YPFB

Anuncio en víspera de Reyes

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La noticia es del 5 de enero, cuando Exterran, de Houston, publicó un aviso informando que construirá en Itaú el complejo procesador de gas con mayor capacidad  entre sus plantas en América Latina. Era víspera del  Día de Reyes.

Para la magnitud de la obra -5,66 millones de metros cúbicos de procesamiento diario-, cuya  inversión total aún no es pública, podía esperarse un anuncio especial de YPFB, pues es la primera obra industrial de esa escala emprendida por el sector petrolero privado desde las medidas de 2006, diseñadas para retomar el control de toda la industria petrolera. No lo hubo. La obra fue licitada y adjudicada por Petrobrás, que opera el campo Itaú, cuya producción está destinada a cumplir los compromisos con ese país.

Exterran Holdings Inc. ya se adjudicó otra planta –la ampliación de la de Yapacaní, que opera desde fines del año pasado- con un procesamiento de poco más de 1,5 millón de metros cúbicos diarios de gas.

El mismo día de la publicación de Exterran,  los diarios hablaban de incrementar la producción gasífera para poder cubrir las obligaciones con Argentina que de casi ocho millones de metros cúbicos subirán a unos 27 mm3d para fines de la década.

Para cubrir esas cantidades son necesarias inversiones de magnitud, que no se han realizado en los últimos seis años. En realidad, hace tiempo que Bolivia debía estar produciendo unos 72 millones de metros cúbicos diarios (actualmente: unos 42 mm3) para las obligaciones contraídas. Pero Argentina redujo sus metas de compra y pudimos cumplir normalmente con Brasil y abastecer el mercado interno.

Un informe de la Fundación Milenio observa que los ingresos récord por exportaciones de gas han tenido como contrapartida inversiones misérrimas –en la escala petrolera- en exploración. De los más de 14.700 millones de dólares generados por el gas en el quinquenio 2006-2010, la exploración recibió migajas. “Ningún país –dice Milenio- podría ser centro energético de ninguna región invirtiendo tan solo US$ 293.3 millones en exploración durante un periodo de cinco años; ese es un monto bajísimo que equivale a un promedio de US$ 58.7 millones por año…” ¿Recuerdan que el Presidente Morales inauguró hace un par de años un pozo exploratorio, cuyos resultados son hasta ahora desconocidos? Si el resultado fue negativo, no había por qué callarlo, pues los fiascos son normales en la industria.

Se suponía que  las medidas de 2006 conferían a Bolivia autonomía en la gestión de sus campos. Esa gestión tiene limitaciones, pero no son públicas. O no se las ha especificado.

Entendidos en este asunto recuerdan que el emprendimiento de Exterran viene de los convenios de 2010 entre YPFB y sus socios y operadores de Itaú, a los que se sumó Petrobrás (la más afectada con la nacionalización de 2006), con un 30%. YPFB detenta la menor participación, con un 4%.  Total tiene el 41% y  BG Bolivia el 25%.  La prioridad de los yacimientos, y de la procesadora, es Brasil, cliente príncipe del gas boliviano. Mutún o complejos petroquímicos no entran en esta ecuación.

Técnicos consultados sostienen que ante los signos declinantes observados en los campos de  San Alberto y Sábalo, de donde sale el gas para Brasil, es natural que los operadores quieran garantizarse  suministros. El  contrato con Brasil vence en 2019. Tras seis años de ingresos milmillonarios causados por un capitalismo duro de morir, los socios de Yacimientos empiezan a abrir la billetera para garantizarse compras contratadas y recuperar tiempo. YPFB, que tampoco abrió la suya, ahora también quiere desandar el tiempo perdido.

Gas de YPFB para termoeléctrica en Cuiabá

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Petrobras ha informado este martes que ha suscrito un complemento al contrato de compra de gas natural que tiene con YPFB. El acuerdo permitirá la entrega de hasta 2,2 millones de metros cúbicos diarios del total de 30,08 millones de m3 por día estipulados en el contrato vigente. El gas natural estará destinado a la termoeléctrica de Cuiabá, que será reactivada.

