Betancourt

Más allá de Maduro

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Lo que está en juego en Venezuela va bastante más allá de la geografía y la política doméstica. Pasa por el petróleo y se amarra a las corrientes ideológicas que luchan activas desde hace más de dos siglos. Es la lucha por las riquezas naturales y su control. Y Venezuela posee las mayores reservas petrolíferfas del mundo, entre ellas la faja del Orinoco, un gigantesco cinturón que se extiende por más de 55.000  kilómetros cuadrados, algo así como el 80% del departamento de Pando o un tercio de todo Uruguay.

A los bolivianos nos tocó vivir esas luchas durante muchos años. Estábamos sometidos al yugo colonial cuando en 1545 fue descubierta la montaña argentífera de Potosí y vimos que la plata de ese cerro gigante era extraída para erigir grandeza y poder en otras naciones, encender rivalidades y alimentar discordias de las que los dueños legítimos de la montaña estaban ausentes.

Cuba, carente de grandes recursos naturales, vio a Venezuela con envidia. Fidel Castro intentó aliarse con el  líder demócrata venezolano Rómulo Betancourt, al rayar la década de 1960, pero fue desairado. Décadas más tarde, lo consiguió, a través de Hugo Chávez: Venezuela enviaba petróleo (más de 100.000 barriles diarios) y Cuba retribuía con miles de brigadas de jóvenes profesionales, médicos principalmente, que derivarían en el principal sostén económico de la isla.  Por ellos Cuba cobraba (y todavía lo hace) una porción considerable del que debía ser el sueldo de los profesionales. A éstos se sumaron pronto asesores en una gama amplia de especialidades, en particular seguridad. Estuvieron a cargo de gran parte de los sistemas de identificación de la ciudadanía e instalaron en Venezuela sistemas similares a  los que se habían instalado en Cuba para el control de las personas. Es difícil establecer, viviendo fuera de Venezuela, cuán efectivo fue el intento de convertir a ese país en un régimen policial, pero todos los informes que vienen de allí confirman la instalación de un régimen totalitario bajo el signo del Socialismo del Siglo XXI, en el que milita el gobierno boliviano. El presidente Morales ha estado firme al lado de Maduro todos estos días de crisis, a despecho de la actitud de sus vecinos mayores, especialmente Brasil y Argentina.

Pero ahora aquel sistema languidece, en gran parte debido a sus fracasos económicos, por la corrupción en las élites partidistas y por la represión. La dirigencia esclarecida de los regímenes entiende que el tiempo para ese socialismo se acabó. Venezuela es el peor ejemplo de despilfaro y enriquecimiento ilícito, en muchos casos derivado en nepotismo e incapacidad flagrantes. Infórmense de la vida dispensiosa de los jerarcas socialistas venezolanos y verán en ella una de las razones principales (tal vez la verdadera razón) por las cuales se aferran al poder, incluso la casta de militares que, el jueves, juraron lealtad a Maduro y sellaron su ruptura con las corrientes democráticas de su país. Gran parte del gabinete ministerial está formado por militares, que también dirigen las empresas del estado más rentables, entre ellas Petróleos de Venezuela (PDVSA), un tiempo considerada entre las más ricas y poderosas del mundo. ¿Quién podría sostener que ese gobierno es ¨socialista¨ y de los ¨trabajadores¨?

¿Alguien se atrevería a aproximarse a algún joven venezolano y solicitarle su voto para el partido oficial Partido Socialista Unido de Venezuela? Con cierto optimismo, pasarán décadas antes de que esas corrientes vuelvan a despertar alguna simpatía. Las presentes y futuras generaciones no  podrán olvidar que fue bajo ese signo politico que Venezuela pasó a militar entre los países más pobres del mundo, luego de haber estado en la ruta hacia el primer mundo. Culpables de este desastre también han sido las élites políticas y económicas venezolanas, incapaces de comprender que ninguna sociedad sobrevive mucho tiempo cercada de miseria y con expectativas crecientes atizadas desde los medios audiovisuales y electrónicos de comunicación.

