Capriles

Es el modelo

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El 23 de enero solía ser recibido con repique de campanas y en todas las escuelas del país había actos conmemorativos en los que las fuerzas armadas eran saludadas con respeto y admiración. Esa Venezuela cambió en los últimos 15 años y la fecha pasa ahora desapercibida, embotellada en la incertidumbre que abruma a una mayoría que todos los días forma filas interminables en los mercados, calladamente para evitar la acusación de subversión. El modelo socialista del siglo XXI generó en Venezuela una incompetencia agresiva hasta hundirse en el mayor aluvión de petrodólares de su historia y oscurecer el acontecimiento político que enrumbó al país por un camino moderno: el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez al comenzar 1958. Ese suceso equivale al de 1952 en Bolivia: no se lo puede ignorar ni disminuir su importancia.

Con la mirada en situaciones más inmediatas, dos diarios influyentes y tradicionales venezolanos, El Universal y El Nacional, reflejaban este viernes la zozobra económica y las dificultades de la libre expresión, convertidas en fenómeno inseparable de los tiempos que vive la patria de Bolívar.

Los periodistas de El Universal, hasta no hace mucho un bastión conservador, declaraban su angustia ante el rumbo editorial del diario que, a menos de tres meses de cumplir 106 años, ven sesgado con el oficialismo y prevenido contra la oposición. Como evidencia ponían las restricciones para informar sobre una conferencia de prensa del dirigente opositor Henrique Capriles.

Con menos eco y un furor neutralizado tras el deshielo en curso entre Estados Unidos y Cuba, el gobierno atribuye las tribulaciones de la economía a una “guerra económica del imperio” contra Venezuela. “Es el modelo, estúpido” editorializó El Nacional, a contrapelo del exitismo que intentaba generar el presidente Nicolás Maduro sobre su gira por Asia, el Golfo Pérsico y Rusia. El editorial subrayaba una advertencia similar de la Iglesia Católica que, un par de días antes, había apuntado al sistema socialista que procura imponer el gobierno como responsable de la crisis de abastecimientos, en un país años atrás caracterizado por la abundancia. Sin matices, los obispos subrayaban que ese sistema “atenta contra la libertad y los derechos de las personas y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado”. Agregaban que el sistema vigente en Venezuela “es, a todas luces, ineficaz.”

Con una frase que para algunos analistas evocaba las gestiones del Primer Ministro inglés Neville Chamberlain con Alemania Nazi, que lograron solo aplazar por algunas semanas la guerra entre las dos potencias europeas, anunció desde Moscú: “He conseguido los recursos necesarios para que el país mantenga su ritmo de inversiones de importación, y la estabilidad económica”.
Acababa de reunirse con Vladimir Putin en las postrimerías de su gira en busca de ayuda para paliar el hundimiento de los precios del petróleo, garantes del 95% de las divisas que recibe el país. El impacto real inmediato del apoyo de Rusia, abrumada por sus propias dificultades financieras, y su efecto sobre el humor de los venezolanos descontentos con las penurias de su país, era este fin de semana algo por verse.
Aún está en desarrollo el llamado de los líderes opositores a acentuar un movimiento que lleve a Maduro a renunciar. “Maduro no llega ni al 30% de respaldo popular, el 60% del pueblo exige su inmediata renuncia, y 80% exige un cambio de gobierno”, declararon en un documento conjunto Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma. El primero es preso del gobierno, cuya libertad Maduro ha propuesto canjear con la de un dirigente independentista puertorriqueño preso en Estados Unidos. Machado es acusada de pretender matar al mandatario venezolano y Ledezma, cuyo partido, Acción Democrática fue uno de los gestores del derrocamiento de Pérez Jiménez, está acosado por juicios que les siguen las autoridades.
Los tres líderes anunciaron que han convergido en una visión unida para llegar a una salida democrática para su país. Propósitos igualmente claros para conseguir la salida de Maduro ha anunciado reiteradamente Capriles, quien en 2012 estuvo cerca de vencer en elecciones a Hugo Chávez.
Con las aristas antagónicas de la sociedad venezolana otra vez afiladas, la propuesta opositora contra el gobierno de Maduro evidenciaba la crispación bajo la que vive en vecino país.

Nuevo escenario en las luchas venezolanas

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La lucha que desde hace más de dos meses gana las calles en Venezuela y que ha cobrado decenas de víctimas fatales tiene estos días un nuevo escenario, hasta hace poco inimaginable: las páginas de The New York Times y The Wall Street Journal. Pese a los denuncias del presidente Nicolás Maduro contra el que describe como  “el imperio” al que acusa de querer echarlo del poder, la más cuidadosa y mesurada exposición de ideas y antagonismos ocurre estos días en medios impresos de la mayor urbe mundial del capitalismo. Sin denuestos y en inglés.

