Día: febrero 19, 2018

Límites de la propaganda

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Estos tiempos lucen aptos para mostrar los límites de la propaganda política. Pese a representar una maquinaria poderosa, la propaganda no ha conseguido detener el deslizamiento de la aprobación popular del presidente Morales en un grado que puede anunciar cambios de estrategias. Dos encuestas (El Deber y Página Siete) mostraron que en apenas un año la aceptación del mandatario ha caído en dos tercios y ahora estaría ubicada en un mero 22%.  Una recuperación luce empinada ante la persistencia del factor que aparenta ser el que empuja la caída: la decisión de ir adelante con la idea de re-re-re candidatear a la presidencia, apoyada en una decisión controvertida del Tribunal Constitucional Plurinacional.  La máxima instancia de la justicia nacional parece encaminada a sufrir la madre de todos los desaires si la Corte Interamericana de Justicia invalida el argumento de que la reelección indefinida es un derecho humano del presidente.

Enciendan sus televisores, escuchen las radios, observen algunos periódicos: la propaganda del gobierno y de sus obras es abrumadora. El sistema propagandístico oficial es uno de los más hábiles y costosos de la Bolivia contemporánea y la caída de la aprobación popular del presidente puede ser uno de sus mayores fracasos.  En su primer discurso tras haber ganado la contienda electoral de 2005, el presidente subrayó que no llegaba a la Casa de Gobierno como inquilino sino como representante de un sector con derecho propietario. Esa pretensión tuvo victorias recurrrentes, pero ahora el ciclo parece extinguirse. En un desafío a la propaganda, perdió el 21 de febrero de 2016, cuando el voto mayoritario le cerró el paso. La barrera volvió a erigirse en diciembre con el masivo desdén ciudadano hacia los magistrados de la justicia, encumbrados con votaciones paupérrimas. Ahora se avecina una nueva contienda, con el paro nacional convocado por organizaciones cívicas de todos los departamentos para ratificar la voluntad anti-re-re-releccionista expresada hace dos años

Se supone que el fenómeno es seguido con frecuentes debates por las escuelas de comunicación de las universidades. No ocurre con frecuencia que los esfuerzos propagandísticos sufran traspiés que cuestionan sus estrategias ni que surjan movimientos nacionales que ponen en grave entredicho intereses reeleccionistas. Muchos sociólogos extranjeros pagarían por estar en Bolivia y estudiar el caso.