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El mar en los organismos internacionales

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El artículo que sigue, viene del diplomático Ramiro Prudencio Lizón. Es una pieza muy importante, cuya lectura recomiendo a todos los que visitan el blog. Los puntos delineados por Prudencio merecen estar al frente del presidente Morales y de los ex presidentes que procuran ayudarlo en la estrategia que el mandatario nacional desea formular. Los reproduzco con autorización del autor.

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Por Ramiro Prudencio Lizón

Con el fin de impulsar una política multilateral en la cuestión marítima, el Gobierno nacional ha determinado crear la Dirección Estratégica Marítima del Estado.   Esto es muy loable, pero habría sido mucho mejor que primeramente se hubiese constituido dicha entidad antes de haber determinado cambiar el curso de nuestra política marítima.

Lamentablemente con este viraje del plano bilateral al multilateral, se pone en peligro la estrecha relación  existente entre los gobiernos de Evo Morales y de Sebastián Piñera, la cual estaba dando buenos frutos, ya que Chile había reconocido y estaba dispuesto a solucionar la cuestión del Silala, del río Lauca, del ferrocarril de Arica a La Paz y, sobre todo, del problema marítimo boliviano.

En verdad, ¿qué espera nuestro Gobierno de los organismos internacionales?  Es menester señalar que el Pacto de Bogotá, es decir, el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas, aprobado en 1948, ha sido ratificado en el congreso por unanimidad.  Pero ningún congresista tuvo la curiosidad por preguntar, ¿por qué no se lo había ratificado antes, ya que habían pasado más de sesenta años de su suscripción?  La respuesta les sorprendería;  pues no se lo hizo porque su artículo 6º  libera a Chile de obligarse por este tratado en lo referente a nuestra reintegración marítima.   Este dice: “Tampoco podrán aplicarse dichos procedimientos a los asuntos ya resueltos por arreglo de las partes…. o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia en la fecha de la celebración del presente Pacto”.  La delegación nacional que concurrió a la suscripción de este tratado quedó tan molesta que incluyó en él una Reserva que dice: “La Delegación de Bolivia formula reserva al Artículo 6º, pues considera que los procedimientos pacíficos pueden también aplicarse a las controversias emergentes de asuntos resueltos por arreglo de las Partes, cuando dicho arreglo afecta intereses vitales de un Estado”.

Si el Pacto de Bogotá no obliga a Chile, entonces ni los medios políticos ni los medios jurídicos contemplados en él, como la Corte Internacional de Justicia, pueden tratar el tema marítimo.  Sólo quedaría como recurso el Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya (TPA), ya que éste, por el Protocolo de 16 de abril de 1907, fue designado por Bolivia y Chile como árbitro del Tratado de Paz de 1904, “en todas las cuestiones que llegaren a suscitarse con motivo de la inteligencia o ejecución de dicho Pacto”.  Nótese bien: según este protocolo adicional, el TPA sólo puede intervenir en la interpretación o aplicación del Tratado de Paz, no en su modificación o revisión.

Creado en 1899, el TPA es un tribunal “sui generis” porque no tiene jueces permanentes.  Consta sólo de una Oficina Internacional que desempeña las funciones de Secretaría, y de una lista de jueces.  Y los Estados que desean llevar a esta entidad alguna controversia deben conformar un tribunal, eligiendo jueces de esa lista, lo cual representa un gran trabajo burocrático.

Cabe recordar al respecto, que cuando se instauró la Liga de las Naciones, en 1920, se presentó una demanda de revisión del Tratado de Paz.  La Liga decidió conformar una comisión de tres juristas para que atendiera la factibilidad o no de la misma.  Esa comisión emitió un dictamen en septiembre de 1921, manifestando que “tal como ha sido presentada, la demanda de Bolivia es inadmisible, pues la Asamblea de la Liga de las Naciones no puede modificar por sí misma ningún pacto y porque la revisión de los Tratados es de la sola competencia de los Estados contratantes”.

Con el tiempo, la situación jurídica nacional fue perdiendo más potestades. Tanto la Carta de las Naciones Unidas como la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969, consagraron aún más la intangibilidad de los tratados, sobre todo los de límites.

En consecuencia, sólo los organismos políticos como la OEA y la ONU podrían atender nuestra demanda.  La OEA ya lo hizo aprobando once resoluciones a favor de ella. En la última resolución además, se determinó que el problema  marítimo se mantendría en forma permanente en la organización.   Pero ellas sólo exhortaban a las partes a que reinicien negociaciones encaminadas a dar a Bolivia una salida al océano Pacífico.

Ahora bien, si las dos partes, Bolivia y Chile, ya se encuentran negociando dicha salida al mar, ¿para qué insistir entonces en buscar apoyos de organismos internacionales que sólo tienen facultad para instar a las partes a reunirse y negociar el tema en cuestión?

 

Todo en uno

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El presidente Morales ha conseguido, arropado en el prestigio institucional de seis ex presidentes, tres acusados por su régimen, llevar la atención nacional alrededor de la estrategia que quiere elaborar para la causa marítima. Ahora no está más amarrado a la agenda de los 13 puntos con Chile como una camisa de fuerza y, necesitado de oxígeno político,  ha buscado el diálogo con los ex presidentes, quienes le han tendido un chaleco para flotar en el mar de problemas cada vez más difíciles en que se encuentra. La COB ha desacelerdo sólo un poco la presión callejera. Según el propio presidente declaró, llegó a temer que los aguerridos manifestantes quisiesen dinamitar el Palacio de Gobierno y, de paso, el Legislativo. A su modo de ver, los dinamitazos cerca de la Plaza Murillo eran una conspiración para apartarlo del poder.

