Inversiones

Facetas de “la gateadora”

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Las encuestas muestran nubarrones para el partido de gobierno y en plena campaña crecen las señales que anuncian el fin de la abundancia financiera vivida por Bolivia a lo largo de casi una década. Con rumbo a los $US 40 el precio promedio del barril ($US 107 en junio), el  petróleo continúa sin base firme. La Organización de Países Exportadores de Petróleo no logra alterar la tendencia, como un piloto a cuyo avión se le acaba el combustible y sólo espera un aterrizaje forzoso sin fatalidades. Venezuela, el adalid del socialismo del Siglo XXI, se encamina hacia un desenlace nada risueño.

Para Bolivia, el remezón ya muestra su cara fea, pero en tiempos de campaña para ganar los gobiernos departamentales y municipales, los candidatos prefieren obviarlo. En ese marco puede situarse el desafío del Primer Mandatario a los empresarios para que inviertan un equivalente de hasta 3.000 millones de dólares, mucho más que los 1.200 millones de dólares que han previsto para la gestión. (Esa suma “es una vergüenza”, según el Ministro de Hacienda, Luis Arce.) No está muy claro si hay capacidad ni a qué sectores dirigirían los empresarios sus inversiones, ni cuánto de las previsiones involucran al área de hidrocarburos. La inversión pública, dijo el presidente Morales, será ampliamente mayor y superará los 7.000 millones de dólares, en una tendencia semejante al aumento del valor que tuvieron las exportaciones.

El  llamado de urgencia para nuevas y mayores inversiones refleja los esfuerzos por enfrentar los tiempos austeros anunciados en cartelera. Los anuncios tomaron un tono más gris cuando un ex presidente (Carlos Mesa) tocó un tema tabú generalmente eludido por las autoridades: ¿Es posible mantener el tipo de cambio enyesado desde hace años?  Una variación brusca y acentuada sería sísmica para un sistema financiero dominado por el valor de la moneda local. Las autoridades parecen pretender que la Tierra está firme en el universo. “Eppur si mouve”, diría Galileo.

Todo converge en la imagen que hace un tiempo expresó el ex prefecto de Santa Cruz Francisco Aróstegui: “la gateadora”, o el crecimiento paulatino, generalizado e inexorable de las aguas de  los ríos amazónicos cuyos daños pueden ser catastróficos si no se construyen defensivos apropiados.

Un grave cuello de botella

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Un grave cuello de botella para la economía boliviana ha sido destacado ayer viernes por un ex gerente de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE): en cualquier minuto, nos puede faltar electricidad. No vi el hecho destacado, que afecta a todos, incluso a este computador desde el cual escribo, con despliegue suficiente en los medios, si bien lo trajo originalmente Erbol. Pero el que falte electricidad a un país es el equivalente a un infarto. Todo se paraliza. Y los riesgos pueden ser fatales si el servicio no es restablecido con suficiente agilidad y amplitud. ¿Recuerdan al presidente Chávez sugiriendo a sus compatriotas que no se duchen más allá de tres minutos? Pues algo semejante, y quizá peor, puede ocurrir entre nosotros.

De acuerdo a la crónica de Erbol, el economista Enrique Gómez, ex gerente general de la empresa Nacional de Electricidad, Bolivia carece de reservas para cubrir un crecimiento mínimo de la demanda. Todo el país puede quedar en vilo.

La razón para esta crítica situación es la falta de inversiones y las tarifas consideradas bajas por la empresa, que ha invertido 90 millones de dólares en la Central Termoeléctrica de entre Ríos y su rentabilidad es menor al 6% que debe pagar anualmente de intereses por los créditos contraídos. ¿Pre anuncio de aumento de tarifas? Sólo pregunto.

Las consecuencias de este apretón ya parecen comenzar a sentirse: el presidente de la Cámara Nacional de Industrias, Marco Antonio Ayaffar, recomendó a los asociados a la entidad reorganizar sus horarios de operación, para evitar que la actividad de sus industrias caigan entro de los horarios de críticos que podrían degenerar en cortes repentinos de energía. No indica desde cuándo ni hasta cuándo.

