La huella venezolana

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La alarma de los medios nacionales ante la convulsión que vive Venezuela proviene del  temor de estar viendo el futuro próximo de Bolivia al insistir en el Socialismo del Siglo XXI como guión rector del gobierno del presidente Evo Morales.

Los analistas admiten que las condiciones de los dos países son diferentes y que Bolivia dista mucho de las dificultades en que está Venezuela, económica, social y políticamente. Para comenzar, el factor geopolítico confiere a la Patria de Bolívar un valor excepcional, frente al mar Caribe, a un lado cercano de Estados Unidos, a un paso del Canal de Panamá y con bolsones de petróleo en su interior suficientes para cientos de años. La similitud ideológica  de los dos gobiernos , sin embargo, provoca malestares.  

Para muchos en Bolivia no ha sido tranquilizador ver al país tan cercano del gobierno venezolano como si los uniera el mismo destino. A eso se suma la convicción de que Bolivia nada puede hacer para cambiar la ruta del destino venezolano. Lo más que puede pretender es aminorar la sensación de soledad absoluta del régimen madurista en el continente sudamericano.

Son muchas las interrogantes ante esta hermandad. ¿Respaldaría Bolivia la represión contra quienes intenten ingresar con ayuda humanitaria a territorio venezolano? Hay sondeos de opinión que dicen que la oposición al régimen de Nicolás Maduro abarca al 80% de la población venezolana. El gobierno de Bolivia luce, entonces, al lado de un presidente repudiado como ningún otro en la historia de ese país. Esa cercanía no es ninguna receta saludable cuando el país avanza raudo hacia la largada para las elecciones presidenciales de octubre.

Maduro condenó la resolución del Grupo de Contacto creado el jueves para acompañar la crisis, procurar un encuentro entre las partes beligerantes y encaminar una solución no violenta a la crisis. La clave del rechazo de Maduro en esas resolución fue la mención, que suena a anatema para regimenes autoritarios, a elecciones auténticamente libres y supervisadas.

Con esas premisas, Maduro se sentiría maniatado y sin maneras de modificar cómputos, se encaminaría a  una derrota segura. Ante esa perspectiva, dijo que la exhortación de los países contactantes estaba parcializada con la mayoría que se opone a su gobierno. Fue una afirmación que ningún gobierno  independiente suscribiría. Bolivia se cuadró al lado de Maduro y no firmó  la resolución del grupo, en el que había visto una salida posible del atolladero en que se encuentra su socio principal en el Socialismo del Siglo XXI. Elecciones verdaderamente libres son anatema para regímenes autocráticos.

Brasil, parte del Grupo de Lima que vio con desagrado el surgimiento del Grupo de Contacto ahora vilipendiado, dijo que la emergencia de este grupo solo servía para dar oxígeno a Maduro. El canciller Ernesto Araujo desdeñó la iniciativa y anticipó que no prosperaría. Su vaticinio fue un gol imparable, dado el resultado conocido en la tarde del viernes.

Este fin de semana un ingrediente explosivo atizó el fuego. Tras las sanciones impuestas por Estados Unidos, con repercusión especial sobre la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa no tendría capacidad de producción de combustibles ni siquiera para un día completo de abastecimientos. La notificación, conocida por informes de la producción de la empresa, acentuó la angustia de cientos de miles de consumidores que desde siempre han considerado un derecho el poder contar con combustibles baratos y en abundancia. En criterio de muchos analistas, la nueva privación es una chispa peligrosa para un ambiente volátil.

Tal Cual Digital informó que para el viernes, PDVSA contaba con apenas 20.000 barriles de gasolina de 95 octanos, apenas una gota para los cientos de miles de vehículos que circulan por las avenidas y carreteras del país. La empresa, según el periódico, no contaba ni con un litro de gasolina de 91 octanos, la calidad más popular. Al ritmo de las necesidades del país, la falta de combustible se sentiría en pocas  horas.

El peligro que emergía de esta crisis de abastecimientos era ser una paralización general del país en muy poco tiempo, a menos que rusos y chinos encuentren vías para llegar hasta los surtidores de combustible. Nada hacía presumir, al cierre de la semana, un aflojamiento de las tenazas que aprisionan al vecino país.

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