mar

Crece la marea

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El ambiente politico boliviano empieza a agitarse de nuevo y anuncia un recrudecimiento de apuestas contra el propósito reeleccionista del presidente Morales y con la mirada puesta en los comicios generales dentro de dos años. A los pronunciamientos periódicos de organizaciones políticas se ha sumado estos días el del MIR, cuyo jefe nacional Jaime Paz Zamora vino a Santa Cruz y afiló las espadas para la lid. Entre las más aceradas figuran la justicia y la administración de los recursos del estado, con acento en las oportunidades ignoradas para una gestión que pudo haber dejado huellas perennes.

Con la recuperación de la identidad política de su partido ante el CNE en puertas, Paz Zamora cree que nada bueno saldrá de la confrontación verbal con Chile. Al reiterar que ¨La Haya no nos dará mar¨ dice que la fase tras el fallo del tribunal de justicia será la negociación. Al igual que muchos especialistas, cree que la mesa para trabajar está lejos de ofrecer condiciones indispensables para un diálogo de esa trascendencia.

Al presentar una obra con apuntes sobre la historia de su partido (¨La Hazaña de la Esperanza¨), escrita por Susana Seleme Antelo y Rolando Aróstegui, el ex presidente destacó dos vertientes con las que Bolivia rompería su dependencia de los puertos chilenos. Ilo, en el sur de Perú, que ya está empalmado por carretera hasta el Desaguadero, pero aún sin la infraestructura de un puerto marítimo, y Puerto Busch, la conexión atlántica que ofrece a Bolivia, con acuerdos de libre navegación suscritos hace un cuarto de siglo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, la posibilidad de abrirse al comercio atlántico de manera soberana. ¨Con inversiones equivalentes a poco más de la mitad de lo gastado en el teleférico de La Paz, se podría haber construido una infraestructura portuaria moderna y una carretera asfaltada desde Puerto Suárez¨, dijo a su audiencia. El trasfondo es saber cómo fue administrada la bonanza histórica de los precios de las materias primas.

En otro punto, que repercutió como un desafío, planteó al presidente escoger a los cien mejores jurisconsultos nacionales y proponerlos al Legislativo para designar al Poder Judicial. ¨Él mismo los designaría, pero nosotros y todo el país estaríamos vigilantes a las designaciones¨. El guante que lanzó el 6 de junio no ha tenido respuesta todavía.

