Prefectos

A la espera de una crónica y de una transcripción

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Los lectores bolivianos aguardaron inútilmente, hasta hoy domingo, 13 de enero, una crónica detallada de lo que ocurrió, y por qué ocurrió, la noche del 7 de enero en el Palacio de Gobierno. Hablo de la P2 (Prefectos-Presidente). Era la reunión política más importante del país en cuando menos un año. Merecía un tratamiento excepcional. Por ejemplo, en algún momento de la reunión escuché, a través de la televisión, a un prefecto que le decía al Vicepresidente que no hiciera muecas. Qué detalle interesante habría sido para, dentro de una crónica general, narrar ese momento: ante qué frases el Vice hacía muecas, y si continuó haciéndolas tras la sorna del prefecto que lo increpó.

Pudo haber decenas de detalles que el público habría leído con avidez. El inicio titubeante de los prefectos, la sobriedad del de Cochabamba. La fortaleza lógica del tarijeño Cossio. Describir las reacciones faciales, probablemente casi imperceptibles, del Presidente Evo Morales ante el alud descargado por el Prefecto Paredes o la filípica de Leopoldo Fernández. Los que estaban allí dentro eran testigos de primera línea. Nosotros, los que mirábamos la reunión por televisión, estábamos a merced de las imágenes que nos mostraban. Y esperábamos que aquellos testigos nos contasen una historia mucho mejor que nos ayudase a entender lo que pasó.

Pido anticipadamente excusas si hubo algún medio que cumplió con esta función. Francamente, yo no leí ese tipo de crónica.

Otra falla de nuestros medios: Tampoco vi que alguno hubiese transcrito textualmente lo que se dijo en esa reunión. Era la oportunidad de lanzar una separata si no se podía insertar todo en el cuerpo principal. Todo lector cuidadoso habría tomado ese texto y lo habría devorado. Tener el registro completo de las intervenciones era de importancia capital porque era la primera vez que los dos supuestos bandos se reunían y el presidente, el vice y sus ministros escuchaban –y, a su vez, algunos prefectos- lo que muchas veces sólo se les dijo indirectamente. Lo dicho en esa reunión debería estar en las bibliotecas, en los centros de documentación, en los sindicatos, en las organizaciones de toda la sociedad civil. Pero no he sabido de ningún medio escrito que hubiese hecho esa transcripción. Incluso para la reunión anunciada para mañana, lunes, sería importante que el gobierno y los prefectos tengan a la mano ese documento para poder reclamar consecuencia, si fuera necesario.

¿A qué documentación recurrirán los historiadores cuando tengan que referirse a ese encuentro? ¿En base a qué escribirán las citas?

La transcripción completa era una tarea de oficio. La televisión o la radio no podrían haberlo hecho. Era tarea de los medios impresos. Con toda certidumbre habría asegurado varios miles de ejemplares adicionales al medio que la hubiese ofrecido a sus lectores.

Espero que todavía haya quien pueda recopilar las intervenciones y ofrecerlas en un folleto, junto a las que deberán ocurrir el lunes por la noche, siempre que la reunión sea pública como la primera. Por lo menos para que quede algún registro de esas intervenciones.

 Y para saber si las palabras que se escucharon rindieron algún fruto o si fueron dichas solamente para que se las lleve el viento.

Notas al margen: nueva dinámica

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Nada es permanente. Todo se mueve.  El texto al parecer inmutable que surgió a través del MAS en la Asamblea Constituyente está en el banquillo de los acusados.  Sus ilegalidades fueron expuestas ante su principal promotor, el presidente Evo Morales. Su contenido estará sujeto a una “compatibilización”, es decir a una revisión crítica, por parte de una de las comisiones que surgió del diálogo de la P2: presidente-prefectos hace sólo algunas horas. Ahora el rey está desnudo. Las inconsistencias legales en la gestación de ese texto que debía haberse constituido en el pacto de los bolivianos deberán ser escuchadas y corregidas. Si eso será posible y cómo se producirían esas correcciones es todavía una apuesta abierta.

