Morales

¿Otra vez?

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Veo en El Mundo, via Agencia Fides y Erbol, y El Deber, conglomerados mayores de noticias de Bolivia, que el presidente Morales no ha desistido de construir la carretera por el Tipnis.

El presidente habló este jueves ante colonos. Puede parecer una jugarreta, pues  las expresiones del mandatario abren la posibilidad de que, por falta de consecuencia, no se crea más en su palabra ni en los actos del gobierno. Porque es la fe del gobierno la que es puesta en juego con este zigzagueo.

La crónica de El Mundo (www.elmundo.com.bo) cita al presidente diciendo ante organizaciones campesinas y de colonos en San Ignacio de Moxos: “Tal vez mi error fue no  haber venido acá, durante la marcha, a escucharlos a ustedes, pero también es su responsabilidad hacerse escuchar con el pueblo boliviano. Lamento mucho que algunos compañeros velen por sus intereses políticos y económicos y no así por los intereses del Beni; ahora es decisión de ustedes”; exijan a sus dirigentes y a sus representantes en el parlamento la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos para que atraviese por (sic) el territorio indígena del Tipnis”, manifestó Morales.

El Deber (www.eldeber.com.bo) dice que la Iglesia Católica, a través del cardenal Julio Terrazas, espera que el gobierno respete el acuerdo con los nativos del Tipnis.

El canciller David Choquehuanca terció en el súbito enturbiamiento del affaire Tipnis al sostener (también en El Deber) que “posiblemente ni los mismos indígenas hemos tenido la capacidad de escuchar el rugir del jaguar de la selva verde de esta marcha”. La frase parecía una confesión que también involucraba al presidente Morales.

Desde mi rincón digo que este zigzagueo nos invita con urgencia al diván del sicólogo. A todos.

Y esta noche del 12 de noviembre agrego: el presidente se ha olvidado de la CPE, que protege al Tipnis. Y también de los convenios internacionales suscriptos por Bolivia. Es allí, entre otros pilares, que se asentó la fortaleza de la marcha de los Tipnis y de la simpatía que despertaron en  Bolivia y en toda latitud del mundo en sintonía con las causas ambientalistas. Parece que hay muchos que no lo han entendido.

Acelerar en contra-ruta

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En estos días, y en menos de  una semana, el país debió digerir noticias contradictorias que cuando menos causaron perplejidad: Primero, el presidente Morales dejó entrever que el gobierno se disponía a replantear su propósito de “equilibrar” los precios de los combustibles, casi un año después de su decreto que casi duplicaba el valor de la gasolina, el diesel y otros carburantes. Y, en seguida, el propio gobierno desmentía  lo que muchos entendieron como un pre-anuncio de aumentos graduales para la gasolina y otros combustibles e interpretaba las declaraciones afirmando que más bien no está previsto ningún aumento.

Estamos ante un ejemplo más de la temporalidad de las decisiones de la que tanto gustan los marxistas radicales. Revolución permanente, dicen, sin reparar que eso también acaba con la permanencia de la revolución. Total, todo va en beneficio de la revolución, aunque para ello haya que extinguirla.

El presidente había tenido una frase de la que los medios extrajeron la conclusión (¿qué otra cosa podía deducirse?): “Cómo combatir el contrabando hormiga de los carburantes en las fronteras, que ocasiona un gran daño al país; este debate lo llevaremos al diálogo nacional para que puedan opinar los distintos sectores sociales…Nuestra obligación es informar de forma sincera y transparente…” La cita que dieron los medios continuaba: “En las reuniones que tuve en los departamentos con las organizaciones sociales, me decían: ‘Estamos de acuerdo, pero ¿por qué no nos han informado? (sobre los daños resultantes del costo de los subsidios)  Estamos de acuerdo…(pero) esto tiene que ser gradual”.

La conclusión de todos los que lo escucharon fue que el mandatario insiste en acabar o reducir drásticamente los subsidios que este año pueden costarle al  país más de 700 millones de dólares (el costo para  construir miles de escuelas completamente equipadas). Esta vez, lo haría “consultando” a los llamados “sectores sociales”, o “socializando” (este término eufemístico que  quiere decir “debatiendo”) la medida.  Pero como la iniciativa murió al nacer, el desmentido equivaldría a decir que durante gran parte de diciembre el presidente sería un conferencista sobre los estragos que causan los subsidios en la economía boliviana.

