Retorno del Americano Feo

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Muchos en el mundo aún no logran digerir la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Entre las mejores explicaciones a las inquietudes que ha sembrado la decision del electorado estadounidense están las desigualdades que persisten en la sociedad más rica del planeta. Una representación de esas desigualdades se proyecta en los ingresos obscenos de los bancos, y en las liquidaciones y salarios aún más obscenos de sus ejecutivos.  Decenas, y a menudo centenas de millones de dólares anuales son cifras que ya no son asombrosas para ese tipo de categorías.

En el otro extremo, solo un 5% de los hijos de desertores escolares consigue llegar a la Universidad. El índice se iguala al de Eslovaquia, el más bajo de Europa, y es liliput ante el 33% de Canadá, nos recuerda Nicholas Kristoff, del New York Times. Decenas de índices con igual significado han sido divulgados estos días, sumados a una pregunta que todavía angustia: ¿Cómo podrá un padre explicar a sus hijas que en 2016 un candidato pluri-billonario, despectivo con las mujeres y con los inmigrantes fue elegido para presidir los destinos de su país?

La pregunta arde bajo los pies de los mexicanos, para quienes Trump ha repetido su promesa, ahora no ya de campaña sino de presidente electo, de erigir un muro fronterizo.

La amenaza se siente en todo el hemisferio y alimenta una noción que cobra ímpetu. Encarnada en Donald Trump, parece erigirse la imagen del ¨Americano Feo¨ que recorrió el mundo en el apogeo de la Guerra Fría.

Inspirados en la disconformidad con la política exterior y los valores politicos oficiales forjados en USA, William Lederer y Eugene Burdick escribieron ¨El Americano Feo¨ (1958).  El libro retrata las incomprensiones y fracasos de la política externa estadounidense en la primera época de la Guerra Fría y aún sigue entre los más vendidos.

En la version cinematográfica, Marlon Brando escenifica a un embajador en un país ficticio, donde el diplomático no consigue entender a un líder local (Eiji Okada) que procura demostrarle que la autodeterminación no equivale a marchar hacia el comunismo.  Ambos acaban enfrentados, resultado del simplismo del diplomático que ve la realidad solo en términos de blanco o negro.  Como Trump, cuando, sin ninguna corrección posterior, dijo que veía terroristas en los musulmanes o violadores en los mexicanos que cruzan la frontera.

No es fácil esperar que sus expresiones hayan sido solo balandronadas electorales pero medios infuyentes que lo adversaron han decidido darle la oportunidad de demostrar que en el ejercicio de la presidencia será distinto. ¿Será?

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