Almagro

Dilemas de la reelección

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Shane Hunt (New York) y Harold Olmos (Santa Cruz de la Sierra)

Primero, el anuncio parecía tan bizarro que desafiaba  la lógica. El Secretario General de la OEA, un diplomático cuya figura pública estaba definida por su defensa férrea de los valores democráticos, que había expresado fuertes críticas al presidente Morales por  conculcar esos valores al desafiar el referendum del 21 de febrero, y enemigo jurado del régimen de Maduro, vendría a Bolivia en un contexto que brindaría asistencia máxima al presidente Morales en sus ambiciones reeleccionistas.

Era la pura verdad.

Analistas y ciudadanos de la calle en La Paz y Washington se rascaron la cabeza preguntándose qué pasaba. Las discusiones en ambas capitales parecen haber alcanzado la misma conclusión: Hubo un quid pro quo. El rédito inmediato del presidente Morales resultó obvio: beneficio de su imagen internacional, y popularidad  interna para su campaña por la reelección. Pero a cambio de ese quid, ¿cuál era el quo para Almagro?

La idea en ambas capitales oscilaba entre dos posibilidades: Una y la más obvia era que aseguraría el apoyo de Bolivia a su propia campaña para reelegirse en el cargo y que Bolivia invitaría a un equipo  de monitoreo para observar las elecciones del 20 de octubre.  ¿Era esta una gran concesión de Morales o una gran victoria para Almagro?

El día de la elección habrá sin duda observadores para comprobar la limpieza y honestidad del proceso. Si hubiere cualquier fraude, habría ocurrido de antemano, con la descalificación de algún candidato, para no mencionar la calificación de uno de los candidatos rechazado por un referendum nacional.

Estos antecedentes suelen, sin embargo, ser parte del informe del grupo observador, de modo que uno debería esperar o que el informe equipo sea negativo o que el gobierno  tenga que cambiar radicalmente su estrategia. Con el control absoluto del Poder Judicial y de las instituciones electorales, tendría que renunciar al uso del poder y abrirse a la posibilidad real de perder la elección.

Alternativamente, podría hacer lo que deba para ganar y prepararse para un informe negativo de los observadores. Después de todo, el informe vendría después de haber vencido la elección. ¿Cuán dañino sería eso?

Respuesta: Nada sería tan dañino como perder la elección.

Algunos objetarían que la lección de Venezuela es que una elección fraudulenta persigue a los perpetradores. Debería notarse, sin embargo,  que en Venezuela hubo escasas reacciones negativas de  la comunidad internacional al momento de la elección. El revés ocurrió solo en la posesión, cuando Maduro siguió la tradición de invitar a los presidentes vecinos como huéspedes de honor, sin percibir que al invitarlos los hacía cómplices de un fraude electoral. Eso no les gustó.

La lección nos lleva formular una nueva regla política: Si usted vence una elección con fraude, que su posesión sea modesta.

Pensar así llevó a varios observadores a concluir que Almagro hizo un mal acuerdo, o que pretende más de Morales. Y eso no podría ser otra cosa que el apoyo firme de Bolivia a su propia campaña para ser relecto para ser reelecto como Secretario General de la OEA.

Este  reproche, especialmente si involucra el voto de Bolivia,  representa un drástico cambio para ambos líderes. ¿Pueden convencer a su gente que hicieron lo correcto?

Para el presidente Morales no sería un problema. Hay pocos masistas tan enfocados en las relaciones internacionales como para resentirse por confraternizar con un enemigo de Maduro como Almagro. El rédito de la reelección es tan obvio como para aplacar cualquier aprehensión.

A primera vista, el problema  podría ser más grave para Almagro, pero comentaristas en Washington sugieren que no.

Los apoyos más firmes de Almagro  -Estados Unidos y el Grupo de Lima- resultan de su liderazgo contra el régimen de Maduro, y quieren que continúe como Secretario General. Si lograrlo require cierta elasticidad moral con Bolivia, pues que así sea.

El apoyo de Estados Unidos parece sólido, si bien las acciones de Almagro van directamente contra una resolución reciente del Senado que planteó a Morales no recandidatearse sino seguir el mandato de la constitución boliviana.

Empero, la resolución del Senado, aun con buenas intenciones, no está conectada con los engranajes del poder en la política exterior estadounidense. Esto es visible en la política exterior, ahora administrada por una Casa Blanca habituada a las ventajas de corto plazo, al parecer sin mayor guía de principios morales. Conclusión: Almagro no recibiría un revés de la derecha por aliarse con la izquierda en Bolivia.

