Silala

Recordando al Silala

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Con este título viene la entrega más reciente del diplomático Ramiro Prudencio Lizón, que pone en evidencia un traspié grave de la diplomacia boliviana respecto a Chile. Ya el título sugiere que el Silala es un tema del pasado, cuando hace pocas semanas era del presente.

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Recordando  al  Silala

Como se sabe,  los gobiernos de Bolivia y Chile arribaron hace dos años a un acuerdo preliminar sobre el Silala que creó una fuerte oposición en la opinión pública nacional, sobre todo en Potosí.

Dos eran los puntos más criticados: el relativo a que el acuerdo pondría en duda la propiedad plena nacional sobre ese acuífero y el que se hubiera omitido toda referencia a una supuesta deuda histórica chilena por el uso centenario de esas aguas.

Respecto al primer punto, cabe señalar que lamentablemente existe en nuestro país un empecinamiento dogmático de considerar que todas las aguas del Silala pertenecen a Bolivia, lo que había impedido su trato con Chile.  Posiblemente,  sea nacional gran parte de las aguas va al territorio chileno por el canal construido por la empresa del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, pero no se puede negar que algo de ellas habría llegado a ese país en forma natural, aunque no hubiese ese canal artificial.

Es necesario tener presente que existen documentos que avalan que el Silala se habría constituido en riachuelo antes de la existencia del canal.  El principal de ellos sería el mapa adjunto al Tratado de Paz de 1904, el cual integra ese acuerdo.  Además se sabe que esa empresa ferrocarrilera utilizaba sus aguas mucho antes de la suscripción que efectuó en 1908, con la Prefectura de Potosí, para la construcción del canal.

En cuanto al segundo punto, cabe señalar que es un error considerar que Chile debiera pagar por cien años de usufructo de las aguas.  La concesión efectuada por la Prefectura de Potosí tenía como fundamento, el cooperar al Ferrocarril en la obtención de aguas para sus locomotoras a vapor.  Pero a fines del decenio del cincuenta del siglo pasado, el Ferrocarril cambió sus locomotoras por otras alimentadas con diesel.  Se podría decir que desde entonces el usufructo de las aguas del Silala por la empresa ferrocarrilera dejó de ser legal, ya que las utilizaba para otros menesteres, sobre todo para venderlas a empresas mineras de la localidad.

En consecuencia no es posible exigir que Chile sea responsable de la utilización de las aguas por cien años, sino sólo de unos cincuenta.  Además, solamente a fines de siglo, mediante decreto de 20 de junio de 1997, nuestro país derogó la concesión de las aguas.

Aparte de los dos puntos arriba citados, hubo un tercero que la opinión pública dejó de lado, pese a ser de fundamental importancia.  Se trata del monto del pago por las aguas del Silala.

El acuerdo preliminar indica que el 50% de las mismas correspondería, inicialmente, al Estado boliviano, el cual “lo podría utilizar en su territorio, o autorizar su captación para su uso por terceros, incluyendo su conducción a Chile”.   Luego agrega que ese porcentaje podría ser incrementado a favor de Bolivia, de acuerdo a los estudios que se llevarán a cabo en el futuro; sin embargo no menciona nada sobre el precio de las aguas.

Fue un gran error el no haber incluido en el acuerdo, el monto a pagar por las aguas, ya que lo lógico era que este asunto se hubiese resuelto de Estado a Estado.  Además debiera tomarse como base del precio, el costo de las aguas en Calama y Antofagasta.  Pero ahora nuestro país estaría obligado a negociarlo con las empresas usuarias, las cuales han demostrado gran aversión a cualquier pago.

Al haber sido rechazado el acuerdo previo por las delegaciones potosinas, más preocupadas por la deuda histórica que por la recepción anual de un pago que podría ayudar grandemente a la Prefectura de Potosí, se determinó encarpetar el asunto del Silala y dejarlo para las “calendas griegas”, es  decir, para dentro de muchos años.

Es triste que el Gobierno nacional hubiese tomado una resolución tan negativa para el país.  Porque el acuerdo previo con un justo precio por las aguas del Silala, no sólo superaría este espinoso problema que afecta sobre todo al departamento de Potosí, sino que serviría también para intensificar y consolidar los actuales entendimientos bilaterales.

Con el Silala hemos topado…

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El gobierno del presidente Evo Morales enfrenta estos días  una decisión que puede marcar su destino y su paso por la historia. Las aguas del Silala, que aprovecha Chile desde hace más de 100 años, contienen  los elementos de una dinamita con mecha encendida.

El gobierno boliviano intuye que está ante una situación compleja. El idilio con Chile no ha tenido resultados tangibles y levanta el Silala como un trofeo.   La actual presidenta chilena se irá este fin de año y anticipa que con quienquiera que la suceda  las cosas no serán iguales. Por exteriorizar imprudentemente esa sospecha, el presidente tuvo que pagar disculpas al contado a Chile y Argentina. Aun si el sucesor resultase el candidato de la Concertación, de la que el gobierno  boliviano se siente aliado, hay indicios de que el idilio se derrite.  La versión digital de El Mercurio trajo el 6 de agosto (noten la fecha)  expresiones críticas del candidato oficial Eduardo Frei a los “ánimos democráticos refundacionales” que en Bolivia –continuó la versión digital- han abierto una tendencia a “la desintegración nacional (…) como lo hemos visto en diferentes etapas en Bolivia”.  Las palabras de quien puede ser el próximo presidente chileno son importantes  también  por el escenario donde fueron dichas: ante un seminario sobre integración latinoamericana organizado por el ejército de Chile.

El informe de la cancillería boliviana sobre las negociaciones respecto al Silala y a un acuerdo que firmarían los dos países dice:

“3: El acuerdo inicial establece que del volumen total del agua del Silala que fluye a través de la frontera  (100%), el 50% corresponde inicialmente al estado plurinacional de Bolivia, es de su libre disponibilidad y lo podrá utilizar en su territorio o autorizar su uso a terceros en Chile. Este porcentaje será incrementado a favor de Bolivia, en función de los resultados de los estudios conjuntos que se lleven a cabo en el marco del presente acuerdo. El acuerdo inicial establece que las aguas de libre disponibilidad de Bolivia podrán ser aprovechadas por Chile. En tal caso, el estado plurinacional de Bolivia será compensado por las personas jurídicas de derecho público o privado que se constituyan en aprovechatarias (sic) de dichas aguas en Chile de manera inmediata al celebrarse los contratos respectivos”.

 Es decir,  el 50% “corresponde” a  la plurinacional Bolivia, y sólo inicialmente. Como concesión agrega que el porcentaje aumentará como resultado de estudios conjuntos.

Informes responsables dicen que en un principio se afirmaba que Chile pagaría anualmente unos 6,2 millones de dólares y que hasta ahí el acuerdo valía la pena pues sería señal de buena voluntad. Ahora parece que serán sólo tres y se teme que al ritmo en que decrece la oferta, se llegará a sólo un cuarto del cálculo original.

Nota final: Cuando los generales Banzer y Pinochet discutían una propuesta que daría a Bolivia un acceso limitado al Pacífico, el dictador chileno subrayó que ambos países tenían un problema de opinión pública. Básicamente se trataba de la opinión boliviana, que debía modificar su percepción respecto a Chile y la guerra de 1879. Chile había delineado la suya mucho antes, cuando su ministro plenipotenciario Abraham Konig espetó que la victoria consagra derechos.  “Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena… Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones…”