Brasil

Círculo consolidado

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Repetición con ajustes en el texto original.

Jair Messías Bolsonaro tomó el timón de Brasil con mensajes que remarcan el cambio experimentado en su país. Las cancillerías de todo el mundo estuvieron atentas este 1 de enero a las señales que vinieron desde el planalto brasileño, donde el nuevo presidente, sin grandes estridencias, dejó claro que ahora su país marcha sobre una ruta distinta de la que durante tres lustros siguieron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff y que sus vecinos, en especial Bolivia y Venezuela, deben tomar debida nota del cambio de dirección.  

Es posible que Bolivia hubiese percibido que con Bolsonaro, las relaciones con el vecino gigante no serán las mismas que con los gobernantes brasileños que lo precedieron este siglo. Si las expresiones faciales hablan, las del presidente Evo Morales y del canciller Diego Pari que lo acompañaba dijeron mucho. Vistos en las imágenes que transmitía la Red Globo, que encabezaba las emisiones para todo Brasil,, ambos lucían expresiones adustas, como de quienes muy poco agradable tenían para comentar. De hecho, ambos retornaron a Bolivia apenas acabaron las ceremonias de posesión.

Bolsonaro, en la primera de sus alocuciones, proclamó que Brasil no se dejará conducir por ¨ideologías nefastas¨ que lo dividan y describió la jornada de su posesión como ¨el día en que el pueblo empezó a liberarse del socialismo, de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de lo políticamente correcto¨.

Con Bolsonaro se inaugura lo que empieza a configurarse como ¨el fin del compasionismo¨ en la política exterior y el comienzo de una realidad sustentada en valores prácticos exentos de las ideologías de izquierda que hasta ahora la caracterizaban.  Al declararse contrario al ¨gigantismo estatal¨, Bolsonaro marcó diferencias con países empeñados en grandes corporaciones del Estado que ayudan a dar empleo a legiones de burócratas de los partidos de gobierno, con frecuencia a costa de fuertes pérdidas que sacrifican inversiones productivas y aumentan los desequilibrios en las cuentas públicas.

El presidente Evo Morales, el único mandatario de la Izquierda del Siglo XXI presente en Brasilia, no debe haberse sentido cómodo con los discursos de un abierto anti-izquierdismo de su anfitrión, a quien saludó con un rostro grave que parecía inconmovible. Lo acompañaba con expresión aún más adusta su canciller Diego Pari, quien descollaba con un típico  sombrero negro y el cabello peinado con una enorme cola que le colgaba hasta media espalda.  

Contrastaba  con los líderes bolivianos, sentados en segunda fila, la comodidad alegre de líderes como el chileno Sebastián Piñera (en primera fila), quien tuvo un saludo de viejos amigos con el nuevo mandatario, de abrazos y palmadas en la espalda seguidas de fotografías. No se vio al mandatario boliviano tomarse una fotografía con el nuevo líder brasileño, como lo hizo la mayoría de los dignatarios asistentes. En el lenguaje de las cancillerías, eso podría decir mucho. El líder nacional carecía de interlocutores como en años pasados.

Piñera anunció que se reuniría con su anfitrión en las horas siguientes y que un acuerdo inminente sería una visita de Bolsonaro a Chile.

La posesión de Bolsonaro fue una muestra elocuente del cambio de orientación de la brújula mundial, con un predominio de representantes de corrientes adversas al Socialismo del Siglo XXI que abrazan los líderes gobernantes de Bolivia. Con la instalación de Bolsonaro, y sin Michelle Bachelet ni Maduro ni Daniel Ortega ( los dos últimos fueron ¨desinvitados¨ para las ceremonias, al igual que el cubano Miguel Díaz- Canel ), el círculo politico e ideológico que rodea a Bolivia ha quedado consolidado. En la posesión de Bolsonaro, el presidente Morales era un líder solitario.