Apoyado por Estados Unidos y otros países, Almagro debe haber hecho sus cálculos y entiende que el voto boliviano puede serle fundamental.

Cada uno de  los 34 estados de la OEA representa un voto y Almagro necesita de 18 para asegurarse la reelección. Los países del Caricom, casi todos pequeños y anglófonos, suman 15 y se los presume contrarios a Almagro, en parte como recipientes de la ayuda  petrolera de Venezuela, y en parte porque Almagro ha criticado las elecciones realizadas por algunos de ellos.

El Grupo de Lima suma14, de los cuales dos (Guyana y Santa Lucía) son también parte del Caricom y se presume que apoyarían a Almagro. Los demás no son de ningún grupo. Estados Unidos y Venezuela (representada por partidarios de Guaidó) votarían por Almagro. Uruguay y Nicaragua lo harían contra. Los tres restantes estarían sentados en el muro: Ecuador, el Salvador y Bolivia.

Así, el problema principal de Almagro, serían los países del Caricom. En tamaño, comparados con sus vecinos, son como  un ratón. Pero ahora los ratones rugen. Como resultado, Almagro ha ido al encuentro de Chapare con la sonrisa congelada en el rostro, pese al rechazo  indignado de líderes opositores a su presencia en Bolivia, y al repudio general a las piruetas de opinión del líder hemisférico que hasta poco antes denostaba la reelección de Morales.

Cualquier acuerdo entre los dos, explícito o implícito, se enmarcaría en todos estos antecedentes.

A estas alturas, nadie apostaría a que Morales vaya a alejarse de Maduro y acabe votando con Almagro.  Pues tras recibir de  la OEA fuerza para su candidatura, Morales puede decidir continuar al  lado de Maduro y acabar, al final, votando contra Almagro, cuya permanencia en el cargo solo estará decidida a mediados del próximo año, mucho después de las elecciones bolivianas.

Es probable que, entretanto, Almagro se inhiba de criticar a Morales. Si en el interim los activistas del MAS se descontrolan, estará ante un terrible dilema:  denunciar o guardar silencio.

Cualquiera que sea el curso de la cuestión, luce claro que, siquiera  por los próximos meses, la democracia boliviana será como el cordero destinado al sacrificio. El efecto del encuentro en Chapare, para citar un dicho entre políticos americanos, puede ser empujar a la democracia boliviana bajo las ruedas del camión.

Publicado en el diario Página Siete, de La Paz, 25-5-2019

Por ahora…Maduro

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Escrito tras la posesión de Maduro, ayer al mediodía. Habrá actualización. La situación en Venezuela se ha vuelto fluida.

Era previsible que Nicolás Maduro y los militares que lo sustentan recibirían de los poderes bajo su control, un nuevo mandato de seis años para gobernar Venezuela hasta 2025.  Pero de lo que nadie estaba seguro era cuánto podrán aguantar. Lo que siguía siendo claro el fin de semana que pasó era que completar ese mandato representaba una apuesta que ni Maduro ni los jefes militares, se atrevían a articular, pues desde hace por lo menos dos años el gobierno venezolano vive al día, aguardando completar la jornada incólume.  Lo mismo ocurre con la economía pues una gran parte de la población  hace esfuerzos para llegar al fin del día habiendo comido tres veces.

Maduro tomó posesión en un acto que no tiene paralelo en la historia hemisférica reciente, por la cantidad de países que desairaron la osadía de asumir el mando con pretensiones democráticas por parte de quien es equiparado a los tiranos más notables de la región. El mayor aporte para esa distinción abyecta lo representan millones de emigrantes que han abandonado el país desde que el Socialismo del Siglo XXI empezó a gobernar, a fines del siglo pasado.

El presidente Evo Morales fue a dar un abrazo y ofrecer apoyo a uno de los personajes más resistidos en el mundo, pero líderes de oposición rápidamente descalificaron ese gesto y lo definieron como individual. El candidato presidencial de Demócratas Oscar Ortiz dijo que ese apoyo ¨implica complicidad con una dictadura y mancha el nombre de Bolivia¨. Adelantó que si llegase a ganar la elección presidencial de fines de año, Bolivia se retirará de ALBA y UNASUR, los organismos multinacionales creados bajo el  impulso de Hugo Chávez. Ambos organismos languidecen  con el advenimiento de gobiernos de sello adeverso en casi todo el continente.   Carlos Mesa, el candidato presidencial más aventajado en las encuestas, dijo que Morales podía creer en la ¨legitimidad¨ de Maduro pero no hablar a nombre de todos los bolivianos.