Según un despacho informativo reproducido por el sitio  hoybolivia.com y originado en la agencia oficial ABI, dijo el domingo en Cochabamba:

“Sospechosamente, estos días (viernes y sábado), mineros que son delegados del sector privado, se van a la ciudad de La Paz. Han ido a dinamitar la Plaza Murillo. Hasta puedo imaginarme (que) es como un golpe de Estado”, denunció. A su juicio, si la policía dejaba a los manifestantes entrar a la Plaza Murillo, habrían dinamitado el Palacio Legislativo, el Palacio de Gobierno. “Si me encontraban seguro que me dinamitaban, es como un golpe de Estado. Así pienso porque el sector minero privado ¿qué reivindicación tiene?”, cuestionó.

Al día siguiente parecía existir un pre-acuerdo para las demandas de los manifestantes, pero no variaba el 10% sobre los salarios básicos ofrecido por el gobierno. La COB decidió consultar a sus bases,  mantener la presión y para hoy martes los bloqueos callejeros eran parte del menú. El gobierno no  ha conseguido convencer a los dirigentes obreros de su alegada imposibilidad de conceder un aumento mayor. Ya el 10% ofrecido significaría un déficit en las finanzas públicas de más de $US 800 millones. Pero en la orilla opuesta se argumentaba que el presupuesto se basó en un barril de petróleo en $71 y que estos días está por encima de los $US 100. Sin embargo esto es un alivio sólo temporal. En algún momento los precios caerán. Y eso puede agarrar a las finanzas bolivianas sin el apoyo de las exportaciones no tradicionales, que no fueron debidamente estimuladas por el gobierno, que no mostró mayor interés en el desarrollo de la agricultura cruceña.

Cuando los manifestantes gritaban para acortar el mandato presidencial o un referéndum para revocar el mandato de las principales autoridades, vino el chaleco que apartó parte de la atención del público. Los ex mandatarios no tenían otra opción que reunirse con el presidente, no obstante el proceso que se sigue contra tres de ellos en el congreso. No responder al llamado del presidente Morales para consultarles sobre la cuestión marítima habría sido percibido por la población boliviana como un gesto anti patriótico.

Sin embargo, el alivio puede ser muy temporal. Este martes continuaban las movilizaciones y bloqueos en cinco áreas estratégicas de La Paz. Entre los manifestantes había representaciones de otros departamentos, inclusive de Santa Cruz, donde se registraban marchas de los trabajadores de los hospitales, que cumplían hoy su octavo día de huelga, opuestos al plan para  un solo sistema de salud al que le atribuyen el propósito de querer echar mano sobre todo el dinero del sistema de salud, basado en aportes de los trabajadores a la CNS, para crear uno que atienda a todos los bolivianos.

El círculo de dificultades se completa con el inicio del juicio contra los acusados del fiscal Marcelo Soza. Ya hay tres órdenes de aprehensión, dos de las cuales afectan a dos nombres emblemáticos de las armas nacionales: Gary Prado Salmón y Lucio Añez, el primero por haber rendido a la columna guerrillera de Ché Guevara, y el segundo por su infatigable campaña contra el general García Meza.  Ambos en situación de retiro, se los acusa de ser la columna central del movimiento atribuido a Eduardo Rózsa Flores, el croata-húngaro-boliviano muerto en el Hotel las Américas hace casi dos años. Curiosamente, la acusación contra casi todos los procesados, se basa en declaraciones de uno de los personajes que más ha trajinado por los noticieros bolivianos en los últimos tiempos: Ignacio Villa Vargas, “El Viejo”, quien de “testigo excepcional” pasó a la condición de acusado. Villa Vargas es la persona que aparece en el video revelado el 13 de enero por Cadena A de televisión por el periodista John Arandia, de La Paz, en el que Villa Vargas aparece recibiendo un supuesto soborno de 31.500 dólares. “El Viejo” denunció que el video era una tramoya. Dijo que el dinero que le dieron le fue quitado al concluir la filmación, y reiteró que todo  lo que había dicho al fiscal Soza había sido bajo presión y torturas. Con todo, sus denuncias no han tenido valor, pues las acusaciones basadas en sus primeras declaraciones continúan válidas en el proceso.

Pero un bochorno mayor ocurrió cuando la policía impidió el ingreso a la sala de audiencias en Cochabamba al trío de juristas de la Orden de Abogados de Brasil (OAB) que buscaba observar la audiencia. Les exigieron una visa especial para la audiencia. El trío partía hoy de vuelta a su país y preparaba un informe para presentarlo a la OAB y luego al Ministro de Justicia.

“Lo que intentaron hacernos no lo he sufrido en ninguna parte del mundo”, me dijo Leonardo Avelino Duarte, presidente de la filial de la OAB en el Estado de Mato Grosso. “Si no querían que presenciásemos la audiencia, es porque algo se tramaba”, agregó Tércio W. de Albuquerque, parte del grupo. Dijo que intentarán influenciar para que el gobierno de su país “mire al gobierno de Bolivia con ojos diferentes”, agregó, y dijo “Dilma Rousseff no es lo mismo que Lula”.

Abstinencia informativa

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Con el estruendo provocado por el cambio de rumbo en la política boliviana hacia Chile pasó casi desapercibida una declaración del canciller David Choquehuanca, distribuida por la agencia oficial de noticias ABI y reproducida por el sitio informativo HoyBolivia.com el 30 de marzo. Fechada en La Paz, la noticia decía en su primer párrafo:

Si se da un juicio en tribunales internacionales con Chile por la reivindicación marítima nacional “cualquier declaración puede ser usada en nuestra contra”, manifestó el canciller David Choquehuanca.

La noticia agregaba de inmediato que el canciller también recomendaba a políticos, sindicalistas, autoridades y a cualquier boliviano que se abstuviesen de emitir opiniones capaces de perjudicar las acciones que emprenderá Bolivia en procura del anhelo nacional de obtener un acceso soberano y útil al Pacífico.