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Con Bolsonaro al lado

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A partir de este domingo puede quedar consolidada una perspectiva que  hasta no hace mucho  ningún gobierno quería tomar en serio. Que a la cabeza de Brasil llegue a imponerse un presidente decididamente de derecha, parecía una fantasia estrafalaria a la que ningún estudioso asignaba seriedad. Con todas las encuestas con más de una decena de puntos porcentuales a su favor frente a la cifras de Fernando Haddad, del PT, la inminencia de la victoria de Jair Bolsonaro ha tenido estas horas a las cancillerías de la región con la respiración contenida.

El Brasil que todos los líderes politicos conocieron parece ahora encaminado raudo hacia nuevos rumbos. Los gobiernos que antagonizan con las líneas de Bolsonaro estarían por buen camino si se mantienen bajo un silencio discreto. Es ostensible la antipatía de Bolsonaro hacia el régimen de Nicolás Maduro, en los últimos meses agravada por un flujo masivo de emigrantes venezolanos que abandonan de su país empujados por las falencias del régimen marca Socialismo Siglo XXI en que está embarcada la patria de Simón Bolívar.

Maduro ha evitado agriar más el relacionamiento bilateral, aún más tenso desde que hace dos meses Brasil envió miles de soldados para resguardar la frontera, sobre el estado de Roraima donde acampa el grueso de los emigrantes.

Con una geografía que ocupa casi la mitad de toda América del Sur y a cargo de la octava economía más grande del mundo, nadie discute el impacto de los rumbos del gigante latinoamericano sobre el continente. Como comparación, México es la décima quinta economía y Argentina la número 53.

Para Bolivia, las relaciones comerciales con Brasil son especialmente sensibles por el gas natural, sustento básico de la economía nacional.  En el diseño original, cuando se discutía la construcción del gasoducto entre  los dos países, Bolivia iba a proporcionar energía no solo para Sao Paulo, el nervio industrial brasileño, sino para otras regiones fuertes de la economía brasileña.

En los diseños que los estudiosos de la geopolítica, Brasil sería un nexo estratégico para acelerar el desarrollo económico e industrial de Bolivia. Tras la modificación de los términos de los contratos con la nacionalización de los campos bolivianos, el interés brasileño declinó y desaparecieron del escenario planes para plantas termoeléctricas, complejos petroquímicos y de fertilizantes para las necesidades del vecino boliviano.

Ganar hoy la elección en esta segunda vuelta puede ser la parte fácil. Lo difícil vendría a partir del día siguiente o en el momento en que, al mando de su país, Bolsonaro tuviere que tomar decisiones capaces de exhibir su carácter temperamental. Muchos analistas lo ven como un ¨Trump tropical¨, con el que sus vecinos, especialmente los que no comulgan con sus ideas, deberán tener el máximo cuidado. Al igual que su colega del norte, Bolsonaro ha tenido expresiones deprecatorias para la mujer.

Con un esmirriado crecimiento económico del 1% de su PIB tras dos años de recesión (-3,5  en 2015, y un retroceso similar en 2016), los economistas esperan una recuperación más firme de la economía brasileña a partir de 2019.

En la decisión de este domingo, en gran parte del electorado estará presente la violencia causante de más de 60.000 muertes por año. No menos importante será el desempleo, que tiene a cerca del 13% de la fuerza laboral sin trabajo. En ambos frentes, el nuevo presidente tendrá dos de sus principales desafíos.

Católicos en su mayoría a pesar de los avances de confesiones evangélicas y de sectas protestantes, para muchos estará presente la fé religiosa al momento de votar. No por nada, suelen jactarse de que ¨Deus é brasileiro¨.

Quiebra de Unasur en medios bolivianos

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El abandono de seis naciones del bloque regional UNASUR anunciado la noche del viernes puede representar una clase didáctica sobre el manejo informativo que suele darse en Bolivia y generar discusiones en las facultades nacionales de comunicación y en sus áreas de periodismo, escrito y audiovisual.

