Ayuno

Suspendido el ayuno en Santa Cruz; continúa la movilización

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Cinco organizaciones de periodistas en Santa Cruz suscribieron este lunes un manifiesto en el que condenan toda manifestación de racismo o discriminación, proclaman vocación democrática   y declaran su decisión de conseguir un millón de firmas en todo el país para gestionar una iniciativa legislativa ciudadana que promueva una ley corta que derogue el artículo 16 y reforme 23de la ley contra el racismo y la discriminación.

El manifiesto de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, el Colegio de Comunicadores, la Asociación Nacional de la Prensa-Santa Cruz, la  Federación de Trabajadores de la Prensa y ASBORA-Santa Cruz fue conocido sólo horas después del anuncio de la suspensión de la huelga de hambre que se desarrolló durante más de dos semanas en la Plaza 24 de Septiembre de la capital cruceña.

El manifiesto propone a las autoridades del departamento declarar el 17 de octubre como el Día Departamental de la Libertad de Expresión, para conmemorar el movimiento contra los artículos controvertidos de aquella ley, firmada la semana pasada por  el presidente Evo Morales. También anuncia que acudirán a organismos internacionales si sus demandas no fuesen atendidas por el gobierno.

El ayuno, sin embargo, continuaba en otras ciudades. En Montero, a 50 kilómetros de Santa Cruz, la huelga de hambre persistía. En otras ciudades, los periodistas reafirmaban la continuidad del movimiento, el de mayor magnitud registrado en la historia nacional.

 

Muerte de un venezolano

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La muerte de Franklin Brito, un hacendado venezolano que desde hace ocho años protagonizaba protestas contra el régimen del presidente Hugo Chávez, ha generado una inquietud generalizada en muchos países que ven con ojos críticos y premonitorios el experimento de la Revolución Bolivariana instalado en Venezuela. Murió el 30 de agosto, de paro respiratorio, tras casi un mes de huelga de hambre. Había realizado ocho ayunos a lo largo de seis años e incluso se amputó dedo para dramatizar su protesta cuando el Instituto Nacional de Tierras decidió que sus tierras eran improductivas y se las confiscó. Brito negaba el cargo que había provocado la pérdida de sus tierras y aseguraba que sí eran productivas. Hubo denuncias que la confiscación no era sino una retaliación de un alcalde vecino en el estado costeño de Sucre, a quien Brito había acusado de corrupción. Después, el propio instituto dio marcha atrás y devolvió las tierras pero no las despejó de sus ocupantes. En presión para que los ocupantes abandonaran el lugar, Brito inició su último ayuno. La periodista Martha Colmenares escribió en su blog: “El productor agropecuario Franklin Brito tenía días que ya no respiraba por un pulmón. No se rindió, expuso su vida antes que claudicar en la conquista de sus peticiones, una lección para todos”.

Partidarios del gobierno criticaron cáusticamente las reacciones de la oposición a la muerte del hacendado, calificándolas de oportunistas. El acontecimiento ocurrió cuando el gobierno se prepara para  una una difícil prueba: el 26 de este mes tendrá que enfrentar un reto on las elecciones legislativas en las que los partidos opositores, que en la anterior elección se abstuvieron de participar y dieron carta blanca al gobierno, ahora sí estarán presentes. Y con un apoyo popular que, de acuerdo a casi todas las encuestas, le garantizaría una gruesa tajada de la Asamblea Legislativa.

Sobre la muerte de Brito, Teodoro Petkoff, un indoblegable crítico del gobierno de su país, pese a su proveniencia y continuada militancia de izquierda, ha escrito en su última entrega en el periódico Tal Cual, que él mismo dirige. Creo que es  una voz importante y la comparto con ustedes:
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Franklin Brito murió de inhumanidad; lo mató la insensibilidad. No pedía nada extraordinario sino un poco de atención y de respuesta para sus modestos requerimientos.

No era un político ni una figura pública de otro orden, cuya huelga de hambre hubiera podido movilizar a la opinión pública. Era apenas un venezolano del común, un pequeño agricultor que decidió jugarse la vida en nombre de un principio, en nombre de un derecho que consideró vulnerado por el gobierno de su país.

No defendía un latifundio ni una gran empresa; apenas si una pequeña propiedad agrícola, un terrón literalmente, que le fuera arrebatado arbitrariamente por el INTI, para entregarlo, al margen de toda disposición legal, a algún amigo de la “causa”. Pero ese terrenito era su vida, era lo que lo hacía sentirse ciudadano y, además, útil.

Porque era un productor, un hombre que le sacaba fruto a la tierra.

Murió abogando por su derecho a ser oído, a ser tratado como una persona. Era todo. Se lo pedía al Presidente porque ningún otro funcionario le prestó la atención debida. Pero el Presidente no tenía tiempo para ocuparse de lo que a sus ojos debía ser una insignificancia, una molestia a la cual no podía dedicar su precioso tiempo. Así que lo dejó morir. Su destino estaba sellado desde el comienzo.

Había tropezado con el sacrosanto “principio de autoridad” y frente a éste las angustias del ciudadano común no valen nada. Sobre todo, cuando ese principio no opera dentro del contexto de una sociedad democrática, donde la opinión pública puede hacer valer sus fueros. Cuando no existe un Parlamento que sirva de caja de resonancia para las preocupaciones ciudadanas, porque una mayoría abusadora impide cualquier debate que no plazca al Gran Capo, no hay manera de dar cauce institucional a lo que para una parte del pueblo es importante.