El anuncio original, sin embargo, fue sólo la manifestación de una señal amarilla que hace tiempo está encendida sobre el estado de la economía, que perdió el mejor cuarto de hora de los altos precios de las materias primas y la oportunidad de industrializar productos que exportamos. Esa luz se encendió para los combustibles desde que se secaron las inversiones para el sector, a partir de las medidas de 2006. Y desde entonces hemos vivido con lo descubierto hasta entonces.

Reconocer un malestar no significa enfrentarlo avisando a todos cómo se propone curarlo. La forma en que se inicia este debate es un salto de equilibrista y podría anunciar un fin de año inquieto. No será ninguna sorpresa si el anuncio presidencial ya ha activado el mecanismo multiplicador de precios. No se sorprendan de encontrar colas de vehículos que quieren llenar sus tanques de combustible en los surtidores de gasolina.

Con la economía no se juega, menos con el bolsillo de la gente. Un profesor  premio Nobel de economía se jactaba frecuentemente en mis años académicos de la candidez de los periodistas que creyeron al ministro de hacienda británico quien, allá por los años de 1970, salía de una reunión con el primer ministro y declaraba enfáticamente que la libra esterlina no sería devaluada.  El ministro, sin embargo, estaba cruzando la calle para ir a su despacho y firmar la resolución que devaluaría la libra. Sólo 10 minutos después de su terminante declaración. ¿Alguien podrá decírselo al Sr. Presidente?

Después de afirmar que no habrá “nivelación” de precios de los carburantes, las autoridades han dicho que el asunto sólo será discutido con los “sectores sociales”.  Esta discusión sería sólo un trabajo de auscultar opiniones. Es como decir: “Les informaremos sobre la gravedad del enfermo. Y les diremos que sólo una cirugía puede salvarlo.” El nombre de la cirugía es remover subsidios y sincerar la economía. Después he leído que entre esos sectores, sólo el de las llamadas “Bartolinas” estaría de acuerdo. El resto dice que no, y si tiene alguna simpatía –si puede haberla- con el aumento, es una simpatía muy reservada.

