FARC

Chávez en retro

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Uno de las mayores metidas de pata diplomáticas en la década ha sido la ruptura de relaciones diplomáticas entre Venezuela y Colombia dispuesta por el presidente Hugo Chávez.

La semana pasada el presidente venezolano corrió a Santa Marta, hasta la quinta San Pedro Alejandrino, donde murió Bolívar, y con la simbología que rodea al lugar, tuvo torrentes de palabras sobre la hermandad entre las dos naciones  y abrazó efusivamente a su colega  Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa del ahora ex presidente Álvaro Uribe.

Chávez había dicho, durante la campaña electoral colombiana, que votar por Santos era votar por la guerra. Esta oposición al dirigente con quien el martes se reunió fue sólo uno más de los frecuentes traspiés ocurridos en las relaciones  bilaterales, por la simpatía de Chávez hacia las FARC. Santos, que era el candidato de Uribe, ganó abrumadoramente.

Cuando Uribe denunció ante la OEA que el gobierno venezolano cobijaba a las FARC y Caracas rompió relaciones, Santos fue la única esperanza de la que Chávez pudo aferrarse para detener el salto al vacío que acababa de dar. Los documentos, votos y videos presentados por el gobierno de Uribe ante la OEA parecían haber agarrado al dirigente venezolano con los pantalones debajo de las rodillas. Según Colombia, tenía coordenadas satelitales y otros elementos que confirmaban que  grupos de las FARC estaban cobijados en Venezuela.

Al presidente Chávez se le pueden endilgar muchos calificativos pero no el de tonto. Percibió el avispero que zumbaba a su alrededor y convocó a las FARC a integrarse a la vida política normal y combatir con las armas de la democracia: el voto ciudadano. En uno de sus programas televisivos las desahució. “No tienen futuro por las armas”, dijo. “Esa guerrilla debería manifestarse por (la vía de) la paz, pero con demostraciones contundentes. Por ejemplo, que liberen a todos los secuestrados.”

Chávez sabe que liberar a los secuestrados es quitar a las FARC la red que une a sus casi 8.000 combatientes. Liberar a sus cientos de secuestrados, es como quitar el oxígeno al paciente. Es una eutanasia. Los guerrilleros deben haberse preguntado: “Y ¿para eso hemos estado en la selva más de 40 años combatiendo a un sistema al que ahora nos sumaríamos?

No han respondido al llamado de Chávez, pero saben que han perdido a un aliado. Gol contra las FARC.

Al restablecer relaciones, Chávez ha reabierto el único acceso de Venezuela hacia los países andinos. Por Brasil es difícil: la región amazónica brasileña todavía carece de infraestructura y es una región extensa y despoblada. El comercio occidental más dinámico de Venezuela pasa por Colombia.  Y las perspectivas de integración energética con Brasil se diluyeron al diluirse el proyecto para una refinería en el noreste, que iba a procesar 200.000 barriles diarios de crudo pesado venezolano.

Otra gaffe ocurrió cuando el mundo se afanaba por liberar a Ingrid Betancourt de las FARC quela tenían años secuestrada. Chávez fue hasta un lugar donde las FARC entregarían a su víctima. En vano. La solución vino después, cuando la propia Colombia, en una arriesgada acción militar, la arrancó de las  FARC.

Un traspié menor lo tuvo Bolivia, que declaró su simpatía por Chávez en la disputa con Uribe. Con el restablecimiento de relaciones entre esos dos países ahora estará obligada a contorsiones diplomáticas que le ayuden a salvar la cara. La lengua (hablar demasiado) es el castigo del cuerpo.

Evo y las FARC

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 El Presidente Evo Morales ha puesto en entredicho sus relaciones con el presidente Hugo Chávez, el vecino amigo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que desde hace más de 40 años protagoniza una guerrilla en la espesura colombiana. Quizá sin medir consecuencias políticas, el mandatario boliviano dijo que las FARC son “el mejor instrumento del imperio” pues la campaña que desarrollan desde Colombia es el pretexto para justificar la presencia de Estados Unidos en las bases militares colombianas.

Según La Prensa, de La Paz, Morales dijo que esperaba que ese movimiento armado “pueda hacer una profunda reflexión”.  Y agregó: “Lamento mucho decirlo: es el mejor instrumento del imperio en este momento”.  “Las FARC pareciese que son el mejor instrumento del imperio y con ese pretexto vienen militares de Estados Unidos a Colombia”.

Uno no puede apartar la sospecha de que algo ha ocurrido. ¿Será que el presidente Morales ha roto con Chávez? No es probable. ¿Por qué, entonces, su ataque a las FARC? Decirle a la guerrilla colombiana que es un instrumento de Estados Unidos equivale a decir que el gobierno boliviano es un instrumento de Alan García. La lógica no permite esa combinación de agua y aceite.

Es un “oximoron”, dirían los anglosajones. ¿Y entonces?  Un amigo que sigue de cerca los circunloquios del presidente me dice que tal vez la respuesta sea muy sencilla: habló sin conocer gran cosa del tema y sin medir consecuencias que, si las hubiere, podrían manifestarse este fin de semana en la reunión de Unasur en Argentina. La lengua es, efectivamente, un castigo para el cuerpo. Manuel Marulanda (Tirofijo), el fundador de las FARC que murio el ano pasado, debe estar revolviéndose en su tumba.

Es interesante anotar que el gobierno boliviano ha encontrado por primera vez un enemigo que compartir con el que el presidente Morales llama “el imperio”. Pues ha ocurrido lo inesperado: Bolivia y “el imperio” comparten la misma esquina del cuadrilátero, y ambos están frente a la esquina en la que esta posicionado Chávez. Es una coincidencia nada deleznable!