Historia

Los embustes (no solo) en Venezuela

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Para los que no saben de historia y para los que pretenden no saberla, Teodoro Petkoff registró el siguiente artículo en el semanario que dirige, Tal Cual, en Caracas, esta semana. Si encuentran coincidencias con otras latitudes, es pura casualidad.

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Uno de los tópicos favoritos de Chacumbele * es el de la soberanía nacional. Según su particular y manipuladora visión de la historia, este país sólo ha sido soberano bajo su mando. Todo lo que se hizo durante gobiernos anteriores al suyo fue pura entrega de soberanía.

Vamos a refrescar un poco la historia para demostrar que Chacumbele ha hecho del embuste un arte muy refinado.
La Ley de Hidrocarburos de 1943 y la de Impuesto sobre la Renta, del mismo año, durante el gobierno de Isaías Medina, que reformularon las relaciones con las compañías petroleras y abrieron el camino para el incremento progresivo de los ingresos de la nación, ¿fueron aprobadas por órdenes del imperio? El llamado fifty-fifty, que puso en mitad y mitad los ingresos de las compañías y los de la República, establecido durante la gestión de la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Betancourt, en 1947, y el posterior decreto del “Flaco” Sanabria, en 1958, que puso en 60-40 la relación y fue protestado ruidosamente por la Creole, ¿fueron vainas del imperio? La OPEP fue creada en 1960 por proposición del presidente Rómulo Betancourt y de su ministro de Energía, Juan Pablo Pérez Alfonso. Este cartel petrolero, que dio voz, presencia y autoridad a los países productores y exportadores de petróleo, e hizo de éstos actores reales en el tablero geopolítico mundial, ¿habrá sido una jugada maquiavélica del imperio?
La categórica protesta del presidente Raúl Leoni y del Congreso de Venezuela contra la invasión norteamericana a Santo Domingo, en 1965, ¿fue para complacer al imperio? La aprobación de la Ley de Reversión de los bienes de la industria petrolera, durante el primer gobierno de Caldera, así como la fijación unilateral por éste, de los llamados “valores fiscales de exportación”, para el pago de los impuestos que debían cancelar las petroleras, ¿fueron también jugadas que llenaron de gozo al imperio? La nacionalización del hierro, en 1975, y la del petróleo, en 1976, por el gobierno de CAP, ¿fueron una demostración de la subordinación al imperio? ¿La participación activa del gobierno de CAP en el proceso de recuperación de la soberanía panameña sobre el canal, fue en obediencia a las órdenes del imperio? La solidaridad activa de CAP –armas, dinero y apoyo político– con los sandinistas, durante la lucha victoriosa contra Somoza, ¿fue también producto de su subordinación al imperio? La creación del Grupo Contadora, el de Esquípulas y luego la del Grupo de Río, que tanto contaron para la solución, pacífica y latinoamericana, del conflicto en Nicaragua y Centroamérica, en abierta contraposición a la política gringa, ¿fue, en verdad, una jugada maestra de estos, en complicidad con CAP? La firma del Acuerdo de San José, por el gobierno de Luis Herrera Campins con el de México, para facilitar crudo a precios preferenciales y bajas tasas de interés a Centroamérica, ¿fue también por presiones del imperio? No hacemos juicios de valor sobre estas políticas, pero ¿es verdad que todo esto fue despreciable pitiyanquismo, en tanto que la entrega de áreas claves de instituciones del Estado a Cuba (identificación, migración, puertos, salud, servicios de inteligencia, “asesoría” en la FAN) es un puro ejercicio de soberanía?

* Sobrenombre que Petkoff asigna a Chavez.