No es cualquier día que la mitad  de los asociados en un organismo continental agarra el sombrero y se va diciendo que volverá solo si la otra mitad, territorialmente un décimo del conjunto, se comporta de manera diferente. Esto ocurrió a solo una semana de que Bolivia tomara el mando en el organismo, cuando el canciller Fernando Huanacuni no acababa de calendar el sillón. Por la importancia de la decisión, que representaba un grave revés para la política externa boliviana, uno podía esperar una volumen informativo abundante de los medios bolivianos. Pero en las primeras horas de la noche del viernes, la mayoría eludió abordar la cuestión de frente, otros trajeron informaciones parciales o sesgadas, algunos la ignoraron como si no hubiese ocurrido y solo uno que otro habló de la cuestión o de sus consecuencias.  Al tercer día, el domingo, la noticia había desaparecido, salvo excepciones notables. ¿Ha estado el público boliviano bien informado sobre un tema que cuestiona la solidez de la política exterior de su gobierno?

Al fundarse a principios de siglo, UNASUR fue saludada como una OEA estrictamente Sudamericana. Causó recelos de México, pues la geografía lo excluía, y alborozo en Brasil, que encabezaba la iniciativa en un organismo continental sin la presencia estadounidense y la exclusion de los mexicanos.  Geopolíticamente, el cielo era el límite.

UNASUR Se estrenó con un espaldarazo al presidente Evo Morales, en 2008, con una misión para informar sobre los sucesos que conmovieron a Pando, en 2008. Encomendó el trabajo al abogado argentino y ex militante del Ejército Popular del Pueblo (ERP) Rodolfo Mattarollo, quien concluyó echando toda la culpa a los contrarios al gobierno nacional, con un documento tan redactado a su medida que fue durante años citado en la propaganda oficial.

La mayoría de los que leían las versiones electrónicas informativas la noche del viernes 20 de abril debe haber quedado perpleja, sin entender mucho lo que realmente había ocurrido. Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Argentina y Colombia, cuya superficie cubre el 90% de todo el territorio de UNASUR, enviaban una carta al canciller Fernando Huanacuni anunciándole que dejarían de participar de la organización temporalmente, hasta que se resuelvan algunos entuertos que, de manera privada, otros habían atribuído a la naciente gestión del canciller boliviano. Entre esos entuertos figuraba la elección del Secretario General de UNASUR, hasta principios de 2017 a cargo del colombiano Ernesto Samper.

Lucía cuando menos como un despropósito ante la nueva autoridad y su país. En el fondo, parecían estar las divergencias políticas e ideológicas del presidente Morales con los socios mayores en la empresa regional, que las primeras versiones digitales de los medios nacionales no mencionaban.

Anunciaba La Razón: ¨Bolivia niega abandono de países de Unasur y convoca a una reunión para designar a nuevo secretario¨. El titular era, cuando menos, confuso. No se puede negar una decisión documentada (la carta suscrita por seis países) y, a partir de tal negativa, suponer que nada ha ocurrido.   Además, no dejaba claro si  Bolivia decía que era incorrecto sostener que los seis países estuviesen abandonando el grupo porque suponía que el abandono era temporal. Parecía surealista como una escena de Cantinflas. Como decir ¨se va pero se queda¨. El anuncio de convocatoria a reunión para mayo aumentó la confusión. ¿Se puede convocar a una reunión cuando la mitad de los socios se ha alejado? Lo normal sería traer de vuelta a los socios y luego anunciar la convocatoria.

Página Siete fue el más acertado: ¨Seis países deciden dejar la Unasur. La decisión se conoce días después de que Bolivia asumiera la presidencia pro témpore del bloque regional¨.

Los Tiempos anunció:  ¨Bolivia ignora intenciones de países de dejar Unasur y prevé reunión en mayo¨. Creo que la idea es que Bolivia no asignaba relevancia a la decisión anunciada en la carta de los seis países y que convocaba a reunirse a todo el bloque. Era un ¨se le mete nomás¨ actualizado.

El Día estuvo mejor:  ¨Unasur agoniza, seis países la abandonan¨. Un subtítulo agregaba: ¨Tensión. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú dicen que el organismo está a la deriva¨.