El duelo por conquistar opiniones ocurre en un escenario relativamente neutral. Los lectores de esos dos medios, cuyas ediciones impresas combinadas bordean los tres millones de ejemplares diarios,  son considerados bastante informados sobre lo que sucede en el vecino país y es plausible suponer que muchos no se sienten cómodos con un proyecto que avanza hacia la “cubanización” de Venezuela.

La serie fue inaugurada por Maduro el 2 de abril, con “Un llamado a la paz”, para vender al público estadounidense su versión de lo que ocurre en Venezuela debido a que “gran parte de la cobertura en los medios internacionales ha distorsionado la realidad de mi país”. A eso se sumaba, dijo, una narración del gobierno estadounidense en la que “los manifestantes están ampliamente descritos como pacíficos, mientras dice que el gobierno es violento y represivo”.

“En realidad –afirmó Maduro- el gobierno de Estados Unidos está en el lado del 1% que quiere arrastrar a nuestro país de nuevo a una época en que el 99% era excluido de la vida política y solo la élite, incluyendo las empresas de EE.UU., se beneficiaban del petróleo de Venezuela”. El líder venezolano pidió apoyo para que su país no sufra las sanciones que están proponiendo algunos legisladores para castigar a su régimen. Los porcentajes que ofreció no guardaban proporción con los de la última elección presidencial, en las que la oposición obtuvo cerca del 50% de los votos, ni con las multitudes que han llenado las calles venezolanas en las manifestaciones contrarias al régimen de Maduro.

Los regímenes como el de Maduro procuran que su palabra sea la última. Suelen lograrlo con cierta facilidad en sus países. Pero es más difícil en otros, especialmente allí donde es mayor el respeto a la libertad de prensa y de expresión. En este caso, la palabra de Maduro fue sólo la primera. Al día siguiente estaba en el mismo diario y con una extensión similar, el coordinador de Primero Justicia y diputado de la Asamblea Legislativa, Julio Borges. “Para que un diálogo ocurra en mi país, el Sr. Maduro debe primero comprometerse a respetar los derechos humanos…debe ordenar a los colectivos armados por el gobierno a detener sus ataques a los manifestantes e instruir a la Guardia Nacional a detener el uso de la violencia. Los manifestantes detenidos y presos políticos deben ser liberados”.

Poco después, estaban impresas las palabras del dirigente de la Mesa de Unidad Democrática, Henrique Capriles. “Estas protestas no son una conspiración”, decía Capriles. “No fueron urdidas en Washington. Son el grito de estudiantes…que arriesgan ser asaltados o violados camino a clases…las protestas nacen de hombres y mujeres que hacen filas durante horas bajo el sol con la esperanza de comprar productos esenciales que han desaparecido de los anaqueles a raíz de la corrupción e incompetencia del gobierno…”

La disputa impresa ocurre en medio de la crisis aún sin luz al final del túnel que padece la sociedad venezolana y que se agrega a la que tiene lugar en las calles. En el escenario impreso las dos partes están en igualdad de condiciones pero una de ellas carece del arma más fuerte: la credibilidad de su palabra.

Jornada tensa

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La jornada de este martes en Venezuela se perfila como una de aquellas que hacen temblar. En pocas horas más deberá empezar a marchar hacia la sede del Ministerio del Interior en Caracas, Leopoldo López, el nuevo líder emergente que ha catalizado la atención en  un momento que luce decisivo para la historia del vecino país.

Con un título de economía en una universidad de Ohio y  una maestría en Harvard, su hoja de vida política impresiona.  Encabeza Voluntad Popular, un partido que fundó derivado de otro, Primero Justicia, bajo cuyas banderas llegó al municipio de Chacao (2000-2008), uno de los más grandes de Caracas. Su carrera fue interrumpida cuando, acusado de financiar su partido irregularmente, fue inhabilitado para concurrir  a cargos públicos por tres años hasta 2011. La Corte Interamericana de Derechos Humanos le dio la razón y declaró que el gobierno venezolano  había violado su derecho a ser elegido. Cumplirá 43 años el 29 de abril.

López proyecta entregarse a las autoridades que ordenaron su detención el miércoles, tras los enfrentamientos del miércoles que dejaron a su paso tres muertos, decenas de heridos y más de cien detenidos.

Lo que ha ocurrido sigue a una estela de dificultades en las que se encuentra Venezuela y que Nicolás Maduro ni su partido, el socialista Unificado de Venezuela, han sido capaces de paliar. La falta de recursos en un país con torrentes de ingresos ha puesto en evidencia las graves deficiencias administrativas del régimen “chavista”. Quince años en el gobierno debían haber sido suficientes para mostrar resultados. Pero lo que  la mayoría de los venezolanos se ve es escasez de mucho y abundancia represiva para quienes protestan por la inseguridad, la inflación y la incompetencia administrativa.

El grito de combate de Maduro, acusando a una “derecha fascista” que nadie personifica, no parece  eficaz. Se ha perdido en el vacío y no suplanta laspreocupaciones básicas que aquejan a los venezolanos.