En estos días se juega la suerte no solo de Venezuela. También el futuro de los socialismos que procuraron demostrar que ¨otro mundo es posible¨ y acabaron en el mismo socialismo del que buscaron diferenciarse. Maduro declaró anoche (viernes) que la ruptura que ordenó de las relaciones con Estados Unidos no era, en realidad, una ruptura, pues todo seguiría funcionando igual. Se trataba sin duda de un desvarío. Los venezolanos, que tienen  un agudo sentido de la realidad, le habrán dicho: ¨Chivo que se devuelve se desnuca¨.

Agonía sin fin

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La crisis integral de Venezuela parece otra vez en la etapa final. Se acaban los alimentos, no hay medicinas, la delincuencia toma las calles y hasta los caminos interprovinciales se han vuelto escenario para la delincuencia. Nadie está más seguro. Los países de la región donde jerarcas del régimen creían que encontrarían refugio se cierran con prisa. El más reciente en hacerlo ha sido Costa Rica, que decidió cerrar las puertas para el Ministro de Defensa, Padrino López, y su familia (El Nacional, 7 de febrero).  El oxígeno financiero recibido de China, Rusia e Irán es insuficiente para mantener con vida a un sistema opresivo. Las noticias que llegan de Caracas, de los llanos y de los andes venezolanos llevan a una conclusion: el final del régimen se aproxima a galope y en cualquier momento puede generalizarse el grito de sálvese quien pueda. ¿Será?

Lo mismo pueden haber pensado décadas atrás los españoles con Franco, los portugueses con Salazar, los rumanos con Ceaucescu, los rusos con Beria, Lubianka y los gulags, los propios venezolanos en tiempos de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Todos duraron eternidades. Pero ahora existe una diferencia notable: la comunicación exhibe cada día las trampas del régimen y los abusos de la Guardia Nacional, y se ha creado un estado de conciencia mundial sobre la urgencia de apartar al régimen de Nicolás Maduro y de reinstaurar el camino democrático del que Venezuela fue uno de sus campeones. Si no, que lo digan los argentinos, bolivianos, brasileños, chilenos, ecuatorianos, peruanos, ecuatorianos y centroamericanos que allí encontraron hospitalidad.

La pregunta que surge aquí en los llanos bolivianos es qué puede hacer el gobierno de este país para detener el desenlace o evitarlo: Nada, más allá de expresar simpatías obvias y emitir declaraciones altisonantes. Nadie se atrevería a asegurar que la que impera en Venezuela sea una causa con algún futuro.

Todo concurre para exhibir el ocaso del Socialismo del Siglo XXI, cuyos gobernantes ahora se enfrentan a numerosos traspiés.  La imprudencia del Presidente Morales al responder en Tupiza al reclamo de una mujer que le pedía que no olvidara su promesa de ayudar a quienes han sufrido la peor calamidad de sus vidas le pasó factura inmediata. Un par de días después, Página 7 publicaba una encuesta que le daba la mala noticia de que la aceptación de su gobierno había bajado en picada y que ahora se ubicaba en un 22%. En comparación, habría parecido gran noticia el resultado de la encuesta de Equipos Mori publicada por El Deber que le asignaba un 34%. Ya entonces el bajón mareaba pues parecía una caída libre respecto al año anterior, cuando registraba un 58%.

La a peor noticia política de estos días vino desde la mitad del mundo: en Ecuador murió la iniciativa para instituir la reelección indefinida que propugnaba Rafael Correa. La derrota proclamaba que su amigo Correa no podrá volver a candidatear. La reprobación partia de un 65% de la ciudadanía ecuatoriana, decían los primeros resultados, mientras que solo el 35% aprobaba la iniciativa reeleccionista. Era un revés adicional para Maduro, que perdía otro amigo y una advertencia para el empeño reeleccionista del presidente Morales.

Pocas veces ocurren traspiés tan sucesivos. En Argentina, Rex Tillerson hablaba con autoridades vecinas sobre la situación de Venezuela y sobre sanciones capaces de herir al todavía robusto sector petrolero, la vena yugular de Venezuela.

