Gas

El miedo de las reservas

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Hemos ingresado al tercer mes del año y el secreto de las reservas de gas natural no ha sido revelado. Salvo para quienes esconden la cabeza en la arena, la ansiedad en el país crece por saber la verdad. ¿Cuánto gas natural tenemos?  Llegamos a 2006 con unos 26 trillones de pies cúbicos de gas natural. Era lo suficiente para una explotación durante 50 años al ritmo actual: 40 millones de metros cúbicos diarios, de los cuales más de la mitad va a Brasil, un poco a la Argentina, unos 8 millones para el consumo interno y cero para termoeléctricas y cero para el Mutún. Eso era en 2006.

Ahora, los más recientes informes no oficiales nos dicen que en realidad tenemos poco más de 8 trillones (billones, en español) de pies cúbicos, que convertidos a metros cúbicos, que es la  unidad más conocida por el público, nos da lo suficiente para solamente quince años de producción, al ritmo actual. Sin Mutún y sin petroquímica y sin aumentar el consumo local, menos de abrir nuevos frentes de exportación.

La tendencia del volumen no oficial de reservas es descendente. Y como no se puede explotar un yacimiento hasta dejarlo vacío, descontamos un 20 %-30%  y tendremos una producción de gas suficiente para diez a doce años. Con optimismo.

Por eso crece la angustia por saber oficialmente a cuánto ascienden nuestras reservas de gas natural, el producto que sostiene gran parte de lo que importamos y que permite a las gobernaciones contar con su porción de impuesto sobre los hidrocarburos, lo que a su vez les permite funcionar y realizar obras.

El asunto no es menor, como sugiere la aparente indiferencia de algunas autoridades. Prefieren callar para no diseminar pánico y con la esperanza de que podremos encontrar nuevos yacimientos o ampliar la capacidad actual de producción. El problema es que eso no depende de nuestra voluntad. Los inversionistas no quieren traer su dinero aquí y la capacidad de YPFB es financieramente limitada. Hace dos años, YPFB afirmó con altavoces que Petrobrás se había comprometido a invertir  750 millones de dólares en explotación de los campos en los que opera. Que se conozca públicamente, nadie ha informado  si esas inversiones tuvieron lugar y en cuáles de los campos ni sus resultados. El Banco Central otorgó a YPFB un crédito de US$ 1.000 millones. Se desconoce cómo fue empleado.

El gas natural era la piedra fundamental de la política económica del gobierno –y de sus antecesores- pues se trata del producto que está arriba en la lista de prioridades para “vivir bien” como sociedad. Los yacimientos fueron nacionalizados con ese propósito. Pero la más reciente nota de la conservadora y respetable The Economist sobre Bolivia reitera que fue un aumento de impuestos, que ahora no consiguen cubrir las demandas sociales y mantener los carburantes subsidiados. Ya en 2009 había déficit fiscal, asegura.  Brasil proyectaba medio centenar de plantas termoeléctricas, casi todas basadas en el gas natural boliviano, y construir o ayudar a Bolivia a construir varias dentro del territorio boliviano. Era nuestro pasaporte hacia un mundo moderno. Eso era en los tiempos del idilio petrolero entre Bolivia y Brasil, que no existe más. YPFB está en deuda con el país. Hasta ahora, no se ha industrializado ni una sola molécula de gas natural y los empleos que la industrialización iba a generar son hasta ahora ilusiones. Sin gas no hay qué industrializar.

El objetivo principal

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En estas semanas se han multiplicado los focos de conflicto que provocan el interés de grandes segmentos de la población boliviana. Algunos de ellos: Las acusaciones a la Iglesia Católica porque un obispo ha dicho –y le piden pruebas!-  que el auge de las drogas, o la miseria absoluta, ha  llegado a tales niveles que hay niños que ofreciendo cocaína en el Chapare. (No dijo nada nuevo, pero dirigentes cocaleros y autoridades del gobierno se han rasgado las vestiduras.) El encarcelamiento de René Joaquino y de Jaime barrón, baluartes cívicos de Potosí y Sucre; las amenazas contra los gobernadores del Beni, Ernesto Suárez, y de Santa Cruz, Rubén Costas;  las colisiones verbales con Estados Unidos en la Conferencia de Ministros de Defensa y el reavivamiento de las tensiones bilaterales (en verdad, la tensión es unilateral, pues no creo que a Estados Unidos le muevan un pelo los gritos de Bolivia); los acuerdos con Irán, y hasta un concurso de “misses”. Todo copó las primeras páginas informativas y los espacios principales de la radio y la TV.