Esta nueva dinámica manifiesta entre la noche y la madrugada del 7 y 8 de enero coloca en el piso superior del edificio político boliviano a los prefectos opositores, o aquellos a quienes el gobierno considera opositores. Como expresaba anoche, el encuentro P2 fue una catarsis nacional.  Y nadie derramó una lágrima por la ausencia de representación de los partidos políticos. 

Muchas de las cosas que morían ahogadas en la vocinglería ensayada de la Asamblea Constituyente fueron dichas frente a todo el país que estuvo pendiente de la reunión.

El presidente que la audiencia nacional vio fue un mandatario que escuchaba, independientemente de cuán duras y reales hubiesen sida las críticas que recibía su gobierno.

Nadie dijo esta boca es mía cuando el prefecto tarijeño presentó una lista de treinta ilegalidades e incongruencias en la Asamblea Constituyente que, según dijo, no leyó para evitar consumir más tiempo a la reunión en el Palacio de Gobierno.  Lo que se había dicho a lo largo de más de un año sobre el camino de ilegalidad por el que había transitado el estatuto constituyente del MAS fue nuevamente patente: desde los dos tercios hasta su alumbramiento  en una academia militar y en medio de violencias que causaron tres muertes y más de 300 heridos en Sucre .

Tampoco fueron sólidos los argumentos de los prefectos para sostener la legalidad de los estatutos autonómicos para sus regiones.

El presidente recibió callado la afirmación de José Luis Paredes, el gobernador de La Paz,  de que el primer mandatario de la nación no es indio sino cholo, al igual que el propio Paredes, por confesión propia. Es decir, ambos son mestizos, como la gran mayoría de los bolivianos. Y eso debe haber dejado perplejos a muchos “evistas” y provocado una herida profunda en algunos de los mayores argumentos de la tesis masista de la discriminación hacia el presidente.

Ni siquiera el vicepresidente, que era la retaguardia intelectualmente mejor armada  del oficialismo, pudo convencer a los prefectos de que la reducción de los IDHs no afectaría sus regiones. La armazón articulada de García Linera se derrumbó cuando el prefecto de Pando se le cruzó en el camino con datos que el Ministro de Hacienda no consiguió desmentir  y que evidenciarían que de los 211 millones de bolivianos que ese departamento recibió el año pasado, en 2008 tendría solamente 10 millones.

El presidente Morales parecía preso en un túnel oscuro sin fin. Y cuando el vicepresidente García resumió las seis supuestas convergencias, el presidente las recibió como balsa en mar agitado y quiso que fuesen las bases para un documento de conclusiones de la reunión.  Pero no logró convencer al bloque de prefectos que continuaron la embestida sobre la constituyente oficialista y el recorte de los recursos del Impuesto sobre los hidrocarburos, el IDH. El presidente, en un gesto que lo honra,  parecía dispuesto a volver atrás en el proyecto de Constitución al sugerir que una comisión, entre otras, revise el contenido de los artículos considerados como contenciosos y que, al decir de por lo menos dos prefectos, serían una trampa que no dejarían al presidente gobernar.

Ya al principio, tras la primera ronda de intervenciones, la propuesta para un cuarto intermedio para que todos fuesen a cenar, había quedado sin respuesta. La sesión ante las cámaras duró más de siete horas.

 Una comisión técnica se reunirá aún esta semana, y otra política el lunes próximo. Entretanto, es cuando menos incongruente que autoridades del MAS intenten “socializar” (qué neologismo es ese? Informar?) un proyecto de constitución que está en revisión.

Dialogo y catarsis

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El diálogo se dio. Tuvo la forma de una catarsis sicoterapéutica para todo el país. Si ha sido sólo una brisa para disipar el ambiente electrizado que vive Bolivia, sus efectos se sentirán en los próximos días. O si el abismo se ha vuelto más profundo, también.

