Día: mayo 5, 2018

El rastro del petróleo

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Los gritos de guerra de Nicolás Maduro (levantarse en armas si perdiera la elección dentro de dos semanas) han apagado el eco de dos noticias capitales. El apresamiento de dos ejecutivos de Chevron, una de las grandes ¨hermanas¨ del mundo petrolero, dentro de una razzia que días antes había derivado en el arresto de unos 80 funcionarios de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en la peor ola represiva en el otrora poderoso conglomerado petrolero desde los despidos de miles de empleados y trabajadores a principios de siglo. Bajo la acusación de ¨traición a la patria¨ porque los empleados supuestamente rehusaron firmar compras con valores abultados y sin licitación, el arresto puede ser una ruptura en las relaciones frágiles del gobierno con los pocos inversionistas que aún se atreven a operar en Venezuela. Las áreas de Chevron están entre las aún productivas que tiene Venezuela.

La decisión se suma a un hecho que tiene frío de envidia al gobierno de Maduro: la declinación productiva de petróleo ha colocado a Venezuela después de Colombia como suplidor para las refinerías estadounidenses, y la tendencia no parece tener freno.  Colombia, rival geopolítico histórico de Venezuela, llegó a exportar a Estados Unidos un promedio de 426.000 barriles diarios en febrero, cantidad superior a los 409.000 de Venezuela, la mitad de los volúmenes de hace algunos meses. La noticia es grave porque exhibe sin matices la curva descendente de su producción petrolera, la clave de su sobrevivencia económica y política. De allí proviene el 95% de las divisas que el país recibe. La declinación es mejor percibida por los venezolanos en la escasez de alimentos y, de manera aún más dolorosa, en los anaqueles vacíos de las farmacias, en las cuales la falta de medicamentos es calculada estos días en un 85%.

Cuando Hugo Chávez asumió el poder a fines del siglo pasado, Venezuela producía un promedio de tres millones de barriles diarios y se preparaba para llegar a cinco millones. El promedio del año pasado fue de 1.920.000 bpd y las estimaciones para el próximo diciembre apuntan a una declinación persistente hasta 1.200.000, el volumen de hace 60 años. Es una ironía que si la OPEP no ha necesitado recurrir a recortes de producción entre sus miembros para mantener los precios ha sido porque la de Venezuela ha descendido sin que nadie lo ordenase.

El deslizamiento productivo repercute en las refinerías, que producen también menos, tendencia agravada por la falta de repuestos y de mantenimiento apropiado.

Venezuela luce como una geografía en ruinas. De ser un país cuyos fundamentos parecían irrompibles, se ha convertido en la mayor víctima del Socialismo del Siglo XXI.

Muchos de los que conocen ese país creen que los que quisieron mostrar un rostro risueño para el socialismo respecto al de los Gulag, las lubiankas y los paredones, se apresuraron a repartir sin producir y, en el fácil trayecto, llenarse los bolsillos. En la estela de ese fracaso sin parangón en el continente, queda un país con su economía reducida a la mitad y un éxodo bíblico que gran parte del mundo solo conocía a través de referencias o por imágenes del Medio Oriente o de África que publicaban los medios. Los grandes desastres politicos y económicos parecían distantes. Ahora, con la tragedia venezolana a la vuelta de la esquina, uno puede imaginar mejor las que se abatieron sobre Rusia y sus satélites, y se comprende con más admiración la valentía de los húngaros que enfrentaron a las tropas rusas, y la de los checos que se inmolaron en pos de una primavera de libertades aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia.

La caída de la URSS arrastró a todas las dictaduras europeas a su alrededor. La fuerza de succión del naufragio no dejó sobrevivientes. En América Latina, el hundimiento predecible del régimen de Maduro podría arrastrar en el corto plazo a otros regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos están con las barbas en remojo.

El colapso de los aportes que en petróleo recibía Nicaragua de Venezuela ha sido un factor mayúsculo para los desórdenes que estallaron en Managua hace unos días. La cifra de víctimas mortales contabilizadas por organizaciones de derechos humanos supera con creces la decena oficialmente reconocida. Las protestas ahora apuntan a la salida del régimen Sandinista y el alejamiento de Daniel Ortega.

Está todavía por verse el impacto que pueda tener sobre Cuba un eventual colapso total del régimen venezolano. Los analistas ven en las tribulaciones de Maduro una fuente de preocupación fundamental para el nuevo presidente Miguel Diaz-Canel. Hasta hace pocas semanas, había en Venezuela unos 40.000 profesionales cubanos, cuyo trabajo era cotizado en dólares convertidos en petróleo enviado La Habana.

Venezuela tiene muy buenos escritores y narradores que, con seguridad, registrarán estos años de penurias de manera que la  lección permanezca vívida por generaciones.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

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