África

¨Gobernaré un billón de años¨

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Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

“Gobernaré un billón de años” se reporta que dijo a voz en cuello el dictador Yahya Jammed cuando se enteró de que había perdido las elecciones presidenciales del 1º de diciembre de 2016 después de haber sido presidente de facto de la República de Gambia durante 23 años… y de querer continuar siéndolo con el presunto apoyo de otros líderes africanos que al final le dieron la espalda. Por otro lado, las excentricidades de Jammed, como proclamar que podía curar el SIDA con una mezcla de hierbas, o amenazar con degollar a todos los homosexuales de su país, atemorizaron a la amedrentada población.

La tercera parte de la población de Gambia registra uno de los índices de desarrollo humano más bajos ocupando el puesto 175 de 188 países, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tiene 1,9 millones de habitantes. La agencia de refugiados de las NNUU dijo en enero que por lo menos 45.000 personas, la mayoría niños, había salido del país como resultado de los recientes encontrones socio-políticos. Según la ONU, 10.000 se refugiaron el Italia en el mes de octubre de 2016. Jammed se sabe que era dueño de una flota de Rolls-Royces, que compró una casa de 3,5 millones de dólares en Maryland, EEUU, y que su hija estudiaba en una escuela de Nueva York que cuesta 40.000 dólares al año.

Como diría Alcides Arguedas en “La plebe en acción” de su Historia de Bolivia: “El odio a los estudiosos y letrados, instintivo en gentes ignorantes, ásperas y soliviantadas por la demagogia de los traficantes y logreros, suele tener manifestaciones de grosera crueldad o de baja rufianería.” El prolongado régimen hipercorrupto, represivo e impopular de Yahya Jammed se creyó inamovible, lo que lo enajenó… como debería enajenar a todo régimen que busque por todos los medios “legales” y no legales adueñarse del poder.

El ganador de las elecciones de diciembre en Gambia fue Adama Borrow (de 51 años de edad, ex guardia de seguridad de una tienda de Londres, y ex agente de ventas de propiedad inmueble) quien, desde el vecino Senegal, reclamaba respeto a su triunfo electoral en tanto que miles de ciudadanos dejaban el país temerosos de que el dictador tomara represalias contra los que habían votado por Borrow. Éste juró su mandato presidencial en la embajada de Gambia en Senegal con el apoyo de varios países africanos. Éstos intentaron negociar la salida del dictador Jammed que insistió en permanecer en el poder “un billón de años”.

La suerte de tener tratados internacionales como ECOWAS (en inglés), Comunidad Económica de Estados de África Occidental, que une a la mayoría de los países africanos en defensa de la democracia, los valores liberales, los derechos humanos y la libre expresión, hizo que con el beneplácito de La Unión Africana y las Naciones Unidas, 7.000 soldados de países amigos ingresasen a Gambia para deponer a Jammed. A las horas y sin mucho ajetreo, éste comenzó a negociar su partida con los presidentes de Guinea y Mauritania además de Marcel Alain de Sousa de ECOWAS, en tanto que los comandos de las fuerzas armadas de Gambia decidieron desobedecer a Jammed y no enfrentar a las fuerzas extranjeras.

Mientras el nuevo gobierno de EEUU proclama dizque la no intervención en asuntos de otros países (incluyendo la OTAN), cuando el país del norte ha sido mayormente bastión y ejemplo de tolerancia socio-política internacional además de defensor de la democracia libre y representativa después de la Segunda Guerra Mundial, ahora son los países africanos que dan el ejemplo de sensatez y justicia internacional al impedir que la ignominia continúe arraigada en el continente más grande del planeta. Ojalá que Joseph Kabila, del Congo, que también perdió elecciones en diciembre, deje el mando sin tener que obligar a los países africanos a proceder como lo hicieron acertadamente con Jammed en Gambia.

Ahí viene África

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Sin las estridencias contra imperios presentes o pasados, África empieza a ganar la atención de los inversionistas y estudiosos de fenómenos económicos. Con mil millones de habitantes y un millar de lenguas, el que parecía un continente perdido y sin futuro en pocos años podrá albergar a siete de las economías con mayor crecimiento económico del mundo. El Fondo Monetario Internacional pronostica que Etiopía, Mozambique, Tanzania, Congo, Ghana, Zambia y Nigeria tendrán un crecimiento superior al 6% anual hasta 2015. Esto significa doblar el producto interno bruto (suma de la riqueza producida por un país durante un año) en una década.

Mientras en otras partes del mundo se incita a dar muerte al capitalismo (sin especificar cómo) y se ahuyenta a la inversión extranjera, África no muestra complejos en abrazar a los capitales externos. Las inversiones directas dieron un salto el año pasado y se sumaron a la ola de entusiasmo por las materias primas, especialmente petróleo y minerales en una bonanza que se espera que se prolongue a lo largo de la década en curso.

Mediterránea, cercada por ocho países, extendida sobre 753.000 Km2 y 13 millones de habitantes, Zambia no abjuró de las tradiciones liberales sembradas por los ingleses (de aquel imperio que los Incas derrotaron) y el año pasado las inversiones directas casi doblaron las obtenidas en el período precedente, en una tendencia que luce sostenida.

El crecimiento de la economía sonríe incluso al Congo, donde Ché Guevara intentó sin éxito desarrollar una guerra de guerrillas en los años de 1960 antes de venir a Bolivia para sucumbir derrotado por las armas bolivianas. Su economía creció el año pasado en un 6,5% (7,2% el año anterior). Los porcentajes de Bolivia en esos mismos años fueron 4,1 y 5,1.