El tema más importante fue puesto en nivel secundario: las reservas de gas natural y su precipitada declinación. El gas se nos acaba y pocos se preocupan, pues tienen la atención fija en sucesos como los mencionados. Si contamos con reservas de 8,2 o 8,6 trillones de pies cúbicos, eso nos permitiría una vida gasífera  de unos 10 años o algo más. Pero sin termoeléctricas, sin Mutún, sin nuevas exportaciones. Eso significa adiós a la industrialización. El gobierno no quiere decirlo y por eso, más bien, parecería preferir trifulcas verbales. Vean ustedes: El plan de inversiones de YPFB hablaba de perforar dos pozos con fines exploratorios este año. Hace cuarenta años se perforaban 40 anualmente. Que se sepa, aún no se ha perforado siquiera uno enteramente exploratorio. Para el que sería el primer pozo se organizó una ceremonia especial a la que asistió el presidente de la república. Era como si el dueño de una casa asistiese a la colocación de una teja en su techo. “Reporte Energía” de la primera quincena de noviembre nos informa que han acabado los trabajos preparatorios del terreno donde ocurrirá la perforación del pozo Sararenda X-1, uno de los dos programados para el año. “Una vez montados los equipos de 3000 HP (caballos de fuerza. Noten bien: aún no habían sido montados)…se realizarán pruebas previas al inicio de la perforación programada para noviembre”. Dime cuándo, cuándo, cuándo, cantaría una intérprete italiana de los años de 1960.

Mientras esto ocurre, los cocaleros del Chapara dan un ultimátum de 48 horas para que uno de los obispos católicos más queridos y respetados del país, Mons. Tito Solari, se retracte de su declaración de que en el Chapare hay niños utilizados para vender cocaína hasta en bolsitas de plástico. Dijo el Vicepresidente de la Federación de Cocaleros del Trópico cochabambino: Si en ese tiempo el arzobispo no se retracta, los cocaleros pedirán, a través de la Asamblea Plurinacional, la expulsión del prelado de Bolivia, pues es italiano de nacimiento.

Muchos católicos han empezado a preocuparse por el destino del arzobispo, y por el poder cocalero. Que hay niños obligados o llevados a colaborar con el narcotráfico no es novedad. Los dirigentes cocaleros deberían saber que en  los morros de Río de Janeiro (a donde llega una porción importante de la droga boliviana) son niños los que previenen a sus jefes cuando se aproxima la policía. Y nadie se rasga las vestiduras porque la denuncia es extrapolada para involucrar a todos los niños de alguna favela. Y el tema del gas, -de qué vivirá el país mañana- pasa a segundo y tercer plano.

Entrada actualizada a las 21:00 del 24 de Nov. 2010

El gas que se nos va

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Los informes de estos días nos cuentan y nos hacen conscientes de una realidad, muchas veces intuida pero sólo ahora corroborada desde varias fuentes: el  gas natural, la riqueza que apuntalaría nuestro desarrollo por las próximas décadas, era sólo una quimera. De acuerdo a los informes registrados estos días, de cerca de 50 trillones de pies cúbicos que hace menos de una década se creía que guardaban los depósitos ya conocidos hemos ido bajando paulatinamente, a medida que escaseaban las inversiones. El descenso entró en un tobogán en 2006, cuando las inversiones prácticamente desaparecieron tras las medidas contra los principales inversionistas y con la decisión de Petrobras de abocarse a la exploración y explotación de hidrocarburos en su propio territorio. En Bolivia, en estos tiempos perforamos uno o dos pozos exploratorios por año, versus 50 y 60 hace cuarenta años! Es decir, estábamos mejor cuando parecía que estábamos peor. Las informaciones más recientes,  atribuidas a la medición de la Ryder Scott Petroleum, conocida certificadora de reservas, cuyos resultados aún no son oficialmente conocidos, dicen que las reservas están en 8,6 trillones, menos de un tercio de los volúmenes que se creía que existían hace cuatro años: 26,4 trillones. Es como si en cuatro años el país hubiese gastado casi tres cuartas partes de sus reservas monetarias internacionales, sin capacidad para reponerlas. Hay que subrayar que los grandes y pequeños inversionistas tienen los ojos sobre los informes de las compañías certificadoras y basan en gran parte en esos informes sus decisiones de invertir. Algo más: hemos buscado inversiones directas en algunos países (China y Corea del Sur), pero lo que nos han ofrecido son créditos. Más claro: no desean arriesgar capitales en nuestro país, menos aún cuando las reservas declinan.