La crispación en la que vive la patria de Bolívar y Sucre es sentida con particular intensidad en Cuba. En los albores de la revolución cubana, Fidel Castro, urgido de recursos financieros y petróleo, intentó hace 60 años convencer al entonces líder democrático Rómulo Betancourt, de abrir las arcas venezolanas para ayudar a Cuba. Betancourt era un hombre pragmático, con fuertes lazos politicos con Víctor Paz Estenssoro, quien asumía un liderazgo por entonces indisputable en su país. El estadista venezolano le respondió que Venezuela también batallaba por su desarrollo y le urgían todos los recursos de los que podía disponer, y que el petróleo a precios preferenciales debía negociarlo con las compañías productoras que operaban en Venezuela. Volvió a La Habana con las manos vacías, y a los pocos meses desembarcaron en las playas venezolanas guerrilleros de Venezuela y Cuba. Las expediciones guerrilleras fueron derrotadas, pero décadas después, cuando asumió Hugo Chávez, Cuba relanzó el lazo que Betancourt había esquivado y amarró gran parte de su destino económico y politico a Venezuela, con hasta 100.000 barriles de petróleo subsidiado. Con el colapso de los precios hace tres años, aumento de su propia producción y acuerdos con otras naciones, Rusia en especial, la importancia del petróleo venezolano se redujo, pero quedaron decenas de miles de profesionales cubanos por los que Venezuela paga a Cuba en petróleo o al contado. Los profesionales son fuente porimaria  de ingresos para Cuba y esta fuente financiera vital sufriría si ocurriera un cambio de dirección en Caracas.

El gobierno boliviano, socio bandera del Socialismo del Siglo XXI, comparte las tribulaciones venezolanas con una posición incómoda: no puede evitar que muchos bolivianos teman que la Venezuela de estos tiempos anticipe lo que podría esperarle a Bolivia con ese mismo socialismo. Ya sufrieron carestías hace 40 años y no quisieran verlas repetidas o multiplicadas. De alguna forma, el desprestigio del regimen venezolano está en el ánimo de la población, como lo estuvo en muchos de los ecuatorianos que cerraron el paso reeleccionista de Correa. Para muchos es indiscutible que el exígeno de Maduro se agota y que, tiempo más o tiempo menos, se irá del Palacio de Miraflores. ¿A dónde?  Quizá a Rusia. Luiz Inacio Lula da Silva, ahora condenado a la cárcel por la justicia de su país, podría escoger una latitud menos remota para eludir la cárcel. El columnista y reconocido historiador Elio Gaspari especuló esta semana que Lula se vendría a Bolivia.

El fracaso de las negociaciones en República Dominicana es un pésimo augurio. Los desplantes del ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que oficiaba de mediador en las negociaciones gobierno-oposición, fueron vistos como una ruptura de su traje de imparcialidad. Se lo percibía cuadrado con el regimen al presionar a la oposición venezolana para que firmase un acuerdo que aprobaba el gobierno y que ignoraba reclamos básicos de los opositores, como amnistía y liberación de presos politicos, reconocimiento de la Asamblea Nacional elegida en 2015, libre acceso a los medios informativos del estado, y apertura de un canal humanitario para recibir alimentos y medicinas.

En actitud de escapar hacia adelante, el régimen ha convocado a elecciones presidenciales para el 22 de abril. Las especulaciones en las cancillerías tratan de acertar qué ocurrirá hasta entonces.

A solo días del anuncio electoral, Venezuela lucía como un país paria. Europa repudió la convocatoria, en un anticipo de nuevas sanciones sobre jerarcas del régimen. El Grupo de Lima, 12 naciones del hemisferio entre las que no figura Bolivia, declaró que la convocatoria anticipada imposibilitaba elecciones democráticas y este martes se disponía a considerer el caso. Habría que estar ciego y sordo para no percibir que el regimen cruje y que los marineros corren el peligro de hundirse en un naufragio estrepitoso.