El canciller ha sido vago en determinar cuáles serían opiniones dañinas para el interés boliviano. ¿Las que se apoyan en hechos históricos? ¿En acontecimientos del presente? Su declaración huele a plantear una autocensura. A callarse o a andar de puntillas ante el tema marítimo. En ambos casos el resultado es el mismo: la persona que escribe no está plenamente libre para hacer conocer hechos ni formular comentarios.  Creo que ningún periodista –o ningún periodista boliviano- estará dispuesto a dejar de emitir informaciones y opiniones sobre el tema magno de Bolivia. Fue por causa del “interés nacional”-generalmente una visión parcializada cuando viene dictada desde el poder político- que el desastre nuclear de Chernobyl en la ex URSS de fines de la década del 80 escaló sin remedio a una tragedia que puso en evidencia las deficiencias de la otrora superpotencia. Fue por eso que el mundo se enteró tardíamente de las atrocidades cometidas en la prisión iraquí de Abu Ghraib o de los genocidios en otras latitudes. Bajo ese difuso concepto muchas cosas habrían permanecido secretas. No hay que olvidar que el celo carnavalesco de Daza no permitió que el país se enterase de inmediato de la invasión que acababa de ocurrir en Antofagasta.

La instrucción del canciller Choquehuanca es genérica porque no alcanza a determinar qué podría ser  “cualquier declaración”, expresión vaga de por sí. ¿Incluye quizá también las suyas, las de otras autoridades  o las de quienes elaboraron las principales tajadas de la estrategia actual?  Pues ellos podrían también ser “cualquier boliviano”.

Además, aún falta por saber qué factores específicos determinaron el cambio de dirección,  cuáles fueron los elementos concretos que formaron la percepción del  Sr. Presidente de que Chile simplemente buscaba lograr pasar el tiempo. ¿Existía esa percepción ya durante el gobierno chileno anterior? Hubo muchas advertencias de que el final podía ser abrupto y que Bolivia podía quedar con las manos vacías pues las coincidencias relativas que existían con el régimen de la presidenta Bachellet eran temporales porque estaban amarradas a la permanencia de la coalición de partidos de izquierda que lo sostenía.

Uno de los problemas de todo tipo de batalla, inclusive las del ámbito legal, es subestimar al contrincante. ¿Cree el Sr. Canciller que en el país vecino no se plantean hipótesis y conjeturas similares a las que se plantean los bolivianos? Y ¿será que también las autoridades vecinas advierten a sus ciudadanos con no emitir informaciones y opiniones capaces de fortalecer la causa boliviana?

Bajo el abstencionismo informativo el mundo no se habría enterado de muchos otros episodios que tuvieron a  la prensa como la fuente reveladora. Y con similar concepto en estos días,  la ciudadanía boliviana no sabría lo que dicen las autoridades chilenas pues siempre existiría el temor de que difundirlas no favorezca necesariamente el interés nacional.

Bolivia en La Haya

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En su más reciente entrega, el diplomático Ramiro Prudencio Lizón aborda el tema marítimo, que repentinamente ha alborotado la agenda boliviana. Prudencio Lizón asegura que un grupo pequeño extra cancillería ha logrado convencer al presidente Morales que Bolivia tiene chances para lanzarse al coliseo internacional…y ganar. Entre sus argumentos, hay uno que me llamó la atención: los autores de la iniciativa desconocen el castellano y de ese desconocimiento parte uno de los supuestos pilares de la campaña que el gobierno pretende acometer. Con autorización del autor, reproduzco el artículo: Bolivia en los tribunales de La Haya. El diplomático publica regularmente sus artículos en La Razón, de La Paz.

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En un intempestivo  viraje, el Gobierno del presidente Morales ha decidido dejar de lado la política bilateral en la cuestión marítima,  y comenzar una exaltada y romántica política multilateral.  Se dice que un pequeño grupo ajeno a la Cancillería, ha logrado convencer a las autoridades gubernativas de que nuestro país tendría buenas chances para lidiar en el plano jurídico, y obtener por esta vía un arreglo del problema de nuestro enclaustramiento geográfico.

Pareciera, en primer lugar, que ese pequeño grupo no se haya dado cuenta que han pasado más de cien años de la suscripción del Tratado de 1904, y que el tiempo ha consolidado plenamente la vigencia del mismo.  Además, todo lo que ahora se está manifestando sobre el Tratado, ya se lo estudió y planteó en 1920 y 1921, ante la Liga de las Naciones.  Y, lamentablemente, allí fue rechazada la demanda nacional.  Una comisión jurídica elegida por ese organismo  emitió un informe, el 22 de septiembre de 1921,  donde señalaba textualmente: “Que tal como ha sido presentada la demanda de Bolivia, es inadmisible, porque la Asamblea de la Liga de las Naciones no puede modificar por sí misma ningún pacto y porque la revisión de los Tratados es de la sola competencia de los Estados contratantes”.

Ya se han publicado los cinco argumentos principales  que tendría nuestro país para optar a La Haya.  El primero se refiere a que en el Protocolo de 16 de abril de 1907, se nombró como árbitro del Tratado de Paz, a la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya (TPA), en sustitución del emperador alemán, quien rechazó esa designación.  Da la impresión de que ese pequeño grupo hubiese descubierto la pólvora al observar que existen dos tribunales en La Haya: el TPA, que es árbitro del Tratado de Paz, y la Corte Internacional de Justicia.

Respecto al TPA, conviene recordar que en el mencionado Protocolo de 1907, se especifica que éste sólo tendría tuición “en todas las cuestiones que llegaren a suscitarse con motivo de la inteligencia o ejecución de dicho Pacto (el Tratado de Paz)” y no en su revisión o modificación.  Pero cabe destacar además, que el TPA es un tribunal fantasma, existe simbólicamente pero no en la realidad, porque no tiene jueces permanentes.  Sólo cuenta con una Secretaría y  una lista de jueces, cuatro por país, de los cuales las partes que mantienen una controversia, deben elegir para crear el tribunal.  En consecuencia, si Chile no desea designar  a los jueces, nunca podría constituirse el tribunal.