A la marcha de López deberá sumarse enrique Capriles, el joven que el  año antepasado enfrentó a Hugo Chavez y obtuvo cerca de la mitad de los votantes. Muchos aseguran –sin poder demostrarlo- que medió un fraude gigante, que meses  más tarde se manifestaría a favor de Nicolás Maduro. Todo esto es casi historia que, sin embargo, en algún momento puede reaparecer en el escenario.

Este martes en la tarde, López se entregó y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea  Legislativa y en  los hechos un copresidente tanto o más poderoso que el titular Maduro, lo trasladó personalmente en un vehículo negro hasta el Ministerio del Interior y Justicia. Antes de entregarse, López dijo que si su entrega y apresamiento era el precio para que la sociedad venezolana despertase, habría cumplido su misión.

Visto desde  la distancia, los presos  parecían Maduro y Cabello, en medio de una espiral de violencia y de protestas contra el régimen que empezaban a llegar a los centros de mayor apoyo al oficialismo: las zonas del oeste de Caracas, donde se anidan muchos de los  ranchos de pobreza, expresadas en cacerolazos y pitazos.

El país, con todo el pesar que podía conllevar estar visión, parecía encaminado a un epílogo violento y dejaba de ser descabellado pensar en una salida “pinochetiana”…en escala venezolana.

Chivo que se devuelve, se desnuca

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El dicho venezolano será puesto a prueba tras  lo ocurrido esta noche de jueves, cuando el Consejo Nacional Electoral, contra todo lo dicho anteriormente, aceptó la demanda de Henrique Capriles. Habrá un recuento del 46% restante de las mesas de los comicios presidenciales del domingo.

Con ese porcentaje, se llegará a una auditoría total de los resultados electorales.

En medio de “cacerolazos” nocturnos desde el lunes, la auditoría era una demanda insistente de Capriles y la Mesa de Unidad Democrática (MUD). La decisión del consejo electoral puede lucir ahora como como una victoria del líder opositor, pues la auditoría total era negada por Maduro y el partido gobernante.

De confirmarse el triunfo de Nicolás Maduro, éste ingresaría a gobernar golpeado por una circunstancia que hasta comienzos de la noche de este jueves rechazaba.

El anuncio de la decisión del CNE fue hecho por la propia presidenta del organismo, Tibisay Lucena, quien, al rechazar la posibilidad de un recuento, el lunes  había rápidamente proclamado vencedor a Maduro, el heredero ungido por el fallecido presidente Hugo Chávez.

El anuncio puso fin a un capítulo de zigzagueos que había comenzado la misma noche de domingo, cuando Maduro dijo que, al igual que Capriles, aceptaba una auditoría. Luego cambió de parecer y dijo que estaba en contra de la auditoría. Complicó más el cuadro la Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, cuando dijo, ayer miércoles, que la auditoría era imposible y que realizarla equivalía a convocar a desódenes callejeros.

Capriles dijo que estaba seguro que la auditoría permitirá demostrar que hubo irregularidades en el conteo computarizado original y que el ganador de la elección había sido él.

Esta noche era para muchos una incógnita legal determinar cómo Maduro podría jurar al cargo este viernes cuando está en curso un proceso de confirmación o rectificación de los resultados de la votación del domingo.

Tampoco era fácil anticipar la actitud que asumirán los gobiernos extranjeros que han anunciado que asistirán a la ceremonia. Incluso los de UNASUR, ligados umbilicalmente al desaparecido presidente venezolano. Los presidentes del bloque se encontraban anoche en Lima y de allí debían viajar a Caracas al lado de Maduro.

Este viernes será un día pleno de noticias. El dicho venezolano subraya la inconveniencia  de cambiar decisiones.

Un presente griego

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Henrique Capriles y Nicolás Maduro están en campaña a toda máquina para presidir el país con las más grandes reservas petrolíferas del mundo y  al vencedor le aguarda un presente griego a punto de estallar. Es la herencia del comandante Hugo Chávez, cuya imagen puede languidecer ante la magnitud de los problemas que han colocado a la economía venezolana ante un pantano.

Presidente encargado y candidato, Maduro no podrá eludir las explicaciones que exige gran parte de la sociedad venezolana sobre el secretismo que rodeó la enfermedad del líder fallecido.  Una de las primeras preguntas probablemente será cómo fue que sólo días antes de morir el mandatario despachó durante 5 ½ horas (lo dijo Maduro el 2/23), discutió temas urgentes y estaba en recuperación acelerada, o por qué se fue a Cuba, donde la medicina puede ser solidaria pero insuficiente y sólo parapetó  electoralmente al  comandante. Chávez decidió morir en manos cubanas, pero queda por conocerse el trayecto de su enfermedad, por lo visto un calvario que llegó a su última estación en Caracas.

