Rousseff

Dias con rastro

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Acostumbrados a criticar sin reservas y con estridencia a Estados Unidos, algunos gobiernos latinoamericanos deben haberse sentido incómodos cuando  hace una semana les cayó una crítica que no podían detener ni estaban en condiciones de replicar. El obispo sudafricano Desmond Tutu, Premio Nobel de Paz y uno de los mayores activistas a favor de los derechos humanos, censuró “el silencio ensordecedor y la inacción de los vecinos de Venezuela (que) le han dado a Maduro una licencia para actuar con impunidad”.

La respuesta de los gobiernos de la región fue también un silencio ensordecedor que decía mucho de la actitud de algunos regímenes cuando deben lidiar con las realidades del país petrolero del norte sudamericano.

Tutu, anglicano ahora retirado de la función episcopal, ha sido hincha activo a favor de gobiernos de izquierda en la región. Estuvo entre quienes con mayor entusiasmo recibieron la elección del presidente Morales. Se mostró impresionado por la humildad que encontró en él cuando lo visitó en Sudáfrica en su primera gira tras su triunfo electoral en 2005.

Las palabras de Tutu estos días fueron el mayor  reproche a los gobiernos que se hacen los desentendidos de la crisis interna y violencia que prevalecen en Venezuela.

La respuesta que reclamaba Tutu ha venido de sectores no oficiales, con dirigentes que han intentado contactarse con los líderes presos y sus parientes, y a los que el gobierno de Maduro ha hostigado.

Muchos observadores creen que la intemperancia de los gobernantes venezolanos puede haber llegado al  límite al toparse con Brasil. Media docena de senadores, entre ellos Aecio Neves, quien en octubre estuvo cerca de vencer la contienda presidencial a la cabeza de la socialdemocracia brasileña, no logró su propósito de visitar a los prisioneros. Al ómnibus en que viajaba no consiguió continuar la ruta hacia la prisión militar de Ramo Verde, ahora con renombre internacional gracias a sus huéspedes. Decenas de manifestantes hostigaron al vehículo e hicieron temer por la seguridad de sus ocupantes. Renán Calheiros, otro de los frustrados visitantes, es el presidente del senado brasileño y su partido es fundamental en la coalición que apoya al gobierno de Dilma Rousseff. Calheiros telefoneó a la presidente y le pidió una reacción ante lo que ocurría. Itamarty emitió la noche del jueves una nota en la que lamentaba lo sucedido.

A partir del incidente, la “cuestión Venezuela” parece abierta en Brasil y es coincidencia entre los observadores políticos y diplomáticos que las relaciones bilaterales no serán más igual bajo el gobierno de Maduro. Brasil es el principal proveedor de alimentos y base de la industria automotriz venezolana. Con el colapso de su producción agrícola y pecuaria, el incidente no podía haber ocurrido en peor momento. El asombro que recorrió por algunas las cancillerías del continente con el trato despectivo recibido pocos días antes por el líder socialista español Felipe González parecía destinado a convertirse estupor.

El régimen de Maduro exhibió uno de sus rostros más temibles e hizo eco a la advertencia que había formulado el retirado obispo anglicano: “La situación actual de los derechos humanos en Venezuela es particularmente sombría. Incluso más preocupante que la situación económica y de seguridad del país es la respuesta del gobierno a las frustraciones de su pueblo”.

El Premio Nobel había comparado con Mahatma Ghandi y Martin Luther King a los prisioneros a los que los legisladores brasileños se proponían visitar y al repudiar el trato del régimen de Maduro a los opositores declaró: “Que un gobierno actúe de esta manera contra sus propios ciudadanos, cuando están ejerciendo sus derechos fundamentales de libertad de expresión y asamblea, es atroz.”

Brasil discreto y distante

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Una columna de O Estado de Sao Paulo dice hoy:

A pesar de ser el financista de la carretera, el gobierno brasileño quiere estar distante del problema causado por la obra y por las manifestaciones de los indígenas. El gobierno y la oposición en Bolivia intentan involucrar a Brasil en la discusión, pero el gobierno de la presidenta Dilma Roussef quiere mantenerse callado, hablando lo estrictamente protocolar, mientras espera que Bolivia decida que quiere hacer con la vía.

Mientras la oposición boliviana quiere que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Sosicla (BNDES) sea duro en la entrega de recursos, el gobierno de Evo presenta el hecho de que el banco ha aceptado financiar la carretera como una garantía de que estaría haciendo correctamente todo. Ninguno de los dos lados, por tanto, escuchará declaraciones de representantes del gobierno brasileño. Al contario de años pasados, cuando el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva llegó a apoyar a gobiernos amigos contra la oposición local, esta vez la orden es mantener una discreción total.

En conversaciones con O Estado de s. Paulo, los diplomáticos explican que Brasil no tiene razón alguna para involucrarse en asuntos internos de Bolivia, el financiamiento del BNDES atiende, en verdad, a un pedido del presidente boliviano Evo Morales  a Lula.

La disputa por la construcción de la carretera tendría como fondo,  según las fuentes, una cuestión electoral, En especial una demostración de fuerza en las elecciones para los tribunales (magistrados) superiores bolivianos, marcada para octubre (16). La votación que escoja a los presidentes de los tribunales (de justicia) regionales de Bolivia, es la última antes de las elecciones generales de 2014.

 

¿Cuántos presidentes bolivianos lo harían?

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Un amigo me envía la siguiente noticia desde Brasilia. El hecho es insólito, lo que me llevó a preguntarme:  ¿Cuántos presidentes bolivianos podrían haber hecho algo semejante?

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, salió a pasear anoche (domingo) por Brasilia y sin aviso ni custodia fue a ver una función de teatro. Acompañada por el gobernador de Bahía, Jacques Wagner, y la esposa de éste, Fatima Mendonça, asistió al Centro Cultural Banco do Brasil para ver La luna viene de Asia, un monólogo del actor Chico Díaz. Sin custodios, Rousseff fue luego al camarín, bebió champaña con el actor y los productores de la obra y se confesó admiradora del escritor Walter Campos de Carvalho, autor del libro que inspiró la obra.

Un “tirón de orejas”

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Dilma Rousseff no demoró mucho en hacer saber a sus subordinados –y a todo Brasil- quién manda en su país. El jueves reprendió nada menos que a un general  Ministro de Seguridad Institucional porque había tratado de atenuar el repudio que aún provoca la memoria de las brutalidades e ilegalidades del régimen militar (1964-1985).

El reprendido, según Agencia Estado, la mayor del vecino país, fue el general José Elito de Carvalho Siquiera, quien en una entrevista había afirmado que Brasil no debe avergonzarse por la desaparición de presos políticos durante la dictadura. La información agrega que fue “el primer tirón de orejas” de la presidente a un ministro de su gobierno. El ministro rápidamente se disculpó y aseguró que su declaración había sido “mal interpretada”.

La primera autoridad brasileña fue torturada durante el régimen militar y al tomar posesión, hace una semana, dijo que no guardaba ni resentimientos ni rencores. Antes de jurar al cargo, habló con los comandantes de las fuerzas armadas para asegurarles que no habrá ningún revanchismo durante su gobierno. Pero pidió a los jerarcas militares que no exaltasen el golpe militar, que frecuentemente es recordado por los mandos castrenses en ese país como el inicio de una “revolución”.

Parientes y amigos aún reclaman la devolución de los restos de decenas de “desaparecidos” políticos en ese período.