La verdad de la milanesa

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La caída de las reservas de gas natural ha determinando en los hechos un replanteo  de la política de hidrocarburos seguida por el presidente Evo Morales.  Sólo así puede explicarse el fin abrupto de las subvenciones a la gasolina y al diesel,  pese a los riesgos políticos y sociales que el rediseño encierra. Si tendrá el juego de cintura suficiente para hacerlo y salir políticamente inerme, es otra cosa.

El problema es un dilema existencial para el gobierno que, para salvar a la principal industria generadora de ingresos para el país, ha tenido que desechar su retórica anti-capitalista. Nada más musical a los oídos “neo-liberales” que acabar con los subsidios y dejar que los precios internos oscilen con las fluctuaciones internacionales. El presidente defendió el miércoles por la noche las medidas de su gobierno y enfatizó la necesidad de más que doblar el valor por barril de petróleo de $US 27 a $US 59 que se paga a  las empresas que producen también para el consumo nacional.  “Si queremos inversión y tener mayor producción de gasolina y diesel, el inversionista debe tener utilidades e incentivos”,  dijo, en un lenguaje que Adam Smith, considerado como el padre del capitalismo, aplaudiría.  Los precios  estarán regidos por los mercados mundiales, de acuerdo al ministro de Hacienda, Luis Arce Catacora, quien el lunes anunciaba que los precios estarán indexados por las fluctuaciones del mercado internacional de hidrocarburos. La noticia la pregonaba Erbol en su página de ese día.

Al eliminar los subsidios, el gobierno ahorraría unos 600 millones de dólares que, de acuerdo a la retórica oficial, permitirán mayores inversiones en hidrocarburos.

Todo luciría perfecto. Pero, ¿es realmente cuestión de invertir y resolver el problema? ¿No es más bien la pobreza de gestión la que impide movilizar siquiera las inversiones que el país está en condiciones de realizar?  Pues ¿cómo se explica que la ejecución del presupuesto de la nación, con cálculos para diciembre, divulgados hace unos días por El Deber, registre  un magro 13,6% en hidrocarburos? Es decir,  un 84,4% no ha sido ejecutado. ¿Por qué?    En conjunto, el promedio de ejecución era del 56,6% de los veinte ministerios. En una empresa privada, eso sería un desastre administrativo y derivaría en una dimisión masiva de ejecutivos. Es parecido a lo que ocurriría con un condominio donde los propietarios cumplen con sus cuotas pero los administradores no pagan la luz, el agua ni el mantenimiento. Así, el condominio acaba colapsando.

Hay una sola manera de explicar lo que ocurre: la gestión gubernamental en estos cinco años ha sido deficiente en hidrocarburos, donde YPFB ha tenido seis presidentes desde 2006. La industria básica de los bolivianos se ha encogido: menos reservas, menos producción, más importaciones.  Con sus bases de  técnicos severamente recortadas, y perforando dos pozos por año (frente a 40-50 de hace medio siglo), es inútil  pensar  en la empresa que muchos bolivianos soñaron desde su creación, hace más de 70 años: gestora industrial, con polos petroquímicos  que harían de Bolivia un centro energético continental.  El presidente Morales lo admitió a medias cuando, hace pocos días, decía que íbamos mal en el sector.  Y poco después venía el mazazo de la eliminación de golpe de subsidios.  El empeño en mirar al pasado y  en ahuyentar las inversiones privadas empieza a mostrar frutos indeseables para todos.

Enredos

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Una forma que la mente tiene para comprender situaciones aparentemente complejas es la comparación. Nada  más insípido y difícil de visualizar que las cifras. Por eso es esencial compararlas con otras con las que comúnmente trabajamos. Un tiempo atrás, una redacción brasileña debatía sobre cómo hacer visible para el lector el volumen de selva afectada por un incendio forestal. Finalmente se encontró la fórmula comparativa. La extensión devastada por el fuego equivalía a tantos cientos (o miles) de estadios Maracaná. El público que leyó la información entendió de inmediato el tamaño del fenómeno al visualizarlo a través de una medida que le era común.

