceso está lejos de lucir ecuánime, la sociedad boliviana es cada vez más consciente de esa anomalía, y no la aceptará pasivamente.  Sin rectificaciones que vuelvan creíble la designación, quedará la sensación de que a los bolivianos les ofrecieron un plato precocido y el que se pensaba que sería un torneo de capacidad, experiencia y honestidad fue un juego con cartas marcadas.

Un resultado de este proceso ha sido exhibir la precipitación oportunista ocurrida cuando se incorporó a la CPE la noción de Bolivia como república de 36 naciones, todas bajo una igualdad en la práctica irreal. Ahora vemos aplazadas incluso a personas llamadas a saber la lengua nativa adicional fuera del castellano de manera coloquial y espontánea.

Uno de los miembros de la comisión calificadora de los postulantes declinó saludar a la audiencia de un canal televisivo en la lengua nativa que decía comandar.

La ignorancia de un requisito inscrito en la CPE es compartida por muchas autoridades del primer círculo gubernamental. Si ellas no cumplen con una exigencia legal, ¿qué ocurre con los demás funcionarios y con las demás normas?

Carlos Hugo Molina, uno de los creadores de la participación popular que marcó un paso firme hacia la autogestión, decía días antes del 21 de febrero que la derrota del gobierno pondría a las autoridades ante la evidencia desagradable de que ya no podrán hacer cosas que antes podían.  Un resultado de ese referéndum es que segmentos importantes de la sociedad boliviana ahora practican una vigilancia ciudadana que antes, en los hechos, no existía. La sociedad luce menos permeable a la intimidación de cualquier signo y más dispuesta a protegerse. Sin eso no se explica la rebelión de los candidatos a la defensoría del pueblo desahuciados que exigen razones suficientes para haber sido apartados de la preselección.

Un pregunta común ha sido saber si los certificadores van siquiera un poco más allá de las expresiones elementales y si son capaces de defender puntos de vista de manera articulada en una conversación. La ciudadanía acogió con simpatía el gesto del gobernador de La Paz Félix Patzi al hablar ante la asamblea departamental en aymara durante más de una hora. Que se sepa, nadie entre sus colegas y entre los legisladores nacionales dio un paso al frente para decir ¨yo también puedo¨.

El periodista John Arandia, uno de los candidatos, tuvo una sinceridad loable. Dijo que había recibido lecciones de quechua en la universidad hacía 20 años, pero que sería una osadía decir que hablaba esa lengua más allá de algunas frases convencionales.

 

Tras la derrota

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El triunfo oficial del No, que frenó la modificación de la CPE para que el presidente y el vicepresidente pudieran ser de nuevo candidatos a la reelección, ha cerrado un capítulo importante en la vida nacional.

La trascendencia de este ejercicio democrático no ha estado solo en el esfuerzo masivo de meses invertidos en campaña bajo cuya dinámica el país vivió situaciones desagradables, con capítulos de dimensión ética y moral que han empañado la calidad de la conducta de algunos líderes y puesto al desnudo la manera discrecional en que suelen manejarse los recursos del estado. Están registrados otros acontecimientos que inscriben al referéndum en un período tenso de la vida boliviana. El Alto, con la muerte de seis personas y una veintena de heridos en un incendio provocado por turbas enardecidas hace una semana, ha sido la mayor víctima en un período que debió ser solo una contienda democrática.

En las horas que siguieron a la derrota formal del Sí fue notable la ausencia de una voz del gobierno que reconociera la debacle, que se inserta en el derrumbe del Socialismo del Siglo XXI, que intentó reproducir el que dominó parte del mundo casi todo el siglo pasado. Esa experiencia agoniza en Venezuela, de donde partió bajo los auspicios ideológicos de Cuba, que ahora reorienta sus banderas y se apresta a recibir al primer presidente estadounidense en visitar la isla en siete décadas. La rápida declinación de las izquierdas del continente corre con la fuerza de una avalancha y amenaza acabar con Dilma Rousseff en Brasil, cuya gestión parece rumbo a una etapa terminal.

