Día: abril 28, 2019

Todos contra Evo

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 Harold Olmos  Periodista jubilado de la AP
Shane Hunt  Profesor emérito de Economía de la Universidad de Boston

Los candidatos opositores para la elección presidencial boliviana el 20 de octubre  empiezan a exhibir sus armas contra el candidato oficial, el presidente Evo Morales, quien busca reelegirse por cuarta vez y, si fuera posible, indefinidamente. Cumpliría así su promesa de gobernar “para toda la vida”, como dijo al asumir por primera vez, catapultado por quienes vieron en el  líder indígena una alternativa a gobiernos despectivamente denominados “neoliberales”, militantes del libre mercado. 

La pregunta que aún atenaza a muchos bolivianos es si Morales llegará a la elección y, más aún, si podrá gobernar sin agravar peligrosamente el riesgo de un colapso total del sistema democrático.

La credibilidad de los bolivianos en sus instituciones ha caído a uno de sus más bajos niveles. Después de algunos zigzagueos, el Tribunal Supremo Electoral dio aquella  fecha, dejando la impresión de obediencia a los dictados del presidente.

Semanas antes, Morales había sugerido que la fecha original del 27 de octubre debía modificarse, pues coincidía con elecciones presidenciales en Argentina y Uruguay, donde hay más 100.000 bolivianos aptos para votar. El volumen supera al de cualquier ciudad intermedia boliviana, pero eso no garantiza votos, pues la abstención en las más recientes elecciones fue superior al 70%, aunque el partido oficial fue el más votado.

La marcha electoral boliviana ocurre bajo un agudo declive del Socialismo del Siglo XXI, la corriente en la que Morales milita y que ha tratado de mostrar una faz diferente del comunismo de Brezhnev o Stalin, incluso de Cuba.  Pero ha estado distante de un pluralismo político auténtico y sus críticos dicen que no ha  logrado ocultar las tendencias autoritarias a  las que la corriente está  asociada.  

Los opositores a Morales creen contar con suficiente munición para convencer a  los votantes que descarten a Morales.

Carlos Mesa, expresidente (2003-2005) no deja dudas de que un escollo principal que Morales deberá sortear será el fracaso en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), donde  esperaba obligar a Chile a negociar un acceso soberano al océano Pacífico. Bolivia, entonces aliada con Perú, perdió su salida al mar en una guerra con su vecino (1879-1883).

Para Mesa, portavoz de la fallida gestión, las consecuencias “están todavía por dilucidarse”, una advertencia de que Morales tendría mucho que explicar. 

Otros presidentes bolivianos intentaron el siglo pasado abordar el tema y fracasaron, pero ninguno llegó tan  lejos como Morales. 

Aún no ha ofrecido una explicación detallada de  lo que ocurrió. Perdió el juego en todas las líneas  cuando el 1 de octubre la CIJ dictaminó que Chile no está  obligado a negociar con Bolivia un acceso al mar.  Morales desdeña las municiones políticas de sus opositores. Éstos, de su parte, no las ocultan.

Escuchen a Óscar Ortiz, 49 años, el rostro más joven de los presidencialistas bolivianos y figura ascendente en las encuestas que le aseguran siquiera un 8%, robusto frente al escuálido uno por ciento de hace pocos meses:

“Todas las esperanzas que generó (Morales) cuando llegó al poder han sido frustradas.  Los pueblos indígenas están abandonados y los defensores del medioambiente son atropellados. Las medidas del gobierno han servido para distribuir empleos, no para generarlos. No tiene más qué dar. No se dedicó ni a la educación ni a la salud, tampoco a generar empleos estables.  Se dedicó a una economía del consumo, que solo es alternativa de sobrevivencia, que asfixia al sector privado con multas, impuestos, sin que haya instituciones confiables a las cuales recurrir”.