Es aceptable creer que la angustia de verse sin horizontes carcome a los comandantes cuyas tropas sostienen al régimen. El que la Corte Penal Internacional (CPI) hubiese dispuesto abrir un examen preliminar sobre abusos y violaciones a los derechos humanos en Venezuela podría parecerles la apertura de un camino hacia un Nuremberg del Siglo XXI.

 

En la huella de la distopía

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La muerte de Fidel Castro ha reproducido lo que durante su vida el comandante sembró: polarización y controversia. La figura, elevada y firme durante gran parte de su vida, y en los últimos años encorvada y decadente, ha recorrido los espacios informativos de todo el mundo. Genio y figura, pocos meses antes de morir manifestó desconfianza hacia el deshielo entre Cuba y Estados Unidos, que busca superar un distanciamiento de más de medio siglo y oxigenar a la isla. Nunca dejó de afirmar que Cuba era un edén en gestación, aunque la realidad le decía que de ningún paraíso la gente escapa a montones dispuesta a sacrificar la vida en el intento. Bajo su vision, Cuba era la utopía realizada pero para gran parte de sus compatriotas ha sido una distopía real donde todo ha resultado tan insoportable que hay que escapar de la isla.
Las muerte del conductor cubano mostró la dificultad de muchos medios y comentaristas de definir al régimen. Nadie dudaría en calificar como dictadores a los generales Pinochet, Videla, Stroessner o Trujillo. Extender la definición al lider cubano, fallecido el viernes 25 de noviembre a los 90 años, ha sido difícil, peor aún subrayar las condiciones opresivas que subsisten en la isla. Fue perceptible el prejuicio cuando medios escritos bolivianos y de otras latitudes titulaban al día siguiente que ¨el mundo llora¨ la muerte del líder cubano. Nadie dudó cuando se dijo que el mundo había llorado el fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta. Atribuir ese sentimiento mundial hacia Fidel Castro fue un exabrupto ni siquiera explicable en la prisa por cerrar la edición.
¿Por qué? Una tentativa de respuesta es la resistencia del ser humano a desengañarse y aceptar que sus ilusiones se han vuelto una pesadilla. Ni siquiera los testimonios de quienes vivían esa realidad convencía a los que cerraban los ojos y seguían creyendo en la vision romántica de una revolución que entusiasmaba en sus primeros años y que acabó en una maquinaria despótica. El fanatismo enceguece, como cuando un articulista ruso pretendía que se le creyera que ¨1984¨, de Orwell, retrataba a Estados Unidos y no a la URSS.
Durante un viaje a la isla hace unos años, conversaba con un vigilante de playas que no admitía que Cuba había dado pasos gigantes en garantizar la salud, en grado envidiable para sus vecinos del continente. El vigilante arqueó las cejas y me dijo: ¨Eso dice la propaganda. Para la mayoría como yo, un hospital es inalcanzable. Usted puede ser atendido y beneficiarse de esa medicina porque va a pagar en dólares. Los cubanos no podemos hacerlo¨.
Dos países sudamericanos fueron foco especial de su atención: Venezuela y Bolivia. Con ambos tuvo los peores desencuentros y las alianzas más fructíferas. Fue a Caracas pocas semanas después de derrocar a Fulgencio Baptista y al presidente socialdemócrata Rómulo Betancourt le pidió un préstamo inmediato de 300 millones de dólares y petróleo subsidiado. Buscaba apoyarse en la riqueza venezolana para catapultar al castrismo por el continente. ¨De esta entrevista depende el futuro de la revolución¨, dijo a quienes lo acompañaban. No recibió nada. Betancourt, que había ganado las primeras elecciones libres venezolanas tras la caída del dictador Pérez Jiménez (1948-1958), le dijo que su país también estaba en aprietos y que para darle petróleo tenía que comprarlo a las compañías petroleras y venderlo a precio menor. Un negocio pírrico para un país que, entonces, ostentaba índices de atraso peores que los de Cuba.
Castro se fue con las manos vacías y en los años sucesivos Betancourt debió enfrentar invasiones guerrilleras apoyadas por La Habana, que pretendían convertir a Venezuela en otra Cuba. El ejército las derrotó y la mayoría de los invasores acabó presa. Más tarde, sus líderes, desencantados con el socialismo real, abrazaron la democracia y algunos llegaron a ser respetables legisladores. Cuarenta años después, al llegar al poder Hugo Chávez, Castro encontró en el teniente coronel venezolano el respaldo que Betancourt no le dio. Con torrentes de petrodólares, Cuba apuntaló su economía y ¨exportó¨ miles de profesionales sin cabida en la economía estrecha de la isla.
Con Bolivia, la apuesta fue también grande. Compró la idea de que, en 1966, Bolivia vivía bajo una dictadura que se desmoronaba y la guerrilla que iba a encabezar Ernesto Che Guevara sería la mecha que incendiaría a un país que suponía ansioso por un sistema de gobierno como el cubano. Fue otro fracaso. La creencia absurda de que en Bolivia sería como en Cuba hundió a la columna, que pasó gran parte de los 10 meses de su odisea en lucha feroz contra la naturaleza, en especial insectos, mosquitos, parásitos y, carente de refugio seguro, bajo un hambre que la acosó incesante. ¨Nuestro problema principal era encontrarlos¨, me dijo el general Gary Prado Salmón, ante cuya compañía Che Guevara se rindió tras gritar ¨no disparen, soy el Che¨.
Cincuenta años después, Castro encontró en Evo Morales uno de sus más grandes admiradores, dispuesto a alcanzar metas de la revolución cubana bajo un sistema recauchutado: el Socialismo del Siglo XXI.