El Deber no estuvo inspirado y tituló: ¨Bolivia niega la salida de seis países de Unasur y convoca a una reunión¨. El subtítulo tampoco despeja la niebla: ¨El canciller Fernando Huanacuni explica que los seis países que le enviaron una carta no abandonan Unasur sino que dejarán de participar en las reuniones hasta que se elija un secretario general¨. (El lunes, sería el primer diario en editorializar sobre el tema.)

La versión de la agencia gubernamental ABI intentó tapar el sol con un dedo: Quito, 20 abr (ABI) .- Bolivia aclaró que seis países de la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR) comunicaron el viernes a la Presidencia pro Témpore su decisión de declinar temporalmente sus participaciones en las instancias del bloque hasta en tanto no se designe al Secretario General, acéfalo hace más de un año y que, por lo tanto, no se trata de un rompimiento. La acefalía pudo haber sido cubierta bajo el mandato del colombiano Samper, pero al nombramiento de su candidato -el argentino José Octavio Bordón, embajador de su país en Chile- se opusieron Bolivia y Venezuela, porque no era ex presidente ni ex canciller, como dijeron que estipulaban las normas.

Diarios vecinos de Bolivia hablaron directo. ¨Perú y otros cinco países dejan la Unasur por tiempo indefinido¨, tituló El Comercio, de Lima, y subtituló: ¨Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y el Perú suspenderán su participación diplomática y económica en el bloque por discrepancias con la presidencia pro témpore de Bolivia¨

Perfil, de Argentina, reseñó: ¨Unasur, que atravesaba una situación de virtual parálisis desde hace más de un año, sufrió este viernes un golpe que la deja en peligro de disolución con el anuncio de seis países, entre ellos Argentina, de que abandonarán el bloque hasta que se garantice “el funcionamiento adecuado” de la organización.

La agencia de Noticias Fides encontró un filón informativo y pidió opiniones de dos internacionalistas – el ex embajador en Brasil Gonzalo Montenegro, y la profesora de Relaciones Internacionales y también ex diplomática Karen Longaric. Para ambos el blanco es un alerta roja dirigido a Bolivia (Montenegro) y hacia Venezuela (Longaric), respectivamente, por el trepidante rumbo electoral boliviano y por la consagración de la dictadura venezolana.

La diplomacia en el largo plazo

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La revista dominical Doble Click, de Los Tiempos, trajo este domingo una nota que los historiadores y comentaristas no dudarán en subrayar su importancia. La reproduzco aquí con autorización del autor.

Walter Auad Sotomayor

Escritor e historiador

Las versiones históricas siempre están cambiando. Eso puede deberse al distanciamiento temporal, al descubrimiento de nuevas fuentes e incluso al surgimiento de nuevas herramientas de análisis. Ese inevitable “revisionismo histórico” muchas veces fue percibido como algo negativo, tal vez porque uno de sus efectos, además de acabar con algunas certezas, haya sido abrir debates para cuestionar corrientes dominantes de opinión.

Pueblos tan diferentes como los incas y los chinos, para iniciar una nueva dinastía se preocupaban en borrar o denigrar el pasado y comenzar una nueva versión, aún cuando se trataba, en el caso de los incas, de historia oral. Hoy en día, denigrar al gobierno anterior es parte de las estrategias políticas en todo el mundo.

El nacionalismo revolucionario, al empeñarse en la tarea de la reconstrucción del Estado frente a lo que consideraba una inaceptable usurpación de papeles por parte de los barones del estaño, se ensañó contra “la Rosca”, la élite intelectual y política que había ejercido un rol predominante hasta entonces.

En ese empeño destacó el trabajo de  Augusto Céspedes, que escribió relatos apasionados sobre la guerra y la posguerra en los que embistió contra todos los que habían servido a gobiernos de la Rosca. Esa perspectiva de Céspedes tal vez se justificara en su momento, como parte de un proceso de cambio. Se trataba, principalmente de un cambio de mentalidad.

Pero a veces fue excesivo. El mismo Céspedes trató de forma muy áspera al diplomático y político Alberto Ostria Gutiérrez, que había sido parte de una generación que además de participar en las negociaciones de la paz del Chaco estaba comprometida en la estrategia de sacar a Bolivia de su aislamiento internacional. La constatación de que Bolivia no había buscado relaciones más estrechas con los países vecinos fundamentó la misión de Ostria Gutiérrez en Brasil entre 1936 y 1939.

