Tipnis

La coca contra las cuerdas

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Los países europeos han manifestado impaciencia con Bolivia a raíz del crecimiento de los cultivos de la llamada “coca excedentaria”, que alimenta la producción de drogas, y le reclaman un  “estudio serio” sobre el consumo natural y los excedentes de producción de los que se nutre el narcotráfico.

La información sobre la actitud europea fue dada en las últimas horas por Erbol, que colocó en su página web una entrevista con el embajador de Dinamarca, Morten Elkjaer.

El diplomático dijo que los países europeos aguardan “un estudio bien hecho” por parte de Bolivia respecto al consumo interno de la hoja y sobre el combate al narcotráfico.  “Hay preocupación en todo el mundo sobre el narcotráfico. Es importante que los estudios que se hagan sean bien hechos. Yo creo que es la primera vez que se aprobó hacer un estudio sobre eso, respecto al consumo de la coca. Tiene que ser un estudio bien hecho y de calidad”, dijo el diplomático, citado por Erbol. En lenguaje diplomático, las palabras del representante europeo llevan un mensaje que las autoridades no podrán ignorar: basta con informes que muestran cifras y presentan afirmaciones no comprobables por estudios independientes.

Para ese estudio, la Unión Europea asignó a Bolivia un millón de euros y  debía haber sido entregado en octubre al cabo de año y medio de retraso, dice la ihformación. Pero el mes acaba de vencer y el trabajo aún no llegó a manos europeas, de acuerdo al informe de Erbol.

Bolivia, particularmente bajo el gobierno del presidente Morales, insiste en que el consumo de coca es una tradición ancestral y que los países con alto consumo de cocaína deberían hacer más esfuerzos contra las drogas entre sus propios consumidores.

La noticia viene tras la racha de descubrimientos de laboratorios de producción de droga a lo largo de casi todo el año y la captura de decenas de personas sospechosas de narcotraficar. Similar impaciencia fue exhibida anoche por el presidente del Comité pro Santa Cruz, Herland Vaca Díez. Al leer un mensaje durante una ceremonia en la que se conmemoraban 61 años de la creación de ese comité, Vaca Díez reclamó protección para los parques nacionales del departamento, invadidos por sembradores de coca.

El temor de que el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure se vuelva tierra libre para los cocaleros fue una de las razones para la rebelión pacífica de los nativos que obligaron al gobierno a cancelar el proyecto carretero que atravesaría el lugar. Más de un millar de nativos y simpatizantes de la preservación de ambiente marcharon durante 66 días desde Trinidad hasta La Paz y fueron objeto de una de las mayores manifestaciones de simpatía de la sede del gobierno que con desgano visible tuvo que anular la ley que permitía la construcción de la vía por ese parque.

Erbol también entrevistó al jefe de la Delegación de la UE, Kenny Bell, quien dijo que los países europeos, donde el gobierno del presidente Morales gozaba de amplias simpatías, esperaban recibir ese documento a pesar de la sensibilidad que lo rodea.

Originalmente, el estado boliviano autorizaba  una extensión máxima de 12.000 hectáreas a ser dedicadas a  los sembradíos de coca. Luego, esa cantidad fue ampliada a 20.0o0. El total de área cultivada sería de 31.000, de acuerdo con los más recientes informes de Naciones Unidas. La nota de Erbol, que asocia a más de 300 emisoras rurales, dice que el total excedente llegaría a 19.000 hectáreas, es decir que habría  un total de 39.000 hectáreas de cocales. La cifra anterior ya era un récord para Bolivia, que es el tercer productor de hoja de coca, después de Colombia y Perú.

Nota: Días después (el 7 de noviembre), la representación de las Naciones Unidas en Bolivia reordenó las cifras que reproducía Erbol y que atribuía a delegados europeos. Son sí, 31.000 hectáreas, y es de esa cantidad que se cree que 19.000  van al narcotráfico. Es decir, más de dos tercios de la producción de coca en Bolivia está destinada a la cocaína y al narcotráfico.

