Soledad boliviana

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Incorpora en tercer párrafo el congelamiento en las relaciones ordenado por Caracas.

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Cuando a las 13:34, hora de Brasilia, el senado de ese país votó 61-20 para alejar de la presidencia a Dilma Rousseff el Embajador boliviano en el vecino país, José Kinn Franco debe haberse sentido también fuera de sus tareas diplomáticas por tiempo indefinido.
Horas antes de la decisión del senado, el presidente Evo Morales había anunciado que convocaría a su embajador si ocurría el alejamiento de la primera mujer presidente en el vecino país. (Pese a la proximidad ideológica que el presidente Morales sentía hacia la mandataria, ésta nunca visitó Bolivia durante su ejercicio presidencial.)  No había información disponible sobre el retorno del embajador a Bolivia, cuando está a la vuelta de la esquina la negociación por un nuevo contrato de venta de gas natural a nuestro vecino.
La de las autoridades bolivianas era una actitud casisolitaria. En mayo, cuando la apertura para el enjuiciamiento de la presidente fue decidida, Venezuela y El Salvador retiraron a sus embajadores en Brasilia. Esa situación, ya cercana a la ruptura, se agravó la tarde de este miércoles cuando el gobierno de Nicolás Maduro anunció que las relaciones con el gigante que le compra importantes volúmenes de petróleo y le provee de artículos esenciales, quedaban congeladas de manera indefinida. Para la cancillería venezolana lo ocurrido hoy ha sido la consolidación de ¨un golpe parlamentario¨.

Para Bolivia, las relaciones con Brasil son fundamentales en extremo. Aún no se pueden determinar las consecuencias de las decisiones diplomáticas, en manos del presidente Morales. Pero es posible prever un enfriamiento glacial en las relaciones con el vecino que comparte las fronteras más extensas de América del Sur y con el que tiene la mayor tajada de su comercio exterior.
La decisión que deja colgando en el trapecio las relaciones bilaterales sigue a otras que en estos años han llevado a la diplomacia boliviana a un ostracismo asfixiante. De espaldas a Chile, las relaciones con todos los vecinos bolivianos están en la cuerda floja. A Perú, el presidente no viajó para a la posesión del nuevo mandatario, Pedro Pablo Kuscinsky. Jaime Paz Zamora le dijo que, de haber sido él, habría ido a Lima en camilla, dada la importancia de Perú, como hermano siamés de Bolivia, y en especial ahora, con la demanda marítima boliviana en La Haya y la necesidad de intensificar el uso del puerto libre que el país tiene en la costa peruana de Ilo. El Presidente Morales sí realizó viajes internos y a Cuba. Con Argentina bajo Mauricio Macri las relaciones nunca fueron buenas. En días pasados empeoraron con sus críticas a la política económica de nuestro vecino que en materia de comercio es el segundo en importancia. Con Paraguay tampoco son cordiales.
Los límites de la capacidad boliviana para aislarse son centro de la atención preocupada de los diplomáticos nacionales. No es especular demasiado decir que ahora deben preguntarse ansiosos cuál podrá ser el próximo paso en un momento en que las relaciones sudamericanas han alcanzado temperaturas pocas veces tan altas en su historia.

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