Sin retorno

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Ahora no hay duda que el gobierno del presidente Morales, generador de expectativas en toda Bolivia y en muchos otros lugares como una señal de que “otro mundo” sería posible, no representa más esas esperanzas. Al menos para los indígenas y muchísimos bolivianos.
Ya en agonía, esas expectativas murieron el 25 de septiembre, cuando un puñado de nativos de los llanos resistió la embestida de la policía enviada por las autoridades para reprmirlos y apresarlos.
Hasta ahora nadie da el paso al frente para decir “yo fui” quien dio la orden. Los nativos ofrecieron la otra mejilla y la población de Rurrenabaque, a donde habían sido trasladados en camiones, actuó como un solo Cirineo, superó a los custodios y los liberó. Al llegar a La Paz, recibieron una bienvenida apoteósica, con cientos de miles de paceños en las calles, una multitud que jamás el gobierno había visto junta en su sitio fuerte.
Con su gesto bravío, y sin bombazos ni dinamitazos, los nativos dieron una lección sobre cómo marchar pacíficamente por sus derechos. Toda Bolivia, salvo escasas excepciones, blindó a su alrededor la causa de los Tipnis. El presidente se fue a Cochabamba, y no quiso saber, al menos en esas horas, de quienes habían caminado 600  kilómetros para llegar hasta él.
El gobierno, racionalmente o no, siguió con rigor el principio ultra-marxista de que nada es permanente; todo cambia. Como todo cambiaba, era complicado asumir decisiones que habrían sí tenido carácter permanente. Como la de modificar el trazado de la ruta carretera a la que se oponen los Tipnis, bautizados popularmente como tales para simplificar su nombre e identificarlos mejor.
El  “otro mundo”  había quedado a flor de piel con la imposibilidad de hacer trabajar efectivamente a nuestra industria gana pan, el gas natural, que, desprovista de recursos, y hasta de equipos de perforación, ofrecía anuncios por aquí y por allá sobre descubrimientos potenciales.  Nadie se recuerda ya de la ceremonia pomposa con la que el presidente inauguró la perforación de un pozo, hace unos dos años, sin  que se conozcan aún los resultados.
Los nativos reclaman al presidente, quien hasta  este viernes sólo los había escuchado por la radio, la TV o los altavoces con los que hablaban en la Plaza Murillo, que cumpla su palabra y cumpla con la CPE que él pidió que fuese aprobada sin modificarle ni una coma.   Así, tienen el Art. 402 que amalgama su demanda:
“Se reconoce la integralidad del territorio indígena originario campesino, que incluye el derecho a la tierra, al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables en las condiciones determinadas por la ley; a la consulta previa e informada…”, etc.
Repárese: La consulta es previa, no posterior. El gobierno,  sorprendido desnudo, propuso una consulta fuera de los límites de la CPE. Con su imagen ahora maltrecha, el gobierno estaba ante el dilema de seguir desoyendo la demanda de los nativos, convertida en causa nacional, y atenerse a un deterioro mayor, o recular por completo, y explicar su actitud a los constructores de la obra y a quienes la financian: Brasil. Y, sobre todo,  arriesgarse a un  desangre político mayor. ¿Cómo explicar haber esperado una marcha de 65 días más dos jornadas de tensión en la Plaza Murillo para  luego volver atrás? Sus aliados y no aliados podrían ver gráficamente su debilidad ante las movilizaciones populares, como la tuvieron aquellos mandatarios a quienes él contribuyó a deponer. Decidió recular y al mediodia anunció que no habrá la carretera que “sí o sí’ había dicho que se haría. Un punto para el sentido común.

Estos días de octubre me parecen demasiado largos.

El gran ausente

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Prefirió ir a Cochabamba. Esa era su “agenda apretada”  que esgrimió como argumento para no recibir a los marchistas. ¿Por qué? La Paz nunca -o pocas veces- vio a tanta gente en las calles, con sus arterias centrales repletas de una multitud compacta,  que sin hacer estallar dinamita ni bombas molotov; sin  otras armas que el ruido de sus voces que penetraban conciencias,  o el de las campanadas que alborozaban corazones. El presidente jamás vio algo así, ni muchos de los propios paceños ni gran parte de los bolivianos.

Yo creo que el presidente se acobardó al sentirse solo frente a esa multitud que sólo le gritaba que cumpliera su palabra y que cumpliera la constitución que él mismo reclamó que fuese aprobada sin una coma de modificación.

Creo que le ganó la actitud cívica y pacífica de los marchistas, que dieron a Bolivia una lección de cómo manifestarse sin violencia.  Cuando los azotaron el 25 de septiembre, pusieron la otra mejilla y siguieron su marcha. Sufrieron hambre, cansancio y frío. Pero nunca perdieron la brújula. Dijeron que llegarían a La Paz y cumplieron.

Con una policía que ahora no es más 100 por ciento confiable y  con algunos de sus integrantes dudosos de las órdenes de las autoridades en el gobierno, que no asumieron la responsabilidad de decir “yo di la orden para reprimirlos y asumo las consecuencias”, y con un ejército que también puede dudar antes de salir a reprimir, el presidente podría haberse sentido solo. Y la soledad, en esas condiciones, es caldo para un comprensible temor.

¿Qué podría decir a esa multitud, una porción de la cual antes lo vitoreaba (sólo días antes vimos la concentración de quienes lo apoyaban)?  ¿Qué podía decir a quienes había considerado “turistas” o mercenarios pagados por la DEA, USAID, ONGs, por Estados Unidos y saboteadores de la economía y del progreso?

La noche pasada debe haber sido para el presidente Morales “el árbol de la noche triste”,  como la que pasó Hernán Cortés, derrotado por los aztecas en 1520.

Lo que pasó ayer, sumado a la abrumadora presencia de votos nulos el domingo, estará ciertamente en la historia. El final de este capítulo ahora yace en gran parte en manos del presidente Morales.

