Nuevas realidades

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La elección de Iván Duque para presidir Colombia y  la victoria que las encuestas asignan a Andrés Manuel López Obrador el 1 de julio, colocarán a América Latina ante nuevas realidades geopolíticas que obligarán a un reacomodamiento en toda la región. Duque, consciente de que la magnitud de su victoria con más de 10,4 millones de votos frente a ocho millones de su adversario Gustavo Petro, no es un cheque en blanco, deberá conducirse sin alteraciones mayores sobre el camino heredado de su predecesor, el saliente Juan Manuel Santos.

Los observadores ven razones de sobra para esa afirmación, pues nadie en Colombia aceptaría retornar a la zozobra de la insurgencia armada, a su vez resultado de las fuertes desigualdades de la sociedad colombiana con las que Duque deberá lidiar. Pero hay una expectativa creciente por conocer los ¨ajustes¨que el presidente electo ha anunciado que se propone aplicar para que ¨la paz brille¨. Muchos pagarían para saber de antemano cómo será ese brillo.

Si bien obtuvo un número récord de votos, su rival también lo tuvo, pues nunca antes el perdedor en una segunda vuelta llegó a contar con tantos como Petro. Nadie ve equivocado que hubiera dicho que no se consideraba perdedor en una elección en la que nunca votaron tantos colombianos. Pese a la avalancha de sufragios (19,6 millones de un universo de más de 36 millones habilitados), el porcentaje estuvo lejos del promedio de sufragantes del 70% del total de habilitados que registran las sociedades democráticas.

Casi nadie duda que el ascenso de Duque apretará más las válvulas que aún le quedan a Nicolás Maduro para subsistir. Con cientos de miles de venezolanos que, en un éxodo histórico, salieron de su país para asilarse o instalarse en Colombia o pasar a otras naciones, la situación política venezolana es prioridad número uno para los dirigentes colombianos, cualquiera que sea el signo politico que los orienta. En algunas cancillerías se teme que un cierre mayor de los escasos vínculos que aún existen entre los dos países sería catastrófico, como el estallido de un globo pernicioso sobre toda la región. Eso explica la dinámica de las relaciones entre Washington y Bogotá cuyos diplomáticos, civiles y militares, exprimen sus neuronas buscando soluciones para prevenir una crispación más grave. La clave parece aún en manos de los militares.

Nada parece apuntar hacia una reversión del cuadro devastador que ofrece la patria de Bolívar y Sucre. Lo que queda en pié del que un tiempo fue un vigoroso sector privado (cientos de miles de empresas se han cerrado desde que se hizo cargo del país el Socialismo del Siglo XXI) también luce rumbo al colapso.

Un reciente informe periodístico decía que los trabajadores de un complejo de refinación de petróleo en El Tigre, oriente del país, están ¨canibalizando¨ las instalaciones y robando partes y piezas para venderlas para conseguir comida. Como decía hace algunos días, la pregunta no es más si el régimen de Maduro va a caer, sino cuándo. Ahora se agrega un angustioso cómo.

Con un mandatario norteamericano que tiene a México entre ceja y ceja, la cautela deberá ser un rasgo predominante en el líder centro-izquierdista que asumiría el mando de la segunda economía latinoamericana después de la de Brasil. AMLO, como conocen sus compatriotas a Andrés Manuel López Obrador, habría recibido un 54% de los sufragios si las elecciones hubiesen sido hace un mes. Las encuestas sugieren que la avalancha de votantes a su favor, distante de sus tres rivales en la contienda, también le daría un margen legislativo holgado como para ejecutar sus planes de gobierno. Sería la culminación de sus esfuerzos desde que hace 18 años se lanzó por primera vez en pos de la presidencia.

Quienes observan el panorama politico mexicano aseguran que el mandato que recibiría el ex popular alcalde de Ciudad de México sería contundente como para aplicar sin dificultades su plan de gobierno, una de cuyas bases es tan necesaria que nadie se atreve a contestarla ni a oponerle alternativas: combate a muerte a la corrupción. Como práctica generalizada, la proverbial costumbre de ¨la mordida¨ tendría los días contados, para satisfacción de una mayoría abrumadora de mexicanos.

AMLO ha dicho que de la supresión de coimas, sobreprecios, obras sin licitación, gastos suntuarios y muchas otras granjerías recibiría un espinazo financiero suficientemente sólido como para acometer obras inmediatas, desde las de infraestructura hasta las urgencias más apremiantes de la salud pública y la vivienda.

Armado de esa gruesa armadura ética y un amplio respaldo ciudadano que reconfiguraría el mapa politico nacional, AMLO tendría fuerza suficiente para enfrentar la ¨amenaza externa¨ representada por un gobierno como el de Donald Trump que muchos creen que naturalmente le sería hostil.

No estaría solo. Canadá, también acosado por el neo-proteccionismo de Trump, estaría de su lado en las negociaciones dentro del TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Un respaldo y una simpatia por nada menores estaría en la Unión Europea, también afectada por los embates ¨trumpistas¨.

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