La ley del Tipnis, según Isaac Avalos

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El senador Isaac Ávalos ha hablado sobre la ley que declara intangible al Tipnis. “Nada, nada”, nada se podrá hacer en el parque. Ni cazar, ni pescar. Es su verbo. Acabo de oírlo en la TV. Que se cuiden los pájaros y las capivaras  y estén atentos los lagartos y los cocodrilos, los jochis, las serpientes, especialmente las pitones. Todos ellos deben entender y seguir lo que dice el honorable senador. Los peces grandes no podrán comerse a los chicos y las hormigas deben cuidarse de no abrir huecos para sus casas. El Tipnis es intocable. Es como si se hubiera ido a la luna. Está en otra dimensión. ¿Será?

Intangibilidad

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Desde ayer está en proceso un debate que esta tarde se intensificó al  comenzar en el Poder Legislativo la discusión del proyecto de ley modificatoria de otra respecto al Tipnis. El cuello de la  botella lo constituye la palabra “intangibilidad”, intocable. La palabra viene de “tangere”,  tocar. Intangible equivale, entonces, a intocable.  Y las dudas se han vuelto fuego estimuladas por el temor de que, al ser declarado intangible, en el Tipnis no se pueda tocar ni un plátano, menos cortar algún árbol  o cazar y pescar. Es decir, sus habitantes, autóctonos o no, tendrían el Tipnis solamente para contemplarlo. Los nativos se preguntaban si no se les  habría tendido una trampa.  El debate legislativo era intenso, con acusaciones de uno y otro lado en torno al tangible problema. Qué es lo intangible? Todo el parque, sus árboles, sus animales, su terreno? Habrá que elaborar una ley interpretativa?

Quienes creímos que los acuerdos iniciales eran una clara señal de paz, no estábamos en lo correcto. Hoy han empezado a movilizarse cocaleros del Chapare y algunos grupos comenzaban a reunirse en la Plaza 14 de Septiembre, en Cochabamba (correcto; anterior entrada mencionaba a la Plaza Murillo de La Paz),   para presionar por la construcción de la carretera, tal como había sido originalmente diseñada: a través del parque.

Para los hombres de la selva la caminata no ha terminado. La palabra que les ofreció el gobierno para zanjar la disputa -intangibilidad- era observada con marcada susceptibilidad.

Eran pasadas las 23:30 cuando la TV oficial, Canal 7, mostró al presidente Morales firmando la nueva ley, que incluye el término.  Luego pronunció un discurso en el que reiteró, mostrando un fajo de documentos, que había recibido pedidos de pobladores de la región (Beni y Santa Cruz, dijo en un momento, confundiendo a Santa Cruz con Cochabamba) para que se construya la carretera. Por su mirada y su rostro con expresión adusta, no estaba en un  momento que le agradase. Pero los nativos dentro y fuera del Palacio de Gobierno celebraron la promulgación.

Desde Santa Cruz, los canales de TV mostraron imágenes en las que los nativos levantgaban la vigilia que habían mantenido a lo largo de diez semanas y se preparaban para el retorno.

En La Paz, los dirigentes de la marcha habían dicho que se retirarían con una despedida, pero no estaba claro en qué momento la harían. La jornada acababa bajo una cierta atmósfera sombría, estimulada por no saber qué harían los grupos de cocaleros que  hab;ian empezado a renirse en la plaza principal de C ochabamba para presionar por la  continuidad de la obra de acuerdo a su diseño original.

Hoy, miércoles 27 de octubre, el Dr. Jorge Ordenes, académico de la lengua, accedió a una explicación etimológica del discutido término. Hé aquí:

Intangibilidad (que no puede ser tocado) , en uso desde desde más o menos 1500, viene del francés intangible o quizá directamente del latín intangibilis de significado contrario a tangibilis o tangible. Intangible (adjetivo) desde más o menos 1880 significa que no puede ser captado por la mente… y menos por los sentidos.

