Alianza del Pacífico

Lo que está en juego

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Incluye tres párrafos de actualización al final de la entrada.

Las perspectivas de la elección de este domingo en Brasil parecen mostrar el camino hacia una segunda vuelta. A menos que ocurra una  variación notable en las intenciones de voto, los vencedores disputarían el desenlace dentro de tres semanas, en el epílogo de un proceso seguido con avidez en todo el hemisferio. El volumen en juego es grande, tal vez bastante mayor de lo que imaginan muchos que a estas horas se aprestan a votar, y explica el sube y baja en las encuestas (generalmente serias) sobre las preferencias de votos para la presidenta Dilma Rousseff, la ecologista Marina Silva, y  el ex gobernador Aécio Neves. También parece en juego la continuidad del proyecto Socialismo del Siglo 21 bajo las características que adquirió en los últimos años.

El PT al mando del gobierno de Brasil ha otorgado cierta tranquilidad a  los de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua e, incluso, Argentina. Un gobierno crítico como sería el de  Marina Silva incomodaría a todos, especialmente a los  más vociferantes, con cuestiones relativas a los derechos humanos, libertades democráticas y relaciones económicas intra y extra regionales. De inmediato, se supone que el gobierno argentino de Cristina Kirchner estaría aún más inquieto, pues la comprensión que le han brindado los gobiernos del PT, de Lula a Rousseff, se convertiría en antipatía bajo Marina o Aércio. Ambos están en desacuerdo con las tendencias proteccionistas prevalecientes en el Mercosur y favorecen acuerdos comerciales con la Unión Europea y otros bloques, de los que recelan Argentina y Venezuela.

El “peligro Marina” ha desencadenado la furia de las fuerzas de izquierdas con sustentación marxista-leninista, que hasta hace poco creían próximo el momento en que todo el hemisferio estaría bajo su bandera o muy próximo a cobijarse bajo ella.  Marina es también de izquierda, pero abjura de los métodos de aquellas y ofrece una democracia participativa que no excluye a quienes piensan diferente. Más por resentimiento que por convicción, sus adversarios uniformados con el PT dicen que es de  “ultraderecha”. Marina fue ministra del primer gobierno de Lula (2002-2006), para luego reforzar las filas del Partido Verde, organización ambientalista como la de ella, y desembocar como aliada del Partido Socialista Brasileño. Se convirtió en candidata presidencial tras la muerte trágica de su líder Roberto Campos el 13 de agosto. Al repasar la historia de la ambientalista, nacida en un siringal del noroeste brasileño, cerca de Pando, nadie podría decir racionalmente que Marina es de  “ultraderecha”. Pero es inobjetable que salió al paso del PT y que, al amenazar el poder instalado en Brasil desde hace 12 años, ocasionó la reacción de los identificados con esa corriente y que protegen los beneficios que de ella reciben.

La tendencia expansiva del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) manifiesta desde comienzos de siglo, fue interrumpida por la caída de Manuel Zelaya (Honduras, 2009) y la de Fernando Lugo (Paraguay, 2012).  El tumulto institucional del alejamiento de Lugo abrió las puertas de Mercosur para Venezuela, a cuyo ingreso se oponía el senado paraguayo. Con más sentido ideológico que económico o geopolítico, Bolivia juzgó que era el  momento de jugar su carta y avanzó en la intención de ingresar al Mercosur. Pero se ha encontrado con que Paraguay, readmitido en la alianza sureña, no es muy entusiasta a facilitarle el paso. La espera puede ser larga.

Ni Marina Silva ni Aécio Neves ocultan sus simpatías hacia la Alianza del Pacífico, fundada por México, Colombia, Perú y Chile. Esas simpatías son un mensaje que el  gobierno de Cristina Kirchner deberá leer junto a los resultados que emerjan de la votación de este domingo. El interés de Bolivia por la votación brasileña no es menor. Ocurrirá en uno de los períodos más desafiantes de la relación bilateral. Las nubes que amenazan esa relación van  desde el trío de refugiados políticamente más sonoro de bolivianos en el vecino país –el senador Roger Pinto, el ex fiscal Marcelo Soza y el teniente de policía Juan José Laguna-, hasta las negociaciones en puertas para un nuevo acuerdo de venta de gas natural, para las cuales Bolivia debe acelerar la búsqueda de nuevas reservas suficientes para enfrentar el compromiso.