El diplomático había estudiado derecho en la década de 1920 en Río de Janeiro, al margen de su labor como secretario de la embajada de Bolivia, y era sin duda, el hombre ideal para la tarea. Conocía el país, tenía amigos influyentes y había acumulado experiencia en sus misiones diplomáticas anteriores en Madrid  y Lima.

El resultado de su misión fue un tratado con Brasil que vinculaba la venta de petróleo boliviano a la construcción del ferrocarril Corumbá Santa Cruz. Pero sus instrucciones, incluían un tema delicado, que trató directamente con el presidente Getulio Vargas. Se trataba de conseguir una declaración formal del gobierno brasileño de compromiso con la integridad territorial de Bolivia.

El presidente Busch sabía muy bien que eso era muy importante y percibía esa vulnerabilidad cuando aun no habían concluido las negociaciones de la paz del Chaco. En su gabinete, los jefes militares defendían el reinicio de la guerra, pese al desastre causado por la guerra en la economía nacional, al hecho de que 25.000 bolivianos estaban prisioneros en Paraguay y más de 70.000 habían caído en las arenas del Sudeste.

Robert Brockmann, en “Dos disparos al amanecer. Vida y muerte de Germán Busch”, registra que pese a que la situación no era favorable para un reinicio de la guerra, el imaginario boliviano pasó a creer hasta hoy que habían condiciones para una rápida victoria y a la ocupación del territorio perdido durante tres años de enfrentamiento bélico.

La literatura de la guerra no ha conseguido librar al país de algunos mitos como ese, pero es necesario reconocer, 80 años después, la labor de los diplomáticos que trabajaron por la paz y el fin del aislamiento boliviano. Otros gobiernos iniciarían después la necesaria integración con las tierras bajas como parte de la construcción de una nueva conciencia nacional.

La política interna con frecuencia se orienta por objetivos de corto plazo, mientras que acciones de política exterior tienen efectos de más larga duración, como el tratado firmado por Ostria. Fue difícil aplicarlo en lo relativo a la venta de petróleo, pues además de las respectivas coyunturas políticas brasileñas y bolivianas, opuestas a esa venta, se descubrió más tarde que la producción nacional no generaba grandes excedentes exportables. También se constató que petroleros de gran calado no tendrían condiciones de llegar al puerto sobre el Río Paraguay por el que se luchó en el Chaco.

En la práctica Bolivia exportó a Brasil gas natural sólo 60 años después de firmado el compromiso inicial, y aunque la ferrovía demoró en construirse de 1939 hasta 1955, logró acercar a los dos pueblos, como lo había buscado el denigrado diplomático.

 

El autor publicó en 2013 “Relaciones Brasil-Bolivia, la definición de las fronteras” (Plural) y actualmente escribe sobre la historia de esas relaciones en el siglo XX: “Relaciones Brasil-Bolivia, la construcción de vínculos”.

Lula podría asilarse en Bolivia

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El periodista e historiador Elio Gaspari, autor de una de  las obras históricas más importantes de Brasil contemporáneo, dice este fin de semana en su columna en O Globo, Rio de Janeiro (¨Lula puede evitar la prisión asilándose¨):

¿Lula irá preso? ¿Cuándo? Hay otra posibilidad. Ante una prisión inevitable y próxima, Lula entra a alguna embajada latinoamericana, se declara perseguido político y pide asilo diplomático. No hay ningún indicio de que pretenda hacerlo, pero la realidad enseña que ese camino existe.

Por el curso que toman las cosas, Lula será apresado para cumplir la pena dictada por la justicia. Está condenado a 12 años de prisión, y otros dos procesos pueden aumentar la pena.  A los 72 años, pasará algunos años en régimen cerrado antes de acceder a un régimen semiabierto.