Sin retorno

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Ahora no hay duda que el gobierno del presidente Morales, generador de expectativas en toda Bolivia y en muchos otros lugares como una señal de que “otro mundo” sería posible, no representa más esas esperanzas. Al menos para los indígenas y muchísimos bolivianos.
Ya en agonía, esas expectativas murieron el 25 de septiembre, cuando un puñado de nativos de los llanos resistió la embestida de la policía enviada por las autoridades para reprmirlos y apresarlos.
Hasta ahora nadie da el paso al frente para decir “yo fui” quien dio la orden. Los nativos ofrecieron la otra mejilla y la población de Rurrenabaque, a donde habían sido trasladados en camiones, actuó como un solo Cirineo, superó a los custodios y los liberó. Al llegar a La Paz, recibieron una bienvenida apoteósica, con cientos de miles de paceños en las calles, una multitud que jamás el gobierno había visto junta en su sitio fuerte.
Con su gesto bravío, y sin bombazos ni dinamitazos, los nativos dieron una lección sobre cómo marchar pacíficamente por sus derechos. Toda Bolivia, salvo escasas excepciones, blindó a su alrededor la causa de los Tipnis. El presidente se fue a Cochabamba, y no quiso saber, al menos en esas horas, de quienes habían caminado 600  kilómetros para llegar hasta él.
El gobierno, racionalmente o no, siguió con rigor el principio ultra-marxista de que nada es permanente; todo cambia. Como todo cambiaba, era complicado asumir decisiones que habrían sí tenido carácter permanente. Como la de modificar el trazado de la ruta carretera a la que se oponen los Tipnis, bautizados popularmente como tales para simplificar su nombre e identificarlos mejor.
El  “otro mundo”  había quedado a flor de piel con la imposibilidad de hacer trabajar efectivamente a nuestra industria gana pan, el gas natural, que, desprovista de recursos, y hasta de equipos de perforación, ofrecía anuncios por aquí y por allá sobre descubrimientos potenciales.  Nadie se recuerda ya de la ceremonia pomposa con la que el presidente inauguró la perforación de un pozo, hace unos dos años, sin  que se conozcan aún los resultados.
Los nativos reclaman al presidente, quien hasta  este viernes sólo los había escuchado por la radio, la TV o los altavoces con los que hablaban en la Plaza Murillo, que cumpla su palabra y cumpla con la CPE que él pidió que fuese aprobada sin modificarle ni una coma.   Así, tienen el Art. 402 que amalgama su demanda:
“Se reconoce la integralidad del territorio indígena originario campesino, que incluye el derecho a la tierra, al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables en las condiciones determinadas por la ley; a la consulta previa e informada…”, etc.
Repárese: La consulta es previa, no posterior. El gobierno,  sorprendido desnudo, propuso una consulta fuera de los límites de la CPE. Con su imagen ahora maltrecha, el gobierno estaba ante el dilema de seguir desoyendo la demanda de los nativos, convertida en causa nacional, y atenerse a un deterioro mayor, o recular por completo, y explicar su actitud a los constructores de la obra y a quienes la financian: Brasil. Y, sobre todo,  arriesgarse a un  desangre político mayor. ¿Cómo explicar haber esperado una marcha de 65 días más dos jornadas de tensión en la Plaza Murillo para  luego volver atrás? Sus aliados y no aliados podrían ver gráficamente su debilidad ante las movilizaciones populares, como la tuvieron aquellos mandatarios a quienes él contribuyó a deponer. Decidió recular y al mediodia anunció que no habrá la carretera que «sí o sí’ había dicho que se haría. Un punto para el sentido común.

Estos días de octubre me parecen demasiado largos.

No hay diálogo, no habrá más cartas

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La posibilidad de apertura del diálogo entre los Tipnis y el presidente Evo Morales se desplomó este jueves. Tras un intercambio de cartas –la distancia entre los dos bandos no debe superar los cien metros- los nativos decidieron: Basta de cartas. No hemos caminado cientos de kilómetros para escribirnos cartas. Queremos hablar cara a cara,  dijeron los líderes marchistas, mientras la Plaza Murillo era atrincherada por la policía, que no permitía el ingreso de la mayoría de los marchistas que había quedado fuera.

Al gobierno pareció particularmente disgustado por el planteamiento de los marchistas para que en la Plaza Murillo, donde se ubicaría una porción considerable de marchistas, sea instalada una pantalla gigante  para observar los detalles del encuentro. El presidente Morales, por primera vez políticamente contra las cuerdas tras la abrumadora cantidad de votos nulos en la elección judicial del domingo, accedió a que lleguen hasta él hasta 30 dirigentes nativos.