La semana que pasó hemos visto desfilar cifras que hablan de nuevos e importantes descubrimientos de depósitos de gas natural y su significado para las exportaciones bolivianas. Por ejemplo, grandes titulares anunciaron descubrimientos de la empresa Chaco en el campo El Dorado, en Santa Cruz. Diez millones de pies cúbicos por día se agregaban a la producción del campo para la demanda externa e interna, decían los informes de la prensa. La cifra lleva siete ceros. Pero reducida a la escala de metros cúbicos con la que Bolivia comercializa su gas, esa cantidad resulta en 283.286 metros cúbicos, bastante menos del 1% de los aproximadamente 30 millones de metros cúbicos que, por contrato, debemos entregar a Brasil diariamente.  No  había, pues, mucho para celebrar. Más claro para el lector habría sido decir que el descubrimiento agregaba una fracción a los volúmenes de exportación. Otra información decía que pocos días antes la firma  Andina había  descubierto un reservorio que contendría un trillón de pies cúbicos (¡!). Otra cifra macro, esta vez sideral: Un uno con dieciocho ceros. Absurdo. Probablemente se trate de un billón (doce ceros). Esta cifra correspondería a poco más de 283.205.890 metros cúbicos,  26 meses de exportación a Brasil (Nota: el máximo que se extrae de un reservorio es de un 70%). Para tener metros cúbicos, se divide el total de pies cúbicos entre 35,31. El m3 es medida utilizada para el comercio de gas y estipulada en los contratos con Brasil y también con Argentina. Esa medida debería ser utilizada en los anuncios oficiales para no generar confusiones.

A propósito, leo en el Boletín Estadístico 2009 de YPFB que el año pasado la producción osciló entre 32,33 millones de metros cúbicos diarios (diciembre) y 41,94 MM3 (junio). Esos volúmenes nos colocan apenas encima de nuestras obligaciones diarias con Brasil (hasta 31 MM3) y Argentina (6,7 MM3) con márgenes sólo suficientes para nuestra demanda interna. Se ignora cómo serán cubiertas las necesidades de El Mutún o los planes para venderle a Paraguay, Uruguay y quizá a Chile, además de atender programas industriales (¿se acuerdan de las termoeléctricas?).

Hay que partir de una premisa: tenemos gas natural ,pero no tanto como se creía hace una década. Un ingeniero petrolero me asegura que los reservorios bolivianos no tienen más de 30 metros de altitud en tanto que en otro país petrolero del hemisferio la altitud llega a 300 metros. Creo que a todos alegra que YPFB y las firmas con las que está asociada encuentren nuevas reservas. Pero al hacer los anuncios, por favor dar las cifras como deben ser dadas. No se puede ofrecer una casa de 200 metros cuadrados y decir que esa superficie es de 3.230 pies cuadrados. Menos aún hablar de trillones…

Carrusel de ilusiones

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Uno de los fundadores del desaparecido imperio soviético decía que revolución equivalía al poder soviético más electricidad. Es decir, poder político agregado de energía. La voz de Lenin fue sólo parcialmente escuchada: hubo poder total, pero la energía quedó distante de los planes originales. Cuando estuvo disponible, fue más para la exportación. La ex URSS necesitaba de divisas fuertes para financiar su comercio con las naciones capitalistas.  La ex URSS dependía fuertemente de sus ventas de petróleo y vació gran parte de sus campos para sostener su economía.  Una situación parecida tiene lugar en la Bolivia de 2010. La British Gas y Pan American Energy informan que invertirán hasta 500 millones de dólares más hasta 2012 para garantizar la exportación de gas a Argentina, vecino con el cual no logramos cumplir un compromiso anterior que obligaba a exportar, a partir de este año, 27.6 millones de metros cúbicos de gas natural. Un acuerdo rediseñado prevé llegar a ese volumen sólo en siete años más. Es decir, las inversiones de las dos empresas son para asegurar las exportaciones al vecino país. Un experto petrolero me dice que aún así no es muy seguro que los planes de producción hasta 2012 en el campo de Margarita lleguen a cumplirse. Las reservas del campo son grandes, pero en petróleo nunca se extrae la totalidad que yace en el subsuelo. Este ingeniero me dice que un promedio regular de la producción que sale de los campos va del 30% al 70% de las reservas. El resto es en gran parte extraíble, pero a costos mucho más elevados.

