Ir o no ir

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Una pregunta cuelga en la sala de reuniones de las cancillerías  vecinas: ¿Irá el presidente Evo Morales a la ceremonia de posesión de Nicolás Maduro? La mayoría de los que ven la pregunta responde que sí, pues, bajo la lógica que prevalece en Bolivia,  no habría razón válida para que el mandatario nacional no asista a un acto repudiado de antemano. La mayoría de los gobiernos del continente ha dicho que No irá por considerar que Maduro es un dictador que ha usurpado la presidencia de Venezuela y que la ceremonia es una afrenta a la memoria de Bolívar y Sucre, reverenciada en los países ¨bolivarianos¨.

Estar en Caracas este jueves quizá sea un ¨desquite¨ del presidente Morales ante los desaires que recibió el 1 de enero en Brasilia, donde nadie le exhibió simpatía y debió retornar a Bolivia sin siquiera la fotografía que otros mandatarios se tomaron con el flamante presidente.  

Tal vez no ha sido suficientemente evaluada la idea de asistir a las ceremonias en Caracas este jueves. Uno de los primeros elementos a tomar en cuenta es que Bolivia sería el único  país sudamericano presente con su presidente. Casi todos pertenecen al Grupo de Lima que el viernes acordó repudiar a Maduro y reclamarle que se aleje de las riendas del gobierno venezolano. Las autoridades en Caracas ni siquiera consideran la idea. Temen que de  inmediato empiecen a caer sobre ellos los juicios que aguardan al régimen por violación a los derechos humanos y  por la pésima administración de miles de millones de dólares que ha hundido la economía del que un tiempo fue un país rico encaminado a superar el subdesarrollo en mejores condiciones que todos sus vecinos.  

La presencia del presidente boliviano en Venezuela sería una manifestación costosa de solidaridad con Maduro, ahora totalmente aislado en el continente. Remaría contra corriente respecto a Argentina, Perú y Brasil, con los que la sintonía de las relaciones exteriores bolivianas es fundamental.

En estos momentos, puede ser importante no introducir elementos irritantes en las relaciones con Brasil cuando sobre el tablero de la relación bilateral hay tantas cuestiones importantes, entre ellas la búsqueda de un nuevo contrato para venderle  gas natural. Mostrarse sonriente y dar un abrazo a Maduro en una toma de mando  repudiada continentalmente puede no ser buena idea de la cancillería boliviana, pero sí un estímulo para acrecentar su propio aislamiento.

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