El disgusto gubernamental con la transmisión en vivo del encuentro omitió recordar que los acontecimientos primarios en un país suelen ser vistos por toda la población. Ejemplos recientes: los propios mensajes del presidente y, para ir más atrás, las reuniones del presidente con los entonces prefectos en el palacio de gobierno en torno a la autonomía en gestación.

Una democracia transparente no teme mostrar a la ciudadanía las incidencias de un diálogo trascendental como el que debe constituir el encuentro de indígenas de las tierras bajas con el Primer Mandatario. Este blog ha pedido que la reunión sea pública.

El fuerte cordón policial contrastaba con el carácter pacífico y alegre de la llegada de los marchistas, que algunos medios dijeron que había congregado a cientos de miles de paceños. Raras veces La Paz había visto manifestaciones sin dinamitazos.

El ministro de Gobierno, Wilfredo Chávez, dijo que los cordones policiales que impedían el ingreso a la Plaza Murillo era de seguridad y calificó de incomprensible la actitud de los dirigentes de los marchistas de  insistir en que a la primera reunión asista un número de nativos que no podría caber en el Palacio de Gobierno. La llegada de algunos estudiantes y maestros crispaba el ambiente.

Los marchistas dijeron que daban plazo hasta las 08:00 de este viernes para que la guardia policial sea retirada de la plaza y los  marchistas y la ciudadanía puedan ingresar al lugar. Pidieron que La Paz y organizaciones sociales y sindicales estén prontas para solidarizarse con ellos.

El presidente y sus ministros se retiraron del Palacio de Gobierno, tras criticar la actitud de los marchistas de pretender una pantalla grande en la plaza. En el Salón Ministerial del palacio habló pocos minutos ante las cámaras y, como es habitual, no hubo preguntas.

El gran ausente

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Prefirió ir a Cochabamba. Esa era su “agenda apretada”  que esgrimió como argumento para no recibir a los marchistas. ¿Por qué? La Paz nunca -o pocas veces- vio a tanta gente en las calles, con sus arterias centrales repletas de una multitud compacta,  que sin hacer estallar dinamita ni bombas molotov; sin  otras armas que el ruido de sus voces que penetraban conciencias,  o el de las campanadas que alborozaban corazones. El presidente jamás vio algo así, ni muchos de los propios paceños ni gran parte de los bolivianos.

Yo creo que el presidente se acobardó al sentirse solo frente a esa multitud que sólo le gritaba que cumpliera su palabra y que cumpliera la constitución que él mismo reclamó que fuese aprobada sin una coma de modificación.

Creo que le ganó la actitud cívica y pacífica de los marchistas, que dieron a Bolivia una lección de cómo manifestarse sin violencia.  Cuando los azotaron el 25 de septiembre, pusieron la otra mejilla y siguieron su marcha. Sufrieron hambre, cansancio y frío. Pero nunca perdieron la brújula. Dijeron que llegarían a La Paz y cumplieron.

Con una policía que ahora no es más 100 por ciento confiable y  con algunos de sus integrantes dudosos de las órdenes de las autoridades en el gobierno, que no asumieron la responsabilidad de decir “yo di la orden para reprimirlos y asumo las consecuencias”, y con un ejército que también puede dudar antes de salir a reprimir, el presidente podría haberse sentido solo. Y la soledad, en esas condiciones, es caldo para un comprensible temor.

¿Qué podría decir a esa multitud, una porción de la cual antes lo vitoreaba (sólo días antes vimos la concentración de quienes lo apoyaban)?  ¿Qué podía decir a quienes había considerado “turistas” o mercenarios pagados por la DEA, USAID, ONGs, por Estados Unidos y saboteadores de la economía y del progreso?

La noche pasada debe haber sido para el presidente Morales “el árbol de la noche triste”,  como la que pasó Hernán Cortés, derrotado por los aztecas en 1520.

Lo que pasó ayer, sumado a la abrumadora presencia de votos nulos el domingo, estará ciertamente en la historia. El final de este capítulo ahora yace en gran parte en manos del presidente Morales.