YPFB está en deuda con los bolivianos.  Dio lugar a esperanzas de industrialización, gas para el Mutún, petroquímica y plantas termoeléctricas. Se la suponía una garantía de apoyo sólido para impulsar el desarrollo. Pero su gestión es hasta ahora deficitaria. Ya no se habla de petroquímica ni de termoeléctricas. Apenas de cumplir compromisos incumplidos. La razón es matemática: la producción gasífera no se ha movido desde hace casi cinco años. Los planes iniciales mencionaban que para estos días el país tendría que estar produciendo unos 72 millones de metros cúbicos de gas y apenas sobrepasa los 40 millones, con los que apenas mantiene la cabeza fuera del agua. Para llegar a esos volúmenes es necesaria una exploración intensiva, que no está en el horizonte inmediato. El plan quinquenal de la empresa prevé para este año dos pozos (cierto: dos), número ínfimo cuando hace 40 años YPFP llegó a perforar más de 50 pozos en doce meses. Y el primero de esos dos ya está atrasado: hace pocas semanas las autoridades anunciaron la importación de equipos, lo que hace verosímil pensar que la exploración con ese pozo empezará a fines de este año o comienzos del próximo. El presidente Morales que estuvo en las actividades preparatorias tuvo razón en su impaciencia de hace unas semanas cuando reclamó que la empresa estatal no invertía. A esto  se agrega un aluvión de automóviles que ahogan calles y carreteras del país, lo que presiona por más importaciones de gasolina y diesel. Lo que, a su vez, presiona sobre los recursos nacionales. Todo un círculo vicioso, patente con las tragedias cada vez más frecuentes en nuestros caminos.

Entretanto, Perú ya inauguró su planta de licuefacción de gas cerca de Lima. Y adivinen quién es el comercializador exclusivo para llevar el producto hasta México (¿les suena familiar el mercado mexicano?): Repsol. México era uno de  los mercados del Pacífico al que se esperaba llegar con gas boliviano. El proyecto encontró una oposición feroz. Fue una hoja más en las margaritas de nuestras ilusiones industriales.

El costoso endogenismo

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Hace pocas semanas, Zimbabwe (ex Rhodesia) celebró 30 años de independencia, bajo un régimen  “endógeno”, con prevalencia de los negros, antes discriminados oprobiosamente. Al mando de Robert Mugabe (todavía gobierna) fue instaurada una economía indigenista que rompió lazos con gran parte del mundo occidental, nacionalizó o estatizó cuanto encontró a su paso y dejó morir los algodonales y  haciendas que antes daban vida y confort en Zimbabwe, entonces un oasis en la convulsionada África. Resultado de tres décadas de un gobierno que reverencia un pasado de dudoso éxito y se esmera por mantener el curso,  han sido la conversión del país de una nación relativamente bien colocada en la economía africana a país mendigo, necesitado de ayuda externa para sobrevivir. El año pasado, la inflación seguía la velocidad de la luz. Llegó a cuatro trillones, un 44 seguido de quince dígitos. Para este año se la estima en 7,3%, lo que muestra el esfuerzo titánico que debe sobrellevar ese país (algunos deben recordar la estabilización draconiana de fines de la década de 1980 tras años de empobrecimiento abyecto de los bolivianos.)   The Economist informa que el más reciente paso en la “indigenización” económica ha sido obligar a las empresas valoradas en más de medio millón de dólares a estar bajo control indigenista total. Es decir, sin blancos.

La nacionalización o estatización cuádruple decretada el 1 de mayo está en camino de entregar al control del estado  todas las áreas llamadas  estratégicas de la economía. Lo que pasa con Zimbabwe debería ser un alerta y un camino prohibido.

Ya tenemos algunos ejemplos del exceso estatista. La producción de YPFB se mantiene en descenso: 37.000 barriles de petróleo, menos que en la década de 1970; 37-39 millones de metros cúbicos de gas natural (raspamos la olla para cubrir compromisos externos y echamos bajo la alfombra planes petroquímicos y termoeléctricas).