Las críticas  de los candidatos empequeñecen comparadas con las que empiezan a manifestarse por la derrota en La Haya, que Ortiz y otros líderes bolivianos consideran como la peor de  la diplomacia boliviana. Les parece imperdonable que Morales se hubiese embarcado en buscar un nuevo mandato presidencial, en lugar de abocarse a reparar el daño causado.

El socialdemócrata Jaime Paz Zamora, 79, abanderado de un grupo de partidos, es también categórico y cree que la derrota ha sido un retroceso de 150 años para la diplomacia boliviana. La derrota ha sido tan aplastante que Paz Zamora cree que ahora se debe mirar con firmeza al Pacífico peruano, al Ilo, donde Bolivia posee un puerto libre, y esforzarse por orientar el comercio por las rutas fluviales hacia el Atlántico, a través de Puerto Aguirre y Puerto Busch. “Es el momento de un viraje decisivo hacia el oriente nacional y el Atlántico”, dijo.

Paz Zamora estuvo entre las primeras exautoridades consultadas por Morales sobre la cuestión marítima. Pero después se desmarcó y el año pasado rehusó sumarse a la delegación boliviana que escucharía el veredicto final de la CIJ en La Haya. Recientemente, Morales intensificó el fuego contra él al reavivar acusaciones de hace 30 años que lo vincularon con narcotraficantes.

Expresidente (1989-1993), en una entrevista para este artículo, dijo que proyectaba un cambio total en la  política exterior boliviana, empezando  por la “federalización de Bolivia” que implicaría una revolución, pues las decisiones relativas a las regiones emanarían de las propias regiones y no del Poder Ejecutivo basado en La Paz. Una iniciativa con la misma intención  a fines del siglo antepasado derivó en una guerra civil y determinó que Sucre perdiera la capital de la república y que ésta pasase a La Paz.

 Ortiz, en cambio, no cree que Morales tenga grandes propuestas para un nuevo período presidencial. “Parece que las ideas e iniciativas se le agotaron con fin del ciclo de precios altos de las productos que Bolivia exporta”. “Antes no tenía competidores en el exterior”, dijo. “Ahora sus mismos compradores, Brasil y Argentina, han desarrollado reservas de gas natural, que compraban mayormente de Bolivia. Además, nuestras reservas se agotan por falta de inversiones en exploración, y pronto tendría que importar para cubrir nuestras propias necesidades”, dijo.

Mesa ha sido el único en hacer un mea culpa asumiendo su responsabilidad en el fracaso marítimo. Morales no lo hizo así como tampoco ninguna de las autoridades que lo acompañaron en la gestión. Sus cancilleres han cerrado la boca herméticamente, y están ante una cuenta que parece momentáneamente congelada. 

Mesa, al recapitular las jornadas en La Haya, asegura que Bolivia no  se resignará a  la inacción en la cuestión marítima. “Vendrá otro tiempo para encontrar caminos renovados en busca de este objetivo irrenunciable”, dijo. 

Ese nuevo tiempo parece tener un capítulo importante en la campaña electoral que empieza. Página Siete, 28 abril 2019


Como en ¨Las mil y una noches¨

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Cuando hace unas semanas  el presidente Evo Morales dijo que admiraba las telenovelas turcas, sorprendió a gran parte de la audiencia en la ceremonia en la sede del gobierno turco. Algunos se sonrojaron. ¿Era una expresión sincera pero sin cuidado por las normas  protocolares o solo un halago innecesario a su anfitrión, al presidente turco Recep Tayyip Erdogan? En cualquier escala era una situación embarazosa que se agregaba a la serie que el presidente acumula desde que llegó a  la presidencia hace casi 14 años.

En un escenario distinto y con una audiencia informada, la admiración que el presidente Evo Morales expresó sobre las telenovelas turcas habría provocado simpatías. Porque al mencionar las telenovelas turcas  podría haber estado refiriéndose al crecimiento exponencial que ese sector turco ha tenido estos años. En poco más de una década, las telenovelas turcas han desplazado a las de Brasil, México y Argentina que antes reinaban supremas en horarios privilegiados de las emisiones televisivas del continente.  El público en esta región del mundo hacia las telenovelas turcas solo crecre.

