Rueda del destino

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La reacción de jueces y acusadores en el Juicio del Siglo pareció de molestia contenida cuando dos abogados defensores señalaron que las irregularidades procedimentales que denunciaban serían base para plantear la nulidad del proceso, con las consecuencias resultantes en cuanto la brújula política del país señale otra dirección.

¨Ya sabemos que Uds. tienen lista la sentencia condenatoria¨, dijo el abogado Otto Ritter, tras los esfuerzos infructuosos de su colega Carlos Mariaca para convencer al tribunal de aplicar a su favor reglas que en audiencias anteriores habían favorecido a la acusación. ¨En cuanto caiga este gobierno usaremos estas decisiones para demandar la revisión del proceso¨, había dicho Mariaca. En otras circunstancias, el tribunal y los acusadores habrían protestado de inmediato diciendo que se los amenazaba. Esta vez acusaron la advertencia sin escandalizarse.

El abogado reclamaba que se permitiese al jefe de policías que testifica desde hace casi tres meses, aclarar si había sido investigado alguna vez por corrupción, por extorsión o por delitos que descalificarían su condición de investigador probo e imparcial. El juez Sixto Fernández descartó la pregunta reiteradamente diciendo que el jefe policial no era investigado.

Es curioso pero recurrente. Pocos casos dramatizan tanto los vaivenes de la justicia y sus ejecutores como el que ahora ocurre en Argentina. El trazado del destino tiene un curso inexorable que suele colocar a personas un tiempo con todo el poder frente a mecanismos que crearon o que un tiempo los favorecieron.

La ex presidente Cristina Kirchner acaba de quejarse de sufrir una persecución y  que están en riesgo sus bienes, congelados por un juez y con valor multiplicado respecto a los que poseía antes de acceder al poder a principios de la década anterior. Hace solo un año, contra la ex presidente nadie habría osado actuar judicialmente, al igual que contra los que, desde un poder judicial permeable, la protegían. Hoy, en un radical vuelco de fortuna, los que hace poco tiempo cometían atropellos y abusos de poder, también están en la picota.

No es la única, pues en situación similar se encuentran algunos de sus ex colegas en la región.

El Juicio del Siglo llegó a un clímax la semana pasada con el deterioro de la salud del general Gary Prado Salmon. Dio vuelta al país, y también más allá, la imagen del militar declarado Héroe Nacional por el Congreso tendido sobre una camilla desvencijada.  Al día siguiente, la camilla fue sustituida por otra menos precaria, suficiente para ver  las llagas de las escaras de la parálisis que lo tiene en silla de ruedas desde 1981, cuando cumplía una misión para restablecer el orden en una zona rural cerca de Santa Cruz.

 

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