Día: febrero 25, 2019

La salsa de Maduro

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El cuerpo suelto, cada músculo sincronizado con la música y una alegría desbordante, Nicolás Maduro se encogía, doblando un poco las rodillas y la espalda, agachando los hombros y apretando las manos contra el pecho, para, enseguida, levantar la cabeza y con la mirada extasiada volver a erguirse como quien corto de aire busca respirar profundo. Maduro, el dictador al conjuro de cuyo nombre la mayoría de  los venezolanos siente que se le hierve la sangre, festejaba su victoria al haber conseguido el sábado impedir el ingreso de ayuda humanitaria que desde las fronteras sur, este y oeste del país pretendía llevar alivio a cientos de miles que tienen en ella  la clave para vivir o morir.

La de Maduro fue la salsa del exterminio, una danza que en él luce auténtica. En su éxtasis se apuntaba la masacre de indios Pemones, originarios del sur venezolano por quienes nadie de  los que proclaman admiración por los pueblos indígenas se compadeció; la quema violenta de un par de camiones con medicinas y comida, la furia  exitosa por reprimir a quienes querían llevar las provisiones al lado venezolano, y los 285 heridos, hasta ese momento, de las bombas lacrimógenas y escopetas de los policías pretorianos  y de las bandas enloquecidas llamadas ¨colectivos¨.

Maduro puede haberse anotado una victoria ante sus fanáticos seguidores pero para el resto del mundo que vio las imágenes que transmitieron los canales independientes y las redes mundiales, fue una derrota moral indiscutible. El mundo vio sin filtros la crueldad de las pandillas y la policía al prender fuego a cargamentos de comida y de atacar y disparar perdigones sobre voluntarios desarmados. Y vio el baile de Maduro. Para algunos evocó el pasaje bíblico de la madre legítima que prefería entregar a la criatura con tal que siga viviendo en tanto que la impostora prefería que mataran al niño. Maduro y sus secuaces tendrán mucho que rendir ante las cortes que los juzguen.

Las imágenes que han quedado en la retina de millones corresponden a las de un sistema experto en promover aspiraciones y derechos pero incapaz de retroceder y rectificar, menos aún de ceder y cambiar, y al que se puede apartar solo por la fuerza. En medio de la represión, hubo versiones sin confirmación que decían que el régimen había abierto presidios para incorprar a las fuerzas represivas a convictos peligrosos. Con toda su gravedad, lo ocurrido el viernes ha sido solo una escaramuza que tuvo a algunos testigos excepcionales in situ: los presidentes de Colombia, Chile y Paraguay, y el Secretario General de la OEA. Lo que está por venir puede ser el apocalipsis para Maduro y todo su régimen.

Al agravarse el escenario, algunos medios hablaron este domingo sobre la capacidad de las fuerzas militares de Venezuela, también afectadas por una inflación dicícil de visualizar: cerca de dos millones por ciento anual. (En lo que tarda Ud. en colocar un billete en su bolsillo éste ya tiene el valor pulverizado). Para 2015, el ejército contaba con 115.000 efectivos. El diario brasileño O Estado de S. Paulo dice que para entonces había perdido el 23%, incluso la crema y nata de su personal. El ritmo de las deserciones es tan alto que ha dejado de figurar en las informaciones que proporciona el ministerio de la Defensa. La calidad de su armamento es dudosa, pues no es sometido a mantenimiento con el rigor debido. En una cosa es fuerte: cuenta con aproximadamente 2.000 generales, uno para cada 57 soldados, dice el diario paulista. Una buena parte de ese generalato ocupa funciones públicas. Proporcionalmente, la cifra más que duplica los 900 que se calcula que tiene Estados Unidos.

El presidente interino Juan Guaidó estará este lunes reunido con el Grupo de Lima en Bogotá, donde se decidirán nuevas medidas para apretar más la garganta del régimen. Con lo visto el sábado pueden haber caído los velos que empeñaba la visión de algunos líderes en el hemisferio respecto a la gravedad de lo que ocurre en la patria de Bolívar y Sucre.

Hasta la expresidente de Chile y Comisionada de la ONU para derechos humanos, Michelle Bachelet, tuvo expresiones de condena:  ¨El uso de fuerzas paramilitares o parapoliciales tiene una larga y siniestra historia en la región y es muy alarmante verlas operar de  manera tan clara en Venezuela¨, dijo en  una declaración escrita.

Con lo que ahora puede venir es posible que haya más salsa, pero es discutible si Maduro estará entre los que bailen. h