Economia

Frente a las heridas

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En medio de  incidentes provocados por descontentos con las tendencias de las circunscripciones electorales, continuaba este fin de semana el conteo de votos con una premisa aceptada claramente por todos: el  partido de gobierno perdió y sus autoridades deben trabajar inclusive con candidatos que no querían ver como vencedores. La incertidumbre que cubrió los resultados para la gobernación de Beni fue un coletazo de la decisión inédita de la Corte Electoral de anular de un plumazo al principal partido de oposición y a todos sus candidatos.

Todavía ruborizado por la magnitud de su decisión, el TDE beniano caminaba como sobre campo minado antes de contar cada voto del millar de las comunidades del Tipnis que aún faltaba.  El resultado anunciado al mediodía del viernes dejó una amplia sensación victoriosa, en especial para el candidato marginado Ernesto Suárez y el nuevo delfín de su partido Carlos Dellien. Ambos lograron la hazaña del desempate en una de las campañas electorales  más controvertidas y más exiguas de la historia: sólo en un par de días o “en cuatro horas efectivas”, según Suárez.   Al candidato gubernamental Alex Ferrier le faltó menos del 0,5% para una victoria plena que evite el desempate.

El mensaje venido de Chuquisaca no era claro este fin de semana, pues el resultado final deberá esperar hasta el domingo que viene, cuando el tribunal departamental habrá decidido sobre una excepción del MAS, renuente a aceptar la posibilidad de una segunda vuelta para  gobernar el departamento.

Aún espera la mano tendida de Soledad Chapetón al Primer Mandatario desde que su victoria se volvió inobjetable. El viernes, la alcaldesa electa deleitó a la audiencia de los principales canales televisivos exhibiendo modos sencillos e ideas claras y bien articuladas, en una lección nacional de lo que produce el empeño por una mejor educación, aun bajo las privaciones comunes a muchos hogares bolivianos.

Por lo general, las victorias tienen muchos padres mientras que las derrotas suelen ser huérfanas. El Alto era considerado por el MAS como su propia casa y la derrota en el mayor municipio de todo el altiplano encontró sólo dos explicaciones oficiales. La primera fue un error causante de gran confusión, pues partía de la creencia que la derrota habría resultado del machismo de los alteños. La explicación no reparaba que quien venció es mujer.  La segunda fue otro traspié, al responsabilizar de la derrota a la corrupción, sin ofrecer mayores especificaciones y sin aclarar por qué la admisión fue tan tardía.

En la pugna por la alcaldía de Cobija, el triunfo de Luis Gatty Ribeiro, por Pando Unido y Digno,  ha sido también un logro notable, en un departamento donde la presencia del gobierno ha sido indisputada todos estos años. De la otra esquina, Iván Canelas, del MAS, ganó la gobernación de Cochabamba con holgura. Pero el partido de gobierno perdió la lucha por alcaldía, que ganó  José Maria Ley, del Movimiento Democrático Social, el partido emergente fundado por Rubén Costas. Sólo en Potosí el partido de gobierno pudo ganar la gobernación y la alcaldía de la capital. En Oruro también tuvo que dividir honores.

Mientras son aguardados los resultados finales de estas elecciones toma vigor la pregunta sobre si el ciclo político que empezó a delinearse hace más de una década sobre la región latinoamericana ahora empieza a declinar.

Son visibles las manifestaciones de inconformidad  en países regidos por corrientes de signo político similar a la que rige en Bolivia. En el vecino Brasil las señales que ensombrecen al gobierno del PT son fuertes. La presidente Dilma Rousseff tiene el nivel de aprobación más escuálido bajo el PT: 12% de acuerdo a una de las más recientes encuestas, en línea con la debilidad de su economía. Los fenómenos económicos suelen expresarse como en dominó: el movimiento de una pieza condiciona a la siguiente.  En Argentina, la contracción del PIB puede llegar  este año del 1,3%, lejos del 7% que se asoma en Venezuela pero gigante para el vecindario de Bolivia.

