Bostezos

El tedio no tiene fin

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Las audiencias del Juicio del Siglo fueron reanudadas esta semana en Santa Cruz, con jueces y fiscales empeñados en alcanzar en pocos meses más la etapa de sentencias al cabo de casi una década de los sucesos sangrientos que le dieron origen.  Como en el título de la novela del novelista francés universal Marcel Proust, quienes lo conducen imprimieron al Juicio del Siglo un ritmo draconiano y ¨en busca del tiempo perdido¨ dedicaron toda la semana a la lectura de números correspondientes a llamadas telefónicas  de los acusados. Esta etapa deberá continuar todavía durante siquiera un par de meses, calculan abogados de la defensa. Entre bostezos y cabeceos somnolientos, el tedio es característica diaria del mayor juicio penal de la historia boliviana.
Los miles de páginas con números telefónicos son parte de las pruebas en las que el ex fiscal Marcelo Soza apoyó su acusación de que en Bolivia hubo una conjura separatista que, de consumarse, habría derrotado al Ejército Nacional.
Soza fugó del país y recibió asilo politico en Brasil luego de acusar a las autoridades de obligarlo a organizar la acusación de manera de incriminar a gran parte de la dirección cívica del departamento y de líderes opositores al gobierno.
Las audiencias se reanudaron el martes tras mejorar la salud del juez Sixto Fernández, quien estuvo de baja por complicaciones de su salud que lo tuvieron internado en un hospital de La Paz. El juez padece de diabetes y desde mediados de junio debió someterse a tratamientos rigurosos para restablecerse. Entre los cuatro jurados, era el único que no había sufrido problemas de salud desde que las audiencias se instalaron en Santa Cruz en enero de 2013.
La reanudación no fue tranquila. El abogado Defensor Gary Prado Araúz denunció que el ex dirigente de la Unión Juvenil Cruceñista Juan Carlos Guedes, uno de los primeros en ser detenidos después del asalto policial armado al Hotel las Américas, había tenido saqueada su celda en el Penal de Palmasola. Guedes dijo que había sido desalojado de la celda que él había reparado para volverla habitable y que las autoridades del penal ignoraron sus denuncias. ¨Me haga un poco de justicia¨, le pidió al juez al reclamar que le restituyan su celda y le devuelvan los bienes que le robaron.
El asalto a la celda del detenido y el robo de sus enseres serán denunciados a fines de semana ante un comisionado de derechos humanos de la OEA que llegaría a La Paz, dijo el abogado Prado Araúz.
En la acusación preparada por Soza, Guedes era la persona encargada del aprovisionamiento de armas para el estallido que afirmaba que iba a ocurrir en Bolivia. La única prueba de la tesis de conjura es una vieja pistola italiana vendida a Rózsa, con la que éste capitanearía la hazaña.
El expediente de llamadas leídas durante la semana tiene más de 800 páginas y, de no ocurrir incidentes, la lectura acabaría la semana próxima. Pero acabar toda la lectura de pruebas estaría aún distante varios meses, pues hasta la semana que acabó se habían leído solo 10 de 42 pruebas documentales.
La lectura monótona de números telefónicos ha acentuado el tedio que predomina en las sesiones. ¨La lectura de los números se vuelve un murmullo dentro de una rutina que insulta¨, me dijo el jueves un abogado defensor.

La prueba ciega

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Mayo ha traído algunas de las jornadas más aburridas del Juicio del Siglo, en camino a la primera década de los hechos brutales que lo originaron. En las audiencias ha imperado el tedio, con la lectura de las pruebas conspirativas que se supone yacen en los registros de llamadas desde y hacia teléfonos de los acusados.  El trámite lleva más de seis meses y el tedio abrumador ha llegado al paroxismo.

En una de las últimas audiencias, todas las partes lucían concentradas en los teléfonos celulares, en diálogos sigilosos o en las pantallas de lap-tops, tan útiles para video-juegos y películas capaces de matar el tiempo. Una que otra vez, incluso las jueces dejaban escapar sendos bostezos. Una de ellas desplomó la cabeza sobre los brazos, traicionada por la urgencia de cerrar los ojos un segundo y alejarse de la agobiante monotonía. De haber estado la sala sin luz, la única presencia perceptible habría sido la del secretario que leía mecánicamente los registros. Desde fines del año pasado ha leído 1.600 y pico hojas y le tocaría leer otras 4.000. Provoca curiosidad saber si el funcionario aparta de sus sueños esa tarea.

La lectura refiere cada número de entrada o salida y tiempo de conexión. No revela ningún contenido sobre el tema que originó la llamada. Con mucha suerte y procesos avanzados de búsqueda, ese detalle podría encontrarse en enormes servidores de las grandes empresas telefónicas. Para averiguar sobre el contenido de los intercambios, el entonces poderoso fiscal Marcelo Soza viajó a Canadá en 2013. Fue en vano. Habría sido como encontrar un gato rosado bilingüe en alguna isla de algún planeta entre trillones de galaxias.

En el supuesto negado de que hubiese conseguido detalles magnetofónicos de la inmensa maraña, ninguna comunicación en el mundo habría estado segura. Así y todo, mantuvo el listado que le dieron, bajo su demanda,  las compañías telefónicas bolivianas como pruebas en el juicio.  Ahora son una muralla para su desarrollo y asfixian la tesis de que en Santa Cruz se planeó dividir Bolivia, aterrorizarla y rendir a su ejército.

¨Es una prueba ciega¨, sintetizó Rolando Francisco Aróstegui, ex prefecto cruceño y uno de los abogados de la defensa. La prueba registra números con los que nadie podría sostener que esconden una conspiración.

Para alijerar el juicio, la acusación separó de las pruebas las lecturas de una de las empresas telefónicas.  El efecto de esa decisión es aún incierto, pero ha permitido al Fiscal General asegurar que a fines del año el proceso llegaría a la etapa de sentencias. La reacción inmediata a esa afirmación fue simple: ¿Será?