Cuatro años después de la toma de los campos que controlaba Petrobrás, el país está a oscuras sobre lo que ocurre con la empresa que gana el pan para los bolivianos. Expertos petroleros informan que el 8 de diciembre de 2008 fue la última vez que se puso a disposición de los interesados –la industria en  general- el parte diario de producción de los campos de YPFB. Tampoco ha habido una medición certificada de las reservas de gas. De manera que obtener información precisa sobre la industria petrolera boliviana equivale a caminar sobre el agua esperando que los pies toquen terreno firme. No es nada fácil.  Un ejemplo: hace unos meses la empresa inauguró (correcto) la perforación de uno de dos  pozos a ser perforados este año, rutina ínfima en la industria petrolera. En Bolivia, esa rutina es  excepcional, quizá por la ausencia de inversiones que revitalicen la industria y al deseo de mostrar que no se encuentra estática.

Algo más: En este mes de mayo, un aviso en una revista anuncia que YPFB ha concluido la preparación para empezar a hundir sus taladros, es decir el trabajo de desboscar, abrir caminos, construir la plataforma, etc. Sólo que la perforación de un pozo profundo demanda, me dice un ingeniero, 370 días. Y encima de todo, el hambre nacional por derivados de petróleo parece insaciable.  El Deber informaba hace unos días que las importaciones crecieron en un 96% este trimestre (enero-marzo) respecto al mismo período de 2009: US$ 88,5 millones versus 173,3 millones. Ustedes  juzguen.

Apuros energéticos

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La mayoría de los informes que llegan de Venezuela deja la idea de un ambiente pre-insurreccional en ese país. La encuestadora Interlaces, cuya pesquisa más reciente circula en la internet, dice que el 61% de los venezolanos cree que su país va por mal camino, frente a 37% que piensa lo contrario. El estudio dice que el 61% apoya las marchas estudiantiles que sacuden al país frente a un 30% que las rechaza.  “El descontento es masivo y contagia también a los “revolucionarios”, dice en un artículo la columnista Marta Colomina, de El Universal, de Caracas.  Incluso, dice, el comité central del Partido Comunista Venezolano ha advertido que  “la situación tiende a complicarse con males como la falta de planificación, el clientelismo, el aumento de la burocracia, la ineficiencia…”.

Hay allí un huracán en desarrollo. Lo que pueda ocurrir nos toca no sólo políticamente, dados los vínculos del gobierno del presidente Morales con el de Hugo Chávez. Nos toca también un nervio que Bolivia no ha conseguido proteger: energía. De Venezuela llega alrededor de la mitad del diesel que consumimos (500 millones Lt/ año), que es vendido al consumidor a un precio que subsidia el estado desde hace casi dos décadas. Las condiciones parecen inmejorables, pues no se conoce públicamente dónde se registran los pagos, o el endeudamiento, por ese diesel. Más aún: el consumo de carburantes este año estará más alto que nunca. El subsidio entre lo que pagamos al importarlos y lo que obtenemos al venderlos será de unos $400 millones, suma menor que los $550 de 2008 pero gigantes para un país que necesita gastar dinero en muchas necesidades ineludibles (salud, educación, vivienda, carreteras). Para comparar, con el dinero de los subsidios a la energía este año podríamos financiar nosotros mismos la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos (en construcción con un crédito de Brasil) y de yapa construir unas 2.300 escuelas.

 La manera de cuidarnos es el autoabastecimiento. Es una verdad de Perogrullo subrayar que un país sin energía se paraliza (“se nos muere”, para citar la expresión con la que se erigió el “neoliberalismo”). Pero es muy poco lo avanzado para llegar a la meta. Estamos peor que antes. Al descender la producción de gas natural, porque los campos no pueden producir y porque no hay inversiones para explotar mejor los actuales ni rescatar los que han dejado de producir, menos aún para descubrir nuevos, disminuye nuestra capacidad productora de gasolina, que ya importamos.

No es mucho lo que podemos esperar este año. El plan quinquenal de YPFB habla de la perforación de cuatro pozos, cantidad ínfima respecto al promedio de 52 anuales que la empresa realizó en el decenio 1960-1969. Un pozo es una rutina en un país petrolero. En el nuestro –que no es petrolero- perforar es fiesta con ceremonias a la que van líderes nacionales.