A las nuevas autoridades les tocará administrar gobernaciones y municipios en una época de austeridad, un adjetivo repasado con poca frecuencia en los últimos tiempos.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Los subsidios en la picota

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Una alta autoridad del Banco Mundial puso esta semana el dedo en una llaga extendida en Bolivia al cabo de más de 20 años de vigencia inalterada: la subvención a los carburantes. Si las cifras manejadas  públicamente son correctas, este año las arcas del tesoro deberán emplear 658 millones de dólares en subsidiar el combustible consumido en el país. Cuánto de esa suma no retorna al estado y se pierde irremediablemente no está claro, pues no existe un detalle oficial de lo que se gasta en importaciones ni de cuánto se recupera cuando el combustible es vendido al consumidor.

El alerta fue  expresado por Jorge Familiar, vicepresidente de ese organismo para América Latina, cuando acababa de firmar un acuerdo por un préstamo de 200 millones de dólares a Bolivia.  La caída de los precios del petróleo, subrayó el funcionario, es  “una oportunidad para revisar subsidios relacionados con hidrocarburos” en todos los países donde se los aplica. En el contexto de muchas falencias que afectan al país, la declaración de Familiar tiene sentido.

Supongamos que de aquella suma se recuperase la  mitad. Quedarían aún 329 millones de dólares gastados en un subsidio que exhibe derroche de los recursos públicos. La suma es holgadamente mayor a la prestada por el Banco Mundial.

Por definición, los subsidios deben ser temporales. En nuestro caso, que hace que llenar de diesel o de gasolina el tanque de los vehículos cueste la mitad o un tercio de lo que se pagaría en países vecinos, parece permanente pues se ha vuelto un fenómeno que las autoridades han  tenido temor de alterar. No  hay datos confiables sobre el daño que causa el contrabando, pero una mirada a las calles atiborradas de automóviles y camiones en cualquier ciudad del país, muestra la  magnitud del derroche y, de paso, los daños al ambiente. La última vez que se intentó, a fines de 2010, el gobierno rápidamente retrocedió y canceló  el decreto que equilibraba los precios con los vigentes entre nuestros vecinos.

Sólo con fines de comparación y para mostrar la magnitud del dinero que se va en subsidios, lo gastado en sostener los precios de los carburantes en cualquiera de los últimos cinco años habría sido suficiente para formar miles de profesionales de primer nivel. Si asignamos un costo arbitrario de 100.000 dólares por profesional en cinco años, lo que habrá de gastarse este año daría para costear la carrera de más de 3.000 jóvenes. Lo mismo puede decirse de lo que cientos de millones de dólares pueden representar para el país si se los invirtiese en salud, en carreteras (todas las regiones alejadas del eje central La Paz-Cochabamba-Santa Cruz quedarían conectadas) y en su buen mantenimiento, o en redes eléctricas y agua potable. Responsable y honestamente administrados, esos recursos ayudarían a mudar la faz del país.

No es fácil eliminar subsidios. Que lo diga Venezuela, que la última vez que un gobierno intentó hacerlo estuvo muy cerca de morir en el intento, hace 26 años. Con la desvalorización precipitada del bolívar, el valor de un dólar en el mercado negro en estos días (casi 40 veces el del mercado oficial para algunas importaciones) daría para comprar tanta gasolina como la que emplearía un Hummer en un viaje La Paz-Santa Cruz y quizá con alguna extensión.  Cambiar los precios, sin embargo, sería lo último que el gobierno de Nicolás Maduro haría o, según sus opositores, lo último que podría hacer.

El presidente Morales ha insinuado que le agradaría suprimir el subsidio. No ha tenido mayor eco. Pero la declaración del funcionario internacional puede traer el tema nuevamente al debate, especialmente cuando se diluye a ritmo acelerado la holgura financiera de  los últimos años.

