Agua

A la espera de una sentencia

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El gobierno y muchos de sus allegados están en vilo, a la espera de la sentencia que leerá mañana la justicia de Estados Unidos contra el general René Sanabria, acusado de conspirar para enviar a ese país 144 kilogramos de cocaína.

“Prepárense. Qué no vendrá. Qué estarán prepardo…!” , dijo el presidente Morales poco antes de partir hacia Cuba y Nueva York. En esta última ciudad, en la sede de la la ONU, donde demandó la “refundación” del organismo mundial. Pronunció la exigencia pero sin precisar detalles importantes: ¿Cómo? ¿Cambiaría de sede? En los tiempos de su gloria comunista, ni la ahora ex URSS estaba dispuesta a acogerla. Cuesta mucho. Nadie dijo: Yo tomo la propuesta y ofrezco mi país para una nueva sede. Carlos Valverde, en su programa Sin Letra Chica que transmite por internet y Activa TV, declaró: “Se le cayó todo el arnés al Presidente”. Se refería al discurso pro indigenista y pro madre tierra del presidente Morales.

Las palabras del presidente respecto a la condena inminente revelaron un inusitado y contagioso nerviosismo.  Sanabria pertenecía el primer círculo del poder mientras fue jefe de la Fuerza de Lucha Contra el Narcotráfico (FLCN).  Sería improbable que siquiera algunos de sus compañeros en ese círculo hubiesen ignorado en qué andaba metido. El ex ministro Ramón Quintana cree que el ex comandante es de la DEA. Escuchó bien. El general Sanabria está vinculado a la DEA, de acuerdo a la informada opinión del ex ministro. Uno puede preguntarse: Si Sanabria era o aún es de la CIA, ¿quiénes más lo son en ese pequeño círculo?

Por Erbol se sabe que dirigentes del MAS procurarán que el ex zar de la droga transcurra en Bolivia su condena. La noticia la trajo en su página digital de la tarde. Erbol se basa en la contribución informativa de más de 300 emisoras rurales.

La impaciencia en torno a la resolución judicial estadounidense no ha sido neutralizada ni con el ruido de la marcha de los Tipnis, que ya demostró su fortaleza: en casi 50 días desde que partieron rumbo a La Paz a pie, el gobierno no ha conseguido doblarla, a pesar de haberla sometido a un cerco policial desde ayer.

EL SUPLICIO DE TANTALO

El  más reciente golpe se les ha dado con la prohibición de acercarse para tomar agua del arroyo Chaparina, cercano al campamento donde se encuentran. La policía se los ha impedido y no ha permitido que las mamás que llevaban a sus niños para poder lavarlos se aproximasen al lugar. Esta actitud va contra las convenciones sobre la guerra y el derecho humanitario.

Como en un suplicio de Tántalo, están a sólo 20 metros del agua que no les dejan beber. Las normas de comportamiento humanitario dicen que no se puede negar al enemigo  ni agua ni alimentación. Y no estamos en guerra, al menos que sepamos la mayoría de los bolivianos.

La actitud de negarles acceso al agua es considerada como delito de lesa humanidad. En menudo problema se han envuelto las autoridades. Porque ese delito puede perseguirlos dentro y fuera del gobierno.

Anoche leí en Erbol que venían para sumarse a la marcha campesinos de Ecuador  y Perú. No había detalles: no se sabía qué medio de transporte utilizarían ni cuándo ingresarían a Bolivia. Las noticias radiales decían que estaban por llegar al lugar dirigentes de La Paz, incluso ex autoridades del gobierno y ahora en la oposición, entre ellas el ex ministro de tierras, Alejandro Almaraz.

Resulta evidente que la marcha está en todas las sobremesas de Bolivia y en todo tema de conversación, salpicada con la llegada del día de la sentencia al ex comandante policial. Hasta la representación de las Naciones Unidas ha pedido al gobierno –al presidente Morales- que suspenda la construcción de la obra.

Todo esto coincide con informes que circulan en la red sobre una caída aguda de la aceptación del presidente Morales: siete puntos menos en septiembre, para llegar al 37 por ciento.  Es el peor porcentaje del año desde su caída al 32% en febrero, resultado del intento de “gasolinazo”. El vicepresidente García Linera estaría en un 35%.

“Haja coracao”, dirían los brasileños.

Hacia el pasado

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  Quienes conocen Venezuela –y otros países de trópicos húmedos- saben cuán indispensables pueden ser el aire acondicionado y las duchas, esa gran innovación traída de Estados Unidos que dejó a un lado la bañera, frecuentemente anti-higiénica, que había venido de Europa. Siglos atrás,  en el Viejo Mundo una familia solía utilizar la misma agua. Primero el padre, el hijo varón mayor, la madre, y los demás hijos, después, según la edad. En ese orden y en la misma agua. Gran parte de los condominios de Caracas cuentan con piscina. Que puede parecer una frivolidad, es cierto. Pero los venezolanos que pueden hacerlo, se la permiten. Muchos de ellos aprovechan sábados y domingos para lavar sus automóviles. El agua fue siempre dada por descontado, salvo una que otra rara interrupción dispuesta por problemas de suministro de los reservorios, algo nada excepcional pues suele ocurrir en todo el mundo. Pero es la primera vez que el ahorro del agua se vuelve una política de estado: ducha de tres minutos máximo, tiempo más que suficiente puesto a prueba por el presidente Hugo Chávez.

Lo mismo ocurre con la electricidad. Paradojalmente, Venezuela tiene la mayor presa hidroeléctrica nacional del continente (Itaipú es compartida por Paraguay y Brasil). Posee Guri con 10 gigavatios de potencia instalada (vs. 14, de Itaipú y 18 de Tres  Gargantas, la mayor del mundo, en China). Parte de la energía de Guri fluye exportada hacia estados del noreste brasileño. Cuando fue inaugurada a mediados de la década de 1980, se afirmaba que Venezuela tendría su energía eléctrica asegurada por décadas.

No fueron muchas. Ahora, para contribuir al ahorro forzoso de energía, el gobierno de presidente Chávez acaba de restringir la importación de acondicionadores de aire, heladeras y calentadores. Pronto podrá venir el turno de las lavadoras. “Es ridículo”, dirán los venezolanos. El país donde el hielo es artículo de primera necesidad ahora restringe la importación de refrigeradores.

Las restricciones a los acondicionadores de aire pondrán dificultades a las oficinas con grandes centros de computación. El sobrecalentamiento será una amenaza que quitará el sueño a los programadores y técnicos electrónicos. Las dificultades en el horizonte son muchas.

Cuando Estados Unidos decidió mostrar, bajo el presidente Carter, su determinación de bajar el consumo de energía debido al embargo de ventas de petróleo impuesto por los países árabes, a fines de la década de 1970, el mandatrio ordenó que por las noches fuesen apagadas las luces de la Casa Blanca.

Falta vez si las autoridades venezolanas disponen el corte de luz en el Palacio de Miraflores y en los jardines de La Casona, la residencia presidencial.

Algo no anda bien para que en Venezuela, el país de la energía, ahora el gobierno obligue al ahorro de energía.