Bolivia era vista como una excepción, inoculada ante la crisis en la que navegan o zozobran algunos de sus vecinos. El No ahora oficializado luce como una convocatoria a entrar al mundo real, diferente del período de altos ingresos generados por las exportaciones.  Esto parece estar fuera del entendimiento del gobierno, empeñado en adecuar la realidad a sus deseos.

El presidente, en su primera aparición ante los periodistas en la mañana del miércoles, dijo que el rechazo oficial mayoritario a su cruzada re-re-releccionista era solo una batalla que no equivalía a la guerra. Para muchos analistas sus palabras reflejaron una postura distante de la realidad. El presidente ignoró que el referéndum no era sobre lo que él equiparaba a una contienda bélica (vencedores y vencidos, seguidores y enemigos, blanco y negro) sino sobre algo más específico, común en sociedades de madurez democrática. Era sobre si en el aún distante 2019 podía aspirar a cinco años más y llegar a 20 de gobierno consecutivo. La respuesta cívica identificada como una batalla menor sin consecuencias tiene el potencial de representar un agujero en el dique, hasta a la noche del miércoles intacto, que contenía inconformidades con su gobierno.

Humberto Vacaflor, columnista crítico del gobierno y uno de los más leídos del país, comentó que el miércoles que al MAS y al gobierno les faltó ¨el elemento de honorabilidad que hubiera podido concederles la dignidad de que gozan los derrotados¨. Enseguida advirtió: ¨Culpar a los extranjeros o a conspiraciones internas, verdaderas o no, denigra a la propia derrota¨.

Solo horas antes del anuncio oficial, algunos funcionarios se prodigaban en repetir su seguridad de que la iniciativa oficialista ganaría el plebiscito.

Las autoridades se basaban en ¨el voto indígena originario campesino¨ para sostener hasta el último minuto que ganarían la contienda. No percibieron la irreverencia y desdén que implica dar por descontado el voto de una población en cuya promoción todo del país está comprometido desde hace más de 60 años. Sobre todo, no tomaron en cuenta que esa población se empeña en urbanizarse y que el último censo corrobora sus esfuerzos pues muestra una sostenida declinación de la población rural frente a la urbana, a la que se integran con una dinámica asombrosa. Lo dijo hace unos días el demógrafo y multifacético estudioso cruceño Carlos Hugo Molina.

Con la dinámica de los acontecimientos en Bolivia habrá que estar atentos para ver si el cierre de este capítulo no está abriendo las puertas a otro.

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Nota: Esta versión, del jueves 25, incluye ajustes mínimos de precisión.

 

Cinco paradojas y los caminos al No

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Nota: Esta versión precisa porcentajes en el cuarto párrafo y aclara el undécimo, sobre soberanía y seguridad alimentarias.

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Bolivia está ante un proceso de inflexión del modelo que rige al país desde 2006 y a partir del referéndum del domingo 21 podrán visualizarse mejor cinco paradojas que definen al gobierno y que, entre otras consecuencias, han afirmado la disconformidad con el sistema centralista y fortalecido el camino hacia el federalismo. La condición rural bajo la que se forjó el régimen del presidente Evo Morales languidece con la insurgencia de un país de abrumadora presencia urbana donde los empresarios están ante el dilema de ser o no ser ciudadanos plenos. Los conceptos vienen de Carlos Hugo Molina, el polifacético y multidisciplinario académico cruceño que en la década de 1990 ayudó a crear el sistema de participación popular.

La construcción de la amalgama ¨originario indígena campesino¨, sin coma para separar conceptos, ha tenido éxito, en particular fuera de Bolivia, entre sociólogos y políticos que buscaban un paradigma que reviviese ilusiones perdidas con la caída del Muro de Berlín.

¨El campesino es la explotación de la tierra, un modo de producción, en tanto que el indígena es una relación con la naturaleza. Ambos conceptos son excluyentes…No es lo mismo ser campesino que ser indígena¨; ambos valoran la tierra de manera diferente, explicó el académico durante  una charla en un café del centro cruceño. Sobre el avasallamiento de las fronteras entre esos conceptos, razonó, se yergue la primera paradoja que desafía al Movimiento al Socialismo (MAS) y los ideólogos que lo forjaron.