Que el ex chofer de buses hubiera sido ungido por Chávez en la última aparición pública del malogrado comandante, en diciembre, no disipa las dudas sobre la legalidad de su designación. Chávez no llegó a jurar al cargo para el que había sido re-electo (la Corte Suprema, en una decisión que generará debates durante mucho tiempo, decidió que el militar podía ignorar el detalle del juramento) y su salud le impidió ratificar a Maduro como su vicepresidente. Es imposible no citar a Mariano Melgarejo: ¡“Quien monta, manda, y cartuchera al cañón!”.

No son menores las tormentas económicas que nublan el horizonte inmediato. Una ya está en curso y se llama inflación, entre las más altas del mundo, que con más del 20% anual erosiona los ingresos de todos, especialmente de los más pobres. Al lado está el precio ridículo de la gasolina: 20 litros cuestan siete bolivianos.  Con las finanzas de Petróleos de Venezuela  insuficientes para la voracidad de los gastos públicos, no hay recursos para las enormes inversiones que necesita la industria. Un reajuste de precios luce inminente. ¿Notan algún parecido con otras latitudes?

Agregamos la escasez de alimentos y la violencia, una de las peores del mundo (más de 20.000 muertes por año, con lo que Santa Cruz sería un edén), y la combinación es explosiva.

Nadie sin una unanimidad gigante y compacta podrá asumir la herencia del comandante. Maduro también brama pero no es Chávez y es obvio preguntarse si la oposición que comanda Capriles podrá.

Nueva prueba en Venezuela

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Una nueva norma dicta que los medios están prohibidos de informar sobre el tipo de cambio que rige en el mercado no oficial y los estudiantes reciben un cupo de dólares para algunas adquisiciones en el exterior (libros, por ejemplo) sólo si están inscritos en carreras que el gobierno considera estratégicas. Es como un relato dee “Oscuridad al mediodía”, la novela clásica de Arthur Koestler.  Los comerciantes presentan solicitudes de asignaciones y sólo cuando son aceptadas, después de un larguísimo trámite, reciben las divisas,  al cabo de otro trámite no menos prolongado. El estado administra rigurosamente las divisas para todo. Quien requiera de dólares para alguna emergencia en el exterior (gastos médicos, digamos) no puede acceder a divisas con la celeridad que un tratamiento sugiere.
No es Cuba ni tampoco es algún país del Socialismo del Siglo XX (ya extinguido). Es Venezuela, el país sudamericano que recibe dólares a torrentes por sus exportaciones petroleras, pero que resultan insuficientes para cubrir todos los requerimientos de sus habitantes.
Una amiga me escribe contándome todos estos detalles. Me dice también que los ciudadanos que quieran (o necesiten) viajar, hacen una solicitud por internet, imprimen planillas y llenan formularios con especificaciones detalladas que hay que llevar al banco. Los documentos deben incluir el pasaje, por supuesto. “Te dan 500 dólares en efectivo y permiso para usar tu tarjeta de crédito con limitaciones de acuerdo al lugar a donde vas. Te autorizan no más de 3.000 dólares. Si tu tratamiento en el exterior te cuesta más, estás frito. Tus compras por internet no deben pasar de los US$ 400 anuales. Las remesas también están restringidas. Si tienes un hijo estudiando en el exterior, lo máximo de dólares que puedes comprar son $US 300 mensuales.”
Venezuela era el país con los anaqueles de los supermercados siempre llenos y, hasta hace sólo unos años, ostentaban una variedad que los ciudadanos de otros países envidiaban. Eso ya no existe, y se ignora cuánto tiempo permanecerá esta sequía que limita la oferta progresivamente, dice mi amiga.

Hace 30 años, cuando el país quebró y debió devaluar el entonces todopoderoso Bolívar, Venezuela debía $US 27.500 millones. En la última década, gracias a los precios del petróleo, los ingresos venezolanos en dólares han bordeado un billón (doce ceros) de dólares. La cuenta de ingresos sigue aumentando y, sin embargo, el país debe al extranjero más: unos US$ 34.000 millones (dos veces y media las reservas bolivianas de moneda extranjera en el Banco Central).
¿Qué pasó? Los propios venezolanos carecen de una respuesta convincente y cuantificada. Pero sí están convencidos que una parte del derroche que ha vivido su país se ha ido a otros, a título de promoción del socialismo del Siglo XXI que lidera el presidente Chávez.

Chávez ha llegado con más y mejor a los sectores desatendidos por los gobiernos del periodo democrático (1958-1999). Sólo eso explica el apoyo férreo que tiene entre los más pobres, que son -como en otras latitudes- su núcleo duro de votantes. (Mientras dure la jauja petrolera).

Las expectativas de un cambio de timón cayeron sobre la lona el 7 de octubre, cuando Chávez consiguió ser reelecto arrolladoramente, a pesar del número de votantes sin precedente que también consiguió su rival Henrique Capriles. En tres semanas más habrá una nueva elección: para gobernadores de los 23 estados. Menos espectaculares que las de hace mes y medio, en las elecciones del 16 de diciembre también se juega mucho, entre ellos la gobernación del Estado Miranda, para la que Capriles busca la reelección.

