23 de Enero

Jornada de vértigo

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En una jornada de vértigo, las calles de Caracas y las principales urbes venezolanas se vieron colmadas este miércoles con cientos de miles de ciudadanos que repudiaron a Nicolás Maduro y endosaron al joven legislador Juan Guaidó como presidente interino hasta la realización de nuevas elecciones. Quienes veían las imágenes televisivas, coincidían que que la concentración fue una de las mayores registradas en Venezuela.

Mientras el régimen de Maduro se diluía y Guaidó ganaba respaldo internacional reconocido por gran parte del hemisferio, de Estados Unidos a Brasil, Argentina, Chile, Perú, Colombia hasta Paraguay, el anochecer  del miércoles solo contaba con la voz de Bolivia y Cuba. No era clara aún la repercusión que podría conllevar el apoyo boliviano  al acosado dirigente del Socialismo del Siglo XXI.

En actitud  vista por los observadores como de fuga hacia adelante, Maduro anunció que rompía relaciones con Estados Unidos y que daba 72 horas a los funcionarios estadounidenses en Venezuela para abandonar el país. Pero a la medida que firmó enfurecido, se le cruzó la decisión del presidente interino quien, jeans, camisa blanca y paltó azul,  había jurado ante Dios y la multitud venezolana en las calles. Guaidó declaró que Maduro no era más presidente. Por tanto los diplomáticos podían continuar en el país. Era el primer gran tropiezo que enfrentaba la ruptura: ¿Cómo hacer cumplir la orden de expulsión?

Entretanto, colgaba de una hebra de araña el único flujo financiero seguro del régimen de Maduro: unos 500.000 barriles diarios de petróleo pesado que desde Estados Unidos compra la refinadora petrolera Citgo. Esa hebra, debilitada aún más por los años de tensión diplomática entre el régimen de Caracas y Estados Unidos, es el único ingreso seguro con que cuenta Venezuela.

Lo ocurrido este 23 de enero subrayó el carácter histórico de la fecha. En un día similar, en 1958, abrumado por manifestaciones populares que repudiaban a su régimen despótico, huyó del país el general Marcos Pérez Jiménez, quien gobernaba con mano de hierro desde hacía diez años. El derrocamiento, que empezó con una rebellion militar y se diseminó por todo el país, dio lugar a la
Venezuela democrática bajo la cual el Cnl. Hugo Chávez Frías llegó a la presidencia 40 años después.

El grado de insatisfacción de los venezolanos con el régimen que, al morir Chávez en 2013, asumió Nicolás Maduro, fue patente en las fotografías de la TV que mostraban avenidas y calles compactas de multitudes que acudieron al llamado de Guaidó y de los principales dirigentes de la oposición para forzar el alejamiento de Maduro y orientar la ruta venezolana hacia senderos democráticos. Igual perplejidad puede haber causado en el régimen la rapidez con  la que países de la region  reconocieron a Guaidó  y le ofrecieron ayuda. Fue el caso de Brasil, cuyo presidente Jair Bolsonaro, habló desde el balneario suizo de Davos, donde hablaba con líderes de las finanzas sobre su país.

La asistencia masiva de ciudadanos confirió a la jornada las características de una ¨poblada¨ capaz de desbordarse en cualquier momento. Acusado de haber ururpado la presidencia diciendo que había ganado elecciones que adolecieron de graves irregularidades, inclusive de una escasa participación, Maduro y su partido, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), tuvieron una concentración en la parte posterior del Palacio de Miraflores, del sector opuesto donde estaban las multitudes pro-democracia.

Ante ellas, que igualmente parecían colmar todas las adyacencias del  lugar, Maduro firmó la inefectiva orden de expulsión de los diplomáticos estadounidenses. En las primeras filas se destacaba una bandera boliviana, la única fuera de las color rojo que dominaban en el ambiente.

El único soporte firme para Maduro lo dio el general Padrino López, Ministro de Defensa, quien declaró que los militares no aceptaban la presidencia de Guaidó. ¨No aceptamos a un presidente impuesto a la sombra de  oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley¨, declaró, citado por Tal Cual Digital.

Un tiempo visto como una possible figura de transacción que permita el relevo de Maduro, la declaración de Padrino López lo alejó como figura de transición en la baraja  de los líderes demócratas venezolanos.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

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Por ahora…Maduro

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Escrito tras la posesión de Maduro, ayer al mediodía. Habrá actualización. La situación en Venezuela se ha vuelto fluida.

