Ante el desenlace

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América Latina parece estar al fin en un ciclo democrático firme al cabo de décadas de divagar entre autoritarismos y tentativas de perfeccionar sus niveles precarios de progreso y convivencia. Este  año quedó instalada la convicción de que meses más o meses menos, irán desapareciendo bajo el oleaje democrático los gobiernos que adoptaron, con mayor o menor intensidad, el sistema que hace un cuarto de siglo emergió del Foro de Sao Paulo. Este foro fue el techo de los remanentes del socialismo real que durante casi todo el siglo pasado aplicó su voluntad con fusiles, prisiones, torturas  y campos de concentración  en la vasta geografía donde se había impuesto Rusia durante  la II Guerra Mundial.  Muchos eran viudos del Muro de Berlin, que tuvieron cobija y medraron en media docena de países del continente apuntalados por un hambre de cambio que no había tenido respuesta adecuada.

El socialismo real latinoamericano entró en una agonía acelerada cuando Argentina decidió desembarazarse del Kirchnerismo. Fue un paso de coraje, apoyado  en la madurez y realismo de líderes del movimiento peronista que percibieron que su país estaba en un callejón sin salida y dieron fuerza a la opción más inmediata de derrotar al candidato oficialista en las elecciones generales de hace un año.  Mauricio Macri transita hoy un camino minado en todos los frentes.

Muchos ven el cambio operado en Argentina como resultado de la probidad de una porción importante del Poder Judicial que ha permanecido independiente al cabo del decenio kirchnerista. Controlar a jueces y fiscales ha sido fundamental para los regimenes socialistas ¨light¨. Las limitaciones al uso de la policía política característica de los regímenes comunistas fue en parte compensada por la obsecuencia de los operadores de la justicia con los intereses del gobierno.   El rompecabezas económico es más difícil. Hasta ahora, sin embargo, ha conseguido prevalecer el sentido común ante formas de administración dispendiosas, posibles en tiempos de bonanza de precios que multiplicaban el valor de las exportaciones. Como ese momento único para los exportadores de materias primas se acabó, el gobierno argentino ahora camina por un sendero de austeridad que no tiene alternativa.

Brasil  demostró también que puede ocurrir un cambio de ruta sin acabar con la institucionalidad democrática.  El enjuiciamiento de la ahora ex mandataria Dilma Rousseff y la salida del PT del gobierno ha sido el golpe más duro para las izquierdas latinoamericanas desde la disolución de la Unión Soviética. Las críticas frecuentes contra el gobierno de Michel Temer recalcan que la salida de la presidente fue un desconocimiento de la voluntad de los 54 millones de brasileños que votaron por ella hace dos años. No es tan simple, pero  los que basan sus críticas en ese argumento olvidan que esa misma cantidad de votos correspondió también a Temer, que fue electo como vicepresidente.

Con poder y decisiones equivalentes a las de un Primer Ministro, José Serra, considerado como el  más izquierdista  de la socialdemocracia brasileña, ha asumido la política exterior del gigante latinoamericano con una determinación pocas veces vista. Sus decisiones han dejado claro que Itamaraty  no es el mismo y que ha acabado el tiempo de las complacencias de Brasil con sus vecinos vocingleros. No ha necesitado ser persuasivo para actuar al lado de sus socios en Mercosur y darle la voz de alto a Venezuela, ahora al borde de su exclusion del grupo del que tanto quiso ser parte, por razones geopolíticas más que económicas. Horizontes económicos fueron el origen de  Mercosur.  Chávez pretendía convertir al bloque en una plataforma política que apuntalase su proyecto continental socializante, antagónico a Estados Unidos y con puentes hacia Cuba.

Aturdido ante el ultimatum, Maduro dijo a sus simpatizantes en Caracas que si Mecosur  cerrase la puerta a Venezuela, ésta entraría por la ventana. Tiene plazo hasta el 1 de diciembre para cumplir todas las normas comerciales del grupo y convencerlo que respeta los derechos humanos, lo que equivale a  la libertad de decenas de presos politicos, entre ellos sus enemigos politicos más destacados.  Nada hace prever que los desplantes de Maduro vayan a causar temor en el bloque, lo que lleva a  afirmar que Venezuela está a nueve semanas de ser expulsada.

La lucha de los venezolanos por rescatar todas sus libertades es vista por como un capítulo heroico que puede figurar entre las mejores contiendas democráticas de la historia continental.  Sin más espacio para moverse en el continente, es una incógnita saber cuál será la actitud de Bolivia y Ecuador en cuanto Maduro y su partido salgan del escenario.

Con José Serra al timón de la política externa brasileña y con el gobierno boliviano empeñado en distanciarse de quien no debería, los analistas creen que está en riesgo de pasar al archivo una de las líneas sobre las que pudo haber trabajado con mayor esmero la diplomacia nacional. Por su condición de vecino y líder continental, Brasil es el único con capacidad real para impulsar la marcha boliviana hacia la modernidad.  Pelearse con él es distanciarse de la unica carta valiosa que Bolivia tendría a su alcance en el juego difícil del desarrollo.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

 

 

 

 

 

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