La controversia que rodea la Ley contra el Racismo y toda forma de Discriminación ha silenciado momentáneamente este problema pues ha desviado la atención hacia otros temas que la ciudadanía considera fundamentales: las libertades de prensa y de expresión.  Pero solamente por ahora, pues la cuestión es demasiado grande como para colocarla debajo de la alfombra. Pues si no hay gas para exportar y tal vez tampoco para el consumo interno, ¿con qué se mantendrán las regiones? ¿Podrá haber autonomías  desprovistas de IDH y de regalías petroleras? ¿Con qué divisas pagaremos las importaciones?

Curiosamente, las reservas actuales, si resultan confirmadas, serían sólo suficientes para cumplir con Brasil hasta 2019, el año en que fenecen nuestros compromisos con ese país. De ahora en adelante, quedarían clausuradas las iniciativas para industrializar ese recurso, que pronto dejaría de existir en cantidades mínimas como para justificar inversiones en industrias basadas en gas natural. Es decir, adiós plantas termoeléctricas y adiós petroquímica basada en gas. Y también adiós a El Mutún, para el que se necesitaría más de lo que actualmente se exporta a Argentina!  Tampoco se podría hablar más de nuevas ventas a Argentina, menos aún de proyectos para Paraguay o Uruguay. Tal vez también por eso Brasil ha dejado de mencionar la posibilidad de extender sus compras de Bolivia más allá de 2019. Cuenta ya con sus propias reservas, capaz de volver prescindible el gas boliviano que antes le era vital.

YPFB ha guardado hasta ahora un silencio casi total. Pronto tendría que cambiar de actitud.

Enredos

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Una forma que la mente tiene para comprender situaciones aparentemente complejas es la comparación. Nada  más insípido y difícil de visualizar que las cifras. Por eso es esencial compararlas con otras con las que comúnmente trabajamos. Un tiempo atrás, una redacción brasileña debatía sobre cómo hacer visible para el lector el volumen de selva afectada por un incendio forestal. Finalmente se encontró la fórmula comparativa. La extensión devastada por el fuego equivalía a tantos cientos (o miles) de estadios Maracaná. El público que leyó la información entendió de inmediato el tamaño del fenómeno al visualizarlo a través de una medida que le era común.

La semana que pasó hemos visto desfilar cifras que hablan de nuevos e importantes descubrimientos de depósitos de gas natural y su significado para las exportaciones bolivianas. Por ejemplo, grandes titulares anunciaron descubrimientos de la empresa Chaco en el campo El Dorado, en Santa Cruz. Diez millones de pies cúbicos por día se agregaban a la producción del campo para la demanda externa e interna, decían los informes de la prensa. La cifra lleva siete ceros. Pero reducida a la escala de metros cúbicos con la que Bolivia comercializa su gas, esa cantidad resulta en 283.286 metros cúbicos, bastante menos del 1% de los aproximadamente 30 millones de metros cúbicos que, por contrato, debemos entregar a Brasil diariamente.  No  había, pues, mucho para celebrar. Más claro para el lector habría sido decir que el descubrimiento agregaba una fracción a los volúmenes de exportación. Otra información decía que pocos días antes la firma  Andina había  descubierto un reservorio que contendría un trillón de pies cúbicos (¡!). Otra cifra macro, esta vez sideral: Un uno con dieciocho ceros. Absurdo. Probablemente se trate de un billón (doce ceros). Esta cifra correspondería a poco más de 283.205.890 metros cúbicos,  26 meses de exportación a Brasil (Nota: el máximo que se extrae de un reservorio es de un 70%). Para tener metros cúbicos, se divide el total de pies cúbicos entre 35,31. El m3 es medida utilizada para el comercio de gas y estipulada en los contratos con Brasil y también con Argentina. Esa medida debería ser utilizada en los anuncios oficiales para no generar confusiones.