Como es preferible llorar en el exterior que reír encarcelado en Curitiba, Lula sabe que tiene el camino del asilo diplomático. Considerándose perseguido politico, conseguiría esa protección por lo menos en dos embajadas, la de Bolivia o la de Ecuador. Pedir protección a los cubanos o a los venezolanos solo arruinaría el episodio.

Para dejar Brasil Lula necesitaría de un salvoconducto del gobierno de Michel Temer. Bastarían unas semanas de trámite y volaría apenas se enfríe el noticiero. Una vez instalado en el país que le otorgue asilo, empezaría a viajar por el mundo. Aunque le retiren el pasaporte, eso sería irrelevante.  Hasta 1976, (cuando murió en un accidente carretero, el ex presidente) Joao Goulart, asilado en Uruguay, viajaba con pasaporte paraguayo.

El asilo de Lula podría ser del agrado del gobierno, pues, preso, sería defendido por una incómoda campaña internacional. (Guardadas las proporciones, como ocurrió con el jefe comunista Juan Carlos Prestes entre 1936 y 1945).

La victimización de Lula perdería un poco de dramatismo, pero las prisiones enseñan que con el tiempo la mobilización se marchita y la soledad de la celda predomina. La conjetura tiene un inconveniente: solo podría retornar a Brasil en las alas de una amnistía.