Tipnis en La Paz hasta que se cancele plan carretero

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Los más de dos mil marchistas del Tipnis permanecerán en La Paz hasta que el presidente desista formalmente del trecho carretero a través del parque y resuelva otros 15 puntos incluidos en la agenda que los llevó hasta la sede de gobierno. Lo dijo este miércoles Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, ante  una audiencia multitudinaria reunida en la Plaza San Francisco.

(Un grupo de marchistas decidió instalarse en la Plaza Murillo para cumplir allí una vigilia mientras sus demandas son resueltas. Los niños y mujeres mayores fueron instalados en la Universidad Mayor de San Andrés y la alcaldía  declaró Huéspedes Ilustres a todos los marchistas.)

La jornada marcó un ataque intensivo sobre el gobierno del presidente Morales: los parlamentarios nativos alineados con el partido de gobierno dijeron que se desafiliarían, y otros anunciaron un juicio contra el  mandatario por «genocidio y etnicidio».

Vargas habló  horas después de haber ingresado la marcha a La Paz y  avanzado hasta la Plaza Murillo, al cabo de 65 días de marcha desde Trinidad para oponerse a la carretera ya contratada por el gobierno con financiamiento de Brasil y que partiría aquel parque, uno de los pocos casi vírgenes que quedan en el mundo. El ingreso a la Plaza Murillo tuvo  un carácter emblemático. Hasta ahora había sido reducto casi exclusivo del partido de gobierno, el Movimiento al Socialismo (MAS).

Los marchistas subieron por la empinada calle Ayacucho mientras los más rezagados estaban todavía en la avenida Bush, unos tres o cuatro kilómetros de recorrido, de acuerdo a la narración de radio Fides. Eso representaba algunas decenas de miles de personas, con cinco y seis personas por fila. La Plaza Murillo era insuficiente para dar cabida a “miles y miles” de personas reunidas alrededor de los marchistas, en la descripción del Nicolás Sanabria, reportero de la emisora.

Vargas, uno de los golpeados y maniatados durante la intervención policial de la marcha el 25 de septiembre, le espetó al presidente Morales que no debería mentir. “Dijeron que la marcha venía a quitarles el bono Juancito Pinto, el bono Juana Azurduy y el bono Dignidad; que la marcha venía a quitarles los recursos a los gobiernos municipales, a las gobernaciones y las universidades: una mentira tan grande que un dignatario…no debe mentirle al pueblo. Un dignatario debe sólo decir la verdad”, dijo, citado en una nota desde La Paz por Erbol, la red que agrupa a más de 300 radioemisoras rurales en todo el país.

En resumen, el dirigente dijo que la marcha no era conspirativa ni buscaba el derrocamiento del presidente Morales. “Sólo queremos que honre su palabra”  (respecto a la madre tierra y a los pueblos indígenas, y a los dictados de la CPE).

El despacho informativo de Erbol dijo que la concentración era extraordinariamente numerosa. Vargas, en medio de aplausos y gritos a favor de la causa de los marchistas, subrayó que los pobladores del Tipnis no se oponen al progreso, pero que no quieren la destrucción de la madre tierra. “Queremos que se unan los dos departamentos (Beni y Cochabamba) pero no destruyendo la madre tierra ni el Isiboro-Sécure, no cometiendo delito de genocidio ni etnocidio”, dijo.

El presidente Morales es reacio a cancelar el proyecto, en su etapa intermedia, que es la que atravesaría el Tipnis. Es su proyecto estrella y está financiado  por el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil. Pero el proyecto está en colisión con la CPE, que veta trabajos de desarrollo en parques habitados por nativos salvo aprobación expresa de los habitantes nativos, y con el propio discurso ambientalista del presidente.

Ahora se encuentra frente a sus pares indígenas que le recuerdan sus compromisos ecológicos y dicen estar dispuestos a obligarlo a modificar el proyecto. La carretera es temida por los habitantes del parque no solo por la devastación que ella causaría sino porque facilitaría el acceso de nuevos colonos sembradores de coca. Durante la caminata hasta la Plaza Murillo, hubo gritos, escuchados en la transmisión de Fides, que decían: “Si Evo quiere más coca, que siembre en Orinoca”, la tierra natal del presidente, en Oruro. Una de las mujeres oradoras en Plaza San Francisco, de apellido Suárez, dijo que los marchistas preferían morir «antes que ser esclavos de los cocaleros». La frase reflejaba un creciente descontento ciudadano con los sembradores de coca, columna vertebral del respaldo político al presidente Morales.