El extraño silencio de los vencedores

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Una amiga venezolana me hizo llegar un artículo de Américo Martin, un hombre de izquierda y actualmente activo columnista, con un blog en el que aparece, junto a otros, el trabajo que podrán ver a continuación. Recomiendo leer a quienes desean un análisis lúcido de lo ocurrido en Venezuela el 7 de octubre.

“Imposible” es una palabra que usan los débiles para vivir en el mundo que se les dio, sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. “Imposible” no es un hecho, es una opinión. “Imposible” no es una declaración, es un reto. “Imposible” es potencial. “Imposible” es Temporal, “Imposible” no es nada. Muhammad Alí

1 Aun cuando creo que el presidente Chávez ganó la elección, su ventaja sobre Capriles no es la que campaneó el CNE.

Esa victoria es algo extraña en sus consecuencias. Debió dar lugar a reacciones oficialistas que no se aprecian con claridad. Comenzaré pues con un par de preguntas: 1) ¿Por qué el 8 de octubre los vencedores no salieron a festejar el triunfo que pregonaron? Raro en\verdad. Las calles oscuras, vacías, tanto en urbanizaciones de sectores A-B-C como en barrios y poblados C-D. Si recordamos la campaña electoral, esa no reacción encaja en los actos inducidos del gobierno, su intermitencia, su por lo general modesta concurrencia, en comparación con las oleadas humanas espontáneas que salían al paso de Capriles, a razón de dos o tres por día. 2) Si se ufanaban de contar con una amplia ventaja, ¿por qué efectivos del Plan República y los fascios del chavismo depredaron Centros de Votación, presionaron a los sufragantes, impidieron el cierre de mesas, se apropiaron de la lista de los que aún no habían votado y tuvieron eldesparpajo de conducirlos en carros oficiales bajo amenaza, a votar por el comandante? No son, convengamos, las reacciones que se esperan de un ganador pero sí de quien no estando seguro de vencer le tuerce el brazo al adversario.

2 Está bien, no es mi intención denunciar un fraude. Las actas se corresponden con los votos, aunque estos hayan sido a ratos arrancados a la fuerza. Del que se viene hablando es del fraude de “Estado”, el estructural, el de un cuadro electoral que no hubiera aceptado ningún candidato en nuestro hemisferio. Con el bárbaro predominio de medios, el ventajismo desenfadado, el uso corrupto de los recursos públicos, la utilización de locales del Estado y de la fuerza militar, la compra abierta de personajes y pequeños grupos en subasta, la tolerancia del CNE al descaro de las interminables cadenas para que el Presidente, cerrado el plazo, hiciera publicidad electoral. Todo eso y más ocurrieron para favorecer a Chávez. Al conocerse el boletín del árbitro surgieron protestas indignadas pero el punto es que estas condiciones viles ya las conocíamos y sin embargo, después de ponderar como es debido la situación, decidimos entrar en las elecciones, organizarnos y votar. Esa decisión fue salvadora.

Si atendiendo a los fatalistas no hubiéramos sufragado la MUD quizá hubiese pasado a mejor vida, la oposición estaría atomizada y envuelta en violentos intercambios de acusaciones, y la consolidación de la voluntad totalitaria sería un hecho. En cambio, no sólo hay un mar de votos, sino un programa de gobierno solvente, una dirección experimentada y un líder que la personifica. ¡Difícil es construir un liderazgo! ¡Difícil destruirlo! No obstante asombra el enloquecido empeño de minarlo.
3 Minuciosos estudios se han hecho para demostrar fraudes y algo más: la imposibilidad matemática de vencer al gobierno. En el fondo del escenario lo que se asoma es un profundo pesimismo, un fatalismo derrotista, que no puede explicar por ejemplo por qué la molienda del fraude fue derrotada en Táchira y Mérida y que la oposición hubiese crecido sustancialmente respecto a las presidenciales de 2006, bastante más por cierto que el gobierno. Son números impresionantes que seguramente fueron más, si pensamos en la agresión que se descargó sobre centros electorales mal protegidos, con participación de las milicias.
Esos hechos están documentados y si pudieran no dar para afirmar que le quitaron la victoria a Capriles, sí que revelan que el potencial opositor es todavía mayor que el anunciado.

La obsesión de demostrar la “invencibilidad” de Chávez ha replanteado el tema de la abstención, fantasma jurásico que siempre sale. Habrá quien diga que en esas condiciones “no votará”. Apelaría a un suicidio seguro para prevenir una derrota improbable. Como el tipo que se corta la mano para poner el brazo al nivel del paltó que le queda corto.