A propósito, leo en el Boletín Estadístico 2009 de YPFB que el año pasado la producción osciló entre 32,33 millones de metros cúbicos diarios (diciembre) y 41,94 MM3 (junio). Esos volúmenes nos colocan apenas encima de nuestras obligaciones diarias con Brasil (hasta 31 MM3) y Argentina (6,7 MM3) con márgenes sólo suficientes para nuestra demanda interna. Se ignora cómo serán cubiertas las necesidades de El Mutún o los planes para venderle a Paraguay, Uruguay y quizá a Chile, además de atender programas industriales (¿se acuerdan de las termoeléctricas?).

Hay que partir de una premisa: tenemos gas natural ,pero no tanto como se creía hace una década. Un ingeniero petrolero me asegura que los reservorios bolivianos no tienen más de 30 metros de altitud en tanto que en otro país petrolero del hemisferio la altitud llega a 300 metros. Creo que a todos alegra que YPFB y las firmas con las que está asociada encuentren nuevas reservas. Pero al hacer los anuncios, por favor dar las cifras como deben ser dadas. No se puede ofrecer una casa de 200 metros cuadrados y decir que esa superficie es de 3.230 pies cuadrados. Menos aún hablar de trillones…

Carrusel de ilusiones

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Uno de los fundadores del desaparecido imperio soviético decía que revolución equivalía al poder soviético más electricidad. Es decir, poder político agregado de energía. La voz de Lenin fue sólo parcialmente escuchada: hubo poder total, pero la energía quedó distante de los planes originales. Cuando estuvo disponible, fue más para la exportación. La ex URSS necesitaba de divisas fuertes para financiar su comercio con las naciones capitalistas.  La ex URSS dependía fuertemente de sus ventas de petróleo y vació gran parte de sus campos para sostener su economía.  Una situación parecida tiene lugar en la Bolivia de 2010. La British Gas y Pan American Energy informan que invertirán hasta 500 millones de dólares más hasta 2012 para garantizar la exportación de gas a Argentina, vecino con el cual no logramos cumplir un compromiso anterior que obligaba a exportar, a partir de este año, 27.6 millones de metros cúbicos de gas natural. Un acuerdo rediseñado prevé llegar a ese volumen sólo en siete años más. Es decir, las inversiones de las dos empresas son para asegurar las exportaciones al vecino país. Un experto petrolero me dice que aún así no es muy seguro que los planes de producción hasta 2012 en el campo de Margarita lleguen a cumplirse. Las reservas del campo son grandes, pero en petróleo nunca se extrae la totalidad que yace en el subsuelo. Este ingeniero me dice que un promedio regular de la producción que sale de los campos va del 30% al 70% de las reservas. El resto es en gran parte extraíble, pero a costos mucho más elevados.

YPFB está en deuda con los bolivianos.  Dio lugar a esperanzas de industrialización, gas para el Mutún, petroquímica y plantas termoeléctricas. Se la suponía una garantía de apoyo sólido para impulsar el desarrollo. Pero su gestión es hasta ahora deficitaria. Ya no se habla de petroquímica ni de termoeléctricas. Apenas de cumplir compromisos incumplidos. La razón es matemática: la producción gasífera no se ha movido desde hace casi cinco años. Los planes iniciales mencionaban que para estos días el país tendría que estar produciendo unos 72 millones de metros cúbicos de gas y apenas sobrepasa los 40 millones, con los que apenas mantiene la cabeza fuera del agua. Para llegar a esos volúmenes es necesaria una exploración intensiva, que no está en el horizonte inmediato. El plan quinquenal de la empresa prevé para este año dos pozos (cierto: dos), número ínfimo cuando hace 40 años YPFP llegó a perforar más de 50 pozos en doce meses. Y el primero de esos dos ya está atrasado: hace pocas semanas las autoridades anunciaron la importación de equipos, lo que hace verosímil pensar que la exploración con ese pozo empezará a fines de este año o comienzos del próximo. El presidente Morales que estuvo en las actividades preparatorias tuvo razón en su impaciencia de hace unas semanas cuando reclamó que la empresa estatal no invertía. A esto  se agrega un aluvión de automóviles que ahogan calles y carreteras del país, lo que presiona por más importaciones de gasolina y diesel. Lo que, a su vez, presiona sobre los recursos nacionales. Todo un círculo vicioso, patente con las tragedias cada vez más frecuentes en nuestros caminos.