De acuerdo a los recuentos de la entrevista divulgados por la prensa boliviana, el anfirión, presumiblemente sorprendido, apenas sonrió y gesticuló un ¨gracias¨.

Pregunté a una amiga sobre el entusiasmo que parece existir con las telenovelas de aquel país para que el presidente las hubiera mencionado en una visita de estado, y me dijo sin ambages que ella y la empleada que le ayuda en tareas domésticas no pierden un capítulo, generalmente en los horarios estelares de TV. ¨A la hora programada, corremos y nos sentamos frente a la TV y no hay quien nos mueva¨, dijo.

Turquía ahora ocupa el segundo lugar en las exportaciones mundiales de ese rubro, solo después de Estados Unidos. Fruto de sus telenovelas transmitidas en más de 60 países, Bolivia entre ellos, Turquía embolsilló el año pasado entre 350 y 500 millones de dólares. 

Cifras aparte, hubo quienes en la audiencia esperaban que el Presidente Morales mencionase también algo menos mundano y aludiese a algúna obra destacada de la literatura turca, con un ejemplar que figure entre los obsequios al dignatario y anfitrión. No hubo  siquiera una mención  a Orhan Pamul, Premio Nobel de literatura en 2006 y ahora uno de los grandes exponentes de la literatura turca.

Todo habría quedado para el próximo encuentro, quizá en La Paz o en Santa Cruz, en una continuación del capítulo, como lo habría hecho Schehrazade para entretener al sultán y ganar una noche más de vida.

Fue una una notoria omisión atribuíble a los asesores del presidente, que puede haber estado correcto al profesar admiración por las obras televisivas de Turquía pero, que desprovista de otros ejemplos y de toda mención a la literatura turca, se volvió una referencia impropia. O, cuando menos, incompleta, pues tampoco habló de ¨estrellas¨ del espectáculo televisivo turco como ¨Cuestión de Honor¨, ¨Esposa Joven¨, ¨Tormenta de Pasiones¨ o la quinta esencia de las obras de esa región del mundo, ¨Las mil y una noches¨, todas citadas en referencias de la internet al espectáculo telenovelesco turco.

Antes llenas de sexo, rock & roll y escenas picantes, desde hace  algunos años la industria  televisiva turca reorientó el timón y ahora muchos se quejan que las telenovelas han tomado una cultura de violencia.

Puede ser solo una coincidencia, pero el cambio también ocurrió cuando las exportaciones turcas empezaron a destacarse en otro rubro, contra el que hay apuntadas reservas morales en todo el mundo, pero inmensamente más rico e impulsor de tecnologías sofisticadas, empleo  y de ganancias millonarias: el sector militar. Las exportaciones turcas de este rubro le han permitido ingresos de unos 1.700 millones de dólares anuales en el ultimo bienio, nada mal para la décimo séptima economía mundial.

La mayor crítica en Bolivia  vino de la diputada de oposición Jimena Costa. ¨Tenemos un Presidente que le gusta viajar. Pero eso no es política exterior¨. ¨Esta es una constatación, dijo, que Evo Morales no gobierna. Porque entre los viajes y partidos de fútbol, si además tiene tiempo para ver novelas turcas, queda claro que no le queda tiempo parta gobernar¨.

Como casi siempre, no hubo comentarios de las autoridades a esa crítica.

El Deber, 28 de abril de 2019

  • P.S.La consistencia y honor a lo afirmado obligan a líderes y personalidades de una sociedad. Hace siete años, este blog registraba afirmaciones del presidente en las que decía que una de las causas primarias de los divorcios, que destrozan matrimonios y arruinan familias, eran las telenovelas y el trago. Lo dijo Erbol, que hizo pública la afirmación el 16 de junio de 2011. Si un día cambia a las personas, imaginen siete años (a partir de entonces) en la Presidencia.

(jho) https://haroldolmos.wordpress.com