Era previsible que Nicolás Maduro y los militares que lo sustentan recibirían de los poderes bajo su control, un nuevo mandato de seis años para gobernar Venezuela hasta 2025.  Pero de lo que nadie estaba seguro era cuánto podrán aguantar. Lo que siguía siendo claro el fin de semana que pasó era que completar ese mandato representaba una apuesta que ni Maduro ni los jefes militares, se atrevían a articular, pues desde hace por lo menos dos años el gobierno venezolano vive al día, aguardando completar la jornada incólume.  Lo mismo ocurre con la economía pues una gran parte de la población  hace esfuerzos para llegar al fin del día habiendo comido tres veces.

Maduro tomó posesión en un acto que no tiene paralelo en la historia hemisférica reciente, por la cantidad de países que desairaron la osadía de asumir el mando con pretensiones democráticas por parte de quien es equiparado a los tiranos más notables de la región. El mayor aporte para esa distinción abyecta lo representan millones de emigrantes que han abandonado el país desde que el Socialismo del Siglo XXI empezó a gobernar, a fines del siglo pasado.

El presidente Evo Morales fue a dar un abrazo y ofrecer apoyo a uno de los personajes más resistidos en el mundo, pero líderes de oposición rápidamente descalificaron ese gesto y lo definieron como individual. El candidato presidencial de Demócratas Oscar Ortiz dijo que ese apoyo ¨implica complicidad con una dictadura y mancha el nombre de Bolivia¨. Adelantó que si llegase a ganar la elección presidencial de fines de año, Bolivia se retirará de ALBA y UNASUR, los organismos multinacionales creados bajo el  impulso de Hugo Chávez. Ambos organismos languidecen  con el advenimiento de gobiernos de sello adeverso en casi todo el continente.   Carlos Mesa, el candidato presidencial más aventajado en las encuestas, dijo que Morales podía creer en la ¨legitimidad¨ de Maduro pero no hablar a nombre de todos los bolivianos.

Cercado por todos sus vecinos, con una economía a pique, que se ha encogido en más de la mitad en los últimos cinco años, es muy poco  lo que Maduro podría hacer para revertir el cuadro. Encuestas privadas le asignan una aceptación del 10% de la  población venezolana y un porcentaje aún menor cree que bajo su mando la suerte de Venezuela podría cambiar. Gobernar en esas condiciones era como caminar descalzo sobre el fuego.

La controversia sobre cómo Maduro obtuvo un segundo mandato ha sido tan persistente que muchos observadores vieron en ella la causa del atropellamiento del Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, al tomar el juramento a Maduro.

El magistrado, un ex  policía con antecedentes criminales por los cuales estuvo en prisión, no alcanzó a leer de corrido la formula de juramentación y hacia el final se atascó.Tras segundos interminables en los que acudió al papel en el que tenia escrita la formula, concluyó la frase mientras Maduro aguardaba inmutable, envuelto en la atmósfera tensa que había invadido la sala del tribunal.

El ostracismo internacional del régimen empezó a volverse sofocante ese mismo momento, cuando los países del Grupo de Lima, conformado el año pasado para lograr la salida de Maduro y la democratización de Venezuela, decidieron desconocer al gobernante y reconocer como único poder electo el de la Asamblea Nacional, que preside Juan Guaidó. El mismo día, la AN había declarado a Maduro como un usurpador. Paraguay se adelantó a todos y en una reviravolta de una maniobra venezolana que cinco años atrrás lo había excluido de Mercosur, rompió relaciones con Caracas.

La ceremonia de juramentación solo agregó incertidumbre . El viernes,  un cabildo abierto frente a la sede de  las Naciones Unidas, dispuso que  Guaidó, asumiese a las competencias del gobierno, en un quiebre mayúsculo de poderes. Con el respaldo de gran parte de la comunidad, Guaidó se disponía el viernes a actuar bajo ese mandato. La edición digital del diario El Nacional anunció que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro saludó al asambleísta como el nuevo presidente de Venezuela, una movida que se esperaba fuese seguida por países que condenan a Maduro.

Maduro y los jefes militares contaban con el apoyo verbal de Nicaragua, Bolivia y Cuba. El margen de Maduro sería escaso: Resistir podría conducir a una matanza y a la corta o a  la larga perdería, pues otras naciones acabarían interviniendo. Abandonar el país, como lo hizo Marcos Pérez Jiménez en 1958, era un viaje sin destino: ¿A dónde? Quizá Cuba o Bolivia pero ¿por cuánto tiempo?

