Día: enero 12, 2019

A la espera del desenlace

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Entre el viernes por la noche y el 23 de enero se ha abierto una tensa espera cuyo desenlace es todavía imprevisible en sus detalles. La mayoría de los observadores, dentro y fuera de Venezuela, parece convencida de que el fin de la dictadura está cantado. Rara vez un regimen politico latinoamericano ha concitado un rechazo tan unánime, pero apartarlo resulta más cuesta arriba que muchos otros en la historia de la región.   Los militares venezolanos y el G2 cubano no pudieron prever todos los acontecimientos de este año ni calcularon que el descontento interno y la molestia internacional con el regimen iba a llegar a los extremos de esta semana.

Protagonista del capítulo aún en curso ha sido el joven legislador de 35 años Juan Guaidó. No llevaba una semana de haber sido electo presidente de la Asamblea Nacional, el único organismo no controlado por el gobierno chavista-madurista cuando, al fragor del descontento con la juramentación de Nicolás Maduro para un nuevo período de seis años,  decidió asumir las competencias del presidente, a quien la asamblea había declarado usurpador. Desde ese momento, el Viernes por la tarde, y se contaban las horas para determinar si los militares estárían dispuestos a jugarse por Maduro o plegarse al reclamo de sus compatriotas y desconocer a Maduro y alejarlo del gobierno. Lo peligroso de la carta ante un régimen autoritario con dos décadas en el poder explicaba la indefinición militar y la tensión creciente que prevalecía en Caracas. No solamente allí. Brasilia, Buenos Aires, Lima, Santiago y Bogotá y las cancillerías europeas seguían con la máxima atención el curso de lo que acontecía.

El 23 de enero de 1958 el dictador Marcos Pérez Jiménez huyó de Venezuela y dio paso al sistema democrático que casi de inmediato surgió con hombres como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y el propio Carlos andrés Párez, anatema del régimen chavista-madurista.

Brasil puso en acción toda su artillería diplomática. La cuestión lucía como la primera gran prueba para el naciente gobierno de Jair Messías Bolsonaro, instalado el 1 de enero. La conmoción política venezolana emergía como una oportunidad  para la diplomacia del capitán derechista de mostrar liderazgo en la región, ayudando a reconducir a Venezuela por la senda democrática sin mayores violencias. El desafío abarcaba mucho más, pues englobaba a todo el Grupo de Lima, los países comprometidos a alejar a Maduro, a quien desconocieron colectivamente el día anterior a su posesión tras haber reducido al mínimo sus relaciones con Caracas. Paraguay las rompió de cuajo y ordenó el cierre de sus oficinas en la capital venezolana.

La ruptura progresiva, que agravaría al extremo el aislamiento en que se encuentra el regimen, era una de las cartas aún en juego, y uno de las fichas de presión sobre los militares. Guaidó los convocó en sus primeras declaraciones a sumarse a la rebellion contra el autócrata, pero pasadas 24 horas de su llamado, los militares permanecían al lado de Maduro. Cuánto duraría esa resistencia era motive de conjeturas en todas las cancillerías.

En las horas de tension circuló por las redes un mensaje de Luis Almagro, el Secretario General de la OEA, con motivo de los 60 años de la revolución cubana conmemorados el 1 de enero. El mensaje estaba grabado en el sitio official de la organización y tras ser ¨descubierto¨ empezó a circular. Su contenido es la crítica más fuerte pocas veces oído contra el régimen Cubano y parecía vincularse a la situación venezolana. El nerviosismo que ese pronunciamiento causó mostraba la fuerte vinculación entre todos los regimenes del Socialismo del Siglo 21, en los últimos años reducido solo a Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba. Cualquiera de ellos que sea separado, provocaría inestabilidad en los demás.

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Por ahora…Maduro

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Escrito tras la posesión de Maduro, ayer al mediodía. Habrá actualización. La situación en Venezuela se ha vuelto fluida.

Era previsible que Nicolás Maduro y los militares que lo sustentan recibirían de los poderes bajo su control, un nuevo mandato de seis años para gobernar Venezuela hasta 2025.  Pero de lo que nadie estaba seguro era cuánto podrán aguantar. Lo que siguía siendo claro el fin de semana que pasó era que completar ese mandato representaba una apuesta que ni Maduro ni los jefes militares, se atrevían a articular, pues desde hace por lo menos dos años el gobierno venezolano vive al día, aguardando completar la jornada incólume.  Lo mismo ocurre con la economía pues una gran parte de la población  hace esfuerzos para llegar al fin del día habiendo comido tres veces.