¿Fin del chavismo y del régimen cubano?

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Un colega me envió el siguiente reporte sobre un debate en París que a ustedes puede interesarles.
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El historiador francés Alexandre Adler afirmó en un reciente debate que “independientemente del resultado de las elecciones del domingo, el chavismo y la revolución cubana son dos regímenes en agonía, que no tienen nada que ofrecer a una América Latina desde hace tiempo firme en la senda de la democracia y del progreso económico y social”.
Internacionalista, periodista y escritor, Adler dice que se interesó en Venezuela desde el derrumbe vertiginoso de su sistema democrático de partidos y el ascenso de Hugo Chávez, a quien describe como personaje “barroco, grotesco e inquietante”.
¿“Qué está en juego en las elecciones venezolanas?”, fue el tema del debate organizado por las asociaciones Dialogo por Venezuela, Justicia y Democracia y la revista “Building”, publicación francesa que enarbola la defensa de los valores de la democracia en el mundo entero. El evento se destacó por la calidad de las intervenciones y la diversidad de los temas analizados, desde la situación de Venezuela y los escenarios post electorales, hasta el rol de regional y mundial de Chávez. Los expositores trataron de responder a cuestiones como el significado y los logros de Enrique Capriles, explicando por qué esta candidatura marca un vuelco irreversible de la política en Venezuela. De la misma manera, se analizaron las alianzas de Chávez, la simbiosis cubano-venezolana, el apoyo de Brasil y Lula a Chávez, así como la amistad venezolano-iraní. Temas que demuestran que las elecciones del domingo tienen una importancia histórica que rebasa las fronteras nacionales.
Abrió el debate la socióloga venezolana Mercedes Vivas, experta en temas militares y ex profesora de la Academia Militar, quien analizó los escenarios post-electorales, y el peligro de guerra civil que según Chávez estallaría si perdiera las elecciones. Vivas no cree probable una guerra fratricida. “Fueron los militares que obligaron a Chávez a aceptar los resultados del referéndum constitucional que el perdió en 2007….una guerra civil implicaría una hipotética división de las Fuerzas Armadas”. Ella duda que los militares se enfrenten entre sí. Otro elemento que la lleva a descartar esta hipótesis es que “pese a los esfuerzos ideologizantes de los cubanos, en Venezuela no existe una armada revolucionaria compuesta por individuos dispuestos a matar o a morir por una causa.” En cuanto a la oposición, dice Vivas, “es un amplio frente plural democrático, no posee armas, y excluye la violencia como acción política. Lo que puede pasar es que grupos de extrema izquierda y delincuentes organizados a favor de Chávez, generen una violencia que no podrá generalizarse”.
La socióloga cree que gane quien gane, un escenario post electoral previsible será de conflicto en el chavismo, que se debatirá entre darle o no continuidad al socialismo del siglo XXI. “El interés principal de los chavistas enriquecidos y de los militares del chavismo es recuperar la estabilidad para poder disfrutar tranquilamente de lo que poseen, mantener espacios de poder y asumir su rol de nueva élite. No hay razones para que ellos apoyen una radicalización que al final va a golpearlos, pero lo irracional puede imponerse”. Pese a los peligros “en Venezuela pareciera vislumbrarse el fin de un ciclo de regímenes autoritarios, dictatoriales y militaristas”.
Si la oposición gana las elecciones, Mercedes Vivas cree que “la transición vendrá, pero no sin grandes dificultades”. “…la oposición, incluso llegando al gobierno, podría necesitar bastante tiempo para consolidarse”. Sobre la gobernabilidad del país durante un gobierno de Capriles dice que “dependerá de la unidad nacional, pero también de la resistencia o de la cooperación que encontraría en el chavismo”.
Renée Frégosi, profesora del Instituto de Altos Estudios de América Latina, quien ha estado cinco veces en Venezuela como observadora en los últimos procesos electorales, y que el domingo será representante de la Internacional Socialista, destacó que la candidatura de Capriles ha logrado bajar las tensiones causadas por la división entre chavistas y no chavistas. “Capriles ha tenido éxito al apartar su campaña de la dinámica de la polarización”. A propósito de la observación internacional y la polarización, recordó que la OEA envía misiones de observación electoral únicamente bajo demanda de los Estados y no ha sido invitada a Venezuela desde 2006. Por otra parte, el CNE no reconoce a los observadores independientes. “Para calificar como observador debes pronunciarte como observador del gobierno o de la oposición, es decir ya vas polarizado”. Para Frégosi se trata de “elecciones de alto riesgo”.