Caminos al mar

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Las jornadas recientes en La Haya favorecen la estrategia en la que el país está empeñado para retomar la condición de vecindad al Pacífico, pero a la sensación de confianza se suman interrogantes que en el corto plazo deberán empezar a ser respondidas. No se vislumbra cuándo la pelota empezará a rodar para las siguientes fases de un juego supremo para Bolivia, pero parece prudente comenzar a analizar cuánto el país está dispuesto a invertir. ¿Canje territorial? ¿Algo menos o algo más? ¿Algo diferente? El tema cautivó a una audiencia selecta que hace pocos días se congregó en la Universidad Nacional Ecológica para escuchar las opiniones de especialistas del tema en sus distintas facetas.
En un paquete académico de seis en uno, Rubén Darío Cuéllar, Antonio Mariaca, Hugo Siles, Karen Longaric, Alberto Zelada y Fernando Salazar concurrieron a una invitación del rector de esa universidad, Carlos Hugo Molina, y la directora de la carrera de Relaciones Internacionales, Roxana Forteza, para exponer puntos de vista sobre el tema que tiene a la diplomacia boliviana bajo alerta máxima.
Cuéllar, ex Cónsul Adjunto en Chile, partió de la premisa en que se apoya la gestión en curso: Bolivia no busca revisar ni desconocer tratado alguno sino recuperar cualidad marítima. Enseguida, el catedrático Mariaca sostuvo que la Corte de La Haya se declarará competente, pero solo al final de la ronda en curso, para la que reclamó “cautela y buenos modales” pues “no es tiempo de confrontación”. “Con Haya o sin Haya, tenemos que negociar”. Cerró su intervención abriendo compuertas hacia el punto que quema en toda discusión a la hora de la cuenta: ¿Cuánto?
En su turno, Hugo Siles, Ministro de Autonomías, aseguró que las reuniones del presidente Morales con expertos nacionales antes de llevar la disputa a La Haya fueron una consulta nacional y que el camino había sido cuidadosamente preparado. En la ronda siguiente destacó las pérdidas económicas del enclaustramiento. Karen Longaric, también profesora de Relaciones Internacionales y ex diplomática, propuso a sus colegas hablar sobre las bases jurídicas de las posiciones de los dos países y de la intangibilidad de los tratados, angular en la diplomacia de Chile. Cada uno puntualizó sus visiones.
Un plato más fuerte lo sirvió el ex vicecanciller y ex Cónsul General en Chile, Alberto Zelada. La delegación boliviana debió haber respondido de inmediato “19 de diciembre de 1975” a la primera pregunta del tribunal, sobre cuándo había concluido un acuerdo para negociar un acceso soberano al mar, dijo. Aquella fue la fecha de la proposición formal de Chile, producto de la reunión Banzer-Pinochet. Y sobre lo que debía plantear Bolivia si llegase un nuevo momento de negociación, el punto de partida debía ser esa fecha. La sala estuvo de acuerdo en que, al margen de declaraciones, los dos países habían ingresado a temas esenciales.
Fernando Salazar, autor de una de las obras de biblioteca sobre la cuestión marítima (“Desatando Nudos”), recordó que en La Haya no se está discutiendo una salida al mar sino sobre reunirse alrededor de una mesa y negociar. También partidario de fórmulas “sub-óptimas” como alternativa (“supremacía territorial”, o todo, excepto soberanía plena), el internacionalista mostró insatisfacción con el desempeño boliviano. “Nuestra respuesta no fue la más feliz”, dijo, respecto a la primera pregunta –la aludida por su colega Zelada- pero destacó la audacia del presidente Morales al romper un ciclo en la ruta de la política marítima y avanzar con la bandera de “los actos propios”.
Zelada prendió una señal. En 1943, recordó, ocurrió un viraje en la política exterior boliviana, que hasta entonces buscaba modificar el tratado de 1904. Ese año el país entregó una memoria al Secretario de Estado norteamericano reconociendo la legalidad de la soberanía de Chile sobre la costa que había sido boliviana. Pero enseguida subrayaba la necesidad que tenía de una salida al mar, que esperaba satisfacer en entendimientos directos con Chile. Sobre esa base llegaron las notas de 1950, Charaña y la proposición de 1975. El hito contrastaba con el peor nivel al que han llegado ahora las relaciones con USA.
Con la sensibilidad de todo el país, Santa Cruz sigue atenta las sesiones de La Haya. De aquí también han partido propuestas para la mediterraneidad, algunas enteramente novedosas. Un estudio del Ing. Germán Carrasco Ardaya, de la Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos de Santa Cruz, planteó hace un tiempo intercambiar territorios sin timidez. Si hubiere dificultades en departamentos occidentales para un eventual canje ¿qué tal ofrecer un área cerca a la frontera con Brasil? El estudio tiene un señuelo inescapable: la zona sería imán para inversiones chilenas proyectadas hacia Brasil y el Atlántico. Los vecinos brasileños retribuirían por las mismas razones, asociados al impulso exportador de la economía chilena, en una dinámica que incluiría a todo el cono sur del continente

Mensajes de agosto

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Tras dejar de lado el tema marítimo en su mensaje al país el 6 de agosto,  el presidente Morales reafirmó este domingo, en el día de las Fuerzas Armadas, que Bolivia “ha decidido acudir a los tribunales internacionales” en procura de “recuperar el mar con soberanía”. De inmediato subrayó que eso no significa que se haya descartado “cualquier diálogo de carácter bilateral”.

En la breve mención que hizo al tema, el presidente no ofreció detalles sobre cómo avanza el camino hacia la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Subrayó, en cambio, que no entendía que “algunas autoridades” (en realidad, el gobierno chileno, comenzando por el presidente Sebastián Piñera) “nos digan que Chile no tiene ninguna deuda con Bolivia” y que la guerra del Pacífico había sido causada no por el pueblo vecino sino por “la oligarquía chilena”. No ofreció detalles sobre el fiasco de Lima, el 28 de julio último, sede de su encuentro con Piñera.

En realidad, antes del 23 de marzo teníamos la esperanza de haber avanzado bastante en algunos puntos esenciales, como las aguas del Silala, y mejorías en el sistema de transporte. Ahora hemos vuelto realmente a fojas cero. Estamos como tras la ruptura de relaciones que dictó el gobierno del presidente Banzer en 1977. El mandatario de entonces había pues el  pie sobre la piedra resbalosa en un río aparentemente calmo, pero no pudo sostenerse demasiado. Al año siguiente convocaba a elecciones generales y poco tiempo después era depuesto por su delfín, el general Pereda Asbún, y enviado al exilio.