Actualización   

22:30 de la noche – Los resultados de la primera ronda electoral en las elecciones presidenciales de Brasil anticipan una lucha sin tregua,  voto a voto, en el desempate que ocurrirá dentro de tres semanas. La presidente Dilma Rousseff consiguió vencer el escollo y agarrarse de un sólido 41.52% de los sufragios (del 99.25% del total divulgado por Red Globo a las 21:00 de la noche), frente a un 33.65% logrado por el socialdemócrata Aécio Neves. Marina Silva, la ecologista que sorprendió a todo  el mundo y solo una semana después de la muerte de Eduardo Campos, quien presidía la tarjeta electoral del Partido Socialista Brasileño (PSB), se alzó como el mayor rival de la presidente-candidata empujando a Neves al tercer lugar,  esta noche agradeció emotivamente a sus electores en la mayor y más disputada contienda democrática de la historia republicana de Brasil.

Con la perspectiva de enfrentar a Rousseff en la ronda final desvanecida, Silva descartó apoyo a la presidente y dejó abierto el camino para endosar al socialdemócrata Neves. Pero la  palabra final la darán los votantes de la ecologista, cuando deban escoger entre los dos contendores. Las horas que vienen son de suspenso y de una intensificación de la lucha política.

Las sorpresas de la votación de este domingo pueden venir de la conformación de los gobiernos estaduales (26, y el distrito federal de Brasilia) y del Poder Legislativo que emergerá en las próximas horas.   Los resultados son importantes para todo el hemisferio, por razones ya destacadas en anteriores entradas.

 

La batalla por el libre comercio

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El bullicio de la colisión verbal entre los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera en la reciente cumbre realizada en Santiago acalló un hecho trascendente para todo el hemisferio,  con un reflejo especial sobre Bolivia que no se debe ignorar. Mientras en Santiago los asistentes a la reunión de CELAC estaban engarzados en temas generales que suelen llevar a declaraciones extensas que frecuentemente ni siquiera todos los firmantes leen, los países de la Alianza del Pacífico optaron por una dinámica diferente y retomaron el acelerador de su proyecto integrador. Hasta el 31 de marzo, el 90% del comercio intra-zonal (Chile, Perú, Colombia y México) estará liberado de impuestos en la zona. La liberación impositiva para el restante 10% estará en discusión en los meses siguientes, de manera que no pasará mucho tiempo antes de que el grupo esté plenamente estructurado y sus habitantes circulen sin restricciones por las cuatro naciones.  Los anuncios originales decían que todas las barreras arancelarias estarían derribadas hasta el 31 de diciembre pasado. Hasta aquí hay un retraso de tres meses, cuya importancia será apreciada en la medida en que el grupo avance hacia sus metas.

El avance de esta alianza, hasta ahora con un número creciente de observadores, la aleja de Mercosur, al que Bolivia se postula, y se acerca más a la idea original del Área Latinoamericana de Libre Comercio (ALCA), patrocinada por Estados Unidos y ahora fuera de juego en virtud de la tenaz oposición de Venezuela, apoyada entre otros países por Bolivia, Argentina y Brasil.  En el grupo de observadores están Japón, Guatemala, Canadá, Nueva Zelandia, Australia, España (ahora busca ser miembro activo), Uruguay, Panamá y Costa Rica.

Es curioso que Bolivia, cuya economía ha gravitado sobre el occidente sudamericano a lo largo de toda su historia, no haya requerido el status de observador. Por la cuenca del Pacífico fluye más de la mitad del comercio mundial y su PIB, pero Bolivia  parece desdeñar un proyecto que puede ayudarla a combatir el atraso abyecto de un gran número de compatriotas.

No conozco estudioso alguno de las relaciones internacionales que conciba positivo y saludable colocar todas las apuestas en un solo caballo, con el riesgo de alejarse del único sobre el que ahora cabalga, la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Quienes observan la geopolítica continental abogan por la permanencia de Bolivia en el originalmente llamado Pacto Andino del que, tras el abandono de Venezuela para incorporarse a Mercosur, va quedando sólo el esqueleto: Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador. Fue la posibilidad de exportar productos agro-industriales, especialmente soya al mercado de Colombia y Perú, la que sustentó el crecimiento del agro de Santa Cruz.

Resulta cuando menos incongruente que Bolivia aumente los decibelios de su demanda de una salida soberana al Pacífico mientras parece observar con desdén a la región a la que busca tener acceso directo.  El grupo en gestación comprende a los países que actualmente detentan el crecimiento económico más elevado de América Latina: Perú (6.3%), Chile (5.5%), Colombia (4.8%) y México (3.5%).