El freno de la ballena

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No fue casualidad que las noticias llegaran casi simultáneamente. El valor de las exportaciones bolivianas sufría una baja de un 22% en enero en comparación con el mismo mes del año pasado y el grueso del declive tenía un nombre: hidrocarburos. La otra esquina noticiosa anunciaba que la inflación en Brasil rompía las metas anualizadas y llegaba al 7,7% en febrero (el límite oficial es 6,5%). El porcentaje era comparado con el 5,49% de Bolivia y el 3,07% de México.
La onda inflacionaria llevó al Banco Central a elevar las tasas básicas de interés al 12,75%, lo que volvió a colocarlas entre las más elevadas del mundo. La medida amenazaba esta semana con volverse un boomerang, pues afectaba también a la deuda interna y externa del país.
En línea con la economía que este año se encamina a una contracción, el real se depreciaba a niveles no vistos en una década y la presidente Dilma Rousseff continuaba acosada por el escándalo de sobornos y sobreprecios en Petrobras, la empresa bandera brasileña. Todos los países en desarrollo, incluso aquellos inmersos en una industrialización masiva y diversificada como China y Brasil, están en aprietos con el que asoma como el final de un ciclo en la economía mundial.
Las cifras y porcentajes del comercio exterior boliviano divulgados por el Instituto Nacional de Estadísticas trajeron un dato a tomar especialmente en cuenta. Las ventas de hidrocarburos (gas natural) cayeron de 568 millones de dólares en enero de 2014 a 385 millones de dólares un año después. La diferencia de 183 millones de dólares en solo un mes muestra el impacto sobre nuestra economía del descenso de los precios petroleros, que en menos de seis meses bajaron a la mitad.
El tamaño de la economía brasileña, una de las siete más grandes del mundo, hace que sus afanes repercutan por todo el continente. Para Argentina, de lejos el mayor socio comercial de Brasil en la región, la estabilidad económica brasileña es esencial. Lo mismo vale al revés, pues las exportaciones brasileñas se desequilibran con el interminable malestar económico y político de su vecino y puntal de Mercosur. Debido a una política de largo aliento para diversificar exportaciones y mercados, Chile es el vecino que menos sufre con la contracción económica del gigante continental. Uruguay tiene un paraguas para la tormenta representado por su comercio con la Unión Europea. Colombia y Perú tienen sus dificultades amortiguadas resultado de su pertenencia a la Alianza del Pacífico. Paraguay también observa preocupado las dificultades de su vecino, que representa casi un cuarto de todo su intercambio comercial. Venezuela es historia separada de una frustración interminable de oportunidades.
Con una economía mayor a los dos billones de dólares (doce ceros) y un ingreso per cápita de 10.000 dólares anuales, lo que ocurre estos días en el vecino país evoca una frase célebre de Richard Nixon: Por donde vaya Brasil, por ahí irá América Latina.
Cuando a mediados de la década de 1990 nuestro vecino vivía uno de sus ciclos económicos positivos esperanzadores, con políticas de mejor distribución del ingreso y fuertes inversiones del estado en toda su geografía, los críticos comparaban ese crecimiento con el que se daba en los “tigres asiáticos” (Hong Kong, Singapur, Taiwán y Corea del Sur). “Brasil, replicó el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso, no puede ser un tigre ni correr como tal. Es una ballena”. Aludía a la dimensión continental de su país. El ritmo decreciente que registra en estos meses la economía brasileña pone a prueba la capacidad de la ballena de frenar su deslizamiento o de dar marcha atrás.

Sobre extranjeros y aguinaldos

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La sensación de holgura financiera que exhibe el gobierno se ha vuelto a manifestar con una orden que pocos países podrian soportar: pagar un sueldo mensual extraordinario a todos los asalariados este fin de año. Esa sensación apoya la creencia de que Bolivia es suficientemente fuerte como para sustraerse de los efectos de la contracción (Argentina) y recesión (en Brasil) de sus mercados de exportación de gas natural. En medio de esa convicción optimista de las autoridades, ha surgido la voz de la Iglesia Católica sobre las dificultades de muchas de sus obras para pagar el nuevo salario.

Los beneficiarios de esas obras expresadas en escuelas, hospitales, enfermería y gran variedad de servicios asistenciales en todo el país suman decenas de miles que, de otra manera, tendrían que recibir atención del estado. Si éste puede pagar 14 salarios o más, es suresponsabilidad adminisgtrar los recursos que pertenecen a todos los bolivianos, pero no debe obligar a todos a hacer lo mismo o pretender que la jauja alcanza a todos y que todos pueden realizar el mismo esfuerzo. Así como suben, los precios de las exportaciones pueden bajar y no es sensato decir “yo no me mojaré cuando llegue la lluvia”.

La pobreza que afecta a gran parte de la población sólo encontrará alivio permanente con la generación de empleo establey sueldos dignos, desafios mayores de todo país en desarrollo. Un estudio serio podría decir cuántas empresas privadas, pequeñas y medianas, pueden pagar el nuevo aguinaldo sin que el desembolso represente un tiro en la propia pierna.