El segundo argumento sería la omisión  en el Tratado de Paz, de la cesión boliviana del territorio comprendido entre los paralelos 23º y 24º de latitud sur.  Pero ello se complementó en  el Acta Aclaratoria del Tratado de Paz, suscrita el 15 de noviembre de 1904, la cual fue  ratificada por ambos países.  En ella se puntualiza que “el Gobierno de Bolivia reconoce el dominio absoluto y perpetuo de Chile en el territorio situado entre los paralelos 23 y 24 de latitud meridional, desde el mar hasta el actual deslinde con la República Argentina”.

El tercero se refiere al Tratado de Transferencia de Territorios de 18 de mayo de 1895.  Pero éste nunca entró en vigencia porque Bolivia le incluyó dos protocolos modificatorios que fueron rechazados por Chile.

En el cuarto, relativo a los recursos hídricos, se menciona que Chile estaría usufructuando aguas bolivianas en forma inconsulta: las del Silala, del canal del Uchusuma, y del río Lauca.  Respecto al Silala, ya se estaba negociando sobre el particular, y hasta se llegó a un acuerdo previo.  En cuanto al río Uchusuma, sus aguas son utilizadas por el Perú y no por Chile. Por lo tanto, Bolivia podría llevar a un tribunal internacional sólo el problema del río Lauca, siempre que Chile se negase a negociarlo bilateralmente.

El último argumento es verdaderamente insólito.  Se expresa que Bolivia habría reconocido el dominio absoluto y perpetuo de Chile sobre su litoral, pero no habría cedido la soberanía.  Pareciera que ese pequeño grupo no conociese bien el idioma castellano y no  entendiera que esos son conceptos sinónimos.

Es menester recordar que Bolivia no tiene derechos jurídicos para reintegrarse al mar, sino sólo derechos históricos y morales, estos últimos debidos a las variadas veces que Chile ofreció solucionar el problema.  En consecuencia, llevar la cuestión marítima a tribunales internacionales demandará  solamente una gran pérdida de tiempo y dinero. Pero lo peor es que lo único que se obtendrá será una nueva desilusión y una mayor amargura para nuestro sufrido y esperanzado pueblo.

Ha puesto el pié en la piedra

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El presidente Evo Morles está ahora frente a su destino respecto a la causa marítima boliviana. Ha puesto el pié en la piedra resbalosa que está en el medio del río de la que alguna vez hablé. Tiene dos opciones: cruzar el lugar y llevarse el mayor premio que pueda lograr Bolivia o caer al agua y fallar  en el intento. Contrariamente a la idea de muchos internacionalistas que he visto desfilar por TV, no se trata de un paso de largo aliento. Puede ser un acto poco responsable para el que la diplomacia boliviana no parece suficientemente preparada. Creo que todos los bolivianos deseamos sinceramente que el proceso con Chile avance, pero personalmente no puedo evitar algunos pensamientos que conspiran contra el optimismo.

Para comenzar, como dicen los anglófonos, “it takes two to tango”: para bailar el tango hacen falta dos. Es decir, no basta con que Bolivia lo quiera. Chile tiene que estar de acuerdo. Luego, hay que preguntarse si  los argumentos de Bolivia son lo suficientemente sólidos con chances reales de ganar. Tuvo algunas cuando presentó su demanda ante la Liga de las Naciones, poco antes de rayar la década de 1920. Su reclamo contaba con la simpatía de Estados Unidos y aún se hablaba de un plebiscito en Tacna y Arica para decidir a cuál país pertenecerían esas regiones. ¿De qué lado creen que se pondría ahora la primera potencia de la tierra, que acaba de prestigiar al gobierno chileno de Sebastián Piñera? El asunto no prosperó por las mismas razones por las cuales puede no prosperar ahora. Se trataba de revisar  un tratado en plena ejecución. Si el tratado fue impuesto, si Bolivia estaba con el cuchillo en el cuello con sus aduanas tomadas, es otra cuestión. Hay que convencer a Chile que se avenga buscar una solución, y para que eventualmente eso ocurra tiene que haber una corriente de opinión muy grande en todo el mundo, como la hubo durante años para acabar con el dominio estadounidense sobre el Canal de Panamá.

Hay que recordar que hace sólo unos días, el propio presidente reclamaba contra el ataque, aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, contra Libia. Lamentablemente, el presidente Morales está habituado a la política sindicalista de amenazar y creer que, también en este caso, tras él  irán los “movimientos sociales”.

Llama la atención  que no se encuentre una contradicción entre querer seguir negociando y querer demandar. Es como continuar viviendo bajo el mismo techo y seguir con una demanda de divorcio. O como comer la torta y no querer tocarla. Se trata de posiciones opuestas: “oximorones”. El vicepresidente cree que no hay contraposición sino complemento para la negociación.

Hay muchos parecidos con la gestión emprendida por el general Hugo Bánzer con el también general Augusto Pinochet, cuando ambos eran dictadores de sus países. No sé qué pensaría exactamente el lado chileno, pero en el boliviano se creía que dadas las similitudes ideológicas entre ambos, sería posible un acercamiento y una solución.