¨De ese estado indígena, tres cuartas partes de su población habita en ciudades. En este momento, sobre 900.000 Km2, vive solo un millón y medio de personas¨, señaló.  Habló con la certidumbre estadística del demógrafo que ha puesto el pie en casi todos los 339 municipios bolivianos. Con la fuerte presión migratoria que ocurre sobre aquella porción poblacional, el censo subsiguiente, el de 2032 (uno por decenio, el más reciente fue en 2012),  puede traer un resultado sorprendente: la población rural se tornaría estadísticamente irrelevante. El censo que pasó reveló que el 75% de la población vivía en ciudades. La proyección es que en pocos años más tocará el 85%. Para el siguiente censo el porcentaje podría subir aún más.

La paradoja estriba en cómo encaja esa realidad en un estado ¨originario indígena campesino¨ en el que la trilogía desaparece porque la mayoría vive en ciudades. Puede concluirse que ese estado deriva en entelequia pues no calza en la realidad.

La migración campo-ciudad conlleva una ruptura del modo de producción. ¨Por eso (de las olas de migrantes) surgen grandes reservaciones en las ciudades; son la única manera de sobrevivir en un estado que en su concepción no reconoce lo urbano y hace que lo originario indígena campesino intente serlo aun en la ciudad, en desmedro de su calidad de vida…¨

El fenómeno, destacó, no es para entrar en pánico pues es una tendencia continental. En América Latina el porcentaje urbano promedio es del 80%, con tendencia a crecer y llegar al 85% proyectado para Bolivia, pero solo Bolivia ha creado el sello indígena originario campesino.

El despoblamiento rural tiene su mayor expresión en Chuquisaca, subrayó. Su crecimiento fue de solo el 0,76% respecto al censo previo y menos de la mitad del 1,57% del país (Santa Cruz ostentó un 2,56%). De las 10 provincias chuquisaqueñas ocho han perdido población. ¨No se han ido a Sucre, se han ido fuera del departamento¨. Los datos vienen de tres censos consecutivos y se han vuelto constantes, para conformar ¨una realidad irreversible¨.

El fenómeno traspasa los ámbitos académicos. La transformación demográfica de Bolivia y la supremacía urbana empiezan a pasar facturas políticas.  En las últimas elecciones nacionales, perdió en ocho de las diez ciudades más pobladas el partido de gobierno que acuñó el oxímoron indígena originario campesino. Solo ganó en Chuquisaca y Potosí. La lectura del fenómeno es que el gobierno no tiene manejo apropiado del tema urbano y por eso es derrotado cuando es sometido a una prueba.

El crepúsculo de la mayoría demográfica rural ¨no es un tema que nos castiga o que seamos sus inventores. Está presente en el mundo¨,  recalcó.   ¨Es un proceso de migración y ocupación de espacios…en el caso de Bolivia nos lleva a descubrir a plenitud que no habíamos sido distintos.¨

La segunda paradoja, dijo, nace de la seguridad alimentaria. El modelo del socialismo andino-amazónico de la pequeña unidad productiva de la comunidad es un ningún éxito. Hay seguridad alimentaria pero no soberanía alimentaria nacional. Aún hay grandes segmentos afectados por la desnutrición. No se puede construir una soberanía alimentaria con la base de la pequeña producción. ¨Cuando al final de la década pasada hubo la confrontación…en Santa Cruz decrecieron los cultivos tradicionales de maíz, aceite, azúcar; hasta hubo que importar cebolla, arroz, aceite, porque el enfoque fundamental era la toma y control ideológico y político del modo de producción¨.

¨El gobierno ha entendido que no puede pelearse con Santa Cruz y ha abierto un paréntesis. Si no puede hacerlo con Santa Cruz sí puede hacerlo con los cruceños.¨ La apuesta es hacia una alianza para alcanzar metas de producción y de ahí  surgen acuerdos con empresarios  y grupos empresariales capaces de producir en una escala mucho mayor que el productor individual. Las autoridades, sin embargo, no perciben las consecuencias de esa nueva estrategia. ¨De la misma manera que no han asumido que este país es urbano, no pueden admitir que este país no puede vivir sin grandes productores¨. Admitirlo resultaría en un naufragio ideológico. Tampoco pueden reconocer  de manera explícita que la pequeña unidad no garantiza seguridad alimentaria. La convergencia de intereses es la que origina los frecuentes encuentros entre autoridades y grandes sectores productivos. ¨Eso es legítimo¨.