El 10 de enero, YPFB emitió un aviso publicado en El Deber. Era una convocatoria para designar al  gerente nacional de explotación y exploración. A esa gerencia le habría correspondido elaborar el plan quinquenal que se quiere aplicar, con inversiones de casi $7.900 millones. Un ingeniero con mucho camino en la industria petrolera me dijo: Es un aviso que inquieta. Es como si alguien que está rumbo a la clínica para una cirugía cardíaca lee en el periódico que la clínica está buscando un cirujano cardiólogo jefe, que estaría a cargo de la cirugía…

Una extraña manera de administrar

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 YPFB: Planta Separadora parte con déficit de 13 millones

 El diario el Nacional de Tarija trajo el domingo un editorial que merece ser leído. Nos muestra las debilidades de gestión de la empresa gana-pan de Bolivia: YPFB, y su proyecto para re-lanzar este año el proyecto para separar líquidos del gas natural que se exporta a Brasil y Argentina.  Con pérdidas garantizadas por el bolsillo del contribuyente cualquiera puede administrar cualquier empresa.

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El presidente interino de YPFB ha anunciado que en los próximos días se licitarán las obras civiles para la instalación de la Planta Separadora de Líquidos en Río Grande, Santa Cruz, con lo que se reiniciará la ejecución de este proyecto, cuyo funcionamiento estaba previsto para agosto de 2009, frustrado luego de que en enero de ese año se destituyera a Santos Ramírez de la presidencia de YPFB, sindicado de estar involucrado en supuesto tráfico de influencias y otros delitos.



Según la agencia oficial de noticias ABI, el presidente interino de la estatal petrolera afirmó que “En el año 2009 hemos agotado todos los esfuerzos para evitar mayores daños económicos al Estado a través de la planta de Río Grande, por eso es que la planta de separación empieza su licitación de cero en enero del 2010”. Los hechos parecen desmentir rotundamente a dicha autoridad.



No es de cero que empieza el asunto. YPFB pagó ya varios millones de dólares a Catler/Uniservice por una planta con capacidad para procesar un sexto del total de gas que se exporta al Brasil. De esa millonada no pudo recuperar al menos 13 millones de dólares, monto reconocido por las propias autoridades del Organo Ejecutivo, y que fue pagado a Gulsby, la fabricante subcontratada por Catler para un componente central de la Planta Separadora. El reinicio del que se habla parte entonces con números negativos y no de “cero” como se pretende hacer creer.



En una curiosa forma de enfrentar el problema, el propio gobierno infligió al menos ese daño económico de 13 millones de dólares al Estado boliviano, además del monto de dinero que no pudo recuperar porque esa planta separadora no estuvo funcionando desde agosto pasado, como estaba previsto, suma adicional que supera los 80 millones de dólares, que es el valor de los licuables no procesados en ese período. Este daño ya no se lo puede imputar al defenestrado Santos Ramírez, porque es resultado de las acciones de su sucesor. 



En efecto, un problema de supuesta corrupción pública sirvió de pretexto para que, desconociendo olímpicamente el carácter administrativo del contrato suscrito y de las facultades precisamente administrativas (exorbitantes) que tiene el Estado en cuanto contratante, los sucesores del ejecutivo de YPFB caído en desgracia, dejaran que el propio Estado boliviano pierda casi voluntariamente esos 13 millones de dólares y dejaran también que el gas rico en licuables siga fluyendo gratuitamente al Brasil, postergando los proyectos de industrialización en el país.

Lo que correspondía era procesar los asuntos penales en la vía penal y reasumir la construcción de la Planta en base a decisiones administrativas, ya que se utilizó dinero del Estado. La omisión y sus consecuencias ameritarán un examen posterior por cuerda separada, siempre y cuando la Contraloría General sepa cumplir su rol.



Quedan varias dudas en las difusas declaraciones de los ejecutivos de YPFB: ¿Cual la capacidad de procesamiento de la Planta cuya construcción se anuncia nuevamente? ¿Será de la misma reducida capacidad que se encargó a Catler/Uniservice? ¿Cual el costo previsto para esta nueva Planta? ¿Como se explica que se encargue una Planta con capacidad mucho menor al volumen de gas que se exporta al Brasil, como fue el caso de la que debía entregar Catler?