Antes de iniciar conversaciones formales con Chile, Bánzer convocó a personalidades de todo el país para discutir el tema, en un acto de apertura raras veces ocurrido bajo su gobierno. Ocurrió  la Reunión de los Cien, en Cochabamba. Ahora el Vicepresidente García Linera insinúa algo semejante. En ambos casos, se percibió que los gobernantes no podían ir solos a esa campaña. En Bolivia, Banzer tuvo que cambiar su comportamiento interno. Debió ser menos intolerante y mostrar una faz democrática que no se le conocía aún. Tuvo que recibir las ideas que le venían desde fuera del gobierno y de su partido. Pues en Bolivia se pueden tolerar muchas cosas, menos que a los bolivianos se les prive del derecho de  opinar sobre el tema marítimo. Si el gobierno no quiere que le den con la puerta en las narices, tiene que mostrar unidad interna. Y eso significa sacrificar mucho de lo que ha hecho hasta ahora a favor de  un poder hegemónico. En tiempos de Bánzer, el tema abrió las puertas del debate también sobre la democracia y, tras fracasar las negociaciones y  volver a romper relaciones diplomáticas, el gobierno no consiguió cerrarlas de nuevo. El dique se rompió y en poco tiempo, todo el tablero se había movido. Acabó convocando a elecciones y, al final, echado del gobierno por su delfín, el general Juan Pereda. Toda esa época fue una frustración en torno a la mayor aspiración boliviana. Pero también fue cuando mayores avances se consiguieron en negociaciones bilaterales y por primera vez se habló de un corredor soberano por el extremo norte de Chile. Perú, cuya aceptación a la propuesta era fundamental, sugirió una fórmula tripartita que no agradó a Bolivia, menos a Chile. Y ahí llegó a su fin la negociación. Todos estos años, los desenlaces son diferentes, pero han dejado el sabor amargo de una acción fallida.

Cuando se planteó el tema ante la reunión de la OEA, que en 1979 se realizaba en La Paz, Bolivia estaba en la cúspide de su prestigio como país que desesperadamente trataba de encaminarse por la democracia pese a los grilletes con que la sujetaban los militares de entonces. Contaba con aliados firmes, entre ellos todas las naciones andinas (Chile ya estaba afuera del grupo) que ya se habían expresado a su favor. Los países europeos e incluso Estados Unidos miraban con simpatía la búsqueda pacífica del más que centenario problema. Ahora es diferente. Con  Estados Unidos las relaciones están poco menos que rotas y el presidente no pierde ocasión de amenazar con expulsar a USAID de Bolivia. Ya lo hizo con su embajador y con la DEA  El prestigio actual boliviano puede ser medido con el 192-1 del voto en las Naciones Unidas sobre la iniciativa del presidente para despenalizar la hoja de coca. A los europeos el tema les debe ser indiferente, insuficiente para arriesgar sus relaciones con Chile.

El presidente ha hecho lo que la mayoría de sus antecesores: en la ribera del frente hay un tesoro, que es el premio marítimo. Para alcanzarlo hay que atravesar el arroyo en el medio del cual hay una roca resbalosa. Para afianzar el cruce, hay que poner los pies sobre la piedra. Para eso hay que mantener un equilibrio firme antes de dar el peligroso salto final.

Una nueva cruzada por el Pacífico

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El presidente Evo Morales, en tácito reconocimiento de que su campaña de negociaciones directas y silenciosas con Chile no exhiben perspectivas de solución a corto plazo, sacó a relucir su carta extrema: una cruzada internacional, especialmente ante la ONU, la OEA y la Corte Internacional de Justicia de La Haya,  para presionar a Chile por una salida soberana al mar para Bolivia. Lo hace cuando Chile está en uno de sus momentos más elevados de prestigio, tras la visita del presiente Barak Obama a ese país luego de estar en Brasil y antes de enrumbarse a El Salvador en su primera gira sudamericana. Morales lanzó la cruzada cuando Bolivia amenaza deteriorar aún más sus relaciones con la primera potencia de la tierra con una eventual expulsión de USAID, la agencia presente en Bolivia desde hace 70 años.

El éxito que podrá tener de esta gestión tiene diagnóstico reservado, en mimentos en que Bolivia no goza de grandes amistades en el mundo, salvo las de Venezuela, Cuba , Nicaragua e Irán, quienes tampoco representan las mejores compañías internacionales.

Morales habló en el acto cívico de La Paz en homenaje a Eduardo Avaroa a los 132 años de la Defensa del Topáter. Se sobrepuso, así, a la inflamación e la pierna izquierda que los médicos habían dicho que requería de reposo absoluto de por  lo menos dos semanas (ha pasado sólo una).

Las palabras del presidente fueron la repetición de un discurso muchas veces escuchado en Bolivia –y en Chile. Las autoridades vecinas recalcan que la recurrencia del discurso marítimo es un hábito de los gobernantes bolivianos, especialmente cuando están en dificultades internas. En este momento, el presiente está acosado por conflictos desde distintos ángulos: su popularidad está en caída libre; lo han abucheado en ocasiones en las que apareció en público (partido de fútbol en La Paz); tiene a la COB movilizada por mejores salarios, la economía no da muestras de haber aprovechado el momento de bonanza vivido en los últimos años con precios altos para las materias primas; las reservas de gas se han encogido notablemente y el gobierno espera aumentarlas antes de hacerlas públicas. Es decir, las ilusiones despertadas por la proclama constitucional de  “vivir bien” ya no entusiasman porque se las percibe irrealizables.

El presidente anunció la creación de un organismo del estado que canalice la cuestión con Chile y un eventual reclamo ante La Haya, donde Chile ya tiene otro por resolver, con Perú, sobre límites marinos. Si será un nuevo organismo burocrático para generar algún empleo, se verá en poco tiempo. Es interesante, sin embargo, recalcar que la iniciativa no significa una ruptura con Chile.

Algo importante que el presidente no mencionó: el papel que tendrá Perú, con quien Bolivia debe marcha al unísono si desea alcanzar una solución sobre el norte chileno. Este ángulo fundamental fue con frecuencia olvidado en  los años de idilio estéril del presidente con su ahora ex colega chilena Michelle Bachellet. Respecto a ese período el que se inicia es un nuevo punto de partida.

El presidente acabó su mensaje con el grito clásico cubano: “Patria o Muerte”, pero le agregó el ingrediente boliviano: “Subordinación y constancia”.