A la orden que ha puesto un jaque financiero a obras de la Iglesia se ha sumado la exigencia de un legislador oficial de que todos los obispos en Bolivia sean bolivianos. Desde que Lucy emigró del lago Victoria hace dos millones de años en el largo sendero de la evolución, la humanidad camina en dirección diferente a toda forma de xenofobia. Bajo el criterio del legislador, el Papa Jorge Mario Bergoglio no habría llegado a ser obispo de Buenos Aires. La idea no tiene sustento y resultaría peligrosa de ser, siquiera en hipótesis negada de antemano, aplicada a otros ámbitos, al político, por ejemplo. Una mirada al mundo, inmediato o más allá de nuestras fronteras, lo haría sonrojar.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

No es cheque en blanco

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El triunfo logrado por el presidente Morales el domingo ha sido demostrativo del poder impresionante que él y su partido ejercen sobre casi todo el territorio nacional, en uno de los momentos de mayor afluencia económica para el país y de menor sintonía de los partidos políticos opositores con las necesidades y aspiraciones de gran parte de la población.
De nueve años en el gobierno, ni uno solo ha sido de angustias económicas, lo que también explica la sintonía del presidente con la mayoría de la población. Todos estos años han sido de “vacas gordas” que facilitaron los esfuerzos distributivos emprendidos bajo la bandera de un gobierno marcadamente anticapitalista en la retórica y fuertemente capitalista en sus relaciones con los empresarios nacionales.
La prueba para administrar una economía sin holguras parece haber comenzado a tocar las puertas. Una mirada a algunos de nuestros vecinos permite atisbar tormentas.
Tras dos trimestres de recesión, el crecimiento económico de Brasil, nuestro principal socio comercial, será del 0,2 a 0,3 por ciento para todo el año. No hay mejorías significativas para 2015.
En los nueve primeros meses del año, la economía argentina se encogió en un 2%. Es un proceso recesivo que no tiene signos de amainar, salvo un acuerdo con los fondos especulativos que se negaron a aceptar una disminución del valor de los bonos que compraron años atrás. Nada indica que esté próximo que involucraría el pago de miles de millones de dólares. Entretanto, la escasez de dólares continua y el valor de la divisa estadounidense llega a niveles récord en el mercado paralelo. Cristina Kirchner no cuenta más para las elecciones presidenciales y luce probable un nuevo gobierno menos afín con tendencias populistas.
Venezuela es el caso más dramático. Con una oposición temporalmente calma y la producción petrolera en declive (antes de la llegada de Hugo Chávez se preveía llegar a 5,5 millones de barriles diarios y ahora, sin estadísticas oficiales, se la estima en 2,4 millones de barriles diarios), sólo parece cuestión de tiempo para la llegada de una nueva ola de inestabilidad. El país empieza a importar petroleo liviano del Medio Oriente, un giro sin precedentes desde que el país surgió como exportador en la primera mitad del siglo pasado. Está obligado a hacerlo por el agotamiento de los campos de donde surge el crudo liviano que mezcla con crudo pesado para lograr un fluido adecuado para sus refinerías.
Fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Venezuela no tiene la influencia que ostentaba. Hace poco, no recibió mayor simpatía de sus socios una gestión para reunir de emergencia a los ministros de petróleo del grupo y discutir una posible reducción de la producción para contener la caída de precios. Arabia Saudita, el país exportador líder de la OPEP, tiene memoria de la crisis de precios de hace 30 años, cuando redujo drásticamente su producción sin lograr reponer las cotizaciones. Los sauditas perdieron mercado para el petróleo del Mar del Norte. De bajar la producción, temen consolidar y ampliar las perspectivas del gas que Estados Unidos obtiene de los esquistos bituminosos (shale gas) y que empieza a exportar. Si interéses defender mercados, no precios.
Si la cotización del petróleo se coloca 70 y 80 dólares el barril, la factura boliviana podría bajar en cientos de millones de dólares respecto a los valores recibidos en el último bienio. Se agrega a esta situación a la de otros productos que exportamos (soya y minerales) y la combinación se vuelve aún más desagradable.
Es comprensible que el Presidente del Banco Central, Marcelo Zabalaga, hubiese afirmado que la caída de precios no tendrá efectos en Bolivia. Ninguna autoridad monetaria habría dicho lo contrario. Pero es necesario estar alertas. Las ofertas antes de las elecciones fueron abultadas y de las urnas ha salido un veredicto. Resultado del horizonte que muestra a nuestros vecinos en crisis, el veredicto no es un cheque en blanco aunque algunos dirigentes crean la fiesta sigue.

