¿Días sin gloria?

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Hasta hace pocos años,  las conmemoraciones de hechos históricos eran material infaltable en los medios informativos y en los actos centrales en las horas cívicas de las escuelas. Estos días, si Ud. va a alguna escuela y pregunta cómo fue conmemorado el 14 de febrero, es probable que reciba una mirada estupefacta de su interlocutor. ¿Qué es eso? Si Ud. agrega que es la fecha recordatoria de la invasión a Bolivia por el ejército de Chile, y del desembarco de tropas que sin resistencia pusieron pie en Antofagasta para luego avanzar hasta Calama, habrá ofrecido una lección rápida de historia que su interlocutor ignoraba o no recordaba.

Con algunas excepciones, la fecha no ha tenido el realce de otros tiempos. Parece aún estar bajo el barullo que durante años ensordeció la enseñanza de  la historia y el afán por hacernos creer que  esos episodios permanecerían con sordina, ante el ímpetu del acercamiento entre Bolivia y Chile, primero, y la algazara triunfalista que prevalecía en los ámbitos diplomáticos nacionales sobre una inminente victoria en la Corte Internacional de Justicia. El 1 de octubre, todo se derrumbó, cuando La Haya falló que Chile no tiene deudas pendientes con Bolivia asociadas al tratado de 1904 aunque el fallo no signifique que los dos países no  puedan negociar en torno al viejo problema del enclaustramiento boliviano.   

En los últimos lustros, el 23 de marzo, fecha magna en el calendario  histórico boliviano hasta el intento de reaproximación con Chile protagonizado por el gobierno del presidente Morales, fue administrado  bajo un perfil austero. La conmemoración del año pasado, la última antes del fallo de La Haya, fue sin estridencias. Hasta hace poco, la fecha era  la  oportunidad en la que los presidentes juraban que lucharían por una reivindicación pues se trataba de una meta irrenunciable. Hoy no está claro qué conmemorarción auspiciará el gobierno ni si el presidente ofrecerá algún discurso, que bien podría resultar incongruente con el fallo de la Corte de La Haya.

Viene al dedillo mencionar la campaña sigilosa que desde hace años desarrolla el profesor Jorge Órdenes, miembro de  la  Academia Boliviana de la Lengua, por instituir en las  universidades la carrera de historia y literatura bolivianas. Usted  ha leído bien. En Bolivia no existe una facultad de historia nacional ni de literatura boliviana y la campaña del académico no tiene visos de acabar pronto ni de culminar exitosamente.

Asómbrese más: Si a algún estudiante se le ocurre estudiar para  alcanzar una licenciatura en esas materias, deberá ir a  los Estados Unidos, donde sí algunas universidades las enseñan!

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