Tipnis en La Paz hasta que se cancele plan carretero

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Los más de dos mil marchistas del Tipnis permanecerán en La Paz hasta que el presidente desista formalmente del trecho carretero a través del parque y resuelva otros 15 puntos incluidos en la agenda que los llevó hasta la sede de gobierno. Lo dijo este miércoles Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, ante  una audiencia multitudinaria reunida en la Plaza San Francisco.

(Un grupo de marchistas decidió instalarse en la Plaza Murillo para cumplir allí una vigilia mientras sus demandas son resueltas. Los niños y mujeres mayores fueron instalados en la Universidad Mayor de San Andrés y la alcaldía  declaró Huéspedes Ilustres a todos los marchistas.)

La jornada marcó un ataque intensivo sobre el gobierno del presidente Morales: los parlamentarios nativos alineados con el partido de gobierno dijeron que se desafiliarían, y otros anunciaron un juicio contra el  mandatario por “genocidio y etnicidio”.

Vargas habló  horas después de haber ingresado la marcha a La Paz y  avanzado hasta la Plaza Murillo, al cabo de 65 días de marcha desde Trinidad para oponerse a la carretera ya contratada por el gobierno con financiamiento de Brasil y que partiría aquel parque, uno de los pocos casi vírgenes que quedan en el mundo. El ingreso a la Plaza Murillo tuvo  un carácter emblemático. Hasta ahora había sido reducto casi exclusivo del partido de gobierno, el Movimiento al Socialismo (MAS).

Los marchistas subieron por la empinada calle Ayacucho mientras los más rezagados estaban todavía en la avenida Bush, unos tres o cuatro kilómetros de recorrido, de acuerdo a la narración de radio Fides. Eso representaba algunas decenas de miles de personas, con cinco y seis personas por fila. La Plaza Murillo era insuficiente para dar cabida a “miles y miles” de personas reunidas alrededor de los marchistas, en la descripción del Nicolás Sanabria, reportero de la emisora.

Vargas, uno de los golpeados y maniatados durante la intervención policial de la marcha el 25 de septiembre, le espetó al presidente Morales que no debería mentir. “Dijeron que la marcha venía a quitarles el bono Juancito Pinto, el bono Juana Azurduy y el bono Dignidad; que la marcha venía a quitarles los recursos a los gobiernos municipales, a las gobernaciones y las universidades: una mentira tan grande que un dignatario…no debe mentirle al pueblo. Un dignatario debe sólo decir la verdad”, dijo, citado en una nota desde La Paz por Erbol, la red que agrupa a más de 300 radioemisoras rurales en todo el país.

En resumen, el dirigente dijo que la marcha no era conspirativa ni buscaba el derrocamiento del presidente Morales. “Sólo queremos que honre su palabra”  (respecto a la madre tierra y a los pueblos indígenas, y a los dictados de la CPE).

El despacho informativo de Erbol dijo que la concentración era extraordinariamente numerosa. Vargas, en medio de aplausos y gritos a favor de la causa de los marchistas, subrayó que los pobladores del Tipnis no se oponen al progreso, pero que no quieren la destrucción de la madre tierra. “Queremos que se unan los dos departamentos (Beni y Cochabamba) pero no destruyendo la madre tierra ni el Isiboro-Sécure, no cometiendo delito de genocidio ni etnocidio”, dijo.

El presidente Morales es reacio a cancelar el proyecto, en su etapa intermedia, que es la que atravesaría el Tipnis. Es su proyecto estrella y está financiado  por el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil. Pero el proyecto está en colisión con la CPE, que veta trabajos de desarrollo en parques habitados por nativos salvo aprobación expresa de los habitantes nativos, y con el propio discurso ambientalista del presidente.

Ahora se encuentra frente a sus pares indígenas que le recuerdan sus compromisos ecológicos y dicen estar dispuestos a obligarlo a modificar el proyecto. La carretera es temida por los habitantes del parque no solo por la devastación que ella causaría sino porque facilitaría el acceso de nuevos colonos sembradores de coca. Durante la caminata hasta la Plaza Murillo, hubo gritos, escuchados en la transmisión de Fides, que decían: “Si Evo quiere más coca, que siembre en Orinoca”, la tierra natal del presidente, en Oruro. Una de las mujeres oradoras en Plaza San Francisco, de apellido Suárez, dijo que los marchistas preferían morir “antes que ser esclavos de los cocaleros”. La frase reflejaba un creciente descontento ciudadano con los sembradores de coca, columna vertebral del respaldo político al presidente Morales.