Entretanto, Perú ya inauguró su planta de licuefacción de gas cerca de Lima. Y adivinen quién es el comercializador exclusivo para llevar el producto hasta México (¿les suena familiar el mercado mexicano?): Repsol. México era uno de  los mercados del Pacífico al que se esperaba llegar con gas boliviano. El proyecto encontró una oposición feroz. Fue una hoja más en las margaritas de nuestras ilusiones industriales.

Viene el lobo

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Hace 32 meses, con un D.S. nacía  Papeles de Bolivia (PAPELBOL), empresa considerada estratégica. Debía estar en funcionamiento en Cochabamba en un plazo de 14 meses, es decir en marzo del año pasado y, aunque no se conoce un estudio de factibilidad, se suponía que utilizaría básicamente materia prima nacional. El plazo no se ha cumplido  y el uso de materia prima nacional es incierto. El decreto autorizó el desembolso por parte del estado de 162.393.000 bolivianos (poco más de U$20 millones) que, en verdad, es dinero de todos. Pero el 2 de mayo pasado, una empresa  bajo el nombre de PAPEPLBOL, Empresa Pública Nacional Estratégica, publicó un aviso en El Deber requiriendo propuestas deempresas nacionales e internacionales para  suministrarle materia prima: fibra virgen, fibra reciclada (papel reciclado blanco de primera y de segunda, cartón reciclado) e insumos químicos. Las propuestas debían ser presentadas hasta el 6 de mayo. Se desconoce si las hubo y si fueron satisfactorias. Llama la atención que más de un año después del plazo en que la obra debía estar funcionando, con materia prima nacional, sus operaciones industriales son aún desconocidas.

Uno de los problemas bolivianos es la mediocridad (término a veces generoso) en la gestión administrativa oficial. Es un problema relacionado con la educación y la capacitación, y viene de mucho tiempo, es cierto. Pero no se nota que haya esfuerzos en la escala requerida para siquiera paliarlo. Es el caso de los hidrocarburos, industria que genera gran parte del sueldo de los bolivianos. No se conoce de aumentos significativos en la producción de gas o de  petróleo, pero sí de la disminución lenta e inexorable, respecto a los volúmenes de hace cinco años.  Un ingeniero petrolero me decía que Bolivia empezó a importar diesel en 1992, con 64,5 millones de litros. La proyección que él hace para este año es de 780 millones de litros. Comenzamos con un equivalente a 1.127 barriles diarios cuando empezó a faltarnos ese combustible para llegar ahora a más o menos unos 13.000 barriles diarios. Por cada barril que importábamos entonces,  importamos hoy once y medio barriles. Y eso representa un gasto de aproximadamente un dólar por litro, pero como lo vendemos a precio subsidiado,  lo que realmente le costará al estado esta importación en 2010 serán casi 400 millones de dólares. El horizonte no es nada halagador. Gran parte de ese diesel viene de Venezuela y, con los aprietos económicos de ese país, nadie asegura que los suministros continuarán como requiere Bolivia. Pues ocurre que no se conoce cuánto se debe por estas importaciones  ni tampoco ha sido hecho público algún contrato regulador de ese comercio.

El gobierno conoce la sensibilidad de los carburantes en toda economía. Por eso hace todo lo posible por no tocarlos. Cuando en años pasados alguien lo intentó, tuvo que dar una acelerada marcha atrás.  Pero el camino seguido, con subsidios y declinante producción (deberíamos estar produciendo 67 millones de m3 de gas natural, pero producimos sólo entre 37 mm3 y 41 mm3), equivale a querer pasar la cuesta  empujado la pelota con la barriga el tiempo todo, dirían los brasileños.

Con una agenda política intensa, el gobierno ha logrado disminuir la atención nacional sobre asuntos vitales. Pero eso no significa que la estrategia funcionará indefinidamente. Los recientes reclamos de los transportistas por aumento de tarifas equivalen al grito: ¡Viene el lobo!