Hasta 2006, Bolivia tenía un “colchón” de 25% de exceso respecto a la demanda, dice a ex autoridad entrevistada por Erbol. Ese “colchón está ahora reducido al 1%. Bolivia tiene quince generadores de termo e hidroelectricidad. No he leído ninguna información sobre qué dicen las actuales autoridades del gobierno.

La capacidad de producción de energía de todo el país para consumo doméstico y público es de 1.250 megavatios. es una de  las más bajas del continente (la presa de Itaipú, entre Brasil y Paraguay, produce más de 25 veces ese volumen.) El gobierno tiene prevista la construcción de media docena de centrales hidroeléctricas entre 2014 y 218, pero  la crónica no informa sobre los volúmenes que producirán.

Esta situación, de commprobarse su veracidad, pone al desnudo nuestra ultra frágil situación energética, que se sumaría a la que ofrece YPFB, también agobiada por la falta de inversiones.

Para quienes quieran leerla,  la información de Erbol se encuentra aquí.

Un gran ausente

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No solamente el presidente Evo Morales ha estado ausente de los debates directos para estas elecciones. Fuera de todos los debates ha estado también el tema del que depende la vida económica formal de Bolivia: los hidrocarburos. Estamos ante un asunto de  importancia vital, y por eso lo abordo con frecuencia, pues no hablar de él es como olvidarse de la salud, del trabajo o la alimentación.  Aparte de los anuncios del vicepresidente Álvaro García, de que en este quinquenio que viene Bolivia dará un “gran salto industrial” con la construcción de complejos de petroquímica, plantas termoeléctricas y gas domiciliario generalizado, las menciones a la cuestión han sido en el mejor de los casos sólo al paso.

Este año que se nos escurre ha sido pródigo en anuncios de inversiones en el sector, actualmente bajo una sequía que alarma.  Petrobras debía invertir $600 millones este año, además de unos $1.000 en 2008. No he leído ningún informe que avale estos anuncios o que cuantifique cuánto realmente fue invertido.  Y hasta ahora nadie ha explicado de dónde saldrá el gas para las industrias que se quiere levantar (de plantas petroquímicas y termoeléctricas se habla desde hace más de una década) y, luego, de dónde saldrá el capital para erigirlas. El Banco Central dispuso de $1.000 millones para YPFB, pero se ignora qué cantidad se ha desembolsado hasta la fecha.

Para tener una idea aproximada de cuánto necesita el país invertir, leamos las cifras de una consultora especializada en hidrocarburos. Sólo para las áreas probadas, de donde ya se extrae gas y petróleo, la inversión requerida era de 1.800 millones de dólares anuales, desde 2007. Es decir, sólo para mantener volúmenes de producción y cumplir con los compromisos de exportación. Se desconoce cuánto se ha invertido en estos dos años, pero ciertamente no se ha llegado al volumen mínimo que se necesitaba. La misma consultora dice que las inversiones requeridas para el próximo quinquenio serán de $8.500 millones de dólares, los mismos  $1.800 millones anuales, sólo para mantenernos a flote con los compromisos actuales: Brasil (hasta 31 millones de metros cúbicos por día) y Argentina, poco más de dos mm3d. Es decir, para mantenernos donde estamos, sin pensar en plantas petroquímicas ni termoeléctricas ni en siderurgia, tendríamos que invertir todas las reservas monetarias acumuladas en el Banco Central.  Eso no ocurrirá, pues equivaldría a dejar al país exangüe, sin reservas monetarias y a merced de una inflación desbocada. Esa falta crónica de inversiones explica la disminución de la producción de petróleo (sólo unos 36.000 a 38.000 barriles diarios), la creciente necesidad de importaciones para cubrir el déficit respecto al consumo interno de 40.000 a 42.000 barriles diarios, y la imposibilidad de cumplir los acuerdos de exportación a Argentina. Enviamos a nuestro vecino poco más de dos millones de metros cúbicos de gas natural, en vez de los 7 mm3d contratados (27,7mm3d en 2012).

Se supone, entonces, que sólo la inversión extranjera en petróleo dará algún respiro…siempre que los inversionistas se sometan a las leyes de una CPE que los obliga a reinvertir sus utilidades. Tal vez de este callejón sin salida aparente surgió el anuncio que la semana pasada hizo un diario brasileño: Bolivia se prepara para revisar su ley de hidrocarburos. Condorito exclamaría: “Exijo una explicación”.