La Independencia de Bolivia

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Con la venia del autor, el diplomático  Ramiro  Prudencio  Lizón, reproduzco su más reciente comentario:

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La semana pasada se ha publicado la segunda edición de una excelente obra, “Historia de la Independencia de Bolivia”, del conocido escritor e historiador, Jorge Siles Salinas.  Dicho libro fue publicado anteriormente bajo los auspicios del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, pero fue poco difundido por tener una impresión limitada.  Por ello, ahora surgió nuevamente en un momento muy significativo de nuestro país, ya que se conmemora este año el inicio de la emancipación no sólo de Bolivia sino de toda Iberoamérica.

El libro de Jorge Siles se destaca sobre todo porque presenta ese gran período histórico como es la independencia americana, con un enfoque moderno y ecuánime.  Narra el violento y a la vez grandioso tema de nuestra liberación del dominio español con gran objetividad, tratando siempre de no parcializarse hacia el bando patriota, como frecuentemente lo han hecho nuestros historiadores, y demostrando al mismo tiempo que la terrible contienda de la independencia no tuvo como antagonista algo extraño como lo español, sino que fue más bien una guerra civil.

Como el doctor Siles señala acertadamente, ese gran conflicto fue producto de un choque ideológico, entre los llamados patriotas, sustentadores de las nuevas ideas de autonomía y libre pensamiento  -ideas provenientes de la América del Norte y de la Revolución Francesa-, y los realistas, defensores de la tradición, la Iglesia y la Corona.  Por este motivo, muchos criollos combatieron por la parte realista.  Igualmente, varios españoles lo hicieron por el lado patriota.  Aconteció lo mismo con los hombres de iglesia.  Unos lucharon junto a los patriotas, y otros, sobre todo los de más alta jerarquía, sostuvieron la causa del rey.  Entre los indígenas se dio el mismo tenor.  Hubo caciques que acompañaron o cooperaron a los patriotas, pero otros, como el famoso Pumacahua, apoyaron enérgicamente a los realistas.

Sólo en las postrimerías de la guerra, todos los nacidos en suelo americano comprendieron que el espíritu autonomista era irreversible y se plegaron decididamente a la causa patriota.

El autor prueba asimismo, que el fanatismo y la crueldad no sólo eran actitudes de la facción realista, como se enseña en nuestras escuelas, sino que se dio en ambas partes.  De este modo, en su libro condena igualmente la dureza demostrada por Goyeneche en La Paz y Cochabamba, como los desmanes cometidos por Castelli y Monteagudo.

Por otra parte, como lo evidencia el texto que comentamos, la guerra de nuestra independencia fue una verdadera epopeya, donde su une lo grandioso y lo trágico.  Ella configura la culminación de la concepción político-filosófica de la célebre Universidad de San Francisco Xavier de Charcas, cuna del pensamiento emancipador del continente.  En el conflicto se dan asimismo, las hazañas más heroicas de nuestra historia, como las batallas de Aroma, Suipacha y la Florida, o como la defensa de Cochabamba efectuada por las mujeres y ancianos de la ciudad.  Pero por otro lado, se producen también horribles desmanes, fusilamientos, saqueos, huidas y matanzas que empobrecieron y despoblaron el territorio del Alto Perú.  Por estos motivos, bien se puede decir que dicha guerra constituyó para Bolivia su acción más brillante, pero al mismo tiempo, el comienzo de su decadencia.

Jorge Siles tiene pues la virtud de demostrar la grandeza y miseria que ha constituido para el país ese trascendental acontecimiento.  Además de estar muy bien documentada,  su obra tiene el mérito de rezumar una gran pasión, lo que produce que su lectura sea muy atractiva.  Pero la pasión que pone el autor en ella no le impide mantener una visión imparcial de la historia, sino que es un sentimiento de admiración por los grandes sucesos que han ocurrido en el Alto Perú, hoy Bolivia; sucesos que certifican la importancia capital que este territorio tenía en la época virreinal, lo que determinó que las autoridades peninsulares se esforzasen grandemente en mantenerlo en su dominio. Por esta causa, pese a que el Alto Perú fue el origen del movimiento libertario, fue también la última región del continente en quedar redimida.