“Hemos venido a decirle (al presidente Morales) que atienda los 16 puntos de nuestra plataforma; hemos venido a decirle que respete nuestro territorio; que respete nuestras decisiones…”

Fue la primera vez que desde la plaza San  Francisco fueron dichas frases tan duras para el primer mandatario.

La concentración fue uno de los actos finales de una jornada que mantuvo a toda Bolivia a la expectativa. La conmoción que provocó el ingreso de los marchistas a La Paz paró a la sede de gobierno.  Las transmisiones radiales (radio Fides) reiteraban que pocas veces había tanta gente en las calles de La Paz. (El triple de la que hubo en la anterior marcha indígena de pueblos el oriente hasta La Paz, 18 años antes.) Las multitudes se volcaron a las calles para vitorear a los eran considerados como nuevos héroes nacionales.

Los medios audiovisuales dedicaron espacios extraordinarios a la cobertura de la calurosa bienvenida que se otorgó a los marchistas que, sin haberlo pretendido, hicieron de la jornada una fiesta, sin bombas ni dinamitazos.

Primer día

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Bolivia entera vibró este miércoles con la llegada de los marchistas de los llanos a La Paz. Ingresaron a la ciudad a las 11 de la mañana y continuaron su marcha en medio de gritos y alabanzas de transeúntes a lo largo de su recorrido, hasta la Plaza San Francisco. Antes de descender a la ciudad, el obispo Jesús Juárez rezó una misa y los bendijo.

En San Francisco, escenario de las grandes concentraciones y ovilizaciones de la sede de gobierno,  descansarán y probablemente mañana se reunirán con el presidente Evo Morales. Escuché en la TV decir que no podría recibirlos hoy porque tiene una “agenda apretada”.

Como estaba previsto por invitaciones a través de internet, en las principales ciudades hubo actos de homenaje a los marchistas que tras 65 días sellaron la unidad del país en torno a su reivindicación: no terminante al plan para construir  una carretera que en su diseño original atraviesa el Tipnis.

En Santa Cruz, las campanas tocaron a rebato en cuando se difundió la noticia del ingreso casi pascual de los marchistas a La Paz. En la Plaza 24 de septiembre cundió primero un silencio que permitía escuchar la brisa que pasaba sobre las hojas, pero segundos después estallaron gritos de alegría y las voces se quebraron al expresar admiración por la hazaña de los nativos. En ese lugar estuvieron decenas de nativos haciendo vigilia por sus hermanos desde que comenzó la marcha, el 15 de agosto. Justa Cabrera, la cabeza más visible del movimiento en Santa Cruz, anunció que los nativos permanecerán indefinidamente en la sede de gobierno hasta conseguir que los 15 puntos que platean sean resueltos como los indigenas reclaman. La policía fue forzada a retirarse del lugar, dijeron quienes transmitían por TV lo que ocurría en el lugar. En La Paz, tampoco se notaba presencia policial. Pero, de momento, no había ninguna explicación oficial para esa ausencia.

Casi todas las ciudades vivieron panoramas similares. Era el homenaje de los bolivianos  a quienes desafiaron todo, desde la represión del gobierno hasta la fuerza de la naturaleza, para cumplir su meta de llegar a La Paz y reunirse con el presidente, que persistentemente desdeñó al movimiento.

Llegaron!

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Actualización. 23.00 horas.

Esta noche, cuando los marchistas del Tipnis llegaron a Urujara, a 12 kilómetros de la sede de gobierno, los corazones bolivianos se detuvieron de emoción. Desde  la llanura, a poco más de 300 metros de altura, centenares de habitantes de la selva, acompañados de numerosos compañeros y acompañantes, subieron hasta 4.000 metros, con un reclamo para que se respete su habitat, su forma ancestral de vida. Los marchistas, que en total sumaban más de dos mil,  lograron lo que tal vez nunca se vio en Bolivia: un sentido de solidaria unidad completa que los abrazó  y les hizo sentir que no estaban solos. Para verlo y sentirlo tuvieron que recorrer más de 300 kilómetros a pie, durmiendo donde podían y comiendo lo que la naturaleza y la solidaridad podían ofrecerles. Fueron artífices de una epopeya de las más bellas y más heroicas vividas en el continente americano.