El pintor del Tipnis

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La curiosidad de un profesor y un jalón de orejas fueron la mano del destino que llevó a José Moreno Aparicio a encontrar su pasión artística y con los años a proyectar las figuras de sus sueños infantiles convirtiéndolas en pinturas que asombran por la vivacidad de los colores y lo genuino de sus paisajes. Sin percatarse, estuvo librando durante años una lucha entre sus propias habilidades antes de encaminarse por la que se impondría y que hoy engalanan salas en Santa Cruz, México, Brasil y residencias privadas de otros países.
Con 60 años a cumplir en abril y ahora pintor consagrado, José Moreno Aparicio parece cobijado por la sombra del ave gigante, la guacamaya o la paraba rojo-azul que bate sus alas sobre una marcha de hombres de las tierras bajas como para darles protección y aventar a los enemigos del lugar. Con ese cuadro, ahora en posesión de una familia particular en Santa Cruz, Moreno Aparicio consolidó el entrelazamiento de su arte con la defensa del medio ambiente. No ha vuelto abordar el tema de la marcha de los pobladores del Tipnis, que escindió las relaciones del gobierno con los pueblos indígenas del oriente y norte de Bolivia, pero la atmósfera húmeda y ardiente de la selva permea el estilo de gran parte de sus telas.
Conversé con el pintor tras haber visto en una casa de amigos de Santa Cruz algunos de sus cuadros y visitar la exposición que presentaba hace un par de meses en la sala de Cainco (Cámara de Industria y Comercio), donde eran también destacadas las obras de otros riberalteños. (Es curiosa la vocación artística natural de los nacidos en aquella ciudad, a veces identificada con paisajes del Edén o con una extensión imaginaria del paraíso).
Macizo, bajo de estatura y luciendo una guayabera de lino celeste, José Moreno Aparicio me contó que había pintado cuanto le pidieron: techos, paredes y hasta cruces en el cementerio, donde su letra gótica fina era buscada para homenajear con elegancia a parientes, amigos o conocidos ya difuntos. A los 13 años trabajaba de albañil con su padre y hacía adobes, rellenaba paredes con barro en los tabiques y colocaba techos, en la trilla de un oficio de construcción que se mantiene inalterable por generaciones. Le trajeron tutumas para pintar, después caparazón de tortugas y por último discos de 78 rpm, que fueron el orgullo de familias que podían darse el lujo de una vitrola. Una cubierta con paisajes coloridos del disco que registraba la música favorita era una exclusividad privilegiada que ganó simpatías en el lugar y trajo alivio a los bolsillos desnutridos del naciente artista.
Aún estaba en el ciclo primario de educación cuando una vocación innata de arreglar lo arreglable lo llevó a reparar anafes de la casa que oficiaban de hornillas para cocinar y tiempo más tarde a reparar la máquina de coser en la que su madre quemaba los ojos para ganar el sustento de ocho hijos. Empeñado en darle un respiro, el joven Moreno Aparicio empezó a reparar los anafes de la casa y a manejar el hierro candente para derretir metales y soldar piezas rotas. Ahí comenzó una historia que décadas después se iba a plasmar en las pinturas vistosas y paisajes con los colores lujuriosos del vientre tropical que albergan algunas galerías y domicilios privados de muchos lugares. ¿Cómo pasó de allí a manejar los colores con destreza? Uno nunca lleva apuntes para subrayar los cambios decisivos en la ruta del destino pero Moreno Aparicio dice que todo le servía para pintar, inclusive los rizos de sus hermanas, que guardaba para hacer pinceles finos para trazados delicados.
En esa misma ruta artística apareció el trabajo en barro greda, entonces abundante en los pauros de las que eran las ¨afueras¨ de Riberalta (ahora a solo pocas cuadras de la plaza principal). Y, recuerda, se le ocurrió moldear cabezas de sus profesores. Ya tenía varias en fila al pie de una pared de la casa donde se había instalado en diagonal al edificio del colegio cuando cruzó por su destino la curiosidad de Rubén Darío Parada, declamador eximio y figura señera de la educación en Riberalta.
El espigado profesor estaba intrigado por las entradas y salidas tan frecuentes del alumno que apenas ingresaba al ciclo secundario y quería saber el motivo de sus trajines cada vez que había intermedio en las clases. Desde el piso superior del colegio, en medio de los dos grandes barrios de la ciudad, lo veía salir corriendo y una vez se dispuso a averiguar el porqué.
Recuerda el pintor que el profesor quedó sorprendido al encontrarse al pie de la pared con media docena de bustos, ente ellos el suyo, de casi todo el elenco de profesores del colegio. Acababa de develar el secreto de las salidas furtivas del estudiante. De ahí, dice el pintor, se forjó una relación sólida entre el alumno y el maestro que vincularía a ambos por el resto de sus vidas. El professor murió hace algún tiempo pero su nombre está vivo en la ciudad: evoca las grandes épocas de la educación en el noroeste boliviano.
¨El profesor Ñaño confió en mí¨, recordó, y cuando surgió un ítem para enseñar artes se lo hizo saber. Moreno Aparicio, que aún no era bachiller, postuló y a los pocos meses era nombrado maestro en su colegio. ¨Fue un salto con garrocha¨, dijo, pues de golpe ganaba en status y conseguía un sueldo mensual que lo sacaría de las apreturas financieras. Al poco tiempo se vino a Santa Cruz para estudiar bellas artes y reunirse con parte de su familia (había enviado a la capital oriental a una hermana y a su madre). Fue otro salto cualitativo.
En Santa Cruz estudió teatro bajo la dirección de Elías Serrano y forjó muchas amistades. Finalizaba la década de 1970 y ganó una beca para ir a Rio de Janeiro donde estuvo seis meses. Ahí tuvo, en su evocación, el mayor avance cualitativo de su carrera. Red Globo entrevistaba a jóvenes artistas y reparó en sus trabajos, casi todos guiados por el estilo Naif. Días después lo llamaban desde las oficinas de Roberto Marinho, el patriarca dueño de Red Globo. Le ofrecían un trabajo desafiante: revivir paisajes de Cabo Frio, la costa del Atlántico donde residía el magnate, en base a las memorias que contarían los pobladores más ancianos del lugar. Los ancianos describían el paisaje y Moreno Aparicio procuraba retratarlos. Instalado en el lugar, el pintor conoció a personalidades de las artes y del espectáculo brasileños.
De vuelta en Bolivia, con la madurez lograda en Rio, pintó con entusiasmo y se fue a La Paz con algunos de sus cuadros. Intentó exponer, pero se encontró con que abrirse camino en la capital política del país era demasiado cuesta arriba. Recuerda que le dijeron que en las salas oficiales de exposiciones ¨no había espacio para benianos¨.
Se le ocurrió ir a la Embajada de México, donde había un salón de exposiciones que en esos días hospedaría obras de algunos artistas. No tuvo suerte inmediata, pero al salir del lugar con un amigo que lo acompañaba, acomodó en la vereda los tres cuadros que había traído, cuando otro golpe del destino hizo que estacionara, a pocos pasos, un vehículo con placa diplomatica.
No lo sabía, pero era el Embajador de México, quien al ver los cuadros le preguntó qué hacía allí. En pocos minutos, Moreno Aparicio contaba con un pequeño cubículo donde expondría sus telas, gracias a la intervención de Marcelo Vargas, hijo del cantante Pedro Vargas cuya voz perpetuó ¨Vereda Tropical¨ y cientos de otras canciones. Pese al desdén de algunos funcionarios de las bellas artes nacionales, la exposición resultó no sólo en la venta de casi todos sus cuadros sino en llegar hasta México (¨nadie es profeta en su tierra¨), donde se instaló y tras coincidencias sucesivas acabó radicándose. Ahora vive, dice, entre Cuernavaca y Puerto Vallarta y cuando viene a Bolivia se queda meses, va a Riberalta y Guayaramerín, dicta clases y seminarios y se envuelve en proyectos de nuevas telas. Ahora espera desarrollar pasantías para jóvenes pintores orientales con suficiente talento como para abrirse camino. Moreno Aparicio cree ellos pueden reproducir su historia.