Aumento anunciado del precio del gas

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La noticia estaba casi arrinconada en la página 11A de El Deber de hoy, martes 30 de marzo. “Evo plantea dos soluciones a la falta de GLP”, el gas de consumo doméstico, aquel que las amas de casa compran en garrafas. Dice la noticia: “El presidente Evo Morales planteó dos posibilidades para evitar la escasez de gas licuado de petróleo (GLP) que afecta a varias regiones del país: subir el precio de la garrafa de GLP hasta Bs. 80 o reforzar la lucha contra el contrabando”.

“Aquí hay dos caminos: combatir el contrabando o hacer subir el costo de la garrafa de GLP a Bs.80, así no habrá contrabando”, dijo el primer mandatario. El precio especificado por el presidente es el triple del vigente actualmente” (unos Bs. 25 el botellón).

En circunstancias y geografías diferentes, el anuncio habría merecido titulares de primera página. Si las palabras las dice el primer mandatario hay que darle el crédito que conlleva su investidura. Porque si el aumento de la demanda por gas licuado se origina en el contrabando,  debido a que en países vecinos, especialmente en Perú, el precio es mayor que en Bolivia, no habrá manera de frenar la salida ilegal del combustiblr.  Además, este tipo de contrabando sale EN CAMIONES, y su detección no debe ser  mayormente complicada.  Es decir, los camiones pasan ante los ojos de los encargados del control de mercaderías en las aduanas. No me imagino un contrabando de un señor o señora que pase la frontera con una garrafa, para venderla y repetir el proceso durante todo el día. Eso es humanamente imposible. Además, que los propios guardas aduaneros no podrían ignorar a una señora que con energías superiores a las de un caballo va y viene por la frontera como Pedro por su casa.

La opción que queda, entonces, es la de aumentar el precio del botellón.  Es decir, el bolsillo de los bolivianos pagará varias facturas: la negligencia aduanera, la audacia de los contrabandistas y la incapacidad de la empresa nacional YPFB de producir suficiente gas licuado como para minimizar los efectos del contrabando o para dar tiempo hasta implementar controles verdaderamente efectivos (de esos controles se escucha hablar hace décadas).

Entretanto, La Razón de este mismo martes informa que las importaciones de carburantes aumentaron  un 76,58% respecto al mismo bimestre del año pasado. Cita como fuente al Instituto Nacional de Estadística.

El informe dice que en el bimestre las compras pasaron de $US 61,5 millones a $US 108,6 millones. Comparadas con el año 2000, el crecimiento es del 422,11%, agrega.

Cuál puede ser efecto que tendría un aumento de los carburantes domésticos, por ahora constituye una especulación.  Pero algo saben de eso algunos colegas del presidente boliviano, el de Venezuela, por ejemplo, Hugo Chávez, quien asegura que su conciencia política se agudizó mucho cuando tuvo que comandar a soldados para reprimir a los venezolanos que protestaban contra el alza de los precios de los carburantes. En ese entonces, Venezuela tenía suficiente petróleo como para dar marcha atrás en el aumento decretado. De hecho, lo dio. Bolivia carece de márgenes de producción –y de dinero para la importación- que le permitan hacerlo. Hace rato que Bolivia debió haber instalado plantas procesadoras de gas para producir licuados. No se hizo el trabajo y empieza a sentirse la escasez. En verdad, en estos años, pese a la toma de los yacimientos que explotaban empresas extranjeras hasta mayo de 2006, no se ha instalado ni una sola industria para desarrollar el gas natural que sale de Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca. Entonces,  no quedaría sino aceptar la inevitabilidad de un aumento. ¿Será?

El gas que no tenemos

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Si los planes del gobierno para exportar gas natural (materia prima) se cumplieran, tendríamos que estar produciendo casi el doble de lo que YPFB actualmente produce. Es una aritmética elemental: 27,7 millones de metros cúbicos prometidos por contrato a Argentina hace cuatro años sin que se sepa desde cuándo exactamente el compromiso empezará a ser cumplido (y que ahora ha sido refrendado con un re-escalonamiento de entregas hasta llegar al volumen comprometido originalmente); 30 mm3 para Brasil, nuestro principal comprador; 5 mm3 para Uruguay; 2,2 mm3 para Cuiabá, en la frontera con Brasil. El total es 64,9 mm3. Eso no incluye el consumo interno, entre seis y ocho millones de metros cúbicos. El resultado total de esta suma es de 72,9 mm3. Y  ¿saben cuánto producimos, según cifras oficiales?

