Asentamientos

A falta de pan…

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Como el presidente Evo Morales no quiere debatir, PAT tuvo una idea ingeniosa: que otros lo hagan por él. Y esta noche vimos a dos pesos pesados que asumieron la función de procurar ver a Morales y su gobierno y formular las preguntas que los mortales comunes se hacen respeto a él.  En un lado estuvo, desde Cochabamba, el ex alcalde (sustituto efímero de Manfred Reyes Villa) y ex sacerdote jesuita Rafael Puente, y uno –y quizá el principal- de los hacedores de Morales: Filemón Escobar. Puente nació en España pero es tan boliviano como la ch’anka cochabambina.  Y Escobar es un dirigente casi mitológico de las izquierdas bolivianas.

El programa resultó liviano y distraído, y una lucha tenaz entre un hombre de dogmas, como pareció Puente, y  el curtido minero Escobar, otrora tambien de dogmas, quien echó sobre contendor el mote de “stalinista” y lo marcó a la largo de toda el debate.  El programa consistía en presentar diversas facetas del presidente-candidato anti-debate y escuchar las opiniones de los dos. En la pantalla apareció el presidente postulando la eliminación del capitalismo como culpable de los problemas de la humanidad así y tambien hablando de que cuando comete errores legales deja que los abogados los legalicen.  Puente interpretó y justificó los postulados del presidente. Tal vez su momento más bajo ocurrió cuando insinuó una comparación de Evo como Jesús. Y el de Escobar cuando volvió arzobispo al actual cardenal Julio Terrazas mucho antes de tiempo, en los años de 1970.

Para Escobar, la redención de Morales puede darse solamente si extirpa de su gobierno a neo-masistas como Juan Ramón Quintana, Alfredo Rada, Walker San Miguel y, claro, Álvaro García Linera, quienes, de acuerdo a Escobar, se han apoderado del alma, corazón y vida de Morales y jura que lo llevan a conducir a su gobierno hacia el desastre. Puente habló de Morales como resultado de un fenómeno socio-político que pocos en las clases dirigentes han llegado a entender,  porque en él se sintetiza una mayoría ignorada y excluida que ahora tiene una expresión. Escobar no estuvo en descuerdo con esa interpretación,  pero subrayó que los allegados del presidente, partidarios de la confrontación y la bifurcación, impidieron un gobierno que pudo haber sido de unidad nacional  (“complementariedad de los opuestos”)  y determinaron la división aparente de Bolivia entre oriente y occidente, entre el campo y la ciudad. Puente, adusto y preciso como todo jesuita bien formado, puso el pecho a cada embestida de Escobar. Y éste reiteraba que las izquierdas ortodoxas habían ayudado a cavar la tumba de gobiernos de izquierda o de izquierda nacional. En un raro acto de arrepentimiento, Escobar reconoció públicamente que había sido uno de los culpables de la caída del MNR para que llegase no la revolución que se buscaba desde los centros mineros, sino el general René Barrientos. Lo propio ocurrió con el general  J.J. Torres, quien abonó la  llegada del general Hugo Banzer,  a través de una bufonesca Asamblea Popular, y por último, con Hernán Siles Zuazo, cuyo mandato fue recortado para abrir el paso a Víctor Paz Estenssoro y la implantación de una nueva política económica, siempre vituperada pero hasta ahora vigente en sus líneas básicas

La segunda parte del programa fue más dinámica, pues se discutió un tema en el que los bolivianos parecemos habernos vuelto expertos: el padrón electoral. La cuestión está en suspenso, pues para este lunes (mañana) se espera que la Corte Nacional Electoral presente del número final de inscritos. Un dato pareció tener relevancia: el caso del repoblamiento de Pando con inmigrantes de zonas del altiplano. El lugar de los asentamientos contaría con apenas 93 inscritos, pues el resto habría desertado (?).

Bravo, PAT

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PAT ofreció este mediodía a su teleaudiencia un excelente reportaje sobre la controvertida política de asentamientos en Pando. La mayoría de los entrevistados estaba disconforme con el cambio radical de su sistema de vida en el altiplano respecto al que ahora tienen en las selvas húmedas pandinas. Una de las entrevistadas reclama sobre la alimentación: “Aquí la comida es fideos con arroz. En mi casa solíamos comer verduras, carne de res y pollo. Si hubiese sabido que estas eran las condiciones, yo no venía”. Otra dice que no le está permitido retornar. “Nos piden que paguemos todo lo que nos costó traernos para acá si es que queremos volver…” Un tercero dice que les ofrecieron más tierras…dos kilómetros más adentro. Un joven subraya que él es profesional: soldador y mecánico y que no necesita quedarse en el lugar. Y una mujer dice que está dispuesta a que la trasladen de contrabando en una maletera de automóvil hasta algún lugar desde donde pueda retornar a sus pagos natales. Para algunas de sus compañeras, la aventura del asentamiento es un suplicio, pues no tienen cómo comunicarse con sus lugares de origen y saber cómo están sus parientes. Le han ofrecido llevarla hasta la frontera con Brasil para que pueda hablar por teléfono. El costo del traslado: 1.000 bolivianos.  

Habría sido bueno si  PAT hubiese mostrado a su audiencia a quienes están felices con el cambio de vida. Imagino que los hay y habría sido importante oírlos. Pero no escuche ningun testimonio.

 De todas maneras, es un buen esfuerzo y un buen  reportaje que espero que PAT repita en sus próximas ediciones.