A pesar de que su país es considerado entre los más corruptos del mundo, los nigerianos tienen razones similares para sonreír. Nigeria creció 6,9% el año pasado tras un 8,7% el año precedente y 7% en 2009. Y la democracia empieza a echar raíces sólidas incluso en Somalia, considera hasta hace poco como un estado fallido.

Todo esto no ocurre por azar. Junto a cientos de empresas inglesas, francesas, portuguesas, italianas, alemanas, brasileñas, chinas y coreanas, unas 600 compañías estadounidenses tienen inversiones sólo en África del Sur, todas involucradas no sólo en la explotación y procesamiento de materias primas sino especialmente en manufacturas exportables. Los sudafricanos ya militan en el club exclusivo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Es extensa la lista de empresas en marcha hacia el continente cuna de la humanidad, convertido en la nueva frontera del desarrollo económico.

Cuando hace unas semanas llegó a África la Secretaria de Estado Hilary Clinton la sorpresa fue que su viaje no obedecía a razones humanitarias ni a atender desastres causados por guerras intestinas. La funcionaria buscaba promover negocios entre Estados Unidos y naciones africanas dispuestas a compartir destinos comunes bajo el paraguas del capitalismo tan detestado en otros lugares. Los propios africanos están invirtiendo, en una carrera inversionista que lideran África del Sur, Kenia y Nigeria dentro del continente.

Si la tendencia se mantiene –no hay razones que por ahora indiquen que habrá de cambiar- pronto pueden surgir en África los “tigres africanos”. El ritmo de crecimiento de ese continente es equiparable al que tuvieron los “tigres asiáticos” en las décadas de 1980 y 1990 antes de ingresar al club de las naciones ricas y desarrolladas. La carrera se volverá más competitiva y ganarán los que se incorporen a ella sin complejos ni nostalgias atávicas por un pasado dudosamente idílico.

Hora de consejos

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Los traspiés que abruman a Bolivia desde dentro y desde fuera vuelven urgente que una voz creíble y experimentada diga al presidente Evo Morales y a sus principales seguidores que estamos mal y que para evitar mayores enredos debe corregir el rumbo. No es bueno para la salud democrática del país que su líder sea cada vez menos creído en escenarios internacionales. En Rio de Janeiro sugirió a los países africanos que nacionalicen todos sus recursos naturales. África es una de las regiones que las empresas transnacionales brasileñas ven con mayor interés y a las que el gobierno brasileño se esfuerza en promover. De cuajar, la idea del presidente Morales tendría entre sus objetivos a Petrobras y Vale do Rio Doce, diamantes de la corona de las empresas públicas de Brasil. Las inversiones brasileñas en Angola, donde la presidente Dilma Rousseff estuvo hace poco, suman 4.000 millones de dólares. Nuestro presidente fue a sugerir a países asistentes a la Reunión Río + 20 que nacionalicen intereses del anfitrión. Creo que ni el comandante Castro, por lo menos el de estos tiempos, habría llegado a tanto.
La presencia del presidente Morales era casi solitaria en los grandes salones donde habló en los últimos meses y la soledad sólo era paliada por “amigos” que no son la mejor compañía: Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela. Ese encogimiento del apoyo que tuvo también se siente en el país. Lo dicen encuestas que, aunque el gobierno las desdeña, muestran un escenario que de sueño colectivo de un futuro promisor se encamina a una pesadilla que nadie en Bolivia puede querer. Ignorar esta realidad sería una locura. Está visto que el Sr. Presidente no escucha el alerta que le llega por las noticias de los medios. No escucha al TIPNIS ni a quienes un tiempo estuvieron de su lado.
Tal vez una manifestación de los que en el futuro pueden ser colegas del actual mandatario –los ex presidentes- podría ayudar y contribuir a que el país encuentre luz al cabo de una prolongada penumbra. Pero no hay indicios de que eso pueda ocurrir. Los ex mandatarios no parecen con ánimo de hacerlo, aunque es razonable creer que observan el mismo panorama que observa gran parte del país.
Si no son los “ex”, ¿quién estaría dispuesto a hacerlo? La Iglesia Católica ha tenido muchos desaires del gobierno y algunos de sus dirigentes no quieren ver a la Iglesia en cuestiones políticas (“ocúpese del mundo espiritual”, le dijo hace poco una autoridad). ¿Quién entonces puede decirle apropiadamente al gobierno y a sus dirigentes: El camino que está siguiendo es inadecuado?
Pocos están en desacuerdo en que el encuentro con el presidente iraní en La Paz ha servido sólo para las relaciones públicas del ayatolá. Si la presidente de Brasil no quiso entusiasmar a los iraníes con un encuentro con su líder en Río, razones habrá tenido. El dirigente iraní no es buen compañero en el camino globalizado, aunque el presidente boliviano lo llame de “hermano” y se jacte de estar a su lado en “la lucha contra el imperialismo”, es decir contra Estados Unidos. Irán tiene a las Naciones Unidas vigilante para que sus planes nucleares no prosperen y la oposición interna no ha disminuido. Sólo que esas noticias no le llegan a su anfitrión andino.
La reunión de Cancún sobre el cambio climático debía haber sido un campanazo. Bolivia quedó solitaria ante 193 países que aprobaron la convención en debate. A esa reunión siguieron dificultades internas como el gasolinazo, marcha del TIPNIS, los zigzagueos del juicio Hotel las Américas, los tropiezos con Chile, el gaffe con Colombia que supuestamente apoyaría a Bolivia en su demanda por acceso soberano al mar, y hace sólo días la cita de Tiquipaya, que ahora parece distante. ¿Cómo hacer entender todo esto a los que deben entender?