El bullicio de  los últimos días, sin embargo, no dejó escuchar los acuerdos de una reciente acta suscripta por Bolivia, Chile y Brasil para concluir hasta fin de año el primer cinturón bioceánico que unirá los puestos de Santos, en el litoral brasileño, con Arica. Se trata de sólo 36 kilómetros más de asfaltado para hacer realidad ese viejo proyecto, cuyos beneficios para el comercio pronto ser harán sentir.

23 de Marzo sin el presidente

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Tras el anuncio formulado anoche por el portavoz presidencial Iván Canelas respecto a a salud del Presidente Morales, luce altamente improbable que el Primer Mandatario participe en los actos conmemorativos del 23 de marzo, la fecha patria más emblemática después del 6 de agosto.  Canelas informó que el presidente deberá guardar un reposo absoluto por las próximas dos semanas. Hasta el 31 de marzo, entonces, el presidente reposará en la residencia presidencial de San Jorge.

El problema médico que obliga a apartarlo de sus tareas es una inflamación en la rodilla, que ya le había ocasionado una intervención quirúrgica hace algún tiempo. No se conoce ningún detalle sobre el malestar, salvo que se trata de una inflamación.

Su momentáneo alejamiento pone paños fríos a un problema diplomático que estaba planteado con Chile, cuando el presidente hizo saber, vía declaraciones públicas, a sus interlocutores chilenos, que le gustaría tener “una respuesta para el 23 de marzo” al reclamo marítimo boliviano. Este reclamo es parte de una agenda de trece puntos que los dos países discuten desde hace más de cuatro años, sin que se hubiesen alcanzado resultados específicos. Chile interpretó la declaración presidencial como un ultimátum y su canciller respondió a Morales que Chile no se guiaba por plazos sino por resultados. Fue uno de los momentos “trágame tierra” de los diplomáticos bolivianos, que no esperaban que la cuestión fuese abordada de esa manera. El resultado es que, en cuanto al tema marítimo, Bolivia y Chile parecen otra vez en la estaca cero.

El presidente no podría ignorar esta situación en la conmemoración del 23 de marzo.  Pero al estar con baja médica, puede dejar transcurrir el día sin pronunciar una palabra. En Chile se temía una andanada verbal. No se sabe aún si habrá algún tipo de mensaje alternativo pronunciado por otra autoridad. En noviembre el presidente fue intervenido quirúrgicamente en la rodilla izquierda y durante un tiempo tuvo que movilizarse con la ayuda de  muletas.

El reposo médico lo exime también de participar de un segundo partido futbolístico de beneficiencia que, como el sábado en La Paz, está programado para este sábado, en Oruro, su departamento natal. En el partido paceño, en el que el presidente era parte del equipo que rememoraba a la selección de 1994 que clasificó para el mundial de Estados Unidos, fue objeto de bulliciosas y políticamente incómodas silbatinas cada vez que recibía el balón. Un informe confidencial habló de gritos para que saliera de la cancha. Los fondos recaudados del espectáculo están destinados a ayudar a los damnificados de los derrumbes ocurridos en La Paz. Fue la primera vez en toda su trayectoria política que el presidente Morales fue objeto de una silbatina generalizada en nada menos que en el Estadio Hernando Siles, de La Paz.

Mar:Solución a medio camino

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La más reciente entrega del diplomático Ramiro Prudencio Lizón revela que Bolivia planteó un ultimátum a Chile durante la fase final de la negociación de Charaña, que luego fracasó. Lean  Uds.

Solución a medio camino

El lunes antepasado, los cancilleres de Bolivia y Chile, Alfredo Moreno y David Choquehuanca, respectivamente, mantuvieron una reunión muy importante en La Paz.  Se dice extraoficialmente que el ministro Moreno se habría referido en ella a una posible concesión de un corredor al norte de Arica, sin soberanía.

Hay que el corredor al norte de Arica fue la base de las tres principales negociaciones de la segunda mitad del siglo veinte: 1950, 1975 y 1978.  En la segunda, denominada Negociación de Charaña, el gobierno chileno llegó a presentar una propuesta oficial de entrega del corredor con soberanía, pero con una compensación territorial.

Hubo dos problemas que derrumbaron ese trascendental entendimiento: el veto peruano y la reticencia nacional a la compensación territorial.  Ahora bien, con el fin de obviar esos problemas, durante dicha negociación se determinó proponer a Chile, en marzo de 1978, una “solución de medio camino”.    Ella consistía en el otorgamiento de un régimen de autonomía en el corredor ofrecido, pero sin cesión de soberanía.

En un principio, el gobierno del presidente Pinochet aceptó la sugestión boliviana.  Pero grande fue su sorpresa cuando el negociador boliviano, Willy Vargas Vacaflor, manifestó al canciller, almirante Carvajal, que la respuesta chilena debía ser inmediata.  El tenía instrucciones de su gobierno de retornar al día siguiente a La Paz con la respuesta definitiva.  Como se comprenderá, el gobierno chileno consideró ese hecho como un ultimátum y cambió de parecer.   Y de este modo, se perdió una solución semejante a la que hoy se debate y que pudo darse hace más de treinta años.

Lo triste fue que una semana después, el gobierno de Banzer rompió relaciones diplomáticas con Chile, dando fin a la más importante negociación que hubo en el siglo veinte sobre nuestra reintegración marítima.

Si se concreta el actual ofrecimiento chileno del corredor, se podría decir que ya estarían resueltos los dos problemas anteriores.  Primeramente, Perú no podría objetar que Bolivia se sirva de un corredor donde no posee la soberanía territorial;  y segundo, nuestro país no tendría obligación de otorgar compensaciones, ya que no está recibiendo nada  soberano.