El presidente Evo Morales  (mucha gente, especialmente los indígenas marchistas pensó que el gesto era demasiado tardío) envió  una carta formal invitando a los dirigentes a reunirse con él mañana miércoles. Hasta ahora el presidente se había negado a hacerlo. Y estaba en duda si los marchitas podrían entrar a la Plaza Murillo y al Palacio de Gobierno. Era ésta una duda vergonzosa pues se trata de lugares que teóricamente pertenecen a todos los bolivianos, más aún a quienes lucharon políticamente para que el presidente alcanzara la primera magistratura.

El mensajero que llevó la carta fue el viceministro de coordinación de los movimientos sociales, César Navarro, recibido con abucheos y gritos de frustración de marchistas desairados y humillados con la actitud del gobierno a lo largo de los 64 días que duró la travesía. El presidente dijo que eran turistas; después afirmó que eran conducidos por ONGs, y pagados por organismos de Estados Unidos. Con un desaire no inferior fueron recibidas dos ministras (Nardi Suxo y Nilda Copa, de Transparencia y de Justicia, respectivamente)  que intentaban entregar botellones de agua. Los marchistas les preguntaron por qué no habían tenido ese gesto cuando estaban frente al agua del arroyo Chaparina y como Tántalo sediento y atado a un árbol no lograban avanzar porque los agentes del orden no lo permitían. Similares abucheos, denuestos  y gritos recibieron a  los policías que venían oficialmente para brindarles protección. Los marchistas les espetaron por qué no los  habían protegido  25 de septiembre, cuando los martirizaron a palos. Obviamente, no tuvieron respuesta.

Horas antes, el dirigente socialista Jerjes Justiniano, ex candidato a  la gobernación de Santa Cruz, había dicho se esperaba que el presidente Morales asumiese una condición de verdadero jefe de estado y fuese hasta la marcha a encontrar a los marchistas, les diese la bienvenida e, incluso, les pidiese perdón por la acción brutal de la policía. El presidente optó por enviar a Navarro, con una carta protocolar que esta noche iba a ser analizada por los dirigentes de la marcha. También horas antes, el el Hospital la Merced de La Paz había nacido la primera niña de una mamá de los marchiustas. Otra niña pudo haber sido la primera, pero murió. Los médicos que atienden al grupo dijeron que hay doce niños enfermos, con gripe fuerte y pulmonía. Y esta noche había otra mamá Tipnis en proceso de alumbrar.

En el Poder Legislativo, la iniciativa de  una diputada (Elizabeth Reyes) de Unidad Nacional para declarar a los Marchistas Héroes de la Madre Tierra y de la Naturaleza, fue rechazada a mano alzada por la mayoría del Movimiento al Socialismo.

Al avanzar la noche y bajar las temperaturas, los vientos que batían inclementes contra las carpas de plástico y de lona de los marchistas hacían sentir el furor del frío de  los andes. Varios de los marchistas, desprovistos totalmente de abrigo, pasaban las horas de pie y bebían café  caliente preparado en el lugar. Una señora de edad, con las arrugas en las que sus nietos leen la historia, resistía el frío sentada y abrigada sólo con un plástico. Con calzados precarios e impropios para las bajas temperaturas, los pies con ampollas que trataban de aliviar con unguentos, ninguno exhibía vacilación alguna en su determinación de llegar hasta la Plaza Murillo y, de allí, al Palacio de Gobierno.  El frío volvía balbuceantes las palabras de los nativos.

Las próximas horas no serán quietas. El presidente Morales tendrá muchas preguntas que responder a los marchistas. Durante la marcha final, entrevistados por la TV (PAT) anticiparon que si el mandatario no cede en sus demandas, que incluyen 16 puntos, entre ellos la cancelación del proyecto carretero en el sector del Tipnis, pedirán un referéndum revocatorio del mandato que incluya a todos los legisladores oficialistas. Eso equivaldría a nuevas elecciones generales.

Los bolivianos esperamos que esa reunión sea transmitida en vivo por la radio y la TV.