Aquí no queda sino entrar con todo el brío del mundo al reto de las regionales de diciembre. El gobierno confía en la influencia que las presidenciales tendrán en ellas. Efecto “derrame” que llaman. Pero aun admitiendo esa fortaleza, fortalezas mayores presentan las candidaturas democráticas. Si aquellos fueron escogidos a dedo, éstos lo fueron por el pueblo; los del gobierno son el brazo largo del ejecutivo contra la descentralización, los de la oposición son el escudo protector de estados conscientes de que están en peligro si los invasores logran sentar sus reales en regiones importantes.

Es muy llamativo el tema de la división de candidaturas. Se suponía que el dedo era omnipotente, pero en siete estados ha sido desobedecido. Ese fraccionamiento oficialista debe favorecer la victoria democrática en lugares claves como Bolívar, Mérida y otros. Si Chávez va a meterse en el juego, deberá recordar que no es candidato y que si no pudo guardar el ritmo de Capriles en función de su aspiración personal, tendría por delante la tarea ardua de correr detrás de 24 Correcaminos. Devolver el golpe causaría un impacto de efecto disolvente en un oficialismo que no se sintió especialmente a gusto el 7-O puesto que le ahorraron al país esperables explosiones de entusiasmo, tan frecuentes en tiempos mejores.

Vamos pues a las elecciones regionales con la tenacidad del boxeador que se eleva del suelo para derrotar al rival. Caer y levantarse, es la clave del pugilismo, decía el gran Muhammad
Alí.
Y mire que tenía razón.

Tras la victoria del comandante

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Vencer la elección del domingo pasado puede haber sido la parte fácil para este nuevo sexenio del presidente Hugo Chávez. No fue la victoria arrolladora con 10 millones de votos que había buscado (obtuvo ocho millones frente a 6,4 millones de Henrique Capriles), pero a partir de ahora su mayor compromiso será responder a las expectativas de los venezolanos, que quieren convertidos en “vivir bien” los enormes recursos que el país recibe por sus exportaciones petroleras. Para esa tarea ha prometido extender la mano a la oposición de una minoría inmensa que no comparte su visión de gobierno y que resultó ser, pese a considerarla escuálida, casi la mitad del país. Chávez ha procurado exhibir un rostro pacificador pero eso no ha sido suficiente para despejar el temor de que pronto reasuma la actitud belicosa que lo ha caracterizado estos años y persista en su empeño de volver irreversible su forma de gobierno.
Los análisis independientes coinciden en que el comandante deberá desplazarse sobre un camino estrecho, flanqueado por la inflación y la inseguridad ciudadana. Pasados los festejos, el gobierno del comandante estará de nuevo ante realidades que estuvieron sólo disimuladas durante el período electoral. Y ha vuelto una pregunta: ¿Podrá el comandante hacer en seis años lo que no ha logrado en catorce?
Con una tasa de asesinatos de 67 por cada 100.000 habitantes, casi el triple que la de México (24) y cuatro veces la que existía en 1998, informa Time Magazine, la seguridad plantea uno de los mayores desafíos al gobierno. Los esfuerzos contra la criminalidad han sido insuficientes para una violencia que, como en muchas otras partes, decreta un toque de queda en gran parte de las grandes ciudades apenas anochece.
Pese a todos los recursos a su alcance, el gobierno no ha logrado domar la inflación, que ostenta una de las tasas más elevadas del mundo (23,2% para este año). Es el más grave talón de Aquiles de una sociedad con gobiernos tradicionalmente manirrotos. La necesidad de sincerar la economía puede traer una devaluación, perspectiva desagradable para cualquier país, especialmente cuando está acostumbrado a un abultado gasto público, que cobija a 2,4 millones de empleados, proporcionalmente más que Brasil, con una población siete veces mayor. La inflación está aparejada con las deficiencias de un sector público que come recursos pantagruélicamente. PDVSA, la empresa ganapán de Venezuela, dedica gran parte de sus ingresos a una planilla de más de 104.000 personas, el triple de las que tenía antes de la llegada de Chávez al gobierno, a fines del siglo pasado. Su deuda externa es casi cinco veces la de cuando el comandante tomó las riendas nacionales ($7.200 millones vs. $34.500 millones). La tendencia debe continuar ante la necesidad de aumentar la producción como antídoto para crecientes gastos de planilla e inversión. Allí también (como aquí) una caída abrupta de precios del petróleo causaría descalabros. Muy poco de las políticas sociales emprendidas por el gobierno habría sido posible con los precios del petróleo deprimidos, como lo estuvieron en las dos décadas que precedieron su llegada al gobierno.
La extraordinaria máquina oficial pudo más que el entusiasmo que arropó a Henrique Capriles Radonski. El candidato opositor “siguió disciplinadamente una estrategia, pero Chávez sigue contando con los votos de los más pobres, a pesar de un pésimo gobierno”, escribió Fausto Masó, destacado comentarista de El Nacional, de Caracas. La frase contiene volúmenes de verdad que deberán ser estudiadas también en otras latitudes.
Las victorias no son fáciles y administrarlas puede ser más difícil. Vale la pena recordar que a las grandes victorias también pueden suceder grandes derrotas (Paz Estenssoro, 1964; Carlos Andrés Pérez, 1993; Alberto Fujimori, 2000).