El presidente Evo Morales y los nueve prefectos departamentales bolivianos se reunieron sin parar durante siete horas y diez minutos ante las cámaras de TV. Por el lado oficial, los protagonistas principales fueron el propio presidente y su vice. El dúo debió enfrentar las andanadas de los cuatro prefectos del Sí autonómico (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), reforzados por Cochabamba y La Paz y una incómoda neutralidad del interino chuquisaqueño. Al lado del gobierno, con limitada fuerza, estuvieron Potosí y Oruro. Poco o nada ayudaron a la causa oficial los ministros de Hacienda, de Defensa, de Coordinación Gubernamental y de la Presidencia.

Fue una catarsis plena. La parte más serena estuvo al lado del Presidente Morales y del Prefecto cruceño Rubén Costas. Las cámaras de TV al frente, fotógrafos y periodistas, ofrecieron una magnífica oportunidad para poner cartas sobre la mesa. Nada, o casi nada, quedó por decirse, y la sesión cerró con un cuarto intermedio que prometía durar entre media hora y hasta la mañana..o quién sabe hasta cuándo. Debían  formarse comisiones para tratar los temas vitales del encuentro.

Algunas anotaciones tomadas rápidamente:

En la primera ronda de intervenciones impera la moderación y el diálogo parece encaminado hacia un ballet armónico. El presidente hace la presentación y habla de su gobierno y la cultura del diálogo. Menciona los cambios favorables en la situación macroeconómica del país en los casi dos años de su administración.

Abre el turno contrario el prefecto Costas, quien aborda en forma general los temas de preocupación que han colocado al país bajo un permanente ataque de nervios e insiste en que la reunión tenga como agenda la que los prefectos habían propuesto: IDH (Impuesto sobre los Hidrocarburos), Autonomías, Asamblea Constituyente. “Será difícil superar los conflictos que nos distancian en dos horas”, dice y subraya que nadie debería poner en duda –alusión al gobierno- la unidad de la nación y que debía dejarse de colocar a la autonomía en el plano de la secesión. También menciona que todos los presentes coinciden en la necesidad de cambios (aunque poco se especificó sobre qué ni cómo). Y en un nuevo aguijonazo reclama consecuencia cuando se lanzan acusaciones: “Si hay conspiradores, procéselos y mándelos a la cárcel”. “Somos una nación que debe estar orgullosa de su mestizaje: somos 80% los mestizos”, dice y tras reclamar un “desarme espiritual” cita a África del Sur. “Allí sí hubo apartheid, pero tuvo un hombre como Nelson Mandela, quien reconoció que su país no tenía posibilidades sin perdón y sin rencor”.

El presidente acepta discutir el IDH y la Asamblea Constituyente como temas centrales de la reunión y da la palabra al prefecto de Cochabamba. Manfred Reyes Villa habla de tener como marco los puntos planteados por los prefectos. El prefecto tarijeño Mario Cossio pone más presión –y precisión- a la posición de los prefectos y reclama “no defraudar la expectativa nacional” creada por la reunión. Y va al fondo: Han sido la Asamblea Constituyente y el recorte al IDH los que han polarizado al país. Por lo menos la mitad del país no cree que la constituyente hubiese sido adecuadamente llevada a cabo. Los errores empiezan a partir del desdén masista hacia la fórmula de los dos tercios. Pide de inmediato “un proceso de reconciliación nacional” y empezar a desmenuzar los temas causantes de la confrontación.