Cuáles serán los próximos pasos que dará el gobierno representan un misterio sobre el que nadie se atreve a especular. Porque no parecen existir cartas para continuar el juego. Pero quizá es mejor volver a intentar el diálogo bilateral, que probablemente sea el consejo que escuchemos de La Haya.

El TIPNIPS  fue pasado de largo en el mensaje de la fiesta patria, e ignorado por completo al día siguiente, durante el desfile militar. La controversia alrededor del Territorio Indígena Originario Parque Nacional Isiboro Sécure (de las  iniciales viene el nombre) es el mayor problema interno que enfrenta el gobierno, al que en pocos días más, por lo establecido hasta ahora, se agregará una marcha de indígenas de Trinidad a La Paz. Hay empresas petroleras interesadas en perforar en los límites de ese parque, y el gobierno tiene prisa en explorar territorios donde haya las mayores posibilidades de encontrar hidrocarburos. En verdad, encontrar nuevos yacimientos es una necesidad imperiosa para Bolivia. Los indígenas del parque han reiterado su oposición a la carretera que, de acuerdo al trazado original, deberá atravesar el lugar, considerado uno de los pocos en condición intocada o no devastada que todavía existen en el mundo. A propósito el presidente tuvo una frase poco feliz hace unos días: “El parque no es tan virgen como se cree”. Partiendo de la primera autoridad nacional, la frase no tiene atenuantes.

Por ahora, los indígenas y los defensores del TIPNIS lograron una victoria parcial cuando Brasil decidió que no concederá los 305 millones de dólares de crédito que había comprometido para la obra si antes no se realiza una consulta con los indígenas. El valor de esa consulta aún no está definido. El gobierno dice que el resultado no es vinculante, es decir que puede no ser atendido. Los pobladores y sus defensores dicen que consulta no es  un plebiscito sino un estudio integral del área y del impacto de la carretera sobre la selva y la vida de quienes la habitan.  Una verdadera solución no está cercana. Así concluye la semana patria: al igual que muchas otras.

Temas ignorados

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El mar y el Tipnis fueron dos temas fundamentales ignorados por completo en el discurso del Sr. Presidente en el homenaje a la Patria, ayer, 6 de agosto.  Antes, los presidentes solían realizar una reseña sobre las relaciones externas y, en particular, sobre el tema marítimo. Esta vez, el presidente Morales, tal vez aún bajo los efectos del sentirse que Bolivia está sola en su reclamo ante Chile y que las perspectivas de diálogo con algún resultado son sombrías, optó por el silencio. Podía haber dicho que los bolivianos y parte de la comunidad internacional son testigos de los esfuerzos de su gobierno por lograr un avenimiento con Chile, y mencionar la iniciativa boliviana para que los dos mandatarios de encuentren en Lima el 28de julio. Y agregar que eso demostraba que en Bolivia se mantiene la actitud constructiva. Pero que esa actitud fue desdeñada por Chile. Ya sabemos lo que Chile podría haber respondido, pero el pueblo boliviano tenía el derecho de escuchar de su presidente una explicación sobre el fiasco de Lima. ¿Por qué decidió silenciar ese encuentro?  Una conclusión: El presidente ha deshojado el pétalo de una nueva margarita. Imagino cómo debe pesar en su ánimo el  haber dejado pasar cinco años para hacerlo y mantener con la ex presidente Michele Bachellet un idilio que no llegó a dar fruto, cuando su voz aún tenía eco en muchos países y el respaldo del que gozaba en Bolivia era no tenía nada que le hiciese mella. Ahora no sabemos por seguro si los trámites para ir a tribunales internacionales persiste y en qué estado se encontraría la eventual gestión. Quizá algún día nos haga saber lo que pasaba por su mente este 7 de agosto al escuchar a 3.500 soldados repetir el estribillo “Antofagasta, tierra hermosa…”, etc. o a quien daba lectura a la orden de día reiterar que “el mar nos pertenece por derecho…”, etc.