“Hemos venido a decirle (al presidente Morales) que atienda los 16 puntos de nuestra plataforma; hemos venido a decirle que respete nuestro territorio; que respete nuestras decisiones…”

Fue la primera vez que desde la plaza San  Francisco fueron dichas frases tan duras para el primer mandatario.

La concentración fue uno de los actos finales de una jornada que mantuvo a toda Bolivia a la expectativa. La conmoción que provocó el ingreso de los marchistas a La Paz paró a la sede de gobierno.  Las transmisiones radiales (radio Fides) reiteraban que pocas veces había tanta gente en las calles de La Paz. (El triple de la que hubo en la anterior marcha indígena de pueblos el oriente hasta La Paz, 18 años antes.) Las multitudes se volcaron a las calles para vitorear a los eran considerados como nuevos héroes nacionales.

Los medios audiovisuales dedicaron espacios extraordinarios a la cobertura de la calurosa bienvenida que se otorgó a los marchistas que, sin haberlo pretendido, hicieron de la jornada una fiesta, sin bombas ni dinamitazos.

Llegaron!

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Actualización. 23.00 horas.

Esta noche, cuando los marchistas del Tipnis llegaron a Urujara, a 12 kilómetros de la sede de gobierno, los corazones bolivianos se detuvieron de emoción. Desde  la llanura, a poco más de 300 metros de altura, centenares de habitantes de la selva, acompañados de numerosos compañeros y acompañantes, subieron hasta 4.000 metros, con un reclamo para que se respete su habitat, su forma ancestral de vida. Los marchistas, que en total sumaban más de dos mil,  lograron lo que tal vez nunca se vio en Bolivia: un sentido de solidaria unidad completa que los abrazó  y les hizo sentir que no estaban solos. Para verlo y sentirlo tuvieron que recorrer más de 300 kilómetros a pie, durmiendo donde podían y comiendo lo que la naturaleza y la solidaridad podían ofrecerles. Fueron artífices de una epopeya de las más bellas y más heroicas vividas en el continente americano.

El presidente Evo Morales  (mucha gente, especialmente los indígenas marchistas pensó que el gesto era demasiado tardío) envió  una carta formal invitando a los dirigentes a reunirse con él mañana miércoles. Hasta ahora el presidente se había negado a hacerlo. Y estaba en duda si los marchitas podrían entrar a la Plaza Murillo y al Palacio de Gobierno. Era ésta una duda vergonzosa pues se trata de lugares que teóricamente pertenecen a todos los bolivianos, más aún a quienes lucharon políticamente para que el presidente alcanzara la primera magistratura.

El mensajero que llevó la carta fue el viceministro de coordinación de los movimientos sociales, César Navarro, recibido con abucheos y gritos de frustración de marchistas desairados y humillados con la actitud del gobierno a lo largo de los 64 días que duró la travesía. El presidente dijo que eran turistas; después afirmó que eran conducidos por ONGs, y pagados por organismos de Estados Unidos. Con un desaire no inferior fueron recibidas dos ministras (Nardi Suxo y Nilda Copa, de Transparencia y de Justicia, respectivamente)  que intentaban entregar botellones de agua. Los marchistas les preguntaron por qué no habían tenido ese gesto cuando estaban frente al agua del arroyo Chaparina y como Tántalo sediento y atado a un árbol no lograban avanzar porque los agentes del orden no lo permitían. Similares abucheos, denuestos  y gritos recibieron a  los policías que venían oficialmente para brindarles protección. Los marchistas les espetaron por qué no los  habían protegido  25 de septiembre, cuando los martirizaron a palos. Obviamente, no tuvieron respuesta.