En un reciente artículo en Prisma, el ex canciller Gustavo Fernández defiende la permanencia de Bolivia en la CAN y su incorporación a la Alianza del Pacífico. “Bolivia no puede renunciar a su condición de país de la cuenca de Pacífico. Esa es su ancla histórica. Nació ribereña de ese Océano y algún día, tarde o temprano, recobrará esa condición”, escribió. “Ese vínculo –dijo- no puede debilitarse, ni siquiera en el plano puramente simbólico”.

El tren actual de la integración de las naciones hacia el comercio mundial sólo tiende a aumentar velocidad. Los que lo pierdan difícilmente podrán alcanzarlo más adelante o encontrar otro que los lleve al mismo destino.

Para las autoridades: Latinoamérica cambia

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Bajo el título de “Cambios en el mapa latino, una amenaza a Mercosur”, el diario carioca O Globo trajo este domingo un comentario que merecería la atención de las principales autoridades del país. En uno de sus párrafos finales, la nota subraya que ahora Bolivia y otros países de su linaje ideológico están cada vez más aislados, como resultado de los recientes movimientos ocurridos en el Pacífico sur. Firmado por Jose Casado, del cuerpo de comentaristas del diario, la iniciativa de cuatro países busca alcanzar la libre circulación de personas y bienes en el territorio que abarcan. Algunos párrafos del trabajo (la traducción es del blog):
Ha surgido una novedad en el mapa político y económico de América Latina: México, Colombia, Perú y Chile se unieron para dar libertad plena a sus empresas y a sus 215 millones de habitantes para transitar, estudiar, trabajar, mover capitales y hacer negocios sin necesidad de licencia previa de los gobiernos locales.
Es lo que proyecta la Alianza del Pacífico, un nuevo bloque regional cuya creación fue anunciada por los presidentes Felipe Calderón (México), Juan Manuel Santos (Colombia), Ollanta Humala (Perú) y Sebastián Piñera (Chile). Está prevista la adhesión de Panamá y Costa Rica en el segundo semestre.
Ha sido una movida sorprendente, rápida y eficaz. En diciembre de 2010, el entonces presidente peruano Alan García lanzó la idea, recibida con entusiasmo por México, Colombia y Chile. Un año después se reunieron y fijaron un plazo de seis meses para un acuerdo definitivo. En marzo, llegaron a un consenso en una reunión cumbre inédita, por teleconferencia.
El día 6, en Antofagasta, firmaron el acuerdo básico. Es un compromiso ambicioso para la libre circulación de personas, mano de obra, capitales, bienes, servicios, mercaderías, integración de redes de enseñanza (especialmente universidades), entidades financieras y creación de instancias internacionales comunes.
Las reglas del nuevo bloque son sencillas: para entrar es preciso tener tratado de libre comercio con todos los socios, ser una democracia, tener estabilidad jurídica y constitucional. A Panamá y Costa Rica, provisionalmente “socios observadores”, les faltan los acuerdos comerciales. En diciembre regirá la libre circulación de mercaderías: se eliminan las barreras aduaneras y las normas de origen sobre lo que es producido por los socios.
No es poca cosa. Los cuatro forman un mercado de 215 millones de consumidores, suman el 35% del PIB latinoamericano y son responsables del 55% de las exportaciones de este pedazo del planeta.
Hay aspectos políticos relevantes. México, Colombia, Panamá y Costa Rica son bi-oceánicos, con salidas al Pacífico y al Atlántico. Además, tienen economías abiertas, basadas en acuerdos de comercio con China, Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Corea, Taiwán, Singapur y los principales centros económicos del Medio Oriente.
En práctica, significa que está naciendo un bloque político y económico capaz de rivalizar con Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) , con fisuras causadas por las disputas entre socios por las barreras crecientes sobre un comercio regional de 100.000 millones de dólares anuales.
La alianza marca un distanciamiento definitivo de los cuatro respecto a Mercosur, anulando las gestiones previas para que participen en el bloque del Atlántico Sur. Presenta una alternativa más eficaz al Mercosur, cuando Uruguay y Paraguay debaten la conveniencia de seguir atados a un proyecto de integración con escasos beneficios para sus economías. Y deja aún más aislados a Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde florece la desagregación política, social y económica.
El tiempo mostrará si los gobiernos de México, Colombia, Perú y Chile, con Panamá y Costa Rica, serán capaces de convertir la alianza en una “plataforma de articulación política, integración económica y comercial y de proyección al mundo, con énfasis en la región Asia-Pacífico”, como prevé la constitución del bloque.