El mismo silencio cubrió al tema del Territorio Indígena Originario Parque Nacional Isiboro Sécure. Es el mayor conflicto interno que enfrenta el gobierno, al que en una semana, por lo establecido hasta ahora, se agregará una marcha de Trinidad a La Paz. Hay empresas petroleras interesadas en perforar en los límites de ese parque, y el gobierno tiene prisa en explorar territorios donde haya las mayores posibilidades de encontrar hidrocarburos. Los indígenas del parque han reiterado su oposición a la carretera que, de acuerdo al trazado original, deberá atravesar el lugar, considerado uno de los pocos en condición intocada o no devastada que todavía existen en el mundo. El presidente, sin embargo, tuvo una frase poco feliz hace un par de días: “El parque no es tan virgen como se cree”. Partiendo de la primera autoridad nacional, la frase no tiene atenuantes.

Por ahora, los indígenas y los defensores del TIPNIS han logrado una victoria parcial cuando Brasil decidió que no concederá los 305 millones de dólares de crédito que había comprometido para la obra si antes no se realiza una consulta con los indígenas. El valor de esa consulta aún no está definido. El gobierno dice que el resultado no es vinculante. Los pobladores y sus defensores dicen que consulta no es  un plebiscito sino u estudio integral del área y del impacto de la carretera.  Una verdadera solución no está cercana.

Nuevo acercamiento a Chile

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Comparto con Uds., bajo autorización del autor, la más reciente entrega del diplomático Ramiro Prudencio Lizón, que se publica en La Razón, de La Paz. El tema es de la mayor actualidad.

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Como se sabe, a instancias del gobierno nacional, se reunieron en Lima los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera, con el ánimo de reiniciar el diálogo interrumpido el día 23 de marzo, cuando el primero decidió abruptamente llevar la cuestión marítima a tribunales internacionales.

Ha sido una decisión muy positiva del presidente Morales retornar al plano bilateral ya que es el medio más práctico y seguro de encontrar soluciones a los variados problemas existentes entre los dos países, entre ellos el del Silala, el del río Lauca y el  marítimo nacional.

Hay ingenuos que aún creen en la justicia internacional y propugnan la continuación de la senda hacia los tribunales de La Haya.   Pero dicha justicia es muy relativa.  Además, en lo que respecta a nuestro magno problema, éste no está fundamentado en derechos jurídicos sino sólo en históricos y morales.  Y estos últimos muy difícilmente pueden ser tratados por tribunales internacionales.

Nuestros derechos históricos provienen del hecho de que Bolivia nació siendo un país litoral,  con una costa de más de 300 kilómetros de ancho, reconocida por Chile.  Y los derechos morales, en las veces en que la comunicad internacional, principalmente la OEA, y el propio Chile, apoyaron la existencia del problema marítimo.

Cabe reafirmar que la OEA en once oportunidades emitió resoluciones instando a los dos países a que resuelvan directamente la mediterraneidad de Bolivia.  Y últimamente, muchos de los cancilleres americanos reunidos en la Asamblea General de El Salvador, incluido el representante de USA, han reiterado esa disposición, insistiendo en la necesidad de que se busque un arreglo en forma bilateral.

Evidentemente, el inicio del camino bilateral será ahora más duro de transitar ya que Chile se considera ofendido desde la ruptura del diálogo.  Prueba clara son las declaraciones del canciller Moreno de que “Chile tiene la mejor voluntad de colaborar para que Bolivia tenga un mejor acceso al mar”, pero reiterando  que “Chile no le debe nada a Bolivia”.  En verdad, el gobierno de La Moneda no debiera quejarse por lo sucedido el 23 de marzo, ya que la misma prensa chilena menciona que una de las causas de la ruptura del diálogo fue el “caso Sanabria”, es decir, que el gobierno trasandino no informó al de Bolivia sobre ese operativo organizado conjuntamente con la DEA.  Ese hecho fue calificado por el presidente Morales como una deslealtad.

Retornando a los tribunales internacionales, es menester señalar que ni siquiera un dictamen de la Corte Internacional de La Haya es definitivo.  Los países muy bien pueden eludir su cumplimiento.  Basta citar el “Caso del derecho de Asilo” de Haya de La Torre, en 1950,  entre Colombia y Perú.  La sentencia de la Corte negó el derecho de asilo a Colombia y, por tanto, este país debía entregar a las autoridades peruanas, a ese conocido político, quien estaba refugiado en la embajada colombiana en Lima.  Pero Colombia nunca cumplió la sentencia.