Tiempos de cambio

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Libre de las obstrucciones que solía representar Venezuela, ahora suspendida del Mercosur, el bloque integracionista se dispone a retomar con ímpetu el diálogo con la Unión Europea, en un proceso llamado a dinamizar el comercio entre los dos bloques en momentos de desconcierto ante el proteccionismo de la administración de Donald Trump y la salida británica de la UE. Las expresiones de afecto entre los dos bloques llevan más de 20 años pero nunca como estos días parecen tan promisorias empujadas por el sentimiento común de que es imperativo oponer el libre comercio a la tendencia aislacionista estadounidense y a la ruptura británica con el continente europeo. Una alianza entre ambos puede estar más cerca que nunca.
Representantes del núcleo fundador del mayor bloque comercial del mundo en desarrollo se reúnen estos dias en Buenos Aires para definir pasos a seguir en un encuentro con la UE el mes venidero, demostrativo de la dinámica que empiezan a adquirir las relaciones entre países de la region. Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay están reunidos en Buenos Aires para discutir la agenda de Mercosur ante el bloque europeo, inclusive fórmulas para acelerar las negociaciones agrícolas donde el proteccionismo del viejo continente es mayor.
Excluidos de los desplazamientos de la diplomacia regional parecen los países del Socialismo del Siglo XXI, atados por ideologías que les impiden sumarse a las corrientes que se mueven en el hemisferio. Venezuela dejó de contar en el bloque sudamericano desde su apartamiento bochornoso en diciembre, al expirar su presidencia semestral. Fue un resultado ¨colateral¨ de los cambios de dirección política ocurridos en Brasil y Argentina. Bolivia era candidata a ingresar al grupo de manera plena, pero ahora que la brújula ideológica del continente ha dejado de apuntar a la izquierda, es incierto si todavía tiene interés en acoplarse. Ecuador dejará de ser una incógnita el 2 de abril, con la segunda ronda electoral.
Hace pocos días, asumió el mando de la política exterior brasileña el legislador Aloysio Nunes, como substituto de José Serra, quien en pocos meses trazó nuevas líneas a la política exterior de su país, distante de las del Socialismo Siglo XXI. Nunes acentuó esas líneas y acaba de declarar que Venezuela ha desbordado la normalidad democrática y es una dictadura indisimulada. Más aún, designó como jefe de su gabinete a Eduardo Saboia.
¿Recuerdan el nombre? Vale la pena tomar nota. Fue el diplomático que hace tres años condujo al senador boliviano Roger Pinto en una travesía épica por carretera La Paz-Corumbá, tras la negativa pertinaz de la cancillería de otorgarle salvoconducto. Llevaba 14 meses refugiado en la embajada brasileña.