Capitalismo

La gateadora

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Los precios de casi todas las materias primas y productos agrícolas  declinaron a lo largo del año que acaba de irse. Este lento descenso ha sido eclipsado por el derrumbe estrepitoso del petróleo y sus consecuencias económicas y políticas más inmediatas, pero su amenaza sobre naciones como la nuestra puede ser mayor que la que nadie querría imaginar. Ese avance puede poner a prueba la creencia de que las reservas monetarias del país son garantía en los tiempos de vacas flacas a los que se ha ingresado.

Están acosados los 15.000 y pico millones de dólares de los que se ufanan las autoridades. Una porción está en oro, cuya cotización ha bajado en un 40%  la semana que pasó respecto a un año atrás. El euro, parte de la canasta de divisas del Banco Central, declina frente al dólar, que se yergue poderoso con la economía expansiva del mayor país capitalista.  Al cuadro se agrega el declive de las remesas de bolivianos en Europa, que se encogen al igual que el valor de la moneda europea o que deben retornar al país porque no hay más trabajo.

Soya y granos en general no están más en los niveles de hace dos años, cuando el júbilo de los productores ensordecía. Los minerales también retroceden y los productores procuran subsidios del Estado.

Con Cuba y Estados Unidos en pleno deshielo, y Rusia empantanada en su condición petro-exportadora, están cada vez más solos  los que creen que el capitalismo está por morir.

Nadie ha arriesgado decir oficialmente cuánto Bolivia dejaría de percibir en el nuevo ciclo  petrolero. El presidente dijo que la  nueva tendencia sólo “salpicaría” a Bolivia, el Ministro de Finanzas aseguró que los ingresos menores serían compensados con los combustibles importados más baratos, pero sin ofrecer cifras para corroborar la afirmación,  y el vicepresidente dijo que desde julio o agosto la merma estaría entre 40 millones y 60 millones de dólares. Si decía que eso sería mensual, se habría aproximado a la realidad.

El ex prefecto de Santa Cruz Rolando Aróstegui compara el panorama con el que ofrece un fenómeno de la temporada lluviosa que en el Beni se lo conoce como “la gateadora”. Las aguas sobrepasan sus contenciones naturales y avanzan desde todas las direcciones a ritmo lento, persistente y avasallador, dice Aróstegui, y sus efectos resultan calamitosos si las comunidades por las que avanzan no se unen  para crear defensas. Eso incluye reconocer errores, subsanarlos,  resolver disputas y sanear agravios en aras de un bien mayor: evitar que “la gateadora” destruya todo.

Cerrar los ojos

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Uno de los más recientes vaticinios en Bolivia sobre la muerte inminente del capitalismo ha venido de Cochabamba hace pocos días, en una declaración de la Federación Sindical Mundial, pronta a cumplir 60 años, y la Central Obrera Boliviana.   Con la adhesión del gobierno boliviano, las dos organizaciones realizaron un encuentro y su documento final  (tesis antiimperialista, lo llaman) resume en una decena de páginas el pensamiento de sus líderes. La declaración abre con frases de Hugo Chávez y Evo Morales, identificados con el vaticinio de la muerte inminente del sistema imperante en casi todo el mundo, de China a Venezuela, pasando por Bolivia y en camino a re-emerger en Cuba.

El documento asegura que el capitalismo está en crisis “como nunca antes” y  que, como resultado, existe un desasosiego mundial. Asigna a los sindicatos la tarea de revivir el socialismo que expiró tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, y el consiguiente desplome de la entonces Unión Soviética. Es decir, encomienda a los sindicatos la tarea “urgente y necesaria” de hacer lo que Rusia y todos sus satélites no pudieron a lo largo de gran parte del siglo pasado. Ese socialismo debe ser construido, dice el documento, libre de “los retrasos y debilidades que tenía el primer esfuerzo de su  implementación”.  No detalla esas debilidades ni retrasos (¿?), pero es sensato creer que también se refiere al fracaso de la economía centralizada y la quiebra generalizada de las empresas del estado, a los campos gigantes de concentración y de tortura, y al  cierre de todos los  horizontes de libertad en las sociedades donde se instaló.  Contradictoriamente, ese es el modelo, ya muerto y enterrado sin pesar ni condolencias, que aquellas federaciones de sindicatos quieren revivir. ¿Será?

Es posible suponer que los redactores y firmantes del documento procuraron ignorar que en Cuba acaba de ser aprobada una nueva ley de inversión que destaca que gozan de plenas garantías y no podrán ser expropiadas las inversiones extranjeras asentadas o que se asienten en la isla. Es dudoso pensar que esas inversiones vayan a ser guiadas, en su esencia, prescindiendo de los principios que rigen al capital.  Claro, la ley vale para los capitales privados externos. Dentro de Cuba no los hay.

Hay una tendencia a esconder la cabeza ante la realidad. En un seminario reciente en La Habana se afirmó sin rubor que las “bolsas de valores y la ‘economía real’ están estancadas y sin capacidad de generar ganancias”.  Justo en esos días, la bolsa de valores de Nueva York había roto todos sus récords y superaba los 17.000 puntos, más del doble del volumen que registraba seis años antes. De igual manera, la economía de Estados Unidos registraba uno de sus niveles de desempleo más bajos, con 6,1% de su fuerza laboral.