Horas antes, el dirigente socialista Jerjes Justiniano, ex candidato a  la gobernación de Santa Cruz, había dicho se esperaba que el presidente Morales asumiese una condición de verdadero jefe de estado y fuese hasta la marcha a encontrar a los marchistas, les diese la bienvenida e, incluso, les pidiese perdón por la acción brutal de la policía. El presidente optó por enviar a Navarro, con una carta protocolar que esta noche iba a ser analizada por los dirigentes de la marcha. También horas antes, el el Hospital la Merced de La Paz había nacido la primera niña de una mamá de los marchiustas. Otra niña pudo haber sido la primera, pero murió. Los médicos que atienden al grupo dijeron que hay doce niños enfermos, con gripe fuerte y pulmonía. Y esta noche había otra mamá Tipnis en proceso de alumbrar.

En el Poder Legislativo, la iniciativa de  una diputada (Elizabeth Reyes) de Unidad Nacional para declarar a los Marchistas Héroes de la Madre Tierra y de la Naturaleza, fue rechazada a mano alzada por la mayoría del Movimiento al Socialismo.

Al avanzar la noche y bajar las temperaturas, los vientos que batían inclementes contra las carpas de plástico y de lona de los marchistas hacían sentir el furor del frío de  los andes. Varios de los marchistas, desprovistos totalmente de abrigo, pasaban las horas de pie y bebían café  caliente preparado en el lugar. Una señora de edad, con las arrugas en las que sus nietos leen la historia, resistía el frío sentada y abrigada sólo con un plástico. Con calzados precarios e impropios para las bajas temperaturas, los pies con ampollas que trataban de aliviar con unguentos, ninguno exhibía vacilación alguna en su determinación de llegar hasta la Plaza Murillo y, de allí, al Palacio de Gobierno.  El frío volvía balbuceantes las palabras de los nativos.

Las próximas horas no serán quietas. El presidente Morales tendrá muchas preguntas que responder a los marchistas. Durante la marcha final, entrevistados por la TV (PAT) anticiparon que si el mandatario no cede en sus demandas, que incluyen 16 puntos, entre ellos la cancelación del proyecto carretero en el sector del Tipnis, pedirán un referéndum revocatorio del mandato que incluya a todos los legisladores oficialistas. Eso equivaldría a nuevas elecciones generales.

Los bolivianos esperamos que esa reunión sea transmitida en vivo por la radio y la TV.

Se reinicia la marcha

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Dirigentes nativos han empezado a reorganizarse en San Borja y unos doscientos de ellos se proponen reiniciar esta misma semana su marcha hacia La Paz.  Lo anunció esta noche Fadio Fides, mientras en gran parte del país estaban en curso jornadas de vigilia en repudio a la represión de que fueron objeto los indígenas del Tipnis y de solidaridad con los nativos. Había una combinación de ese repudio y de rechazo al gobierno del presidente Morales.

En otras circunstancias, estaríamos al borde de una renuncia presidencial o de un drástico anticipo de elecciones generales. Muchas cosas pueden ocurrir en Bolivia, debido a la poca madurez de sus clases políticas, pero en el cuadro político actual, las dos posibilidades parecen distantes.

No se  conocían los detalles de la decisión de los nativos, que todavía curaban las heridas de la intervención policial. La supuesta orden que habría provenido de autoridades judiciales para ordenar la descarga policial sobre los marchistas, fue desmentida por el Fiscal General de la Nación. ¿De dónde partió la orden?

El país parecía esta noche cubierto por nubarrones. Un reinicio de la marcha equivaldría casi un jaque mate sobre el gobierno del presidente Morales, ya resquebrajado con la salida intempestiva de la Ministra de Defensa. (¿Quién habría dado la orden a los militares de salir de sus cuarteles para reprimir a los indígenas si fracasaba la policía? Era la pregunta que se hacía el ex ministro Félix Patzi,  uno de los primeros en salir del barco del gobierno, que no podría mostrar más una faz indigenista ni defensora de la madre tierra. Esa imagen  colapsó este 26 de septiembre. Patzi fue uno de los invitados por radio Fides donde habló de la inteligente decisión de la ministra quien, anticipadamente, dijo Patzi, se apartó del gobierno oportunamente antes que verse obligada a dar una orden de intervención militar.

