La respuesta de Itamaraty

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Seis horas después que el gobierno nacional calificara como una farsa jurídica y política la decisión del Senado de Brasil de juzgar a la presidente Dilma Rousseff, ahora suspendida del cargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores del vecino país emitió un escueto comunicado de menos de 10 líneas en el que rechazó las declaraciones de Bolivia, y las de Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua. Todos se habían expresado en términos parecidos de rechazo airado al cambio de mando ocurrido en el país más grande del continente. El Itamaraty que ahora comanda la diplomacia brasileña los acusó de propagar falsedades. En el lenguaje común de las personas decir que alguien divulga mentiras es grave. En el diplomatico el término tiene peores connotaciones peyorativas y puede ser preludio de dificultades de mayor gravedad.

La nota brasileña eleva al rojo la tensión de Bolivia con su mayor socio comercial, con el que tiene una de las fronteras más extensas de América Latina. La protesta de Brasil, a pocas horas de asumir el mando de la diplomacia brasileña José Serra, se extiende también a todos los países del ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.

El tono de las críticas bolivarianas a la decisión del Senado del vecino país, calificado como un golpe legislativo por las máximas autoridades bolivianas, y la respuesta seca de Itamarty,  configuran un cuadro de crisis mayor en el marco de las relaciones interamericanas.

No se recuerda un momento tan abrupto en las relaciones de Bolivia con su vecino ni una reacción tan firme de Brasil con un grupo de países.

Es la inauguración del nuevo clima que ahora prevalece en el Itamaraty en el primer día post-PT al que Bolivia y sus amigos de ruta no estaban acostumbrados. Para diplomáticos experimentados, se trata de una señal de que no hay más ¨business as usual¨, que el Brasil de hoy es muy diferente al de ayer y que el comportamiento de sus vecinos y sus amigos deberá ser diferente si quieren una buena relación.  Brasil acaba de golpear la mesa con el puño y ahora se deberá prestar atención a sus gestos. Nada es más igual.

La crisis ocurre cuando está por emprender viaje a Brasil el embajador de Bolivia en ese país, José Kinn, designado para el cargo hace poco, en un paso que se esperaba que superaría el hielo al que entraron las relaciones bilaterales hace tres años, con la fuga asistida del senador Roger Pinto, refugiado en la representación diplomática vecina. Pinto escapó en una movilidad oficial de Brasil conducida por el encargado de negocios de ese país Eduardo Saboia en una travesía rocambolesca que causó estragos diplomáticos.

Ocurre también cuando Bolivia se prepara para negociar con Brasil una renovación del contrato de venta de gas natural, el producto matriz de la economía nacional.

La nota de Itamaraty dice (traducción no oficial del portugués):

El Ministerio de Relaciones Exteriores rechaza enfáticamente las manifestaciones de los gobiernos de Venezuela, Cuba, Bolivia Ecuador y Nicaragua, así como de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América/Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA/TCP), que se permiten opinar y propagar falsedades sobre el proceso político interno de Brasil.  Ese proceso se desenvuelve en un cuadro de absoluto respeto a las instituciones democráticas y la Constitución Federal.

Como cualquier observador imparcial puede comprobar, el proceso de impedimento (impeachment) es una previsión constitucional; el rito establecido en la Constitución y la Ley fue seguido rigurosamente con aval del Supremo Tribunal Federal, y el Vicepresidente asumió la presidencia por determinación de la Constitución Federal, en los términos fijados por ella.

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El texto en portugués:

O Ministério das Relações Exteriores rejeita enfaticamente as manifestações dos governos da Venezuela, Cuba, Bolívia, Equador e Nicarágua, assim como da Aliança Bolivariana para os Povos de Nossa América/Tratado de Comércio dos Povos (ALBA/TCP), que se permitem opinar e propagar falsidades sobre o processo político interno no Brasil. Esse processo se desenvolve em quadro de absoluto respeito às instituições democráticas e à Constituição Federal.

Como qualquer observador isento pode constatar, o processo de impedimento é previsão constitucional; o rito estabelecido na Constituição e na Lei foi seguido rigorosamente, com aval e determinação do STF; e o Vice-Presidente assumiu a presidência por determinação da Constituição Federal, nos termos por ela fixados.

 

 

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