Amputación

La oportunidad es calva

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Los ojos de gran parte del país ahora están sobre el presidente Evo Morales. Tras empezar el desenrollar de la cadena de corrupción descubierta con el caso del agro-inversionista Jacob Ostreicher, han aparecido funcionarios del gobierno comprometidos con una voraz práctica de extorsión en las narices de cuando menos dos integrantes del equipo ministerial. Hay trece funcionarios en la lista de buscados. Seis ya están detenidos, uno de ellos el abogado del gobierno en el “caso terrorismo” que se arrastra impávidamente desde hace 43 meses. La oportunidad, dice el viejo refrán, la pintan calva. Quizá ahora el presidente tiene la ocasión de recuperar muchos de los puntos perdidos y ganarse otros si es capaz de realizar enérgicamente las cirugías requeridas para evitar que su gobierno sea contaminado por una imagen que ningún gobierno responsable toleraría.
La única manera de neutralizar las sospechas de corrupción alimentada desde el gobierno sería amputar a los funcionarios que en mayor menor grado aparecen vinculados al presente y a otros casos. El presidente tendrá que cortar en su propia carne y donde más le duela. Sólo así podrá ganarse una confianza sólida de la sociedad boliviana y recuperar la imagen cada vez más empañada que proyecta ante otras naciones.
En un congreso sobre corrupción que se desarrollaba en Brasilia, en momentos en que el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva estaba acosado por denuncias de corrupción, que años más tarde derivarían en condenas de cárcel para algunos acusados, un delegado búlgaro me dijo: “Tiene que cortar en su propia pierna. Sangrará, pero la herida puede restañar. Eso le permitirá rescatar su imagen ante el público de su país”. Bulgaria estaba entonces acosada por la corrupción, como otros países que emergieron tras la caída del Muro de Berlín. Lula apartó a la gente del gobierno que parecía implicada y dejó que la justicia siguiera su curso. Consiguió ser reelecto para un segundo periodo, y aún así el panorama que tiene por delante no está del todo despejado.
Hay niveles del gobierno que aparecen vinculados al tormento judicial sufrido por Jacob Ostreicher, quien ha perdido una fortuna, está preso y gravemente enfermo, víctima de una justicia cuya credibilidad hace aguas por todos lados hace mucho tiempo. Si el presidente quiere salvar su imagen, debe proceder a “cortar en su propia pierna” y apartar de su gobierno a todos los que aparecen involucrados en este caso e ir hasta las cabezas. Pues si los funcionarios involucrados fueron capaces de actuar cínicamente para lucrar, es legítimo sospechar que contaban con el visto bueno de sus superiores. El clan de extorsionadores trabajó bajo las gestiones de cuatro ministros de gobierrno (incluso el actual y tres de sus antecesores inmediatos, entre ellos Sacha Llorenti, actual embajador de Bolivia en las Naciones Unidas) y del actual Ministro Secretario de la Presidencia.
El presidente se  encuentra ante una “decisión de Sofía”: escoger entre salvar a su gobierno y su prestigio personal o dejar que los que tienen mando y eran activa o pasivamente responsables de lo que ocurría permanezcan y contaminen a toda su administración. Se trata de una decisión dolorosa, como toda amputación cuyo objetivo es evitar que la infección se propague por todo el organismo. Quizá sea una de las pocas ocasiones de separarse de los elementos infectados que pueden liquidarlo.