Conteo regresivo

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Una expectativa creciente se manifiesta en todo el mundo al aproximarse el 20 de este mes, cuando Donald Trump asumirá la presidencia de Estados Unidos. Toda la arquitectura creada en los últimos 70 años puede tambalearse ante medidas simplistas y proteccionistas que el magnate ha anunciado. Como en toda ley física, el gigante se mueve y las figuras a su alrededor se estremecen.
Nada sino una esperanza cada vez más tenue de que que en el camino Trump corrija sus percepciones anuncia tiempos tranquilos. Esa esperanza quedó al borde de la extinción el miércoles en su primera conferencia de prensa en seis meses cuando exhibió sin cortinas su estilo torpe de hacendado rico y trajo nostalgias anticipadas de Barack Obama, quien en la víspera se había despedido con un mensaje en el que, entre muchas otras cosas, pidió estrechar filas para defender la democracia con celo y sin miedo.
Uno de los puntos más sensibles entre los norteamericanos se mantuvo en carne viva: Vladimir Putín y el denunciado espionaje para debilitar a la candidata demócrata Hillary Clinton y lograr que perdiera la elección. En una débil concesión Trump dijo que creía que la filtración informativa había existido pero que con él en la presidencia Putin no se atrevería a volver a hacerlo “¿Saben qué? Pudo haber otros (países)”, dijo, para quitar fuerza a su admisión. Nada tranquilizó a sus críticos cuando dijo que era ventajoso que el presidente ruso le tuviera simpatías. Cargó contra las agencias de inteligencia por hacer público un resumen de dos páginas sobre 30 de un informe respecto a la alegada interferencia rusa, que algunas publicaciones dijeron que incluía cuestiones bochornosos para el republicano durante un concurso de belleza en Moscú. Y claro, como buen dirigente populista, acusó a importantes medios informativos de difundir noticias falsas.
Nada aminoró la inquietud por la anunciada devastación de los programas sociales de Obama ni su reemplazo simultáneo por otros desconocidos que dejarían sin protección a millones. Más allá de las fronteras, la inquietud también crece. De Europa a China y Japón la llegada de Trump provoca escalofríos. Al libre comercio alcanzado tras décadas de gestiones tras el fin de la Segunda Guerra Mundial le aguardan días decisivos.
Solo como preludio estaban las tribulaciones de México, atenazado por la cuarentena sine die dispuesta por el mandatario electo para las inversiones destinadas a manufacturas hacia Estados Unidos. Pocas veces parecía tan válida la frase atribuida a Porfirio Díaz, el general mejicano de reelecciones infinitas: Pobre México: tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.

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