Crónica parcial de una visita

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Precedido de la inusitada publicidad que le concedieron las máximas autoridades del gobierno, el mayor libre-pensante latinoamericano cautivó a su audiencia al proyectar en sus palabras el encanto del “realismo mágico” y concentró la atención oficialista al fustigar al neopopulismo que abrazan países como Bolivia y Venezuela y calificarlo como modelo incapaz de extraer de la pobreza a ninguna sociedad. El Nobel Mario Vargas Llosa tuvo un pasaje soberbio y tranquilo por Santa Cruz antes de dirigirse a las Misiones de Chiquitos para completar su gira más exitosa por Bolivia.
Seguro y convincente, el escritor habló sin reticencias sobre la literatura y sobre la amenaza que representa la tendencia de conferir a los actos de cultura las características de un espectáculo y un entretenimiento frívolo, tema de uno de sus más recientes ensayos. Y advirtió que un mundo sin literatura sería un mundo de autómatas fácilmente manipulables, ideal para las tendencias autocráticas y totalitarias. De ahí construyó una defensa monumental de la lectura a partir de su propia experiencia de niño y adolescente que en la lectura y de la mano de grandes autores encontró progresivamente su camino de escritor.
Coincidentemente, en estos días se debate en Japón un proyecto para reformar la educación y relanzarla adecuada al nuevo siglo. Entre otras propuestas, el proyecto, que abarca toda la educación preuniversitaria (12 años), sugiere que los estudiantes deban leer un mínimo de 52 libros anuales (uno por semana), hablar cuatro lenguas (inglés, castellano y francés además del japonés), conocer cuatro culturas (japonesa, anglo-americana, china y española) y cuatro religiones, todo como base para adquirir una mentalidad universal, liberada de chauvinismos y prejuicios. En otras latitudes, donde se proclama desdén por la educación superior y algunos confiesan que adquirieron conocimiento a través una misteriosa lectura en las arrugas de sus abuelos, sería interesante conocer opiniones sobre ese proyecto.
Pocas veces ha habido en Santa Cruz –y en Bolivia- una disertación de la calidad que tuvo el primer coloquio del Nobel, anticipo de lo que vendría en sus actividades públicas a lo largo de la semana. Traído por la Fundación Nueva Democracia, en las presentaciones del escritor no tuvieron mayor relieve las descalificaciones erráticas que durante días formularon las más altas autoridades y dirigentes del gobierno. Vargas Llosa dijo enfáticamente que no había venido a Santa Cruz “para hablar contra Evo”, como había denunciado el Primer Mandatario, y que ni siquiera sabía quiénes eran los líderes de la oposición boliviana. Tampoco hizo eco a quienes hablaron de su derrota política, cuando candidateó a la presidencia en la década de 1990.
Interrumpida por aplausos al menos tres veces, la exposición de 80 minutos confirmó la maestría del escritor para construir oralmente frases y oraciones de manera gramaticalmente correcta, en una cadena que volvía imprescindible cada párrafo precedente. Las transcripciones completas de la disertación, en audio o en alguna versión escrita, ciertamente serán piezas de valor que, los que gustan de buena lectura y de buenas conferencias, sabrán apreciar. Es posible, también, que contribuyan a apuntalar la idea de que no es bueno abrazar las supuestas bondades de la oscuridad en la que yace la ignorancia.

El rugido interior del dragón

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Todo el mundo admira el crecimiento espectacular de China, el gigante sobre el cual se atribuye a Napoleón Bonaparte, quizá incorrectamente, haber dicho que cuando despertase haría temblar al mundo. Más que temblores, China causa asombro por su rápido crecimiento, de tasas anuales del 10 o más por ciento, que le han permitido multiplicar su producto interno en pocos años y desplazar a países que se creía que fuesen fortalezas económicas: Inglaterra, Francia, Alemania, Japón. Todos perdieron posiciones para el gigante amarillo. Y ahora, desde principios de principios del 2011 que acaba de irse, es la segunda. Se cree que no es exagerado pensar que en diez años, o tal vez menos, sobrepasará a Estados Unidos.