Alexandre Adler elogió a la democracia venezolana, ubicando los méritos de dos líderes a los que todo parece oponer, pero que figuran en el mismo campo cuando se trata de defender las libertades democráticas. En ambos destacó una originalidad de pensamiento que los hizo precursores, no sólo en Venezuela sino el mundo, en la lucha contra las dictaduras de izquierda o derecha. El primer elogio fue para Rómulo Betancourt, el padre de la democracia venezolana, y el segundo para Teodoro Petkoff, pionero en sus críticas al pensamiento totalitario soviético. Recordó que fueron venezolanos los primeros comunistas que se atrevieron a condenar la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética, agregando que si Capriles gana, Petkoff será el apóstol de la reconquista de la democracia. Basándose en que los venezolanos han estado muchas veces a la vanguardia del pensamiento libertario, Adler dijo estar seguro que “Venezuela saldrá victoriosa en esta gesta y se colocará de nuevo a la “avant garde” de la democracias latinoamericanas”.
El periodista Michel Taubmann, director de la revista Building y autor de varios libros sobre Irán, piensa que el fin del chavismo y de la dictadura cubana marcaría un giro en América Latina. “Es una paradoja, pero el fin de estos regímenes también podría tener consecuencias sobre otro asunto mayor para el futuro del planeta: la cuestión nuclear iraní. Chávez es uno de los pocos apoyos que aún le quedan a los dictadores y es uno de los raros amigos de Ahmadinejad. El venezolano y el iraní son regímenes diferentes ideológicamente, pero están unidos por el rechazo de los Estados Unidos, del Occidente y la democracia.”
La oposición venezolana recibió un mensaje de solidaridad de Daniel Cohn Bendit, líder del Partido Ecologista francés y eurodiputado, conocido por su rol en los sucesos del Mayo Francés. En su estilo provocador, dijo no tener problemas para “decir todo lo malo que piensa de Chávez” a quien define “como un nuevo tipo de hombre político autoritario, que desestructura la democracia, una figura mítica que se ubica por encima del Estado, estableciendo una relación directa entre un hombre y el pueblo, y eso es siempre muy peligroso”.

María Plaza