Actualmente, Chile y Perú han llevado el problema de su delimitación marítima a la Corte de La Haya.  ¿Habrá gente tan cándida de creer que si el dictamen de la Corte es adverso a  Chile, este país acataría su cumplimiento, tomando en cuenta que el dominio del territorio marítimo disputado lo tiene desde hace ochenta años?

Si ahora unos disturbios de chiquillos de colegio hacen  trastabillar al gobierno de Piñera, ¿qué le sucedería a éste si aceptara el dictamen y redujese su territorio marítimo de la zona de Arica?  Lo más probable sería que el pueblo chileno y sobre todo sus poderosas fuerzas armadas lo defenestrarían de La Moneda, lo tacharían de traidor a la patria y lo cubrirían de oprobio.

En consecuencia, deberíamos dejar de lado los ingenuos anhelos de una justicia internacional, y abocarnos a solucionar nuestro problema marítimo en forma pragmática, mediante una negociación bilateral, directa, franca y amistosa;  y ello porque Chile necesita de Bolivia, tanto como Bolivia necesita de Chile.

De nuevo a 1904

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Los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera elevaron la temperatura del nivel de cero al que habían descendido tras el discurso del mandatario boliviano el 23 de marzo último. Reunidos en Lima para el juramento del presidente peruano Ollanta Humala, la elevaron en sólo pocos grados, pues el congelamiento de la actitud de Chile continuó vigente, al igual que la que selló el tratado de octubre de 1904. Piñera le dijo a su colega vecino: Hablemos, sí, pero respetando los tratados vigentes, es decir el de 1904, que en sus relaciones con Bolivia, es el que interesa a Chile. La versión sobre las palabras del presidente chileno viene de los medios de ese país.

De momento, los bolivianos ignoran si el proceso de internacionalización judicial del problema dispuesto por el presidente Morales hace cuatro meses continúa en curso.

Una conclusión: Salvo imponderables, en el mejor de los casos volveremos a la “agenda de los 13 puntos”, con el desprestigio de esa agenda con la que el presidente boliviano dijo que había sido engañado y que – él mismo lo afirmó –  fue un ardid chileno para pasar el tiempo.  Por ahora, el gesto del presidente Morales luce como un incidente más en los años que corren desde 1904, que pronto serán 133, 134, y así, sucesivamente.

Tiempo de hablar

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Van dos meses desde  formación de un consejo de alto nivel para asesorar al presidente Evo Morales sobre la política marítima boliviana. En estos dos meses muchas cosas han ocurrido, entre ellas el desvanecimiento de la esperanza endeble de conseguir, en la reciente asamblea general de la Organización de los Estados Americanos (OEA),  una plena reiteración de la resolución de 1979 que recomendaba el diálogo encaminado a la obtención de una solución apropiada para las aspiraciones bolivianas. Entretanto,  declaraciones de Santiago y La Paz han ido y han venido, y hasta nos han hecho pensar que enarbolábamos banderas de guerra (algo ridículo frente a la desproporción de fuerzas.) Pero todos aguardábamos que algunas de las líneas generales de orientación emanadas de los ex presidentes, y si el flujo de éstas continuó después de la primera reunión,  fuesen compartidas con la población. (Del tipo: Recomendamos cautela frente a tal cosa, etc.) Creo que todos querríamos conocer la opinión de los ex mandatarios en áreas no estratégicas ni secretas. ¿Qué recomendaciones hicieron los ex presidentes para la reunión de la OEA?   ¿Estuvimos en el camino correcto? No son pocos los bolivianos que han visto los resultados como  muy pobres, y querrían saber si los ex mandatarios previeron esos resultados. Se puede concluir que no hubo sugerencias o éstas no fueron escuchadas.

Públicamente, sabemos que el presidente Morales agradeció a sus huéspedes y dijo que había aprendido mucho de ellos. Los ex presidentes subrayaron el carácter secreto de la reunión y aseguraron que nada revelarían que pueda resultar nocivo para la estrategia boliviana. Esta retórica es normal. Pero resulta que casi diez semanas después no se ha vuelto a hablar de un segundo encuentro.