Todo sigue en ese tono relativamente apaciguador. Hasta que el prefecto de La Paz, José Luis Paredes, abre el fuego apuntando directamente al presidente. La catarsis empieza a raudales. El presidente es “cholificado” y “desindianizado”. “Ud. habla de racismo, pero el racismo se ha acentuado bajo su gobierno. Ud. dice que es indio, pero no lo es. Es mestizo. Los dos somos cholos. Yo del Lago y Ud. de Orinoka”. Descarga también su insatisfacción con el gobierno por la desatención que sufre La Paz: de 22 obras camineras, ni una sola es en ese departamento. “Quite Ud. los votos que obtuvo de cualquier departamento y seguirá siendo presidente. Quite los de La Paz y no lo es…” “La Paz se enamoró de usted. Ud. es el líder más querido de esta región, pero ese amor no es correspondido. .. Ud. dijo que en dos años habría perforaciones en busca de petróleo en el norte de La Paz y que si eso no ocurría se iría del gobierno… Los dos años están cerca, pero no le voy a cobrar. Sólo le pido que se acuerde de La Paz”. Tenía aún más munición: “Renta dignidad….Ustedes hablan de dignidad. De qué dignidad, cuando viven bajo una sumisión humillante ante Venezuela…” Carga, por último, contra el proyecto de constitución del MAS y dice que apoyaba 350 artículos de ese proyecto pero que, tal como estaba, “Ud. no va a poder gobernar”.

El presidente escuchaba la andanada impasible.

El vicepresidente García explica los principios de equidad que guiaban a la “renta dignidad”, motivo del recorte de los hidrocarburos, y cita algunas cifras que mostraban inequidades entre departamentos: el volumen per cápita pandino resultaba decenas de veces superior al de La Paz o Santa Cruz. El Prefecto de Pando Leopoldo Fernández le espeta que no conocía Pando y que si había leído 25.000 libros sus lecturas no le habían dado conocimiento sobre ese departamento.

Al acercarse la medianoche, la artillería más pesada la tenía aún reservada el pandino Fernández. “Ud. jura, le dice al presidente, que la Asamblea Constituyente fue legal en cada paso…No lo ha sido”. Luego sentencia: “Ya no tiene Ud. salida, presidente…” Le recuerda la oposición que había hecho el MAS que él dirigía a cuanta iniciativa tomaban otros gobiernos respecto al gas o política con Chile. “Si el acuerdo (reciente) de venta de gas a Argentina lo hacía otro (gobierno) Uds. incendiaban el país.”

En una de sus pocas intervenciones, el presidente Morales recuerda a Fernández su pasado banzerista y le dice que su gobierno trataba el tema con Chile seriamente y que no había protagonizado nada similar al “Abrazo de Charaña” entre los generales Banzer y Pinochet”.

El vicepresidente resumió tres o cuatro horas de intervenciones, trata de convencer a los prefectos -sin éxito- de los supuestos lados buenos del proyecto de constitución del MAS, y dijo que había acuerdos sobre puntos básicos: Unidad nacional, democracia, autonomías, renta dignidad, legalidad e IDH. Y el presidente Morales entonces propuso redactar un documento y formar comisiones para discutir cada uno de esos temas. El presidente parecía con prisa para lograr algún resultado tangible. Fernández, el pandino, intervino de nuevo. “No vamos tan rápido. Esta no es una reunioncita…Tenemos que tratar temas de fondo…Un referéndum revocatorio no puede estar sujeto a las hormonas de nadie…”

El presidente respondió que la iniciativa revocatoria había partido de los prefectos. El vicepresidente prometió que en un mes estaría instalado un nuevo Tribunal Constitucional, “porque hemos querido darnos tiempo…no queremos nombrar jueces en base a cuoteos políticos”.

Luego vino el cuarto intermedio. Al presidente, por lo  menos en el año que llevo en Bolivia, jamás le dijeron lo que escuchó esta noche. Pero no perdió la calma. Por lo lo menos, no se lo vio perder la calma en las imágenes mostradas por la TV. Pero su palidez fue notoria en la imagen que me llegó.

Mi sensación personal es que el país avanzó un poco más hacia el abismo pero que la catarsis tal vez ayude a evitar la caída final.