Día: octubre 14, 2017

Homenaje oficial a la gesta de 1967

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En un cambio radical de la conducta silenciosa que mantuvieron durante una década, las Fuerzas Armadas rindieron esta mañana homenaje a los combatientes de la guerrilla de Ñancahuazú y destacaron su desempeño para derrotar a los guerrilleros que comandaba Ernesto Che Guevara.

El escenario de la ceremonia presidida  por  el Alto Mando Militar fue el patio central del Cuartel General de Miraflores. El presidente Evo Morales estuvo a la cabeza de la ceremonia y distribuyó diplomas y condecoraciones que, en la voz del locutor de la emisora estatal de TV, fueron el ¨homenaje del Estado¨, –sin ningún adjetivo– a los excombatientes. No estuvo presente el Vice Presidente Álvaro García Linera.

En un breve discurso el Presidente Morales destacó  su reconocimiento a la fecha, y dijo que la clase militar y de entonces la constituían  ¨soldados obedientes de instrucciones internas y a la clase política de entonces que estaba sometida a instrucciones externas¨.

La banda militar interpretó las marchas e himnos nacionales clásicos y a algunos  conmovió  la tonada del Soldado de Ñancahuazú, una parodia de Mis Harapos, de Antonio Tormo, en una de cuyas estrofas combatientes bolivianos cuentan momentos de tristeza porque ¨no faltaba un guerrillero que mataba a un camarada…¨ La tonada recorrió las redes con profusión estos días de conmemoración del cincuentenario de la campaña de 1967.

En todos los aniversarios anteriores bajo el actual gobierno, la gesta de 1967 había sido recordada con extrema cautela y a veces inclusive ignorada.

El domingo 8 de octubre el presidente Morales presidió las ceremonias conmemorativas de Vallegrande y rindió homenaje a Che Guevara. Pese al pedido de las autoridades para conseguir la participación de los ex combatientes en esas ceremonias, ¨no asistió ni uno solo¨, me dijo un ex combatiente. Se buscaba una ¨reconciliación¨ de los combatientes de entonces con un abrazo ante la tumba del Che con las autoridades y representantes de Cuba que vinieron a Bolivia para ese acto.

En Santa Cruz, oficiales de la Fuerza Aérea rindieron homenaje a los soldados caídos en 1967 durante un acto breve en la Plaza 24 de Septiembre, al lado de dos cuadros de homenaje a Guevara colocados allí dos semanas antes.

Los cuatro hijos y dos hermanos del guerrillero argentino-cubano estuvieron en las ceremonias del 8 de octubre en Vallegrande. En Santa Cruz, decenas de excombatientes y cientos de amigos se congregaron en la Plaza Litoral, en el Barrio Militar, el mismo día para rendir homenaje a los ex combatientes y descubrir un mural gigante con los nombres de los caídos en los combates y de los que participaron en la campaña.

La angustia de las urnas

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El recorrido del gobierno para consolidar su ruta hacia la re3 (tercera reelección) para luego conferirle un carácter  indefinido se ha vuelto más espinoso tras las concentraciones del 10 de octubre en todo el país. Con miles de ciudadanos en las calles, las demostraciones exhibieron para el presidente  y la cúpula gobernante que una gran parte de la ciudadanía  quiere respeto al ordenamiento constitucional y repudia la noción del líder único indispensable para regir la nación.

Los observadores coinciden en que las concentraciones del martes son una muestra de la urgencia que se siente en el país por un cambio  de líderes, y  el reclamo por una administración austera y responsable. Lo ocurrido el martes no podrá ser ignorado por el Tribunal Supremo de Justicia que en días más deberá pronunciarse sobre la constitucionalidad de la pretensión de una re3.

La presión indudable que ahora existe sobre la máxima institución de la justicia, que gran parte de la ciudadanía percibe como dócil a los requerimientos del gobierno, es incompatible con la noción de que  los jueces deben decidir libres de presiones.

A esta coyuntura se ha llegado tras la aceptación que hace dos semanas anunció el tribunal de considerar la demanda del partido de gobierno para dejar sin efecto los preceptos constitucionales que prohíben una nueva reelección del Presidente Evo Morales. Esta aceptación acentuó el desaliento de quienes aún quieren creer en la imparcialidad de los jueces supremos. La expectativa sobre el fallo que debe pronunciar el Tribunal es creciente por  las actitudes del propio presidente, quien en otras ocasiones aseguró que no volvería a candidatear y que al final del periódo de gobierno en curso se iría a cultivar su hato de coca en el Chapare.

La coyuntura ha agravado la impresión de muchos de que gobiernos del Socialismo del Siglo XXI solo ceden poder si los reclamos vienen acompañados por avalanchas de votos.  El régimen de Nicolás Maduro ha resistido incluso a la derrota legislativa de 2015, y se las arregló para conservar su poder apoyado en la fuerza militar. En las elecciones regionales de este domingo, en Venezuela están en juego las 23 gobernaciones del país. Con índices de aprobación de 20-25 por ciento, no es mucho lo que Maduro y su partido podrían esperar pero habrán logrado una tregua que, por todo lo visto, puede ser muy efímera.

Una razón principal por la que dirigentes del Socialismo Siglo XXI se aferran al mando puede yacer en tropelías cometidas  en el ejercicio ilegal de ese poder y el temor a rendir, algún día, cuentas ante una justicia cuyas reglas nunca sospecharon que podían volcarse contra sus propios diseñadores.

La semana antepasada el gobierno nacional quemó uno de sus últimos cartuchos cuando no consiguió ningún respaldo en la OEA para la original tesis de que al Presidente Morales se le violan sus derechos de ser humano a través de la CPE de 2009, algunos de cuyos artículos prohiben la reelección que buscan el mandatario y su partido. La oposición ha acudido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que aclare si es correcta la interpretación del gobierno que asegura que la CPE interfiere los derechos humanos del presidente al impedir su re3. La corte deberá dar su veredicto en las semanas próximas.

El empeño reeleccionista amenaza con restar brillo a la gestión del presidente y afectar áreas no vinculadas necesariamente a sus acciones internas. No son pocos los que creen que tras ese empeño  yace un temor al futuro. Salvo algún pacto nacional creíble, nadie estaría en condiciones de garantizar, en los límites nacionales,  un retorno no traumático de los hombres del gobierno a la vida fuera del poder. En eso estriba la angustia de las urnas presente en los últimos regímenes de la izquierda del siglo 21.