La solución de esta paradoja ocurrirá cuando el gobierno reconozca que la pequeña producción no garantiza la soberanía alimenticia del país. ¨No lo va a hacer porque eso es debilitarse desde el punto de vista del mensaje. O cuando los empresarios y productores recuperen su calidad de ciudadanos y dejen de ser súbditos. Ahora son súbditos porque le hacen caso a García Linera cuando les dice: Ustedes no se metan en política y produzcan, pues eso es lo que saben hacer. Nosotros somos inflexibles con nuestros adversarios. Y ellos le han hecho caso¨.

¨En esa condición no son ciudadanos, no pueden pensar¨, remató. ¨En el momento en que los empresarios le digan públicamente al presidente: No estamos de acuerdo con lo que usted está haciendo o con lo que está diciendo, pero tenemos que ponernos de acuerdo por el bien del país, en ese momento se resuelve esta paradoja¨.

Le pedí un ejemplo de algún país.

¨Brasil. Lula entendió que la relación que debía tener era (con) el gran capital, con quienes desde el punto de vista ideológico lo antagonizaban. Tuvo excelente relación con los banqueros e industriales…el estado no podía resolver su relación de producción desde el gobierno sin esos sectores. Es el caso más elocuente. También lo es el de Tabaré Vázquez, en Uruguay.¨

En Bolivia, sostuvo, no ha ocurrido un modo de producción diferente. Solo hay un discurso distinto. ¨Estamos ante la realidad objetiva y el discurso. Y eso plantea la paradoja: Ni el estado asume que la pequeña unidad productiva no va a resolver la seguridad alimentaria ni los empresarios asumen sus diferencias con este modelo. Bajo él, el gobierno ha obtenido la victoria política y militar sobre el antagónico. El empresario dice: Si nos da la oportunidad de ganar, ¿por qué nos vamos a pelear?¨

La tercera paradoja es que nadie ha hecho tanto para reconocer la cualidad  histórica federal del estado boliviano como el sindicalista que practica el centralismo democrático, Evo Morales. El exceso de centralismo, en el que el presidente cubre la agenda nacional, departamental y municipal ha subrayado la necesidad de avanzar hacia un auténtico federalismo. Las 36 naciones que reconoce la CPE y que preceden al estado y lo sustentan, son un hito hacia un país federal. El avance conllevará reformas que garanticen la independencia del poder judicial. Una justicia  independiente no habría dado curso a  la posibilidad de reelección de mandatarios.

La cuarta paradoja está en la economía. Pese a todas las medidas que ha tomado (nacionalizaciones y controles sobre la economía),  muy poco puede hacer ante fenómenos que repercuten sobre Bolivia. La participación boliviana en acuerdos de integración representa pérdida de soberanía, que crecerá a medida que los procesos integracionistas avancen.

La quinta paradoja viene del área que le ha otorgado plena unanimidad: la causa marítima. La principal representación y la vocería están a cargo de dos ex presidentes ¨neoliberales¨. Son piezas de un tablero que el presidente no puede remover porque arriesgaría la unanimidad que este tema concita en el país y quebraría el mayor objetivo nacional. Recordó que el desempeño del ex presidente  Carlos Mesa ante la TV de Chile (¨el rating fue mayor que el de un partido mundial de fútbol¨) le confirió una unanimidad nacional que le permitió discordar con la re-reelección y luego decir, hace un mes, que el presidente Morales estaba en deuda con Gonzalo Sánchez de Lozada porque las reformas que éste dictó pavimentaron la vía hacia el Estado Plurinacional.

Vistas en conjunto, dijo, las cinco paradojas, evidencian una inflexión de naturaleza política. El presidente ¨ya no puede hacer lo mismo que hacía en sus inicios¨.