Para empeorar el horizonte, la central Obrera Boliviana (COB) anunció un paro “movilizado” de 24 horas este miércoles en apoyo a la demanda de  los Tipnis. Eso significa, no asomar la nariz a la calle. Y la persistencia de la presión para doblar el brazo del gobierno del presidente Morales.

Al aproximarse el viernes…

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Esta noche del jueves,  el programa Sin Letra Chica, de Carlos Valverde, tuvo una de las jornadas más duras para el presidente Morales, al comentar las respuestas que el mandatario ofreció en una entrevista con CNN hace un par de días.

Como suele ocurrir, muchos de los periodistas, especialmente de lengua hispana que conducen  entrevistas en las sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, no están preparados para contra-responder a sus interlocutores. Porque los países de nuestro hemisferio tienen un limitado interés para la gran audiencia televisiva  internacional. Salvo Brasil, México y Venezuela, poco se conoce del detalle de lo que ocurre en América Central  y del Sur.

Valverde se fue de frente contra la respuesta que dio el presidente Morales a la periodista que le preguntaba si no temía que lo dicho por el general René Sanabria pudiese salpicar a otra gente de su gobierno. El presidente no respondió directamente. Dijo que al general Sanabria le correspondía institucionalmente el cargo de jefe máximo de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotrafico (FELCN) tras haber cumplido su carrera efectiva en la policía. Valverde le replicó lo que no podía hacer la periodista, que ciertamente esconocía pasajes claves de la historia reciente boliviana.

“Se olvidó (el presidente) decir que (el general Sanabria) fue contratado por el Minisiterio de Gobierno”. Y agregó que Sanabria fue zar anti-drogas en dos ocasiones: cuando trabajaba como cabeza de la FELCN  y luego cuando asumió el papel de enlace en todas las operaciones antinarcotráfico.

“(Es un) pequeño gran detalle (del) que se olvida el presidente”, dijo. Explicó que por las palabras del presidente “parecería” que la carrera del general fue institucional y que el gobierno no lo contrató, “cuando todos sabemos que no es verdad. Que nos demuestre el Sr. Presidente que Sacha (Llorenti, Ministro del Interior) no lo contrató…(Asegurar lo contrario) es faltar a la verdad”, dijo con vehemencia. Y recordó que la afirmación sobre el respeto presidencial a la institucionaldad no tenía sostén  pues Sanabria fue ascendido del grado de coronel cuando tres promociones de lasFF.AA. y dos de la policía fueron pasadas a retiro poco después de la asunción del presidente al mando de la nación. “Lo que está haciendo el presidente es dañino”.  El programa de Valvere en la internet era titulado “Evo Morales en CNN y sus verdades a medias”.

Después replicó otras dos afirmaciones del presiente en la entrevista, cuando se le preguntaba si tenía elementos capaces de probar que desde esferas del gobierno estadouidense se orquesta una campaña para desprestigiarlo. El presidente tampoco respondió directamente. Dijo que eran frecuentes las versiones que intentaban echarle sombras, como cuando hace un par de meses se decía que el avión presidencial tenía trazas de cocaína y estaba detenido. “Falso”, había respondido el presidente. Valverde rectificó: La versión fue inventada y vino por la internet y no del estado norteamericano. Rectificó también que no fueron los Estados Unidos  los que dijeron que Bolivia se había convertido en el primer productor de marijuana sino las Naciones Unidas a través de un estudio de la organización mundial sobre las drogas.

Remató la noche mostrando el salón de la Asamblea General casi vacío. Mientras mientras hablaba el presidente sólo presentes muy poocas delegaciones, enre ellas las  de Cuba, Venezuela, Estonia y Palestina. La ONU tiene 194 miembros.

No escuché ni ví comentarios de las autoridades sobre el programa. Estaré atento si llegaren a hacerlo.

En la red

Circula en la red un llamado a parlamentarios y concejales cureceños a no asistir a los actos oficiales programados para este sábado, cuando el departamento conmemorará doscientos años de la gesta libertaria llevada a cabo desde 1809 en las regiones de lo que hoy es Bolivia.