Nos importa

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De los casi 20 millones de venezolanos habilitados para elegir a su próximo presidente son pocos los que saben del impacto de su voto más allá de sus fronteras nacionales. El votante de Carora o de San José de Rio Chico no se imagina que su decisión pueda tener tanto interés en un país remoto, con el cual el mayor vínculo sería sólo la similitud del nombre con el del caraqueño Simón Bolívar. No es así. Los vínculos políticos y económicos son densos. En la otra esquina, también son pocos los bolivianos que calibran la trascendencia de ese voto.
Es improbable que el elector común venezolano sepa que de las refinerías de su país vienen a Bolivia millones de litros de diesel anualmente y que aquí ese carburante también está subvencionado, menos que en Venezuela pero quizá en una escala financieramente más dañina. Este año, sólo con esa subvención el estado boliviano perderá más de 500 millones de dólares. Y quizá más.
Venezuela es el único proveedor de los bolivianos que, en seis años de revolución, no han agregado capacidad a sus refinerías y lo que no producen es importado de aquel país. En verdad, si las hubiésemos ampliado tampoco tendríamos petróleo para abastecerlas. De la soya podríamos fabricar diesel, pero los productos alimenticios que brotan de la madre tierra no deben servir para que se los coman las máquinas, menos aún si se trata de producir algo tan mundano como la energía para camiones o tractores. Curiosamente, la soya no se la puede procesar para producir biocombustible en Bolivia, pero sí en Brasil, y pronto quizá con algo de soya boliviana. No me pregunte por qué, pero creo que la respuesta que Ud. tiene a flor de labios es correcta.
Es posible que el votante venezolano tampoco sepa que el presidente boliviano ha visitado Caracas desde antes de ser electo en 2005. Menos sabrá que el presidente candidato, igual que ahora, recibía efusivamente a su colega boliviano, o “bolivariano” como dirían los venezolanos menos ilustrados. Ambos son muy amigos y socios en la misma empresa política.
Un error del gobierno boliviano es haber descuidado la producción de biocombustibles. El peso de ese descuido podría sentirse de golpe si Henrique Capriles resultare ganador y eso afectase este cordón umbilical. Con la responsabilidad cargará también su partido, cuyo nombre casualmente repite el de aquel que años antes fundaron jóvenes comunistas venezolanos decepcionados con el totalitarismo soviético y por la invasión a Checoslovaquia que ahogó en sangre un experimento socialista con rostro humano en 1968. Entre esos jóvenes estaban Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez y muchos otros que quemaron en la calle sus credenciales comunistas y fundaron el Movimiento al Socialismo (MAS) y que ahora están contra Chávez.
Tienen razón las autoridades al preocuparse por el voto de los venezolanos. Si hubiesen sido precavidas, esa preocupación debía haberse manifestaso hace seis años intensificando la exploración y producción de petróleo y de biocombustibles. Se trata de una observación en retrospectiva, claro, pero las decisiones o indecisiones se miden en el tiempo, que se encarga de demostrar si fueron acertadas.
Capriles ha dicho que revisará todos los convenios de cooperación de Venezuela con los gobiernos amigos del presidente candidato Hugo Chávez. El primero en la lista es Cuba, que recibe unos 100.000 barriles diarios de petróleo que pagan, en parte, el trabajo de más de 30.000 médicos cubanos desplazados a los barrios pobres venezolanos bajo las misiones del programa “Barrio Adentro”. Es un quid pro quo que alivia necesidades asistenciales venezolanas y garantiza un desahogo profesional a los médicos cubanos. Segundo en la lista figura Bolivia. Incluso si el presidente candidato ganase, no creo que los acuerdos que sustentan sus programas en países bolivarianos se mantengan como hasta ahora. En cualquier caso, habrá cambios. Por eso para los bolivianos es importante la decisión del votante de aquel país.