El repaso del quinteto paradojal exhibió también la posición del académico, escritor, historiador y político ante el referéndum del 21. ¨Catorce años son suficientes¨.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Los pies en la tierra

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Con un llamado a la solidaridad y la responsabilidad para promover sectores económicos capaces de sostener al país en la era post gas natural, la Universidad Ecológica de Bolivia, desde su fundación en 1999 una singularidad en el continente, inauguró hace pocos días un nuevo ciclo académico.
Con estudiantes de todo el país y un número creciente de extranjeros, asumió la conducción de esa casa de estudios superiores Carlos Hugo Molina, profesional multifacético durante muchos años asociado al municipalismo, el constitucionalismo y la participación popular en las gestiones de gobierno.
Consultor en casi todo el continente, diplomático e historiador, Molina diseñó algunos desafíos de la sociedad boliviana y de las universidades en particular. “Formamos parte de una sociedad que no ha desarrollado conciencia ambiental ni conciencia urbana, y debemos recuperar el tiempo a marchas forzadas.”
Algunos datos que mencionó en la noche de su posesión, el 18 de marzo, subrayaron la importancia de su mensaje desde Santa Cruz a los ámbitos académicos y su referencia a los contrastes que retan al país. Así como a pocos kilómetros de Quito se ubica el centro del mundo, en una zona tradicional de Santa Cruz, “…en la Plazuela Calleja, está el centro geográfico de América del Sur. Entre una y media y dos y media horas (por vía aérea) estamos en cualquiera de las capitales del sur del continente. Tardamos 16 horas para llegar en bus a La Paz y ocho para hacerlo a Puerto Suárez. Y sin embargo, tenemos comunicación en tiempo real con Chinchilla, población de Australia que se encuentra en las antípodas”.
El nuevo rector recordó el hito geopolítico del oriente boliviano: el memorándum de 1904, el documento visionario escrito por personalidades cruceñas de la época urgiendo, entre otros planteamientos, a construir un ferrocarril que permitiera a Bolivia abrirse paso hacia el océano Atlántico y superar la pérdida del litoral que el país había sufrido años antes. Era una propuesta esencial de integración que pudo haber cambiado el curso que siguió el país. “Ciento once años después, seguimos conversando lo mismo”, dijo, con desaliento.
Hasta hace poco a cargo del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD), Molina citó algunos rasgos traídos por el último censo de población y vivienda. Con 10 y pico millones de habitantes (“somos todavía muy pocos”), el 70% de la población vive en el eje central (Cochabamba, La Paz y Santa Cruz). El crecimiento demográfico de un censo a otro (2002-2012) ha sido de 1,57 %. Pero visto bajo el lente cuidadoso de Molina, el índice ofrece disparidades importantes para los planificadores. De 339 municipios en todo el país, 255 no llegan a tener, individualmente, más de 20.000 habitantes. Y así como hay municipios con crecimiento demográfico acelerado, hay otros cuya población declina.
Con cifras redondas, entre los municipios expulsores de población citó a Achacachi (de 70.000 habitantes a 46.000), Puerto Acosta (25.000 -12.000), Morochata (34.000-12.000) y Tiraque (35.000-21.000). En cambio, creció la población de Sena (Pando) de 2.000 a 8.000, Cobija (22.000-46.000) y Warnes (45.000-96.000). Los dos fenómenos de crecimiento han sido El Alto (650.000-850.0000) y Santa Cruz de la Sierra (1.131.000-1.454.000. Originalmente se asignó a Santa Cruz 1.700.000).
Los datos señalan con claridad las tendencias demográficas del país, a la par que subrayan la complejidad de los desafíos del país y de sus instituciones de enseñanza para avanzar y alcanzar niveles superiores de desarrollo. “El mundo no nos esperará y debemos darnos respuestas inteligentes, contundentes y oportunas”, dijo.
Fruto de las inquietudes académicas de Jerjes Justiniano, pronto a retornar a Bolivia al cabo de más de dos años como embajador en Brasil, la UE es única en su género en el continente, y una rareza en el mundo.