Dos preguntas asaltan a los analistas: 1) ¿Tendrá China la habilidad de inventar necesidades, de crear gran parte de los artefactos patentados a diario en Estados Unidos y colocarse adelante en la capacidad de innovación? 2) ¿Qué pasará si el interior del gigante también despierta? Para  la primera pregunta ya hay una respuesta: hace pocos días cundió la noticia de que China registró en 2011 más innovaciones que Estados Unidos. Algunos escépticos subrayan que  una cosa es patentar y otra producir con calidad. Pero así fue también hace un par de décadas, cuando la calidad de los productos chinos era vista con un recelo que poco a poco ha ido desapareciendo. Ahora, su meta es diseñar y producir en China en la misma magnitud en que produce y vende al mercado mundial.  Para la segunda, hay una gran interrogante. Si  China asombra por su desarrollo industrial, también asombra por las brechas inmensas entre los que tienen y los que no tienen. Poco se habla de los cientos de millones (400, según una reciente información en The New York Times), de salarios miserables y niveles de subsistencia que están en la base del desarrollo industrial chino y de su capacidad para conquistar mercados vendiendo barato. Un ejemplo: Hace unos 25 anos, una camisa “social” costaba unos 45 dólares. Pocos años después, gracias al libre mercado y a la escala de producción china, una camisa similar costaba 18 dólares.  La masa humana que está en la primera escala del sorprendente crecimiento chino equivale a más de dos veces la población de nuestro vecino gigante Brasil, o unas cuarenta veces la de Bolivia.

Hace algunas semanas, las tensiones entre la China próspera de la costa y la atrasada del interior se manifestaron en el pueblo pesquero de Wukan, no muy distante de la región moderna. Los habitantes de Wukan salieron  a protestar e hicieron noticia en todo el mundo por sus reclamos contra los emprendimientos urbanísticos que reducen sus áreas exiguas de cultivo. Cuatrocientas hectáreas habían sido cedidas a una empresa pesquera para  un criadero de peces y mariscos, con lo que el área de sobrevivencia de los habitantes de la región se reducía aún más. El gobierno ha intervenido a favor de los agro-pescadores, pero hay que subrayar un dato revelador: ocho de cada diez millonarios chinos hicieron fortuna en la construcción urbana. Incidentes como los de Wukan se repiten continuamente en la China rural. Estimaciones  independientes mencionan unas 10.000 protestas por año, muchas de ellas provocadas por proyectos inmobiliarios que reducen las áreas de cultivo.

China es un gigante industrial. Pero sus bases aún son frágiles. Y si esas bases no son fortalecidas, el rugido de su interior también se sentirá por todo el planeta.

Acelerar en contra-ruta

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En estos días, y en menos de  una semana, el país debió digerir noticias contradictorias que cuando menos causaron perplejidad: Primero, el presidente Morales dejó entrever que el gobierno se disponía a replantear su propósito de “equilibrar” los precios de los combustibles, casi un año después de su decreto que casi duplicaba el valor de la gasolina, el diesel y otros carburantes. Y, en seguida, el propio gobierno desmentía  lo que muchos entendieron como un pre-anuncio de aumentos graduales para la gasolina y otros combustibles e interpretaba las declaraciones afirmando que más bien no está previsto ningún aumento.

Estamos ante un ejemplo más de la temporalidad de las decisiones de la que tanto gustan los marxistas radicales. Revolución permanente, dicen, sin reparar que eso también acaba con la permanencia de la revolución. Total, todo va en beneficio de la revolución, aunque para ello haya que extinguirla.

El presidente había tenido una frase de la que los medios extrajeron la conclusión (¿qué otra cosa podía deducirse?): “Cómo combatir el contrabando hormiga de los carburantes en las fronteras, que ocasiona un gran daño al país; este debate lo llevaremos al diálogo nacional para que puedan opinar los distintos sectores sociales…Nuestra obligación es informar de forma sincera y transparente…” La cita que dieron los medios continuaba: “En las reuniones que tuve en los departamentos con las organizaciones sociales, me decían: ‘Estamos de acuerdo, pero ¿por qué no nos han informado? (sobre los daños resultantes del costo de los subsidios)  Estamos de acuerdo…(pero) esto tiene que ser gradual”.