Cuando la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo son extensiones del Poder Ejecutivo y su capacidad de reacción está absolutamente condicionada por la voluntad del Amo, el ciudadano común se encuentra completamente indefenso, sobre todo si el Poder Supremo lo ubica en alguna de las categorías que sus partidarios tienen como obligación odiar o despreciar. Brito entraba en esta categoría.

La orden era tratarlo como una nada, como un loco, como un subhumano irrisorio. Y así lo trataban el Poder Supremo y sus paniaguados. Los medios, que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance, nos encontrábamos impotentes ante el macizo muro de sordera que el Capo Supremo mandó a construir en torno a Franklin Brito.

Pero su muerte ha perforado el muro de silencio. Nunca asumió poses de héroe. Más bien parco en el hablar, sólo insistía, con absoluta pertinencia y coherencia, hasta el final, en la defensa de su derecho violado.

Su batalla en solitario fue la de un hombre humilde y sencillo, que no podía blandir otra arma que la de su propia vida. La puso en juego con una determinación sobrehumana.

Nunca simuló ni montó shows. Simplemente, se dejó morir, casi calladamente, en nombre de algo tan abstracto pero tan poderoso como es el derecho a la vida en dignidad.

Llaneros solitarios

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El presidente del Comité pro Santa Cruz, Luis Nuñes, está en huelga  de hambre desde ayer miércoles, 31 de marzo,  para poner en evidencia su protesta contra las que denomina “políticas de amedrentamiento” aplicadas por el gobierno del presidente Evo Morales contra sus opositores, especialmente los dirigentes de Santa Cruz. Nuñez espera llamar la atención de toda la sociedad boliviana y de la comunidad internacional sobre el comportamiento del gobierno en materia de derechos humanos y la orfandad en la que dice ha quedado el sistema de justicia al haberse otorgado al mismo mandatario la facultad de designar jueces y magistrados interinos.  El dirigente cívico de 62 años, que cumple en las instalaciones del Comité Cívico el ayuno voluntario que se ha impuesto, ha puesto en marcha un gesto solitario que hasta anoche, cuando lo visité, no había recibido sino el apoyo de uno que otro amigo personal. “Los empresarios, en especial banqueros e industriales, creen que su silencio ante los atropellos del gobierno los excluirá de las políticas represivas que aplica. No es así. Y aquí, como Ud. ve, no hay ninguno de ellos. Sólo yo”, dijo, con cierto desaliento, aunque se lo veía de buen ánimo y dispuesto a continuar con el ayuno “mientras el cuerpo aguante”. Tomaba apenas unos sorbos de agua mientras muy cerca de él, en otro banquillo de uno de los salones abiertos delo Comité Cívico,  había un par de funcionarios de la entidad.

En Vallegrande, entretanto, un hermano del cardenal, Gerardo Terrazas, de 50 años, también decidió ingresar a  una protesta similar por las acusaciones que lanzó en su contra el fiscal Félix Peralta, quien el martes había leído una lista de personas y empresas que habrían recibido dinero de los gastos reservados de que disponían anteriores gobiernos. Gerardo es el menor de los 13 hermanos del cardenal y ha recibido respaldo de instituciones vallegrandinas, molestas con la acusación contra el ciudadano más ilustre de esa población. Es probable que la iniciativa del hermano del prelado hubiese sido desconocida por las autoridades eclesiásticas, pues la Iglesia Católica prohíbe la huelga de hambre por considerarla una tentativa de suicidio. En todo caso, la acción del fiscal generó tal desconcierto que fue alejado de la investigación del caso de los fondos reservados y ahora él mismo es investigado, pues sus declaraciones causaron un fuerte malestar entre los candidatos del MAS en estas elecciones municipales y de gobernadores. La acusación del fiscal exhibió una faceta anti-eclesiástica manifiesta en otras autoridades pero irremediablemente inoportuna en medio de una Semana Santa y cuando la población boliviana, mayoritariamente católica, (un 73% o más) se apresta a votar el domingo de Resurrección. Tal vez un reflejo del estado de ánimo creado por el fiscal fue la concentración disminuida que tuvo lugar el miércoles al anochecer con la que los candidatos a la alcaldía y Gobernación de Santa Cruz cerraron sus campañas para la elección del domingo. A eso se sumó la inasistencia del presidente Morales, quien vino a las 3pm, cuando el área de concentración, en la que reinaba un fuerte calor, como en toda la ciudad, estaba vacío. Optó por retornar a La Paz y participar en el cierre de campaña de los candidatos del MAS para la alcaldía y gobernación de ese departamento.

Huelga de hambre en Venezuela

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Iniciado por líderes estudiantiles en Caracas, reclamando la presencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para verificar que en Venezuela hay efectivamente detenidos políticos, el movimiento está en curso desde el jueves. Se desarrolla mayormente frente a la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en la capital venezolana. El domingo se sumaron cinco detenidos, con lo que el número de personas en ayunas puede llegar ya a decenas.  No hay una reacción oficial de la OEA, embrollada estos días con la crisis en Honduras (cuatro de cinco de sus diplomáticos enviados el fin de semana a Tegucigalpa, la capital del pais centroamericano, fueron detenidos y expulsados, en una muestra de eudurecimiento del gobierno interino de Roberto Micheletti, pues ahora tienen vedado el ingreso al pais centroamericano los diplomáticos de Espana, Mexico, Argentina y Venezuela). El movimiento de ayunadores configura una situación incomoda para el gobierno del presidente Hugo Chávez. La noticia la trae El Universal, de Caracas, y su texto completo puede ser leído aquí.