Entre 41mm3 y 43 mm3. ¿De dónde, entonces, saldrán los otros 30 millones que faltan? La respuesta es un secreto bien guardado: por ahora no existen. Y en esa suma de compromisos no hay plantas termoeléctricas  ni petroquímicas y ni siquiera el gas (8 mm3) que para que el proyecto Mutún despegue. No sé si los “porteños” están conscientes de esta realidad: si no hay gas para la siderurgia, pueden apretar cuanto quieran el pescuezo de la firma india, que siempre les dirá: si no hay carne, ¿con qué preparo el guiso? Sin gas (y gasoducto para transportarlo) todo se vuelve sueños. La capacidad boliviana de aumentar su producción depende de la inversión en la búsqueda y explotación de yacimientos. Las empresas petroleras que todavía operan en Bolivia invierten lo mínimo para mantener sólo sus contratos de suministro. Si les preguntan por qué, probablemente escucharán: ¿“Con qué garantías reales? Además, aumentar ¿para vender dónde?”  Si se les responde Argentina y si la interrogada es Petrobrás, posiblemente escucharán un sonoro “hummmm”. ¿Empresa brasileña semi-estatal invirtiendo para que el gas se vaya a Argentina? Yo también diría “hummmm”.

La cuestión de la energía debería ser un tema fundamental para los bolivianos, como un ABC del que la población tendría que estar enterada cuando menos en lo esencial. Por eso lo trato con frecuencia.  Como me dice un ingeniero con muchos años en la industria, sin energía un país se descarrilla del tren del progreso.

Desalienta escuchar a los candidatos a alcaldías y gobernaciones en Santa Cruz hablar de proyectos grandiosos como trenes subterráneos, aéreos, conexiones domiciliares gratuitas de gas, y mencionar como base los recursos menguantes resultado de las regalías petroleras.  Viene al dedillo un comentario en El Deber del Ing. Carlos Miranda, quien ha dedicado su vida al sector petrolero: “Hagamos el tema simple: Hay que usar más gas natural y menos gasolina y diesel (que importamos), pero para ello hay que aumentar la producción y distribución de gas en el territorio nacional. Eso lo sabemos hace diez años y no lo podemos hacer”

Es en este contexto que se produce la visita a Bolivia de la presidenta argentina Cristina Kirchner. Debía venir para, entre otras cosas, para “reasignar” los volúmenes de gas que Bolivia  comprometió y de los que sólo llegaron a exportarse un 20% a 25% (unos 6 mm3), y a reconfirmar las penalidades por incumplimiento: take or pay, pay on delivery. Llevas o pagas, pagas a la entrega. Y a reafirmar la propósito binacional de construir un gasoducto (20 Kms. en lado boliviano y un tramo más extenso en Argentina) para llevar el gas. La bola estará de nuestro lado y sin cancha para jugar.

Argucias transandinas

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Por su importancia, transcribo algunos conceptos de la carta de un amigo, versado en temas de relaciones exteriores.

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“…es difícil creer que haya un “montón” de propuestas para invertir en Bolivia.  La única que hay es la de Gas Atacama. Y éste es un asunto muy obscuro, porque el presidente de YPFB declaró no tener conocimiento de ello.  Y lo seguro es que tampoco lo tenga el ministro de hidrocarburos.

Cabe la pregunta, ¿cómo se han contactado los agentes de esa empresa chilena con nuestro Presidente?  Es un misterio.  Pero se puede inferir que el contacto provino del gobierno chileno.  Mejor dicho, de la propia Bachelet.
Sabemos que los chilenos son duchos y han comprendido que no pueden fácilmente negociar el asunto del gas de Estado a Estado.  Hay mucha resistencia interna contra Chile.  Entonces, la Sra. Bachelet habría sugerido a Evo que este tema se tratara con una empresa privada.  De este modo, si éste fracasa, el gobierno chileno no perdería nada. 