En una de sus primeras decisiones, Guaidó convocó a una concentración en el barrio histórico de 23 de enero, llamado así en memoria de la fuga de Pérez Jiménez. Qué ocurrirá hasta entonces era otra de las grandes incógnitas que han venido como avalancha este primer mes de 2019.

(https://haroldolmos.wordpress.com)

Es el modelo

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El 23 de enero solía ser recibido con repique de campanas y en todas las escuelas del país había actos conmemorativos en los que las fuerzas armadas eran saludadas con respeto y admiración. Esa Venezuela cambió en los últimos 15 años y la fecha pasa ahora desapercibida, embotellada en la incertidumbre que abruma a una mayoría que todos los días forma filas interminables en los mercados, calladamente para evitar la acusación de subversión. El modelo socialista del siglo XXI generó en Venezuela una incompetencia agresiva hasta hundirse en el mayor aluvión de petrodólares de su historia y oscurecer el acontecimiento político que enrumbó al país por un camino moderno: el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez al comenzar 1958. Ese suceso equivale al de 1952 en Bolivia: no se lo puede ignorar ni disminuir su importancia.

Con la mirada en situaciones más inmediatas, dos diarios influyentes y tradicionales venezolanos, El Universal y El Nacional, reflejaban este viernes la zozobra económica y las dificultades de la libre expresión, convertidas en fenómeno inseparable de los tiempos que vive la patria de Bolívar.

Los periodistas de El Universal, hasta no hace mucho un bastión conservador, declaraban su angustia ante el rumbo editorial del diario que, a menos de tres meses de cumplir 106 años, ven sesgado con el oficialismo y prevenido contra la oposición. Como evidencia ponían las restricciones para informar sobre una conferencia de prensa del dirigente opositor Henrique Capriles.

Con menos eco y un furor neutralizado tras el deshielo en curso entre Estados Unidos y Cuba, el gobierno atribuye las tribulaciones de la economía a una “guerra económica del imperio” contra Venezuela. “Es el modelo, estúpido” editorializó El Nacional, a contrapelo del exitismo que intentaba generar el presidente Nicolás Maduro sobre su gira por Asia, el Golfo Pérsico y Rusia. El editorial subrayaba una advertencia similar de la Iglesia Católica que, un par de días antes, había apuntado al sistema socialista que procura imponer el gobierno como responsable de la crisis de abastecimientos, en un país años atrás caracterizado por la abundancia. Sin matices, los obispos subrayaban que ese sistema “atenta contra la libertad y los derechos de las personas y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado”. Agregaban que el sistema vigente en Venezuela “es, a todas luces, ineficaz.”

Con una frase que para algunos analistas evocaba las gestiones del Primer Ministro inglés Neville Chamberlain con Alemania Nazi, que lograron solo aplazar por algunas semanas la guerra entre las dos potencias europeas, anunció desde Moscú: “He conseguido los recursos necesarios para que el país mantenga su ritmo de inversiones de importación, y la estabilidad económica”.
Acababa de reunirse con Vladimir Putin en las postrimerías de su gira en busca de ayuda para paliar el hundimiento de los precios del petróleo, garantes del 95% de las divisas que recibe el país. El impacto real inmediato del apoyo de Rusia, abrumada por sus propias dificultades financieras, y su efecto sobre el humor de los venezolanos descontentos con las penurias de su país, era este fin de semana algo por verse.
Aún está en desarrollo el llamado de los líderes opositores a acentuar un movimiento que lleve a Maduro a renunciar. “Maduro no llega ni al 30% de respaldo popular, el 60% del pueblo exige su inmediata renuncia, y 80% exige un cambio de gobierno”, declararon en un documento conjunto Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma. El primero es preso del gobierno, cuya libertad Maduro ha propuesto canjear con la de un dirigente independentista puertorriqueño preso en Estados Unidos. Machado es acusada de pretender matar al mandatario venezolano y Ledezma, cuyo partido, Acción Democrática fue uno de los gestores del derrocamiento de Pérez Jiménez, está acosado por juicios que les siguen las autoridades.
Los tres líderes anunciaron que han convergido en una visión unida para llegar a una salida democrática para su país. Propósitos igualmente claros para conseguir la salida de Maduro ha anunciado reiteradamente Capriles, quien en 2012 estuvo cerca de vencer en elecciones a Hugo Chávez.
Con las aristas antagónicas de la sociedad venezolana otra vez afiladas, la propuesta opositora contra el gobierno de Maduro evidenciaba la crispación bajo la que vive en vecino país.