Jean Francois Revel, el pensador francés más crítico del comunismo real, el que el mundo efectivamente vivió,  decía en una entrevista: “Las políticas liberales se extienden en todo el mundo y, al mismo tiempo, en el plano ideológico, la insurrección contra el liberalismo se hace muy intensa. Se puede encontrar en un sistema liberal toda suerte de defectos, de injusticias, de desigualdades, justamente porque no parte de una construcción ideológica sino de un manejo de la realidad, que es siempre compleja. Las ideologías, como elaboraciones teóricas, son perfectas. La realidad nunca lo es.”

Agregaba: “Son las sociedades liberales las que establecieron los grandes sistemas sociales. A ellas pertenecen la seguridad social, los subsidios familiares, las indemnizaciones por desempleo y otras prestaciones substanciales.”

Algunos sindicalistas y políticos se empeñan en buscar el socialismo que dejó de existir y cuya muerte se niegan a admitir.  En una reunión hemisférica, el entonces presidente de Costa Rica, Oscar Arias, recordó a los mandatarios de la región, incluidos los de Bolivia y Venezuela, que cualquiera que pasase por las universidades públicas del continente pensaría que muchos no se han enterado aún de la caída del Muro de Berlín. Nadie  lo contradijo. En noviembre serán 25 años de ese colapso, pero sus deudos cierran los ojos y pretenden que no sucedió.

Ahí viene África

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Sin las estridencias contra imperios presentes o pasados, África empieza a ganar la atención de los inversionistas y estudiosos de fenómenos económicos. Con mil millones de habitantes y un millar de lenguas, el que parecía un continente perdido y sin futuro en pocos años podrá albergar a siete de las economías con mayor crecimiento económico del mundo. El Fondo Monetario Internacional pronostica que Etiopía, Mozambique, Tanzania, Congo, Ghana, Zambia y Nigeria tendrán un crecimiento superior al 6% anual hasta 2015. Esto significa doblar el producto interno bruto (suma de la riqueza producida por un país durante un año) en una década.

Mientras en otras partes del mundo se incita a dar muerte al capitalismo (sin especificar cómo) y se ahuyenta a la inversión extranjera, África no muestra complejos en abrazar a los capitales externos. Las inversiones directas dieron un salto el año pasado y se sumaron a la ola de entusiasmo por las materias primas, especialmente petróleo y minerales en una bonanza que se espera que se prolongue a lo largo de la década en curso.

Mediterránea, cercada por ocho países, extendida sobre 753.000 Km2 y 13 millones de habitantes, Zambia no abjuró de las tradiciones liberales sembradas por los ingleses (de aquel imperio que los Incas derrotaron) y el año pasado las inversiones directas casi doblaron las obtenidas en el período precedente, en una tendencia que luce sostenida.

El crecimiento de la economía sonríe incluso al Congo, donde Ché Guevara intentó sin éxito desarrollar una guerra de guerrillas en los años de 1960 antes de venir a Bolivia para sucumbir derrotado por las armas bolivianas. Su economía creció el año pasado en un 6,5% (7,2% el año anterior). Los porcentajes de Bolivia en esos mismos años fueron 4,1 y 5,1.

A pesar de que su país es considerado entre los más corruptos del mundo, los nigerianos tienen razones similares para sonreír. Nigeria creció 6,9% el año pasado tras un 8,7% el año precedente y 7% en 2009. Y la democracia empieza a echar raíces sólidas incluso en Somalia, considera hasta hace poco como un estado fallido.

Todo esto no ocurre por azar. Junto a cientos de empresas inglesas, francesas, portuguesas, italianas, alemanas, brasileñas, chinas y coreanas, unas 600 compañías estadounidenses tienen inversiones sólo en África del Sur, todas involucradas no sólo en la explotación y procesamiento de materias primas sino especialmente en manufacturas exportables. Los sudafricanos ya militan en el club exclusivo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Es extensa la lista de empresas en marcha hacia el continente cuna de la humanidad, convertido en la nueva frontera del desarrollo económico.

Cuando hace unas semanas llegó a África la Secretaria de Estado Hilary Clinton la sorpresa fue que su viaje no obedecía a razones humanitarias ni a atender desastres causados por guerras intestinas. La funcionaria buscaba promover negocios entre Estados Unidos y naciones africanas dispuestas a compartir destinos comunes bajo el paraguas del capitalismo tan detestado en otros lugares. Los propios africanos están invirtiendo, en una carrera inversionista que lideran África del Sur, Kenia y Nigeria dentro del continente.

Si la tendencia se mantiene –no hay razones que por ahora indiquen que habrá de cambiar- pronto pueden surgir en África los “tigres africanos”. El ritmo de crecimiento de ese continente es equiparable al que tuvieron los “tigres asiáticos” en las décadas de 1980 y 1990 antes de ingresar al club de las naciones ricas y desarrolladas. La carrera se volverá más competitiva y ganarán los que se incorporen a ella sin complejos ni nostalgias atávicas por un pasado dudosamente idílico.