Evidentemente, un arreglo sin soberanía no es definitivo.  Sólo una solución de medio camino, pero sería un primer paso positivo para llegar al mar.  Ya lo dijo en 1975 un eminente diplomático chileno, Enrique Bernstein: “el día que Bolivia ponga un pie en la costa del Pacífico, nunca saldrá de ella”.

De todos modos, existe un asunto fundamental que se debería tratar prioritariamente: la necesidad perentoria de Bolivia de contar con un puerto propio en la costa del corredor.

Al respecto, es menester considerar que durante todo el siglo veinte, nuestro país se esmeró en obtener ese puerto propio, porque Bolivia no desea eternamente depender de muelles ajenos para su comercio exterior.   Sólo si se consigue una absoluta libertad de tránsito, nuestro pueblo podrá quedar satisfecho.  De otro modo, se accedería a  una costa  para contemplarla, como sucede en la zona franca de Ilo.  Evidentemente, ello no significaría que el país dejase de utilizar los puertos chilenos y peruanos.  El incremento de nuestro comercio exterior requerirá del servicio de varios de ellos.

Hay personas ingenuas que consideran que la construcción de un puerto determinaría un alto costo.  Eso es absurdo.  Actualmente todos los puertos importantes han sido privatizados.  En consecuencia, nuestro país deberá efectuar una licitación internacional para la construcción y administración del puerto del corredor por unos treinta años. Naturalmente toda la tributación correspondería a Bolivia y, además, se pediría a la empresa que una buena parte de sus empleados sean bolivianos.

Si la propuesta chilena conlleva la autonomía del puerto, los bolivianos deberíamos aceptarla, porque permitirá de todos modos, que nuestro país alcance su cualidad marítima después de más de ciento treinta años de enclaustramiento.

Ilusiones con el litio y otras perlas

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Último de la serie: El Chile que yo he visto

Que Chile mira al mundo más seguro de sí mismo tras el rescate exitoso de los 33 mineros atrapados en la Mina San José creo que nadie lo duda. La imagen que heredó de la dictadura implacable que rigió la vida del vecino país hasta hace dos décadas ha dado paso a la de una nación emergente, económica y democráticamente, gracias a ese rescate, precedido de los esfuerzos no menos significativos que movilizaron la solidaridad del país con el terremoto que lo sacudió precisamente el día en que Sebastián Piñera juraba al cargo.  Una de las cosas que llamó mi atención durante la visita a Chile la semana pasada fue la confianza  que exhiben los hombres del gobierno sobre el futuro de su país.

Ni siquiera la perspectiva de tener a un vecino que puede convertirse en un competidor gigante en la explotación del litio intimida a los dirigentes chilenos. El presidente Morales decía hace unos días que Bolivia puede cubrir las necesidades del mundo durante cinco milenios (nadie me ha explicado de dónde sacó el número de años). Pero cuando los periodistas que visitábamos el vecino país presentamos el tema ante autoridades del ramo, nos sorprendimos al saber que Chile podría duplicar y triplicar su producción en cuestión de meses, pues ha realizado las inversiones suficientes y cuenta con grandes reservas.

Escuchen lo que dice el site Crónica Digital en una de sus recientes ediciones:

“Nuestro país posee la segunda reserva del planeta y lidera la producción mundial con un 25%, seguido de Argentina y China con un 13%. El Gobierno aboga por liberalizar su explotación y abrirse al gran interés de las transnacionales del automóvil por explotarlo”. Y luego asegura que en territorio chileno, en el desierto de Atacama, se encuentra el 40% de las reservas mundiales probadas del mineral.

No da para sentirse tranquilo sobre las perspectivas de esa industria en Bolivia, al menos con las características exitistas que ha presentado el presidente Morales. Lo hizo quizá para equilibrar la mala noticia de la caída precipitada de las reservas gasíferas y el adiós apresurado a la ilusión de que seríamos el eje energético del continente, con dos docenas de plantas termoeléctricas, nuevas ventas de gas a Argentina y Uruguay, y aún suficientes volúmenes para cubrir las necesidades de  El Mutún,  el nuevo pilar industrial.

Un funcionario del gobierno chileno nos dijo a los periodistas que visitamos su país la semana pasada que Chile podría duplicar y triplicar su producción en sólo meses si verificaba una mayor demanda en del mercado. “Tenemos hechas las inversiones suficientes para poder hacerlo”, nos aseguró.

Bolivia apenas empieza a rasguñar esta industria y los bolivianos, soñadores y acostumbrados a vivir de la renta de una o dos materias primas, aseguran que de ella nacerá una nueva vertiente capaz de hacer realidad sus esperanzas de vivir efectivamente mejor (o de igualar a Suiza, ¿recuerdan?).

Es posible que quienes en su tiempo  escribieron o hablaron con los periodistas sobre este tema hace sólo unos meses no hubieran investigado lo suficiente antes de difundir la idea de una “Arabia Saudita del litio” en América del Sur. O que los datos respecto a Chile no hubiesen sido debidamente estimados. Pero hay que acostumbrarse a una realidad: si llegamos a la “era del litio” tendremos camaradas en el sendero. Cuando menos a nuestros vecinos Chile y Argentina.

El actual gobierno es crítico pertinaz del capitalismo y el libre mercado. Quizá poco sabe que ese vituperado libre mercado le ha permitido a Chile desbordarse en inversiones y extenderlas al extranjero: US$ 9.000 millones en Perú y US$16.000 millones en Argentina, para citar dos casos en los que la presencia de los fondos mutuos de las AFPs es muy importante. Y ¿Bolivia? Unos 300 millones de dólares, que desconozco en qué sectores están invertidos. Pero sólo como idea, es el 3.3% de los capitales chilenos en Perú. No podía esperarse menos de un país que exporta el 80% de lo que produce y que sus gobernantes esperan convertirlo en nación desarrollada hasta 2020.