Maduro tomó posesión en un acto que no tiene paralelo en la historia hemisférica reciente, por la cantidad de países que desairaron la osadía de asumir el mando con pretensiones democráticas por parte de quien es equiparado a los tiranos más notables de la región. El mayor aporte para esa distinción abyecta lo representan millones de emigrantes que han abandonado el país desde que el Socialismo del Siglo XXI empezó a gobernar, a fines del siglo pasado.

El presidente Evo Morales fue a dar un abrazo y ofrecer apoyo a uno de los personajes más resistidos en el mundo, pero líderes de oposición rápidamente descalificaron ese gesto y lo definieron como individual. El candidato presidencial de Demócratas Oscar Ortiz dijo que ese apoyo ¨implica complicidad con una dictadura y mancha el nombre de Bolivia¨. Adelantó que si llegase a ganar la elección presidencial de fines de año, Bolivia se retirará de ALBA y UNASUR, los organismos multinacionales creados bajo el  impulso de Hugo Chávez. Ambos organismos languidecen  con el advenimiento de gobiernos de sello adeverso en casi todo el continente.   Carlos Mesa, el candidato presidencial más aventajado en las encuestas, dijo que Morales podía creer en la ¨legitimidad¨ de Maduro pero no hablar a nombre de todos los bolivianos.

Cercado por todos sus vecinos, con una economía a pique, que se ha encogido en más de la mitad en los últimos cinco años, es muy poco  lo que Maduro podría hacer para revertir el cuadro. Encuestas privadas le asignan una aceptación del 10% de la  población venezolana y un porcentaje aún menor cree que bajo su mando la suerte de Venezuela podría cambiar. Gobernar en esas condiciones era como caminar descalzo sobre el fuego.

La controversia sobre cómo Maduro obtuvo un segundo mandato ha sido tan persistente que muchos observadores vieron en ella la causa del atropellamiento del Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, al tomar el juramento a Maduro.

El magistrado, un ex  policía con antecedentes criminales por los cuales estuvo en prisión, no alcanzó a leer de corrido la formula de juramentación y hacia el final se atascó.Tras segundos interminables en los que acudió al papel en el que tenia escrita la formula, concluyó la frase mientras Maduro aguardaba inmutable, envuelto en la atmósfera tensa que había invadido la sala del tribunal.

El ostracismo internacional del régimen empezó a volverse sofocante ese mismo momento, cuando los países del Grupo de Lima, conformado el año pasado para lograr la salida de Maduro y la democratización de Venezuela, decidieron desconocer al gobernante y reconocer como único poder electo el de la Asamblea Nacional, que preside Juan Guaidó. El mismo día, la AN había declarado a Maduro como un usurpador. Paraguay se adelantó a todos y en una reviravolta de una maniobra venezolana que cinco años atrrás lo había excluido de Mercosur, rompió relaciones con Caracas.

La ceremonia de juramentación solo agregó incertidumbre . El viernes,  un cabildo abierto frente a la sede de  las Naciones Unidas, dispuso que  Guaidó, asumiese a las competencias del gobierno, en un quiebre mayúsculo de poderes. Con el respaldo de gran parte de la comunidad, Guaidó se disponía el viernes a actuar bajo ese mandato. La edición digital del diario El Nacional anunció que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro saludó al asambleísta como el nuevo presidente de Venezuela, una movida que se esperaba fuese seguida por países que condenan a Maduro.

Maduro y los jefes militares contaban con el apoyo verbal de Nicaragua, Bolivia y Cuba. El margen de Maduro sería escaso: Resistir podría conducir a una matanza y a la corta o a  la larga perdería, pues otras naciones acabarían interviniendo. Abandonar el país, como lo hizo Marcos Pérez Jiménez en 1958, era un viaje sin destino: ¿A dónde? Quizá Cuba o Bolivia pero ¿por cuánto tiempo?

En una de sus primeras decisiones, Guaidó convocó a una concentración en el barrio histórico de 23 de enero, llamado así en memoria de la fuga de Pérez Jiménez. Qué ocurrirá hasta entonces era otra de las grandes incógnitas que han venido como avalancha este primer mes de 2019.

(https://haroldolmos.wordpress.com)