La conclusión de todos los que lo escucharon fue que el mandatario insiste en acabar o reducir drásticamente los subsidios que este año pueden costarle al  país más de 700 millones de dólares (el costo para  construir miles de escuelas completamente equipadas). Esta vez, lo haría “consultando” a los llamados “sectores sociales”, o “socializando” (este término eufemístico que  quiere decir “debatiendo”) la medida.  Pero como la iniciativa murió al nacer, el desmentido equivaldría a decir que durante gran parte de diciembre el presidente sería un conferencista sobre los estragos que causan los subsidios en la economía boliviana.

El anuncio original, sin embargo, fue sólo la manifestación de una señal amarilla que hace tiempo está encendida sobre el estado de la economía, que perdió el mejor cuarto de hora de los altos precios de las materias primas y la oportunidad de industrializar productos que exportamos. Esa luz se encendió para los combustibles desde que se secaron las inversiones para el sector, a partir de las medidas de 2006. Y desde entonces hemos vivido con lo descubierto hasta entonces.

Reconocer un malestar no significa enfrentarlo avisando a todos cómo se propone curarlo. La forma en que se inicia este debate es un salto de equilibrista y podría anunciar un fin de año inquieto. No será ninguna sorpresa si el anuncio presidencial ya ha activado el mecanismo multiplicador de precios. No se sorprendan de encontrar colas de vehículos que quieren llenar sus tanques de combustible en los surtidores de gasolina.

Con la economía no se juega, menos con el bolsillo de la gente. Un profesor  premio Nobel de economía se jactaba frecuentemente en mis años académicos de la candidez de los periodistas que creyeron al ministro de hacienda británico quien, allá por los años de 1970, salía de una reunión con el primer ministro y declaraba enfáticamente que la libra esterlina no sería devaluada.  El ministro, sin embargo, estaba cruzando la calle para ir a su despacho y firmar la resolución que devaluaría la libra. Sólo 10 minutos después de su terminante declaración. ¿Alguien podrá decírselo al Sr. Presidente?

Después de afirmar que no habrá “nivelación” de precios de los carburantes, las autoridades han dicho que el asunto sólo será discutido con los “sectores sociales”.  Esta discusión sería sólo un trabajo de auscultar opiniones. Es como decir: “Les informaremos sobre la gravedad del enfermo. Y les diremos que sólo una cirugía puede salvarlo.” El nombre de la cirugía es remover subsidios y sincerar la economía. Después he leído que entre esos sectores, sólo el de las llamadas “Bartolinas” estaría de acuerdo. El resto dice que no, y si tiene alguna simpatía –si puede haberla- con el aumento, es una simpatía muy reservada.

Economía de Brasil sobrepasa a la inglesa

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Debido a la crisis que ha afectado de manera particularmente fuerte a los países europeos, Brasil pasará este año a tener la sexta economía el mundo, con un producto interno bruto  de 2,44 billones (12 ceros). La información viene de Folha de Sao Paulo, que se basa en proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unidad de Inteligencia de The Economist, la revista británica que lee la mayoría de los ejecutivos de todo el mundo.
Con ese volumen, Brasil deja atrás a Inglaterra, cuyo PIB (valor de todo lo producido en un año por un país,incluso sueldos, salarios, exportaciones, remesas, etc.) es calculado en 2,41 billones (12 ceros). El año pasado, Brasil había relegado a Italia del séptimo lugar en la economía mundial.
Brasil no es la única economía “emergente” en crecimiento. Su crecimiento económico es menor que el de otros países, como la India, que tomará el sexto lugar que ahora se asigna a Brasil, dentro de dos años. Empero, Brasil retomará el lugar en 2014, gracias a la Copa Mundial de Fútbol, y entonces le tocará caer a Francia, el tercer país europeo en hundirse en la clasificación sobrepasado por países emergentes. Se prevé que en 2020 tomará el lugar de Alemania.
Folha de S. Paulo dice que estas mudanza en las posiciones económicas de los países iban a ocurrir debido al rápido crecimiento de algunas economías que hasta hace poco eran denominadas periféricas. Pero el cambio fue acelerado por la crisis económica mundial, afectó primero a los Estados Unidos y ahora se abate sobre Europa.

