Armamentismo

Amenazas bélicas exageradas

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La más reciente entrega del diplomático Ramiro Prudencio nos habla de un tema de interés grande para Bolivia y Perú. Lo reproduzco con autorización del autor.

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El ministro de defensa de Chile, Andrés Allamand, ha manifestado que las fuerzas armadas chilenas están listas para actuar, refiriéndose a la relación de su país con Perú y Bolivia que él considera que será preocupante en el próximo año.

Esas declaraciones han sido comentadas por el primer ministro del Perú, Oscar Valdés, quien señaló que “tenemos razones para preocuparnos de la reacción chilena tras La Haya.”   Agregó, además, que Chile no tiene fama de ser cumplidor de los tratados.  Recordó que jamás se ejecutó el plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón.  A este argumento habría que añadir que el Tratado de Paz de 1904 con Bolivia fue una nueva transgresión del mencionado Tratado de Ancón.  Porque en el primero se determinó la construcción del ferrocarril de Arica a La Paz, lo cual contravenía al segundo, pues el territorio ariqueño  no podía ser tomado en cuenta para ello, ya que no se había definido todavía su posesión definitiva.

Cabe la pregunta, ¿por qué el ministro peruano teme que la sentencia de la Corte de  La Haya pueda crear nuevos contratiempos entre Perú y Chile?   Varios políticos peruanos han comentado privadamente que sospechan que si la sentencia es favorable al Perú, el gobierno del presidente Piñera  no la cumpliría.  Eso podría provocar que los pescadores peruanos, considerando zanjado el asunto, pudiesen cruzar la actual frontera marítima chileno – peruana, y serían recibidos violentamente por la armada chilena.  Como se comprenderá, esta situación bien podría devengar en un conflicto armado.

Es menester recordar que el lamentable Tratado de Lima de 1929, con su Protocolo Complementario, creó una falsa situación en los departamentos de Tacna y Arica, al extremo que durante muchos años Perú creyó tener derechos expectativos sobre Arica y trató de reconquistar ese puerto.  Basta recordar que este deseo complicó grandemente a la negociación boliviano-chilena que se había iniciado en Charaña.  Ahora está sucediendo lo contrario, es Chile quien se  ha armado desmesuradamente y podría tener anhelos de “recuperar” Tacna.

Actualmente, una guerra podría definirse en pocas semanas.  Chile invadiría Tacna y Moquegua, y sería muy difícil hacerle salir de esos territorios.  Y lo importante es que se apoderaría de las mejores minas de cobre del Perú, con lo cual podría llegar a tener el monopolio de la exportación de cobre de todo el continente americano.  Algo semejante a lo sucedido en la Guerra del Pacífico, cuando ocupó Antofagasta y  Tarapacá con el fin de controlar la producción de salitre del mundo.

Si el Perú le preocupa el armamentismo chileno, sería muy conveniente que nuestro gobierno también lo hiciera.  Es decir, no debería provocar a Chile con actos reñidos con el derecho internacional como sería la denuncia del Tratado de 1904 o cortar las aguas del Silala, como lo ha manifestado el gobernador de Potosí.

Respecto al Tratado de Paz, muchos miembros del Gobierno consideran que éste va en contra de la nueva Constitución Política del Estado.  Pero habrá que recordarles que  existe el principio de que hay primacía del derecho internacional sobre el derecho interno.  Es decir que ningún país puede eludir compromisos internacionales alegando su régimen interno.

Y en cuanto al Silala, sabemos que éste es un acuífero nacional pero que sus aguas  bajan a Chile.  Por lo tanto,  es un problema internacional y debe ser resuelto por las partes o por un arbitraje de derecho.  Pero en ningún caso Bolivia podría cortar las aguas unilateralmente, porque crearía un serio perjuicio a Chile.  Además, ese país  puede alegar que se empeñó en buscar una solución al problema cuando suscribió con el nuestro un Preacuerdo que lamentablemente no prosperó.

En consecuencia, si  Perú y Bolivia mantienen su respeto al derecho internacional, entonces bien podrían efectuar una queja internacional ante la OEA o la ONU por las amenazas del ministro de defensa chileno, ya que éstas no condicen con una relación de paz y amistad entre los tres países, como todo el continente lo exige.

Recelos en Paraguay

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Los países no son islas, aunque los gobiernos de algunos querrían que lo fueran. El Diario ABC de Asunción publicó el sábado un editorial de primera página sobre lo que denomina “armamentismo boliviano”. Algunos párrafos:

Bolivia se arma hasta los dientes en las barbas de Lugo

En recientes declaraciones a la prensa, el embajador ruso en La Paz, Leonid Goluvev, ratificó los términos del acuerdo convenido a principios de abril entre el presidente boliviano Evo Morales y el primer ministro ruso Vladimir Putin, sobre cooperación militar y comercial entre ambos países. El embajador confirmó que una delegación boliviana estará en Moscú próximamente para avanzar en los temas acordados en principio, que incluye un préstamo millonario para comprar aviones y misiles rusos. Rusia también ofreció a Bolivia la posibilidad de cooperar en el desarrollo de la energía atómica para supuestos “usos pacíficos”, así como para la explotación de uranio, entre otras cosas. Más allá de la indiferencia cómplice del presidente Lugo sobre la amenaza que el armamentismo boliviano pueda tener en la región, el mismo configura un claro peligro para nuestro país. En este escenario de manifiesta indiferencia gubernamental por la defensa nacional, lo que cabe es que el Congreso y la clase política dirigente –de todos los colores– su plan la peligrosa omisión del Ejecutivo ante la crisis en ciernes y fuercen un cambio de rumbo en la política de defensa nacional.

En recientes declaraciones a la prensa, el embajador ruso en La Paz, Leonid Golubev, ratificó los términos del acuerdo convenido a principios de abril, en Venezuela, entre el presidente boliviano Evo Morales y el primer ministro ruso Vladimir Putin, relativo a cooperación militar y comercial entre ambos países. El embajador ruso confirmó que una delegación boliviana estará en Moscú entre el 26 y 28 de abril próximos para avanzar en los temas en principio acordados entre ambos gobiernos: un préstamo de 150 millones de dólares para equipar y modernizar a las fuerzas armadas bolivianas, incluida la compra de aviones y de misiles tierra-aire para defensa aérea.

El embajador ruso manifestó sin ambages: “Nosotros no tenemos ningún miedo a Estados Unidos”, al tiempo de puntualizar que Bolivia es una “punta de lanza” para que su país tenga mayor influencia económica y política en América Latina, independientemente de lo que Estados Unidos pueda pensar al respecto. Reiteró que su país está en condiciones de atender la demanda de material bélico del ejército boliviano por la “simpatía” que tiene el gobierno de Dimitri Medvedev por el del presidente Evo Morales.

A más de apoyo militar, Rusia ha ofrecido a Bolivia la posibilidad de cooperar con ella en el desarrollo de la energía atómica para supuestos “usos pacíficos”, así como para la explotación de uranio. Además, se ha mostrado dispuesta a modernizar unos 16 aeropuertos y establecer un centro de mantenimiento regional de aeronaves de fabricación rusa, tanto militares como comerciales, al servicio de diferentes países de la región.