La carta de Enrique Krauze

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Hace una semana, el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze (El Poder y el delirio; Ideas y Poder en América Latina) escribió una carta “a un chavista”, una manera genérica de abordar un mensaje para todos los venezolanos. Con su autoridad universal, especialmente sentida en América Latina, y un perceptible equilibrio, la voz de Krauze es una de las más respetadas en la región. Las ideas que expresa en la misiva pueden aplicarse a otros países como Bolivia, cuyo presidente está cuadrado con las del presidente Chávez que este domingo intenta ser reelecto otra vez. La carta fue publicada en el diario caraqueño El Nacional, que me permito reproducir por su extraordinario valor que trasciende fronteras.
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“Le parecerá extraño que me dirija a usted. Se preguntará ¿qué tiene que decirnos un escritor mexicano a nosotros los venezolanos y en particular a los chavistas?
Verá usted. Me importa y preocupa el destino de Venezuela porque creo que los países de la América Hispana formamos parte de una patria mayor que nuestras patrias y que por ello nuestros destinos están unidos. Por eso dediqué un año al estudio de la historia y la vida de Venezuela, yo publiqué el libro El poder y el delirio.
Yo no soy un enemigo de Hugo Chávez. Soy un crítico de Hugo Chávez, que es muy distinto. Yo le reconozco su vocación social. Por eso estableció las misiones: para proveer de educación, salud, alimentos y otros bienes y servicios a los más necesitados. Pero así como no le escatimo esa vocación, creo ver con claridad las limitaciones y vicios de su estilo personal de gobernar y los enormes problemas que ha propiciado su larga permanencia en el poder.
Esa permanencia es ya un obstáculo para el desarrollo sano de su país. Una frase sabia, acuñada por el historiador inglés Lord Acton, resume siglos de experiencia: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La historia del siglo XX demuestra con creces hasta qué punto tenía razón: los autócratas que prometieron el cielo en la tierra y terminaron por traer a sus pueblos hambre, desolación, pobreza y muerte. En consecuencia, la mayor prioridad de una autentica democracia es poner límites al poder absoluto. Y Venezuela está ahora mismo frente a esa necesidad histórica: debe poner límites al poder absoluto.
No es necesario eternizarse en el poder para desplegar una obra social perdurable. En México, el presidente Lázaro Cárdenas es recordado aún por el pueblo con agradecimiento, pero Cárdenas gobernó seis años (1934-1940) y ni un minuto más. Una nación no puede confiar indefinidamente su destino en manos de un hombre. Y una nación no debe confiar en la palabra de un gobernante como si fuera la palabra de Dios.
Porque el hecho es que detrás de los interminables discursos del Presidente, detrás de las infinitas apariciones en la televisión, se oculta una verdad que los chavistas descubrirán alguna vez, con inmenso pesar. Me refiero, por ejemplo, al increíble dispendio de los casi 700.000 millones de dólares que han entrado a las arcas de la empresa estatal de petróleo Pdvsa (que llegó a ser un ejemplo de modernización). Aunque el presidente Chávez ha enmascarado con el velo de su discurso la corrupción de la élite política y militar que le es adepta, el país atraviesa por una grave crisis: los niveles de inflación son los más altos del continente; hay –usted lo sabe- una aguda carestía de alimentos básicos, electricidad, cemento y otros insumos primarios (como resultado de las masivas expropiaciones de las empresas privadas, y la ineficacia y corrupción de los nuevos administradores públicos). Y, para colmo, la criminalidad es la más alta del continente.
Venezuela tiene hoy la alternativa de votar por un proyecto distinto, el de Henrique Capriles, joven valeroso, sensible, responsable, conciliador y visionario. Sus propuestas buscan recobrar la sensatez económica y ha prometido que respetará y mejorará las conquistas sociales, y no afectará sueldos y prestaciones de los empleados gubernamentales. Le sugiero a usted, respetuosamente, considerarlo.
Las llagas de Venezuela son inmensas, pero acaso la llaga mayor no sea ni social o económica sino moral. Me refiero a la discordia dentro de las familias venezolanas y a la discordia dentro de esa gran familia que es Venezuela, es natural que las personas sostengan opiniones distintas, pero esas opiniones –por más diversas y aun opuestas que sean- son sólo eso, y no tienen por qué convertir a las personas en enemigos. El presidente Chávez y sus voceros ven el mundo dividido entre “enemigos y amigos”, lo cual es sumamente injusto, degradante y peligroso, porque en la historia los enemigos no dialogan entre sí; los enemigos, finalmente, se matan.
En este sentido, los insultos racistas que Chávez ha vertido sobre Capriles han sido infames. Llamarle “nazi” a un hombre cuyos bisabuelos fueron exterminados por los nazis es una barbarie que va más allá de los adjetivos. Los venezolanos son muy sensibles, felizmente, a la memoria de los mayores. Por eso usted no puede apoyar semejante vileza. Nada tiene Capriles Radonski que avergonzarse de sus ancestros.
Por lo demás, ya que Chávez se percibe a sí mismo como un redentor y ha llegado a invocar al propio Cristo en sus campañas, estoy seguro de que a usted no se le escapa la devoción de Capriles por la Virgen del Valle, patrona de la isla de Margarita, devoción compartida por millones de sus compatriotas. El fervor de Capriles no es calculado ni político. Es un fervor íntimo y sincero. Por eso conmueve a quienes lo abrazan en los pueblos.
Los hombres tenemos grabada en el alma la libertad. Ni aún queriéndolo podemos renunciar a ella. Y entre todas las libertades, la fundamental es la libertad de conciencia. Una persona no puede acallar su propia conciencia y no puede permitir que el poder intente gobernarla. Yo espero que usted ejerza su libertad el próximo 7 de octubre y vote por una Venezuela libre de odios ideológicos, una Venezuela que recobre la concordia, la tolerancia y la paz”.