Los $1.000 millones para YPFB

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La firma de un convenio entre el Banco Central y YPFB, para entregar a la empresa petrolera mil millones de dólares ganaron los espacios de la TV la noche de este jueves.  PAT, en su programa “No Mentirás” tuvo el acierto de entrevistar al economista Gonzalo Chávez. El economista explicó, con extrema claridad, cómo Bolivia, país del tercer mundo, pone en riesgo sus magros recursos para que YPFB muestre algún resultado que lo aproxime a las expectativas que crearon las medidas dictadas el 1 de mayo de 2006. “Podríamos construir varias carreteras, contar con 10 hospitales equipados con tecnología médica de punta, miles de escuelas”. La lista de posibilidades que puede generar en areas productivas e infraestructurales una cantidad como la que se otorga a YPFB es amplia. La conductora del programa tuvo la habilidad de colocar la pregunta sobre el tino económico de ceder una cantidad sin precedentes para el Banco Central   a una empresa agobiada por denuncias de corrupción y acusaciones de incompetencia. La reacción del público fue de un escepticismo abrumador sobre la buena administración que se esperaría de la empresa fiscal. Igual escepticismo manifestó Carlos Valverde, en su programa “Sin Letra Chica”.

 El dinero que se entrega a YPFB proviene de las reservas monetarias internacionales que con tanto esfuerzo acumuló el país durante la bonanza -ya ida- de los precios del petróleo. Es decir, de los ocho mil y tantos millones de dolares que constituyen los ahorros del pais en los ultimos anos, un 12% pueden desaparecer en una jugada de alto riesgo.

El problema, como lo hizo notar Chávez, no es que YPFB carezca de recursos financieros sino en su incapacidad de conseguirlos porque no se ha ganado la confianza de los mercados de capitales. Cosa difícil, por lo demás, dada la aversión inicialmente exhibida por el gobierno hacia las inversiones extranjeras.

El suspenso de Santos Ramírez

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El ex presidente de YPFB y ex militante del MAS Santos Ramírez no ha querido hablar, dicen las autoridades del Penal San Pedro, por decisión propia, en una repentina retractación respecto a sus deseos anteriores. El jueves había dicho que hablaría con los periodistas y éstos se habían apresurado a congregarse en la plaza frente a la cual está esa penitenciaría. Se me ocurre que los periodistas tendrían que celebrar el que su presencia no hubiese despertado la furia de los vigilantes masistas del lugar, pródigos en repartir azotes sobre los lomos de quienes, hace unos meses, se aproximaban para cubrir periodisticamente aquienes llegaban a esa plaza para manifestar su repudio al encarcelamiento del prefecto elegido Leopoldo Fernández.

Es natural sospechar que Ramírez tiene mucho que decir. En la soledad de su celda en el penal habría decidido que era el momento de contar su versión sobre lo ocurrido y por eso habría pedido autorización de las autoridades del lugar para hablar con los periodistas. Tiene todavía condiciones para desenrollar toda la madeja del caso más conspicuo de corrupción bajo el gobierno del presidente Evo Morales. Pues a nadie se le quita de la cabeza que Ramírez no actuó solo y que lo hizo bajo las normas impuestas por el gobierno que lo autorizaban a realizar contrataciones directas. Eso lleva la responsabilidad también a toda la cúpula gubernamental. El ex No. 2 del MAS no puede, bajo una lógica elemental, haberse movido como un llanero solitario para aprobar un contrato por más de 86 millones de dólares, gran parte de los cuales ya desembolsados.

Es también natural sospechar que el repentino cambio de opinión atribuido al ex mandamás de YPFB y del MAS es porque fue persuadido de mantener la lengua detrás de los dientes. Esa actitud no debería prolongarse mucho. Al pasar de los días, Ramírez podría percibir que su soledad sólo tiende a crecer y que tal vez su única defensa sea hablarle al país y contar todo lo que sabe en torno a este oscuro y sangriento episodio, a raíz del cual su partido ha puesto un cierre a su discurso sobre la honestidad. Ramírez es en este momento es todo un archivo con mucha información que el pais entero querria ver abierto.

El episodio del que deriva su prisión ha ganado notoriedad y ya ha visitado las páginas internacionales de muchos de los diarios más importantes del mundo.