Sindicatos

No es más de baja intensidad

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La violencia vista en esta jornada y mostrada por los canales de la TV no es más de baja intensidad. La Paz, Santa Cruz y Cochabamba fueron campos de batalla que desmentían la idea de que en Bolivia los conflictos en curso son de menor intensidad. Casi toda la red troncal de carreteras experimentaba bloqueos.

Piedras contra gases lacrimógenos tronaron en Puerto Pailas, una de las poblaciones de las afueras de la ciudad de Santa Cruz. Los vecinos denunciaban airados que los gases habían caido incluso en escuelas, aterrorizando a niños, a quienes se les suele enseñar que la policía es la representación de la seguridad de la población. La fuerza policial se impuso y consiguió levantar el bloqueo establecido personas de los servicios de salud, en huelga indefinida desde hace más de un mes. Los heridos de la policía eran tres. No se conocía cuántos heridos hubo entre los manifestantes.

En la autopista principal La Paz-El Alto también se desencadenó una batalla campal cuando la policía decidió dispersar a médicos, estudiantes de medicina y funcionarios de salud que bloqueaban el lugar.

En Cochabamba, las imágenes parecían las de una poblada que la policía intentaba contener. Los protagonistas eran los mismos: empleados del sistema nacional de salud y estudiantes, frente a la fuerza policial que no ahorró descargas de gases lacrimógenos.

Los bloqueos iban a extenderse al sur, en las próximas horas hasta afectar inclusive localidades fronterizas con Argentina. Parecía que toda Bolivia –o gran parte del país-  estaba en los momentos más agudos (¿?) de una convulsión generalizada.

Eran los momentos extremos de una crisis, como una olla de presión en pleno estallido. No había un conteo oficial de víctimas, salvo la de los tres policías, incluso un coronel, en Santa Cruz. Dos hechos más se sumaron a la jornada. Sobresalía la voluntad de los marchistas del TIPNIS rumbo a La Paz de continuar su recorrido, a pesar de las amenazas de pobladores de San Ignacio y de otros lugares con fuerte presencia oficialista de someterlos privándolos de agua y alimentación. Hasta ahora, en dos semanas de caminata, los marchistas no han sido frenados ni por el frío ni por el fango de los deteriorados caminos del norte y oriente bolivianos. Esta noche sus dirigentes aseguraron que su ánimo de continuar el trayecto en paz no sería doblegado.

No menos explosiva, por los inevitables peligros que encierra, fue la decisión de la Central Obrera Boliviana (COB)  de apoyar al sector salud en sus demandas y de rechazar el aumento salarial del 8% ofrecido por el presidente Morales el 1 de mayo. La organización decretó un paro general de 72 horas, del miércoles al viernes de la semana próximo. Al concluir este paro, habría una reunión para decidir un paro nacional indefinido. Para el lunes y el martes está previsto un paro del transporte.

Esta noche, era cada vez más insistente la pregunta para la que no había respuesta: ¿Qué vendrá después?

¿Adiós luna de miel?

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La jornada de este martes puede marcar el fin de la luna de miel vivida durante años entre el dirigente, primero, y Presidente de la República, después, Evo Morales. La Central Obrera Boliviana (COB), la otrora pesadilla de todos los gobiernos desde la década de 1950, cuando fue fundada al calor de la revolución del MNR, desafió al de Morales y le hizo el primer paro que el mandatario enfrentó en casi 52 meses de mandato presidencial. La jornada tuvo un final violento en La Paz, con mas de una docena de detenidos.
La COB marchó por el centro de La Paz y perímetro industrial como en sus mejores tiempos de lucha sindical reivindicatoria. Los fabriles, una de las alas más combativas del movimiento obrero, salieron a la calle y bloquearon todas las salidas hacia El Alto. De allí enderezaron hacia el Ministerio de Trabajo. Y destruyeron puertas y ventanas, prendieron fuego a la entrada principal, también como en los tiempos más aguerridos. La policía intervino con gases lacrimógenos para dispersar a la turba y realizó una redada contra las personas que atacaban a la sede gubernamental, de acuerdo a los reportes radiales que escuchaba transmitidos por las emisoras Panamericana y Fides. Todos los detenidos iban a pasar la noche entre rejas. Entretanto, cumplia el octavo dia una huelga de hambre de mujeres de dirigentes fabriles, como expresión del descontento que ha calado hondo entre los sectores laborales con el aumento.
El motivo de la protesta obrera, que tuvo carácter nacional fue el aumento del 5% decretado por el gobierno el 1 de mayo, el día en que también fueron nacionalizadas cuatro empresas del sector energético. Ese aumento fue desdeñado por los sindicatos, que lo consideraron irrisorio ante el aumento del costo de la vida. Los calificativos de “igual que los neoliberales” que endosaron al gobierno deben haber parecido para las autoridades como algo surrealista. Y todo antes de que se cumplieran los primeros cien días del segundo gobierno del presidente Morales.
El gobierno considera que no puede ir más allá de ese porcentaje, mucho menos llegar al 12% que reclaman algunos gremios, sin comprometer la estabilidad macroeconómica (¿les suena familiar?) que sostiene la economía. Días antes, el Ministro de Educación había subrayado que el aumento era el mejor concedido a los maestros en muchos años. En la noche del lunes, Radio Fides presentó un reportaje para demostrar que, en 1993, bajo el gobierno de Jaime Paz Zamora los maestros habían obtenido un aumento del 20%. El reportaje traía audio del momento en que hizo el anuncio de ese aumento.

Los fabriles y otros dirigentes anunciaron que habrá nuevas manifestaciones de repudio al aumento y contra el gobierno del MAS.
El horizonte que se presenta para el gobierno no es más de cielo claro. Empiezan a formársele nubes oscuras que pondrán a prueba su habilidad para gobernar…en tiempos de cólera.