Las cuestiones en común con Chile exceden el tema marítimo y directa o indirectamente vienen listados en la Agenda de 13 Puntos entre los dos países.  Imagino que los negociadores chilenos deben haber dicho con la sutileza de la diplomacia para expresar algunas cosas que el 92% de las exportaciones bolivianas pasa por puertos chilenos (hay unos 50 pasos fronterizos ilegales, dolor de cabeza para uno y otro lado por el que también transita la cocaína .) Pero este es un argumento para ambas naciones, porque ese comercio beneficia a los puertos chilenos y hace adicionalmente conscientes a los bolivianos de la importancia de un puerto propio.

Algo que puede sonar muy grato escuchamos entre las autoridades con las que conversamos: Las FF.AA. de Chile han dicho que no serán un obstáculo en la solución que el gobierno proponga chileno proponga para resolver el enclaustramiento boliviano. Eso cuando menos equivale a la declaración del presidente peruano de que Perú no será obstáculo para una solución marítima que abra a Bolivia una puerta al Pacífico.

Y para quienes critican las adquisiciones de armas por parte de Chile hubo una explicación: Chile ha crecido económica y demográficamente, es parte de varios ejes económicos y debe tener una fuerza militar correspondiente.  Pero, además, nos dijeron, las estadísticas que frecuentemente son divulgadas por fuentes especializadas no toman en cuenta que la fuerza militar incluye a los carabineros (la fuerza policial) y que de los montos presupuestados los gastos reales en defensa casi siempre representan sólo la mitad.

Otro dato: en siquiera uno de los siete encuentros que Piñera ha tenido con el presidente Morales, ha habido fútbol. Pero ahora Piñera “prefiere ser parte del equipo del presidente Morales, conocedor de sus hábitos…” (las palabras vinieron de un personaje muy cercano al mandatario chileno).

La fundación de Bolivia y el mar

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Con el título anterior, el dilpomático  Ramiro Prudencio ha escrito un artículo con cuya venia reproduzco a continuación:

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En este mes de agosto se ha conmemorado el 185 aniversario de la Independencia y Fundación de Bolivia.  En efecto, el 6 de agosto de 1825, la Asamblea Nacional,  reunida en Chuquisaca, aprobó conformar un país libre y soberano, suscribiendo el acta de la independencia de las cuatro provincias altoperuanas.

Una vez decidida la creación de Bolivia, la Asamblea designó una representación integrada por los diputados Casimiro Olañeta y José María Mendizábal, con la instructiva de hacerse presentes en La Paz para saludar al Libertador Simón Bolívar, y comunicarle que por decisión de la Asamblea, el Libertador ejercería el poder ejecutivo mientras residiera en el nuevo Estado, el cual llevaría su nombre.

Pero esos diputados llevaban otra importantísima comisión, insertada en el artículo quinto de la instructiva que decía: “La legación hará el más grande y poderoso esfuerzo con S.E. el Libertador, para lograr de su generoso y paternal carácter una promesa de que empleará sus esfuerzos, valimiento y poderoso influjo con el Bajo Perú, para que la línea divisoria de uno y otro Estado se fije de modo que tirándola del Desaguadero a la costa, Arica venga a quedar en el territorio de la república, que hará las indemnizaciones necesarias por su parte”.

Esto se instruyó porque los fundadores consideraron que Bolivia necesitaría de un buen puerto para la plena autonomía de su tráfico comercial. Pues como bien observó el doctor Mendizábal, el nuevo Estado nacía a la vida independiente con “absoluta carencia de puertos, porque los que tenía en su litoral no merecían el nombre de tales”.  Y además, porque el puerto de Arica fue la salida natural del Alto Perú durante el período colonial.  Había sido creado por el Virrey Toledo en el siglo dieciséis, para exportar la plata extraída de Potosí.

Como comenta el historiador Enrique Finot, “era la primera voz de alarma sobre un problema capital, el de la clausura del territorio, problema que en lugar de resolverse, se ha agravado en el curso de la historia republicana”.  Indudablemente, la nación nacida ese año, nunca pudo desarrollarse plenamente por sus graves problemas portuarios, los cuales mientras no se solucionen satisfactoriamente, perjudicarán al país ahora y siempre.

Sabemos que hubo negociaciones importantes durante el siglo pasado.  Primeramente, durante los años de 1920, cuando hubo la posibilidad de que Bolivia pudiese obtener una franja en la zona de Tacna y Arica, disputada por Chile y Perú.   Pero el Tratado chileno- peruano de 1929 la sepultó.

Luego se llevaron a cabo las negociaciones de 1950 y de 1975.  En ellas se llegó hasta establecer un arreglo definitivo, mediante la concesión a Bolivia de un corredor soberano al norte de Arica.  Pero ninguna culminó exitosamente debido en parte a problemas internos.  La oposición en el país a las mismas fue tan radical que restó poder negociador a esos gobiernos que se habían atrevido a tratar con Chile con patriotismo y abnegación.  Esa oposición, sumada a la complejidad del tema, terminó por encaminar las gestiones a un callejón sin salida.

Actualmente, y pese a las buenas relaciones entre los gobiernos de Evo Morales y  Sebastián Piñera, no es fácil una negociación que incluya una cesión territorial con soberanía.  El gobierno chileno ha tomado una cerrada posición, basada en el rechazo a toda gestión que comprenda la mencionada cesión.  Esta postura es claramente opuesta a la tradicional seguida por los anteriores presidentes, Aylwin, Frei  y Lagos, quienes nunca se negaron a tratar el tema marítimo con soberanía.

Ahora bien, faltan quince años para  el bicentenario de la fundación de Bolivia.  Es menester hacer un gran esfuerzo entre todos los sectores de la nación para que se estipule una política clara que permita solucionar nuestro magno problema antes de esa fecha, lo que determinará que el pueblo boliviano pueda cumplir con los objetivos trazados por los padres de la patria en la primera Asamblea Nacional.