Lo ocurrido en la OEA estaba escrito en la pared. Chile y Bolivia en 2011 son diferentes de lo que eran en 1979, cuando el hemisferio estaba casi compactamente unido contra las dictaduras. En Chile había una muy dura y, en Bolivia, una democracia que intentaba ponerse de pié y por eso concitaba simpatías. Fuimos a la reunión de 1979, en La Paz, llevados de la mano de muchos amigos.  La situación de hoy es muy diferente. Miremos serenamente quiénes son nuestros supuestos amigos en el mundo y veremos en qué terreno estamos.

Escuchando el punto de vista oficial parecería que hemos tenido una gran victoria. Dicho de manera simple, lo que se nos ha recomendado (tanto a Bolivia como a Chile) ha sido volver al cauce de la bilateralidad, del que salimos del 23 de marzo,  hace menos de tres meses. Es difícil aceptar que eso sea un triunfo.

Y hace pocos días se celebró otra reunión, ahora a nivel de ex cancilleres. Nada oficial ha trascendido aunque es posible suponer que la pregunta obvia pudo haber sido: ¿Y ahora qué?

Estas consultas se asemejan cada vez más a la “reunión de los cien” que convocó el general Banzer en Cochabamba en 1974, cuando su gobierno de fuerza estaba en su auge.  Fue uno de los peldaños para construir la gestión de Charaña, ahora vista como uno de los pasos más avanzados de la diplomacia boliviana en las relaciones con Chile y el problema marítimo. Si de éstas reuniones saldrá un gran diseño o apenas una aproximación al problema nacional es algo aún por verse. Es decir, si de las reuniones y las consultas emergerá un nuevo plan, constituye una interrogante que los bolivianos quisieran ver debidamente respondida.

La OEA y el mar boliviano

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El diplomático Ramiro Prudencio Lizón ha escrito el siguiente artículo. Su actualidad es imperiosa y lo reproduzco en este blog con su autorización.

En estos momentos en que se lleva a cabo la 41º Asamblea General de la OEA, donde nuestro país ha planteado nuevamente su magno problema, es conveniente hacer un análisis de las once resoluciones que dicho organismo sancionó en favor de nuestra causa marítima.

Como se sabe, la primera resolución se promulgó en la Asamblea General reunida en La Paz en 1979, año del centenario del inicio de la Guerra del Pacífico.  Ella es considerada como la mejor de todas, no sólo porque fue la primera vez que la organización dictaminara al respecto, sino porque el texto resumía las condiciones en que nuestro país deseaba negociar con Chile.  Allí se expresa que se debía ceder a Bolivia un territorio que lo vinculara con el océano Pacífico, con una costa que incluyese soberanía sobre los recursos marítimos.  Asimismo, que se estableciera una zona de desarrollo integrado entre los tres países (Bolivia, Chile y Perú), la cual “incluiría un puerto en el actual territorio chileno”.  Y, por último, que no se “deberán incluir compensaciones territoriales”.

Pese a la gran alegría que dicha resolución provocó en el pueblo boliviano, el cual creía ingenuamente, que ya se estaba acercando al mar, la misma no tuvo ningún fin práctico, ya que Chile consideró que le imponía condiciones inaceptables y siempre la repudió.

Luego vinieron dos resoluciones, las de 1980 y 1981, con un texto muy similar que decía lo siguiente: “Exhortar a los Estados involucrados a que, a través de las vías correspondientes, inicien un diálogo que permita la solución más satisfactoria del problema marítimo boliviano”.    Estas fueron aprobadas por consenso, es decir, hasta con el consentimiento chileno.

En 1982, cuando retornó la democracia en Bolivia, se gestionó la obtención  de una resolución muy semejante a la de 1979.  Pero sólo se logró la reafirmación de las tres primeras resoluciones, con una recomendación a las partes involucradas  “que pongan en marcha negociaciones encaminadas a dar a Bolivia una conexión territorial libre y soberana con el océano Pacífico”.  Chile la rechazó señalando que la resolución de 1979, “sigue siendo ilegítima y no empece a Chile”.

Ahora bien, en 1983, y gracias a la gestión del canciller José Ortiz Mercado, se logró que Chile, junto con Bolivia y Colombia, presentara un texto de resolución a la Asamblea.   Este era mucho más extenso que los anteriores, y  exhortaba a las partes a que normalicen sus relaciones para superar las dificultades que los separaban, “incluyendo en especial una fórmula que haga posible dar a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico”.  Dicho texto  fue aprobado por unanimidad y mereció aplausos de la sala.  Además, la mayoría de las delegaciones hizo uso de la palabra para manifestar su complacencia por el acuerdo alcanzado.   Cabe destacar que gracias a la resolución de 1983,  se pudo iniciar conversaciones que culminaron en la última negociación sobre la cuestión marítima del siglo pasado, denominada del “enfoque fresco”, entre los años 1986 y 1987.