Además, el asunto del pago de la deuda histórica del Silala también debe ser idea del gobierno Bachelet.  Porque a dicha empresa no se le habría ocurrido nunca meterse en ese entuerto.  Además, el gobierno de Chile, oficialmente, no puede pagar la mencionada deuda porque nuncar reconocerá que Bolivia sea dueña del 100% de las aguas del Silala.  Mientras que Gas Atacama puede pagar unos cien millones de dólares a Potosí y todos quedarían contentos.  Y así, el pueblo boliviano podría aceptar que la empresa chilena no sólo adquiera el gas nacional sino que se entremeta en las tierras chapacas o cambas.  (Y cuando una empresa chilena se mete en alguna parte no sale más de ella…)
Creo que es conveniente que se realicen mayores análisis de este delicado asunto. Lamentablemente perdimos la oportunidad de hacer un gran negocio con Chile en base a la concesión del puerto de Patillos para poder exportar el gas no sólo a ese país sino también a ultramar.  Ahora terminaremos por hacer un pésimo negocio con esa empresa privada. 

Así también obramos en el pasado.  Suscribimos un excelente tratado de paz en 1895, donde Chile nos garantizaba la concesión de una salida al mar.  Pero le pusimos tantas trabas que al final quedó anulado, y pronto Chile nos exigió un tratado sin puerto.

Apuros energéticos

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La mayoría de los informes que llegan de Venezuela deja la idea de un ambiente pre-insurreccional en ese país. La encuestadora Interlaces, cuya pesquisa más reciente circula en la internet, dice que el 61% de los venezolanos cree que su país va por mal camino, frente a 37% que piensa lo contrario. El estudio dice que el 61% apoya las marchas estudiantiles que sacuden al país frente a un 30% que las rechaza.  “El descontento es masivo y contagia también a los “revolucionarios”, dice en un artículo la columnista Marta Colomina, de El Universal, de Caracas.  Incluso, dice, el comité central del Partido Comunista Venezolano ha advertido que  “la situación tiende a complicarse con males como la falta de planificación, el clientelismo, el aumento de la burocracia, la ineficiencia…”.

Hay allí un huracán en desarrollo. Lo que pueda ocurrir nos toca no sólo políticamente, dados los vínculos del gobierno del presidente Morales con el de Hugo Chávez. Nos toca también un nervio que Bolivia no ha conseguido proteger: energía. De Venezuela llega alrededor de la mitad del diesel que consumimos (500 millones Lt/ año), que es vendido al consumidor a un precio que subsidia el estado desde hace casi dos décadas. Las condiciones parecen inmejorables, pues no se conoce públicamente dónde se registran los pagos, o el endeudamiento, por ese diesel. Más aún: el consumo de carburantes este año estará más alto que nunca. El subsidio entre lo que pagamos al importarlos y lo que obtenemos al venderlos será de unos $400 millones, suma menor que los $550 de 2008 pero gigantes para un país que necesita gastar dinero en muchas necesidades ineludibles (salud, educación, vivienda, carreteras). Para comparar, con el dinero de los subsidios a la energía este año podríamos financiar nosotros mismos la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos (en construcción con un crédito de Brasil) y de yapa construir unas 2.300 escuelas.

 La manera de cuidarnos es el autoabastecimiento. Es una verdad de Perogrullo subrayar que un país sin energía se paraliza (“se nos muere”, para citar la expresión con la que se erigió el “neoliberalismo”). Pero es muy poco lo avanzado para llegar a la meta. Estamos peor que antes. Al descender la producción de gas natural, porque los campos no pueden producir y porque no hay inversiones para explotar mejor los actuales ni rescatar los que han dejado de producir, menos aún para descubrir nuevos, disminuye nuestra capacidad productora de gasolina, que ya importamos.

No es mucho lo que podemos esperar este año. El plan quinquenal de YPFB habla de la perforación de cuatro pozos, cantidad ínfima respecto al promedio de 52 anuales que la empresa realizó en el decenio 1960-1969. Un pozo es una rutina en un país petrolero. En el nuestro –que no es petrolero- perforar es fiesta con ceremonias a la que van líderes nacionales.

El 10 de enero, YPFB emitió un aviso publicado en El Deber. Era una convocatoria para designar al  gerente nacional de explotación y exploración. A esa gerencia le habría correspondido elaborar el plan quinquenal que se quiere aplicar, con inversiones de casi $7.900 millones. Un ingeniero con mucho camino en la industria petrolera me dijo: Es un aviso que inquieta. Es como si alguien que está rumbo a la clínica para una cirugía cardíaca lee en el periódico que la clínica está buscando un cirujano cardiólogo jefe, que estaría a cargo de la cirugía…