El llamado lo hacen varias personazlidades cruceñas en mensajes que van agregando a los anteriores y que son un repudio silencioso a la visita de autoridades a esta ciudad.  Es bajo esta atmósfera  que Santa Cruz prepara la bienvenida a su aniversario cívico.

Revés

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Es el título de una crónica esta semana en The Economist, la revista de economía más influyente del mundo. De  inicio recuerda que cuando el presidente Morales asumió, en enero de 2006, prometió gobernar a favor de los grupos étnicos oprimidos. “Los 500 años de resistencia indígena no  han sido vanos”, proclamó en su discurso inaugural. “De 500 años de resistencia pasamos a otros 500 años en el poder…Estamos aquí para decir que hemos llegado al poder para acabar con la injusticia, la desigualdad y la opresión bajo la que hemos vivido”.

La pretensión del Sr. Morales de que su llegada al poder representaría el fin de la “resistencia indígena” ahora parece algo presuntuosa. Desde fines de 2010, una amplia gama de grupos indígenas ha escenificado protestas contra su gobierno por no consultar suficientemente sobre proyectos de infraestructura o por la distribución inequitativa de los gastos públicos. Hace poco, más de 1.000 personas de varios grupos étnicos comenzaron una marcha de 500 kilómetros hacia La Paz, para oponerse a la construcción de una carretera. Con la tasa de aprobación presidencial en caída desde más de 60% a comienzos de 2010 a sólo 40% y más ahora, las comunidades cuyos intereses él asegura representar han estado entre las primeras en abandonarlo.

La revista dice que  la conversión de Evo Morales a la causa de los derechos indígenas es reciente. Antes de la elección de 2004, era más conocido como líder de los sindicatos de cocaleros y como socialista opuesto a las políticas de libre mercado y la privatización de de estatales. Se puso el manto de cruzado étnico, dice el artículo en la revista, cuando candidateaba para la presidencia, lo que le ayudó a atraer apoyo extranjero para su candidatura y conseguir dinero.

En funciones, Morales ha sido ampliamente leal a los indígenas. Ha logrado una nueva constitución para garantizarles derechos así como garantías de consulta en proyectos gubernamentales que los afecten. Pero implementar esos privilegios –dice el artículo- para las 36 comunidades reconocidas se ha vuelto extremadamente difícil. Las protestas han brotado por todo el país. En el departamento de Potosí, estallaron con la construcción de un aeropuerto y con un departamento vecino que afectará la distribución de regalías mineras. La nota en la revista refiere las protestas en El Alto, por la demora en el censo de población y vivienda que probablemente disminuya la tajada financiera de los pueblos rurales, centro principal del apoyo de Morales, a favor de las zonas urbanas, entre ellas Santas Cruz, el motor económico del país, en manos de la oposición. El carácter de las protestas no ha permitido que el gobierno recurra a su acostumbrada táctica de atribuirles motivaciones racistas.

La marcha a La Paz, recuerda el artículo, protesta por la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, en Beni. La carretera está en discusión desde hace dos décadas, y el gobierno ha decidido llevarla a cabo. Sus proponentes, dice el artículo, tienen fuertes argumentos en un país con una infraestructura pobre que podría, con la obra, establecer un corredor con Brasil y los puertos de Chile. Pero la obra cortaría el parque nacional Tipnis, cuyos residentes temen que sirva para que los sembradores de coca arrasen la floresta,  expandan sus cultivos y diezmen la fauna silvestre. Los nativos demandan ser consultados, se acuerdo a la nueva constitución. El gobierno mantiene su propósito y asegura que mantendrá a raya a los cocaleros, aunque no tiene capacidad para proteger la remota región efectivamente. Ha acusado a los nativos de estar apoyados por Estados Unidos y uno de sus ministros principales ha dicho que la oposición a la obra es para frenar al gobierno en detener el tráfico de tierras y de madera. Las acusaciones han enardecido a los nativos. Al final, es probable que el Sr. Morales se siente a conversar con los marchistas y les ofrezca suficientes concesiones por su consentimiento, Pero el daño político, dice la revista, será mucho más difícil de revertir.