Posteriormente, las resoluciones emitidas desde 1984 tuvieron un texto cada vez más reducido, y  ya no fueron aceptadas por Chile. La última de ellas, la de 1989, tuvo la virtud de determinar que el problema marítimo se mantendría permanentemente en la organización, “a requerimiento de una de las Partes involucradas”.  Ello fundamentó que Bolivia pudiese presentar cada año un informe sobre el tema sin tratar obligadamente de imponer una resolución.

Es menester tener presente que las resoluciones rechazadas por Chile son sólo declaraciones líricas y no conducen a nada positivo.  Nuestro pueblo debe entender que ni la OEA ni ningún organismo internacional pueden obligar a Chile a efectuar cesiones territoriales.  En consecuencia, se debe negociar con ese país para que el próximo año, cuando la Asamblea se reúna en Bolivia, se apruebe una resolución al estilo de la de 1983, que sea aprobada por consenso y que sirva de base para una futura negociación franca y amistosa que  determine la supresión de nuestro enclaustramiento geográfico.

Ramiro Prudencio Lizón

Perú y el mar boliviano

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Este es el más reciente artículo del diplomático Ramiro Prudencio Lizón. Con acquiesencia de su autor, lo reproduzco para Uds.Vale la pena leerlo.

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Hace poco, el canciller del Perú,  José Antonio García Belaúnde, ha manifestado que “si el día de mañana Chile ofrece una salida soberana por Arica, el Perú tiene que aceptar que ésa es la mejor solución al problema del enclaustramiento de Bolivia.  Yo creo que el Perú no puede no aceptar eso”.

Sorprende la posición tomada por el canciller peruano porque es la primera vez en la historia de nuestras relaciones bilaterales, después del tratado chileno peruano de 1929, que se señala específicamente que Perú no rechazaría una cesión chilena a Bolivia de un corredor al norte de Arica.

Muchos gobernantes peruanos, sobre todo, Alan García, Fujimori y Toledo,  han expresado que su país no se opondría a la salida al mar de Bolivia, dando a entender que se referían a la zona ariqueña, pero nunca lo dijeron tan claramente.

En cuanto a los actuales candidatos a la presidencia, Keiko Fujimori y Ollanta Humala, han tratado de no referirse al tema.  Pero podemos inferir que la primera, por ser hija de Alberto Fujimori, quien siempre demostró gran simpatía por  nuestro país, y en cuyo gobierno se suscribieron los Acuerdos de Ilo, continuará la política de su padre.  Mientras que de Humala recordamos lo que expresó cuando fue candidato en el año 2006, oportunidad en que comentó que su gobierno apoyaría la demanda marítima boliviana siempre que ella no contemplase territorios que anteriormente fueron peruanos.

Cabe señalar que permanentemente ha existido un serio temor nacional a que Perú se opusiese a la solución por el citado corredor.  Esta obsesión ancestral determinó que muchos bolivianos concibiesen soluciones absurdas, como una soberanía trinacional en Arica, sin comprender que Chile jamás aceptará tal arreglo.

Pero la historia nos demuestra que el Perú no se ha negado terminantemente cuando Chile le consultó durante la llamada “Negociación de Charaña”.   Lo que hizo fue proponer el establecimiento en el corredor de “un área territorial bajo soberanía compartida de los tres Estados”, la cual abarcaría además “el casco norte” de la ciudad de Arica.

Allí hubo un dato curioso y que ahora puede ser tomado en cuenta en el actual litigio chileno peruano sobre la delimitación marítima. Perú planteó entonces que hubiese “soberanía exclusiva de Bolivia sobre el mar adyacente al litoral del territorio bajo soberanía compartida”.

Pues bien, el gobierno del general Banzer quedó muy amargado por el  proyecto peruano y trató de entenderse directamente con los presidentes de Chile y Perú, Pinochet y Morales Bermúdez, respectivamente, con el fin de superar los impases que estaban trabando a la negociación.  Para el efecto, hubo una reunión de los tres mandatarios en Washington, en septiembre de 1977, donde Banzer propuso que los tres gobiernos eligieran un representante por lado y que éstos se reuniesen para estudiar los puntos más espinosos de la negociación, como el canje de territorios y la mencionada propuesta peruana.  Ello se concretó posteriormente en un comunicado conjunto de cancilleres donde a esos delegados se los denominó Representantes Especiales.