Volumen,  sin embargo,no es calidad. La calidad de vida de los ingleses y de los franceses continuará muy por encima -distante- de la de los países frente a los que ahora pierden posiciones en el tamaño de sus productos internos. Un inglés o un francés tendra una calidad de vida varias veces superior a la de Brasil o a la de la India, resultado en gran parte de una mejor educación, que también los distancia de los “emergentes” en expectativa de vida. El mundo, de todas formas, se mueve hacia adelante. No hacia atrás.

¿Bolivia pre tsunami?

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Quien conduce los sábados y domingos en Santa Cruz seguramente ha reparado que algunas estaciones de servicio no ofrecen gasolina. “No nos reabastecen los viernes”, fue la respuesta que recibí en dos surtidores de la zona norte. Había sí gasolina en otros puestos, hacia el centro de la ciudad. Lo extraño es que, hasta hace poco, todos los surtidores estaban abastecidos.  Este es un síntoma cuyo significado sabrá interpretarlo quien quiera. Con subsidios anuales que bordean los 500 millones de dólares anuales para carburantes, es normal la alarma en el gobierno por ese gasto improductivo, agravado por la creciente demanda interna. No es necesario contar con estadísticas: basta ver cómo se congestionan las avenidas para darse cuenta de cómo ha aumentado el parque automotor.

Ahora empiezan a aflorar los resultados de una mala gestión en hidrocarburos. En las estaciones de servicio hay pocas luces nocturnas y otros signos que exhiben el deterioro de sus instalaciones, la tarjeta postal de la industria nacionalizada. Si esto ocurre en ciudades como La Paz y Santa Cruz, uno no quiere ni pensar en las demás. (Para determinar si no ocurre lo mismo en otras áreas, convendría ver el estado de las sedes y residencias diplomáticas bolivianas.)

A estas alturas deberíamos producir 72 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, y no los mismos 40 millones de hace cinco años. La necesidad de exhibir resultados llevó a YPFB a anunciar el “descubrimiento” de un campo hidrocarburífero, el de Aquio, al que se le atribuyó haber incrementado las reservas totales en un 30%. Parecería un resultado espectacular: Un solo pozo ya era capaz de aumentar las reservas en ese porcentaje.

El área está en la misma estructura geológica de Incahuasi, hasta ahora uno de nuestros principales campos gasíferos, y una de las decenas de estructuras “posibles”, susceptibles de contener  hidrocarburos ya desde 1995. Con el hallazgo de Aquio,  decía la publicidad oficial, las reservas subían de cerca de 10 billones de pies cúbicos a más de 12 billones p3. Eso está bien y es encomiable. Lo que nadie dice es que lo que se ha descubierto es que hay gas en un pozo de un área clasificada como “probable” desde 2004, el año en que se cuantificaba la potencialidad de Incahuasi luego de varios pozos perforados y el yacimiento se convertía en “probado”. El aumento propalado es una extrapolación, esperando que los volúmenes de ese pozo puedan resultar equivalentes en el resto del lugar. El pozo afianza la posibilidad de convertir a toda la estructura en área de reservas “probadas”, y sólo a partir entonces se podrá realizar una cuantificación. Es decir, en unos cuantos años. ¿Y entretanto? Entretanto, seguiremos produciendo básicamente lo mismo –o menos-, salvo inversiones intensivas que YPFB no tiene condiciones de ejecutar: 1.800 millones de dólares en las áreas probadas y 4.400 millones de dólares en las áreas probables. Cada año. ¿Capisci, caro publicista?

La propaganda puede hacer mucho, menos milagros. Durante meses escuchamos que las reservas monetarias estaban en niveles nunca alcanzados: más de 10.000 millones de dólares. Es cierto, pero jamás nos dijeron qué cantidad está comprometida. El repetir esa noción de abundancia sirvió para apuntalar las huelgas de las últimas semanas y para abrir brechas entre el gobierno y los trabajadores. Ahora, la COB es de derecha y pronto la Cruz del Sur estará al norte.