Cercado por todos sus vecinos, con una economía a pique, que se ha encogido en más de la mitad en los últimos cinco años, es muy poco  lo que Maduro podría hacer para revertir el cuadro. Encuestas privadas le asignan una aceptación del 10% de la  población venezolana y un porcentaje aún menor cree que bajo su mando la suerte de Venezuela podría cambiar. Gobernar en esas condiciones era como caminar descalzo sobre el fuego.

La controversia sobre cómo Maduro obtuvo un segundo mandato ha sido tan persistente que muchos observadores vieron en ella la causa del atropellamiento del Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, al tomar el juramento a Maduro.

El magistrado, un ex  policía con antecedentes criminales por los cuales estuvo en prisión, no alcanzó a leer de corrido la formula de juramentación y hacia el final se atascó.Tras segundos interminables en los que acudió al papel en el que tenia escrita la formula, concluyó la frase mientras Maduro aguardaba inmutable, envuelto en la atmósfera tensa que había invadido la sala del tribunal.

El ostracismo internacional del régimen empezó a volverse sofocante ese mismo momento, cuando los países del Grupo de Lima, conformado el año pasado para lograr la salida de Maduro y la democratización de Venezuela, decidieron desconocer al gobernante y reconocer como único poder electo el de la Asamblea Nacional, que preside Juan Guaidó. El mismo día, la AN había declarado a Maduro como un usurpador. Paraguay se adelantó a todos y en una reviravolta de una maniobra venezolana que cinco años atrrás lo había excluido de Mercosur, rompió relaciones con Caracas.

La ceremonia de juramentación solo agregó incertidumbre . El viernes,  un cabildo abierto frente a la sede de  las Naciones Unidas, dispuso que  Guaidó, asumiese a las competencias del gobierno, en un quiebre mayúsculo de poderes. Con el respaldo de gran parte de la comunidad, Guaidó se disponía el viernes a actuar bajo ese mandato. La edición digital del diario El Nacional anunció que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro saludó al asambleísta como el nuevo presidente de Venezuela, una movida que se esperaba fuese seguida por países que condenan a Maduro.

Maduro y los jefes militares contaban con el apoyo verbal de Nicaragua, Bolivia y Cuba. El margen de Maduro sería escaso: Resistir podría conducir a una matanza y a la corta o a  la larga perdería, pues otras naciones acabarían interviniendo. Abandonar el país, como lo hizo Marcos Pérez Jiménez en 1958, era un viaje sin destino: ¿A dónde? Quizá Cuba o Bolivia pero ¿por cuánto tiempo?

En una de sus primeras decisiones, Guaidó convocó a una concentración en el barrio histórico de 23 de enero, llamado así en memoria de la fuga de Pérez Jiménez. Qué ocurrirá hasta entonces era otra de las grandes incógnitas que han venido como avalancha este primer mes de 2019.

(https://haroldolmos.wordpress.com)

De Almagro a López (y a Maduro)

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El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha enfilado de nuevo sus baterías sobre Nicolás Maduro y su régimen, al que declara fuera de la democracia desde que, hace pocos días, el Tribunal Supremo de Justicia decidió ratificar la condena de casi 14 años de cárcel que una juez había dictado contra el dirigente opositor Leopoldo López. El documento de ocho páginas es un dominó cuyos efectos se extienden sobre todos los regímenes regidos por el Socialismo del Siglo XXI.
Esta noche, entrevistado por CNNE, Almagro se explayó con detalles sobre la carta que dirigió a López, el joven dirigente político a quien los jueces acusaron de haber enviado mensajes subliminales (Ud. ha leido bien) a las multitudes que manifestaban contra el régimen madurista hace dos años. Rosa Amelia Asuaje, la linguista que hizo el estudio sobre las palabras y tonalidades del discurso en el que el régimen apoyó la acusación, dijo que la juez parafraseó el informe y lo manipuló para adecuarlo a la condena.
La carta de Almagro contiene advertencias válidas para todos los países involucrados con esa corriente y anticipa nuevos movimientos diplomáticos contra el régimen de Maduro. El texto del documento, tomado del diario Panorama, de Maracaibo, se le puede leer aquí.