Es menester destacar que tanto Chile como Perú nombraron a sus representantes especiales, demostrando con ello su deseo de que continuara la negociación.   Increíblemente, Bolivia, el país más interesado en el asunto, nunca lo hizo.  Prefirió romper relaciones diplomáticas con Chile y de este modo, dar fin a la más importante negociación que sobre la cuestión marítima, se llevó a cabo durante la segunda mitad del siglo veinte. ¡Son los misterios de nuestra diplomacia!

En consecuencia, si anteriormente Perú no quiso perjudicar a Bolivia en su demanda  por Arica, ahora, con las trascendentales declaraciones del canciller García Belaúnde, la posición peruana se confirma en su pleno apoyo a nuestra causa marítima.  Sólo resta esperar que el próximo presidente peruano las ratifique, demostrando con ello que Perú es un verdadero hermano nuestro, como aquí siempre se lo ha considerado.

El fiasco Garzón

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El gobierno del presidente Morales acaba de tener su primer gran tropiezo en la política marítima anunciada el 23  de marzo: denunciar ante organismos internacionales la situación mediterránea de Bolivia y la infertilidad de los diálogos con Chile. El presidente debe  haber recibido como un portazo la declaración del afamado juez español Baltazar Garzón, quien arraigó durante meses a Augusto Pinochet en la residencia que lo alojaba en Londres, y se volvió una celebridad.

Horas antes del anuncio, el vicepresidente Álvaro García Linera decía que los dirigentes chilenos estaban nerviosos con el que consideraba muy probable asesoramiento de Garzón. Consideró las reacciones sarcásticas en Chile a la aún incierta asesoría de Garzón como “señal de que  las cosas (en Bolivia) se las está haciendo bien. Si no, no habría ese tipo de agresividad”.

El “no, gracias” de Baltazar Garzón debe haberlo dejado frío. Lo que pone de manifiesto, lamentablemente, la liviandad con la que se manejan asuntos tan delicados como la política internacional, y el lamentable desconocimiento de las normas fundamentales del protocolo. ¿Cómo anunciar que se va a invitar a alguien sin haberlo consultado ni contar con la aprobación cierta del invitado? Es legítimo preguntarse si es así que se manejan los demás asuntos del Estado Plurinacional. ¿Quo vadis? El fiasco ha sido un baño de realidades que, ojalá, sea asimilado debidamente.

Algunos funcionarios o “asesores” deben haber aconsejado al presidente Morales a hablar con Garzón, quien es también asesor de la Corte Penal Internacional, uno de los tribunales a los que acudiría Bolivia. Esos funcionarios merecen cuando menos una reprimenda, pues han puesto en ridículo al Jefe de Estado y en última instancia son las que han llevado a las afirmaciones desorientadas del Vicepresidente.

Las especulaciones en torno a Garzón habían cobrado cuerpo el 10 de mayo cuando el presidente anunció que procuraba a Garzón como asesor en la cuestión marítima. “Hemos conversado en una oportunidad en España; realmente es un hombre con mucha experiencia y conocimiento sobre la justicia internacional. Admiro esta clase de expertos. Esperamos que sea uno de nuestros asesores internacionales para esta demanda”, había declarado.

Un parlamentario chileno preguntó con sarcasmo por qué no se buscaba también el asesoramiento del sucesor de Bin Laden.

En seguida vinieron las declaraciones del vicepresidente y luego la del propio Baltazar Garzón, quien revelaba que el presidente Morales le había hecho la consulta y que le había explicado que no estaba en condiciones de aceptarla por su condición de juez. “Soy juez, soy incompatible con esa posibilidad. Aparte de que mi trabajo va a ser en el marco de la OEA y por tanto incompatible con cualquier gestión similar. Yo lo que deseo es que los dos países hermanos se entiendan y resuelvan este conflicto. Pero yo no voy a participar en ningún caso”. La noticia la traía la página web de El Mercurio, de Santiago, el  12 de mayo y la declaración de Garzón era del mismo día.

Fin de juego.  Al menos para este capítulo.